El largo año de las tres elecciones
Oscar A. Bottinelli

El año que comienza este viernes trae la particularidad de ser de punta a punta un año electoral, el primero en la historia del país en que se suceden tres actos comiciales. Con anterioridad hubo una sola vez dos elecciones en un año (en 1925, a raíz de la postergación por cuatro meses de las elecciones del '24, motivado en el estreno del Registro Cívico Nacional) y en dos oportunidades recientes dos actos electorales de diferente naturaleza: una elección y un referendo en el '89, una elección y un plebiscito en el'94.

Ahora bien, la aplicación de un sistema electoral que cambia de manera revolucionaria, puede generar diversos impactos. A título de un inventario en borrador, sin establecer prioridades ni ser exhaustivo, pueden visualizarse estos impactos y la generación de estas interrogantes:

Uno. Los tiempos electorales son más que tiempos cronológicos, tiempos entre actos electorales; en otras palabras, las persistencias y cambios se producen no por el transcurso de un tiempo determinado (un año, cuatro años, cinco años) sino por el ocurrir de actos electorales. Porque cada acto electoral supone a la vez resumir un estado de opinión y a su vez generar un hecho, que a su vez produce un nuevo estado de opinión. Por tanto, a diferencia de un año electoral tradicional, vamos a tener tres impactos a lo largo del año.

Dos. Pero entre el primero y el último de los actos electorales hay un horizonte temporal lo suficientemente corto como para que a su vez la gente pueda visualizar los posibles escenarios futuros y su reacción ante los mismos. Además, las tres elecciones suponen una cadena lógica. Por tanto, el voto está interrelacionado: si yo voto A en abril, genera el efecto X para octubre, que me permite entonces votar B.

Tres. El elector, la gente en tanto votante, tiene en esta sucesión de actos la posibilidad cierta de elegir tres veces, es decir, de optar en tres oportunidades entre alternativas cada vez más reducidas (doce en abril, cuatro en octubre, dos en noviembre; sin contar las mini-alternativas constituidas por los partidos sin posibilidades de alcanzar representación parlamentaria).

Cuatro. Buena parte de la ciudadanía va a votar a candidatos perdedores en abril: el voto para tres candidatos colorados, cuatro nacionalistas y uno encuentrista (según el escenario de hoy) van a ir a fondo perdido, y sólo el voto para tres candidatos (más obviamente el que va al candidato único del Nuevo Espacio) son votos con efecto positivo. ¿Cómo reacciona este electorado perdidoso? ¿Cuánto va a optar por el mantenimiento de la adhesión partidaria y cuánto va a emigrar hacia otras tiendas? ¿Cuán largo o cuán corto es el plazo que va del 25 de abril al 31 de octubre para que la gente olvide la confrontación electoral interna y pueda consustanciarse, en un mismo partido, con el candidato ganador, transformado ahora en referente único y líder? Pero, además ¿va a ser igual la reacción, en las mismas proporciones, en los tres grandes lemas?

Cinco. ¿Qué pasa con los candidatos perdedores? ¿Cuántos se van para su caso, cuántos continúan la lucha parlamentaria y cuántos pueden llegar a componer la fórmula presidencial en calidad de vices?

Seis. ¿Cómo administran la victoria los candidatos ganadores?

Siete. ¿Cuál va a ser el papel del presidente de la República? Desde ya que aparece comprometido en la defensa de la coalición. Pero ¿cuánto se va a comprometer con su propio partido y su propio candidato?

Ocho. En noviembre, en el tercer turno electoral, es decir en el balotaje ¿cómo reaccionan los simpatizantes del tercer partido, el que por primera vez en los últimos tiempos va a quedar fuera de la competencia presidencial?

Nueve. Esta sucesión de opciones diversas en poco tiempo ¿cuánto afectan la pertenencia partidaria, es decir, la adhesión permanente a un partido político? ¿cuánto se independiza el electorado?

Publicado en El Observador
Diciembre 27 - 1998