La lógica de la polarización
Oscar A. Bottinelli

El 30 de abril de 1972 el General Seregni advertía sobre los riesgos de entrar en la lógica de la guerra, la imparable reacción en cadena de causas-efectos recíprocos en acontecimientos bélicos y político-bélicos, cuyo final nadie puede avizorar, salvo uno: que nadie sale ganando y el país como tal pierde inexorablemente.

Con las diferencias del caso, existe también una lógica de la polarización, la generación de un proceso asimismo de reacción en cadena de causas-efectos recíprocos, de sucesión de hechos que se transforman en incontrolables. Que nadie se llame a engaño, no se puede entrar en una lógica polarizante con la creencia que ella desaparece y el proceso se frena por un mero acto de voluntad en cualquier momento. Eso creyó el aprendiz de brujo.

La polarización se visualiza cuando cambia la naturaleza de una contienda política, fuere electoral o no. Los símbolos más visibles son la dilucidación del eje electoral en términos de antagonismo excluyente: hay un bien y un mal, un cielo y un infierno. Y también la visualizacion de los campos en términos bélicos: hay aliados y enemigos; unos son poseedores de la verdad y la virtud; a los otros, poseedores del error con maldad, sólo cabe el desprecio público.

En toda campaña electoral, aquí y en cualquier parte, hay siempre un algo de exageración y una cierta salida de los temas reales en debate. Tampoco es evitable que en un partido o en otro, haya algún destemplado que diga cosas inapropiadas y juegue brusco y hasta sucio. Pero siempre con límites muy claros, y el escenario central resulta de elevado nivel político, cultural y ético. Así han sido las campañas electorales de 1984, la eleccionaria de 1989, la de 1992 y la de 1994. Inclusive la campaña referendaria de 1989, pese a la trascendencia política y ética de los temas en juego, a la dureza de muchas argumentaciones, y al desprolijo proceso previo de contralor de firma, pese a todo ello se desarrolló dentro de límites que aseguraron el funcionamiento de un sistema político integrador y consensualista. Hoy, en estas cuatro semanas, las cosas han sido diferentes, completamente diferentes.

Hasta aquí lo escrito y publicado por nosotros en El Observador el 1° de diciembre de 1996, sobre la campaña electoral en torno a la reforma constitucional aprobada días más tarde. Todas y cada una de las palabras escritas hace tres años son válidas hoy, inclusive la apelación a la diferencia de estas últimas semanas con el estilo instaurado en el país desde la restauración democrática. Nos salteamos el análisis de la campaña electoral hacia abril, sin incluirlo ni excluirlo, sencillamente por las peculiaridades de dicha elección, mas interna que externa. Sin tomar en cuenta abril, entonces,. tenemos hoy que por segunda vez en dos elecciones puede escribirse lo mismo. Entonces, ya no se está en presencia de un fenómeno coyuntural, de una salida de tono dentro de una cultura aceptada urbi et orbi, sino que se está en presencia de un cambio de esa cultura, de esas modalidades. El Uruguay tolerante, pacífico, tranquilo y consensualista va perdiendo terreno, al menos en la confrontación política con actos electorales a la vista.

Igual que lo hicimos en 1996, terminamos el artículo con similar reflexión: Hay muchas profecías sobre el fin del mundo, pero no conozco ninguna que diga que La Tierra deja de girar en la noche del 31 de octubre al 1° de noviembre, ni del 28 al 29 de noviembre. Entonces, que no quepa duda que al día siguiente del domingo será lunes, La Tierra seguirá girando y en su periferia seguirá existiendo un pequeño y peculiar país. Si alguna parte busca la victoria a cualquier precio y sin medir costos, hará que a partir del día siguiente sean necesarios inconmensurables esfuerzos de personalidades respetables para tratar de remparchar un sistema político extraordinariamente averiado y polarizado.

Publicado en El Observador
Octubre 10 - 1999