El Frente Amplio y los sindicatos:
una relación a definir
Oscar A. Bottinelli

La presente confrontación entre la Intendencia frenteamplista de Montevideo y ADEOM, el sindicato de trabajadores municipales capitalinos, sirve para analizar un tema por demás significativo como lo es la relación entre el Frente Amplio y los sindicatos. Tema que no es nuevo y se remonta a los mismos orígenes de la fuerza de izquierda. Lo que ha ido cambiando son las etapas: primero fue el relacionamiento en un esquema opositor; luego en un esquema globalmente opositor pero con áreas de gestión plena, como la administración municipal de Montevideo; y queda planteada la posibilidad de una tercera etapa, con el Frente Amplio como fuerza total o plenamente gobernante, con la titularidad del Poder Ejecutivo o como partícipe de una coalición o una gobernabilidad.

En principio la relación se ha movido en la tensión entres dos grandes esquemas, en cuanto a donde se originan las decisiones políticas: si en la organización política o en la organización sindical. Y en el primer caso, además, surge una tensión adicional: si la organización política de donde emergen las resoluciones políticas es el Frente Amplio en tanto tal o lo son los grupos políticos componentes, o alguno(s) de ellos. Pero como pasa con las dinámicas de la vida y del poder, no hay un esquema dominante, sino un juego de interacción de los distintivos esquemas. Y además se complica el hecho que las fuerzas de peso en el movimiento sindical son todas integrantes del Frente, pero el peso de las mismas, la correlación de fuerzas es diferente en el plano político que en el plano sindical.

En general el Frente Amplio no ha funcionado ni como centro decisor de políticas aplicable a lo sindical ni como ámbito para dirimir las diferencias en el campo sindical de los grupos frenteamplistas. Un intento de crear una coordinadora sindical en medio de la resistencia al golpe de Estado de 1973, fracasó. Dos intentos sucesivos de crear ámbitos para discutir las diferencias en el plano sindical fracasaron en 1985 y 1986. Más bien lo que operó fue la coordinación de la línea política desde la Presidencia del Frente Amplio con el grupo o los grupos frenteamplistas más influyentes en el movimiento sindical.

En cambio, la diferencia de correlación de fuerzas en lo político y en lo sindical ha oficiado muchas veces a la inversa. Grupos de menor peso en el Frente y de mayor peso en lo sindical, reiteradamente generan hechos políticos desde el campo sindical que obligan a un alineamiento del Frente Amplio en el mismo sentido, o le generan situaciones incómodas.

Pero además, surge otro hecho. Los sindicatos generalmente se mueven en el campo de reivindicaciones sectoriales, aunque la forma de presentación pretenda ser globalizante. En última instancia, en el campo de las proclamas, no es necesario formular prioridades ni son del todo evidente las contradicciones. En el campo político, en cambio, cuando se trata de ejecutar planes de gobierno o administración, las contradicciones surgen como tales, las prioridades deben formularse. Por otro lado, un gobernante o administrador debe atender el interés general o el interés de la mayoría de la población, interés que no es necesariamente coincidente con alguno o muchos de los intereses sectoriales. Quizás la mayor contradicción que aparece en el plano político, es la comprobación que la suma de reivindicaciones sectoriales no da necesariamente como resultado el interés general. Pero además, existe la tendencia a considerar que el interés popular en un sector determinado coincide con el interés de los trabajadores de ese sector, lo cual no necesariamente es así, y muchas veces puede ser opuesto.

Para visualizar todas estas dificultades puede tomarse como ejemplo el transporte colectivo. En 1984 se evidenció en la población de Montevideo la demanda de un precio único del boleto, frente al régimen existente de precio según distancia; este último régimen es coherente con un concepto de tanto uso tanto pago, el otro régimen está de acuerdo con una concepción social: el que vive más lejos y viaja más es el de menos recursos. Tres de los cuatro partidos exhibieron en su programa municipal el boleto único. El Frente no, porque debió sortear la contradicción entre la demanda de la población y el interés de los trabajadores del transporte (coincidente con el de las empresas) en contra de la tarifa única. En líneas generales, en materia de transporte, el interés de los trabajadores del sector estuvo siempre más cerca del interés de las empresas que del interés de la población. Lo mismo puede plantearse en la tensión que toda administración tiene al disponer el uso de los recursos, entre inversiones y retribuciones personales. En la puja por el reparto de esa torta, el interés de la población (más obras) no coincide con el interés de los trabajadores de la respectiva administración (que necesariamente debe pujar por mejores retribuciones).

Este conjunto de tensiones, bosquejadas muy al carbón, son el desafío que el ejercicio del gobierno o de la administración plantean al Frente Amplio en relación a los sindicatos. Otro desafío, pero es tema para otra nota, que en tanto la central sindical considera que su función es meta reivindicativa y por tanto debe tener planes y proyectos de país, pasa a ser competitiva con la propia fuerza política a la hora de definir caminos.

Publicado en El Observador
Mayo 17 - 1998