El fin del tiempo útil de gobierno
Oscar A. Bottinelli

Estas dos semanas, que totalizan seis días verdaderamente hábiles, constituyen el fin del tiempo útil de gobierno de esta administración, y para decirlo en forma más rimbombante, el fin del último tiempo útil de gobierno del milenio. Hace un año y medio, en un trabajo realizado para el CERES, dijimos: "Un tercer tipo de impacto de la reforma constitucional lo genera la nueva relación en cada quinquenio entre el tiempo de gobierno y el tiempo electoral, o al menos entre el período de gobierno sin presiones de tipo electoral, y el período en que la acción de gobierno es concomitante con el ciclo electoral. En los últimos sesenta años Uruguay vivió un régimen de elección única y fija, que primero fue cuatrienal y luego quinquenal. El período de gobierno pues puede estimarse inicialmente en tres años y medio, y luego en cuatro años y medio.

Ahora aparecen dos cambios significativos: Uno, un largo ciclo electoral, de cincuenta y cuatro semanas entre la primera y última elección, el que, campaña electoral mediante, puede extenderse a cerca de año y cuarto.Dos, que el gobierno nacional se instala en el mismo momento en que comienza la campaña electoral para las elecciones municipales.

Parece bastante obvio entonces que el nuevo gobierno va a tomar sus primeras medidas no a partir del 1° de marzo, sino después del segundo domingo de mayo. Prácticamente todos los últimos gobiernos se han iniciado con la adopción de medidas duras e impopulares, llámense Ley de Emergencia con Gestido, fin de la congelación con Bordaberry, ajuste fiscal con Lacalle o el largo nombre que nadie recuerda y todos llaman segundo ajuste fiscal con este gobierno; y no sólo en Uruguay, sino también en Italia, España, Francia, Argentina, Brasil o Ecuador. Si esto es así, a nadie se le ocurre pensar que un gobierno va siquiera a anunciar un paquete de medidas impopulares antes de las elecciones municipales. Más bien lo contrario, con el riesgo de dar señales equívocas a los agentes económicos. Como fuere, la instalación real del gobierno se retrasa en casi tres meses.

Si a una punta se posterga la iniciación del tiempo de gobierno y por la otra punta se adelanta su finalización, parafraseando a un ministro, va a ser muy corto el plazo para hacer calzar los tiempos económicos con los tiempos electorales: de punta a punta apenas tres años y medio. Puede decirse que se desanduvo lo reformado en el '66, al extenderse en un año el período de gobierno. Con una diferencia, que desde el '34 se podían contabilizar diecisiete años y medio de tiempo de gobierno cada veinte años, y ahora se contabilizarían catorce.

Tampoco implica el retorno al régimen de 1918 a 1933, cuando hubo cuatro elecciones cada seis años, además con renovación parcial de gobierno y parlamento. Porque allí directamente no podía distinguirse un tiempo de gobierno de un tiempo electoral."

Este análisis fue realizado antes de verse cómo se producía el estreno del nuevo sistema. Y este estreno superó al pronóstico. Se produjo con un gran nerviosismo de los actores políticos que adelantó todos los tiempos, ya que con absoluta claridad desde marzo se abrió una etapa de precalentamiento, una instancia de pre-campaña electoral: Pero al cerrarse setiembre quedó todo listo en la grilla de partida (o en las gateras, según la afición de cada uno), con la definición del candidato del Foro Batllista, la escisión en Manos a la Obra y la decisión política mayoritaria en el Frente Amplio de caminar hacia una competencia presidencial interna de carácter abierto. La campaña electoral empezó pues con octubre, lo que supone que, hasta la definición final el 28 de noviembre de 1999, tendrá una duración de trece meses, más otros cinco meses y medio más de campañas electorales municipales.

El trimestre octubre-diciembre marca la convivencia con una campaña electoral lanzada y las últimas decisiones de un tiempo útil de gobierno, pero decisiones y actitudes contamidas. Ninguno de los diferentes episodios que centran hoy la atención política y parlamentaria son desagregables del contexto de una campaña electoral, y por tanto deben leerse en clave electoral. Bajo el anterior sistema, lo que hoy ha vivido Uruguay entre octubre y diciembre, equivale a lo que tradicionalmente vivió entre julio y mediados de octubre de los años electorales. Ambos trimestres parlamentarios son comparables. La diferencia es que antes ocurría con una distancia de dos a cinco meses de la definición de un nuevo presidente, y hoy ocurre a una distancia de once a catorce meses de la definición del nuevo presidente. Hacia las elecciones de 1994 la grilla de partida se completó oficialmente a comienzos de julio (al menos en cuanto a los candidatos con mayores posibilidades de éxito o figuración); hoy la grilla se completó a fines de setiembre o comienzos de octubre del año anterior a los comicios. La diferencia de los tiempos es significativa: en el '94, cinco meses; en el '99, siete meses antes del primer turno electoral y catorce meses antes de las elecciones.

Curiosamente, cuando por vía constitucional se crea una dinámica electoral de esta envergadura, que no tiene cambios ni retoques posibles salvo reforma constitucional, por vía legal y municipal se dictan disposiciones tendientes al acortamiento de las campañas electorales, normas tan discutibles y de aplicación tan potencialmente conflictiva como inútiles.

Publicado en El Observador
Diciembre 20 - 1998