Uruguay: entre Suiza y el Níger
Oscar A. Bottinelli

Un curioso y docto analista del Himalaya que se le ocurriese investigar sobre un país desconocido, de nombre exótico, ubicado en el lejano sur, tendría muy serios problemas para caracterizarlo, si para ello se basa exclusivamente en los elementos documentales emergentes de candidatos presidenciales, sus asesores principales y los economistas más destacados. Desde una óptica, Uruguay es un país del primer mundo, con una macroeconomía consolidada, que atraviesa un ligero percance ocasionado por la desprolijidad de su vecino principal y tiene ante sí otra leve preocupación por algunas incertidumbres causadas por su otro vecino; como quien dice, el único problema es el barrio donde vive. Otra óptica presenta un ligero matiz, como que el país oriental pertenece a lo más paradigmático del tercer mundo, o del cuarto o del quinto mundo, pleno de pobreza y subdesarrollo. Y una tercera visión ubica a un país no demasiado claro en su caracterización, pero que se encuentra en una de las crisis más formidables del siglo. Como quien dice, Uruguay puede encabezar la tabla de países de mejor calidad de vida, puede situarse en los últimos lugares, o puede naturalmente ocupar cada uno de los ciento ochenta y pico de peldaños intermedio. Es decir, es similar a Suiza, o a Niger, o a cualquier otro Estado o territorio del planeta Tierra. Clarísimo, tanto como caracterizar que un elemento puede ser animal o vegetal, siempre y cuando no fuese mineral. Aunque se lo diga con humor, el tema es serio y preocupante desde varios ángulos.

Uno. Desde el punto de vista político, no existe posibilidad de gobernabilidad si los actores políticos tienen diferencias irreconciliables de diagnóstico sobre el punto principal de la agenda, ahora el tema económico. Los partidos y los dirigentes políticos pueden tener divergencias ideológicas profundas e irreconciliables, diferir en las propuestas y representar intereses sociales y económicos contrapuestos, pero si a pesar de ello comparten la valoración de cuál es el tema principal y se aproximan en el diagnóstico, hay un gran trecho recorrido hacia la gobernabilidad. El Partido Colorado y el Frente Amplio seguramente tuvieron en 1984 uno de los momentos de mayor distancia ideológica de los últimos quince años, sin embargo compartieron la prioridad de lo político y de lo institucional y compartieron el diagnóstico del país. Hubo pues tres años de gobernabilidad, aunque tuviese el nombre de Concertación. Hoy quizás las diferencias fuesen menores, o más difíciles de precisar, en una etapa histórica menos ideologizada, más pragmática y confusa; tampoco hay dudas en cuanto a lo prioritario de lo económico y de lo social; en cambio, hay formidables diferencias de diagnóstico. En la visión de los tres partidos principales se da todo el degradé que va de Suiza a Niger.

Dos. Los agentes económicos, que no es otra cosas que decir los productores, industriales, comerciantes, proveedores de servicios, asalariados, jubilados y pensionistas, simples mortales habitantes o estantes de la República Oriental, viven mayoritariamente una fuerte incertidumbre, traducida en muchos casos en angustia, sobre el presente y el futuro inmediato del país. Y esta incertidumbre está sometida a impactos formidables, de los agentes políticos y de los agentes corporativos. De los agentes políticos por la disparidad de discursos, de diagnósticos. Pero también de los agentes no políticos, de los corporativos. Como hacía tiempo que no ocurría, Montevideo, ciudades y pueblos del interior han sido centro de grandes movilizaciones. Pero la nota distintiva no es que 18 de Julio apareciese llena de decenas de millares de manifestantes convocados por los otrora poderosos movimiento sindical y movimiento estudiantil, sino que lo que ocupa la principal avenida son tractores o camiones. Tractores de cabañeros de fina raza, chacareros de pocas cuadras, estancieros de miles de hectáreas, tamberos de miles de litros y de decenas de litros, criadores de cerdos, plantadores de lechuga, cosechadores de manzana. Y camiones valuados en muchas decenas de miles de dólares de los empresarios transportistas. Y sin movilización pero con ruido, demandas fuertes de la siempre poderosa y silenciosa Cámara de Industrias.

Son pues muchos los cambios que aparecen en este país y fuertemente contrapuestas las visiones de los principales actores políticos, que justifiquen el avance, en el grueso de la gente, de significativas señales de desconcierto

Publicado en El Observador
Agosto 15 - 1999