El Frente Amplio y el montevideocentrismo
Oscar A. Bottinelli

Por primera vez en sus casi tres décadas de vida, el Frente Amplio afronta una elección municipal (o más exactamente un conjunto de elecciones municipales) en que compite efectivamente por la obtención de gobiernos departamentales fuera de la capital. A tenor de los resultados de octubre y noviembre tiene fuertes posibilidades en Canelones y Paysandú y un nivel de competencia significativa en otros siete departamentos donde obtuvo o un empatado primer lugar, o claros segundos lugares, o casi empató el segundo lugar, o Vázquez logró un crecimiento significativo de octubre a noviembre. 

La separación de las elecciones municipales claramente crea marcos electorales en mayor o menor grado a las elecciones presidenciales y parlamentarias y no son una mera repetición de las mismas. Por supuesto que todas las afirmaciones en este sentido son formulación de hipótesis, ya que nuestro país carece de historia en materia de elecciones municipales puras, plenamente desvinculadas de las elecciones nacionales. Ni aún en la Constitución de 1918, en aquella seguidilla de comicios, hubo actos eleccionarios destinados únicamente a la provisión de ejecutivos y legislativos departamentales. Pero en la formulación de hipótesis parece claro que además de las pertenencias partidarias, que sin duda constituyen el grueso de los electorados de todos y cada uno de los departamentos, van a jugar posicionamientos locales: fortalezas y debilidades de los candidatos a intendentes municipales, valoración de la gestión municipal presente y de las dos inmediatas anteriores (en definitiva, de las tres posteriores a la restauración institucional), propuestas de candidatos y partidos, posicionamientos nacionales y departamentales de los partidos.

¿Cuál ha sido la lógica de la competencia municipal del Frente Amplio? En 1984 y 1989 prácticamente centró todos sus esfuerzos en la disputa de la Intendencia de Montevideo, aún por encima de la disputa nacional. Basta como dato anecdótico que en el acto de proclamación de candidatos en 1984, el orador de fondo no lo fue el candidato presidencial sino el candidato a la Intendencia de Montevideo (Mariano Arana). Y en 1994 se lanzó a disputar la Presidencia de la República y la reelección en la Intendencia de Montevideo (reelección en tanto partido). Para ello desarrolló como un eje central de su campaña los logros de su gestión municipal. Y la cobertura de sus déficits, o de sus no logros, o de algunas percepciones negativas, lo buscó a través de una línea argumental de la Intendencia discriminada. El argumento central es tomar todos los impuestos que la Intendencia de Montevideo paga y contabilizarlos como transferencia al gobierno central. Tomar los impuestos y gravámenes que paga la Intendencia de Montevideo y no pagan las Intendencias del interior, y contabilizarlos como actos discriminatorios contra Montevideo o su Intendencia. Y tomar las ayudas y subsidios a las intendencias del interior, y presentarlos como actos discriminatorios contra la Intendencia de Montevideo. A los efectos de este análisis nada importa quién tiene la razón, o qué porcentaje de razón tienen tirios y troyanos; lo que efectivamente interesa es qué efectos produce ese discurso, y en particular cuál es el efecto segmentado geográficamente. Y lo que surge con bastante claridad de diversos estudios es que ese discurso puede ser redituable en Montevideo y su área metropolitana, pero que es un discurso contraproducente en el interior del país. Que ese discurso, mucho más cuando es explotado por los otros partidos, aviva tierra adentro el viejo fantasma del centralismo montevideano

Por otro lado, la gestión de Mariano Arana adquiere un formidable nivel de calificación entre la población residente en el departamento: 80 puntos en 100. Sin duda es un puntaje muy elevado. Esto ha llevado a que surja un discurso que en forma simplificada pueda traducirse en: "demostremos al resto del país lo bien que se puede gobernar un departamento". En otras palabras, aparece subyacente la idea que desde Montevideo puede enseñarse al interior como se administra una Intendencia. El tema es que si se exceptúa Canelones (que en los últimos quince años promedia el juicio de gestión más negativo de las diecinueve intendencias), en los demás municipios en que el Frente amplio compite, las actuales administraciones presentan elevados niveles de calificación, algunos de ellos como Paysandú por encima de Montevideo. En general, la población de las ciudades del interior (repito que sin contabilizar las ciudades de Canelones) tiene la percepción que su ciudad es más limpia y está mejor en materia de servicios comunales que Montevideo. 

Estos dos aspectos, la percepción de un Montevideo discriminado y de un a gestión envidia del interior, sumada a una izquierda que tradicionalmente vio el país desde la óptica preferentemente montevideana, constituye ese montevideocentrismo, que supone un importante punto débil para el Frente Amplio de cara a las elecciones de mayo.

Estos parecen ser, desde el punto de vista del sistema político, de su estructura y funcionamiento, los principales desafíos de los primeros años Dos Mil.

Publicado en El Observador
Febrero 6 - 2000