Algunos otros desafíos para el 14 de mayo
Oscar A. Bottinelli

Nuestro país vive la singularidad de asistir a la transición gubernativa simultáneamente con el lanzamiento de la campaña electoral, o de las campañas para las diecinueve elecciones municipales o, más exactamente, elecciones de gobiernos o administraciones departamentales (como que municipio es estrictamente la administración de una localidad). Un cambio tan fuerte de sistema electoral como el que atraviesa Uruguay supone nuevas experiencias, dudas y desafíos. Los principales desafíos que plantean estos comicios del 14 de mayo, no necesariamente todos y sin que el orden signifique una minuciosa prelación por importancia, pueden sintetizarse en los siguientes:

Uno. El primero de marzo asume como presidente de la República Jorge Batlle con su gabinete, en medio de un conjunto de desafíos económicos formidables, como la diferencia de precios con Brasil, el abroquelamiento de Europa y en cierto modo Estados Unidos en actitudes proteccionistas, el sustancial aumento del precio del petróleo, la sequía, la alta tasa de desocupación. Todo nuevo gobierno debe enfrentar siempre situaciones más delicadas, y en general arranca con medidas fuertes, muchas veces duras. Fuerte devaluación en el segundo colegiado blanco, Ley de Emergencia con Gestido, Ajuste Fiscal con Lacalle, segundo ajuste fiscal con Sanguinetti. En este cuadro ¿cómo juega como condicionante o limitante del estreno del gobierno, el tener que tomar medidas iniciales fuertes en medio de una campaña electoral, en las diez semanas previas a una votación?

Dos. Aunque estrictamente son diecinueve elecciones separadas, una en cada departamento, en función de la realidad de cada uno y en atención primordial a la temática municipal, su resultado admite varias lecturas. Y una lectura inevitable va a ser de carácter nacional: las ganancias o pérdidas en porcentajes de votos que cada partido obtenga en el conjunto del país y en cada departamento en relación a la competencia de octubre. Además del resultado en intendencias, en ganancias o pérdidas, se va a traducir en porcentajes nacionales. En otras palabras, ganar para el Frente Amplio es superar el 39% de los votos, para el Partido Colorado el 32% y para el Partido Nacional el 21 y medio. Quien esté por debajo de dichas barreras, independientemente de la ganancia o pérdida de intendencias, sufrirá por ello.

Tres. Las ganancias o pérdidas de intendencias se tenderán más a leer en relación a los resultados de octubre que a los de 1994. En otras palabras, para el Frente Amplio significaría una derrota no ganar en Canelones o Paysandú (departamentos con intendencia colorada y blanca, respectivamente), o para el Partido Colorado supondría una derrota perder en Colonia (con intendencia actual blanca) o ser superado por el nacionalismo en Maldonado (cuya intendencia es de titularidad blanca).

Cuatro. Nuestro país no tiene tradición de elecciones intermedias o de medio período, como es habitual en otros países: la renovación parcial legislativa en Argentina o Estados Unidos; las elecciones municipales, provinciales y regionales en España o Italia. Aunque estamos muy lejos de un nuevo período, es la primera vez que hay elecciones al comienzo del funcionamiento de un gobierno, y no a su término. ¿Cómo incide pues esa lectura del resultado de mayo, computado en porcentajes nacionales, en relación a la gestión del gobierno? ¿Una votación colorada por debajo del 32% supone o no un debilitamiento de la base política del gobierno?¿Una votación colorada por encima de ese 32%, significa o no un nuevo y aumentado respaldo al presidente?

Estos desafíos señalados son adicionales a la competencia jurídicamente planteada, que supone la disputa de diecinueve intendencias y treinta y una bancas de ediles por diecinueve juntas departamentales. Para el Frente Amplio está planteado seguir con la línea ininterrumpida de crecimiento que exhibe desde su creación, verla interrumpida o sufrir su primer retroceso. Para el Partido Colorado mayo supone la posibilidad de continuar la suave pero persistente tendencia de recuperación que existe desde su piso de 1989, interrumpir ese crecimiento o tener una nueva caída, la segunda desde la restauración institucional. Y para el Partido Nacional el14 de mayo tendrá el desafío de demostrar que octubre fue el piso absoluto del cual despega, que ese piso se consolida o que no fue un piso, sino un escalón en la caída. Todos ellos son otros desafíos de mayo, más allá de lo municipal.

Publicado en El Observador
Febrero 20  - 2000