Elecciones preliminares e "insuflados"
Oscar A. Bottinelli

Las elecciones preliminares que se celebrarán dentro de un año presentan un tema interesante, aún no ha analizado debidamente: ¿qué pasa si algún partido político se presenta al sólo efecto de cumplir el requisito formal, sin que verdaderamente haya nada que elegir dentro suyo?; en otras palabras, si algún partido va con pre-candidato único a presidente y con listas únicas a las convenciones nacionales y departamentales. No requiere demasiados fundamentos sostener que una elección en que nada se elige carece de atractivo para una franja significativa de votantes; porque el voto pasa a tener un único sentido: ratificar la adhesión a un partido político y tratar de demostrar el peso político de ese partido.

Cuando se diseñó el nuevo sistema electoral, se pensó que la garantía en la primera ronda, cuando cada partido elige su candidato único presidencial, radicaba en el carácter general y simultáneo de la elección; en otras palabras, el hecho que quien vota por un candidato colorado no puede votar a ningún blanco o frenteamplista, supuso ser una garantía contra el voto extrapartidario. Se quiso evitar el fenómeno de que personas claramente identificadas con otro partido realizasen una incursión ocasional en partido ajeno, a quienes don Alberto Gallinal Heber llamó "los insuflados".

Bien el problema es que para que no haya insuflados, los cuatro partidos deben presentar competencia interna. Para empezar parecería extraño que la tuviese el Nuevo Espacio: partido nuevo y pequeño, con liderazgo indiscutido, sin fracciones y fluido funcionamiento de sus estructuras internas. Hay allí alrededor de 110 mil votantes sin demasiadas motivaciones para votar al Nuevo Espacio en abril, cifra nada menor.

El otro caso es de mayor magnitud: el Frente Amplio o Encuentro Progresista, lema que hoy se acerca a los 800.000 votos. Tiene tres posibilidades de concurrencia: a) en forma abiertamente competitiva, con más de una precandidatura presidencial; b) en forma limitadamente competitiva, con precandidatura única pero pluralidad de listas a las convenciones; y c) con precandidato único y listas únicas. Hoy por hoy predomina esta última opción (aunque no tiene consenso), la que tomamos como hipótesis de trabajo.

El votante frenteamplista (y también el nuevoespacista) tiene dos alternativas: a) votar a su propio partido, aunque que el voto carezca de efectos prácticos, como acto de demostración de fuerzas; b) decidir darle un destino práctico a su voto, y emitirlo por un candidato blanco o colorado, al que siente más próximo por su programa, ideología, estilo o valores (la hipótesis de un voto estratégico por el peor candidato, para disminuir a un partido tradicional, parece una actitud muy alejada de las grandes masas de votantes y sólo posible para un puñado no significativo de militantes fanáticos).

Se ha dicho: "esto no es ético". Se ha dicho desde los partidos tradicionales y con otras palabras lo ha reafirmado el propio Tabaré Vázquez. El asunto es que esto nada tiene que ver con la ética de los votantes, a lo sumo con la ética de los partidos, sus dirigentes y sus militantes. Por ello, lo que el Frente Amplio y el Nuevo Espacio pueden garantizarle a los otros partidos es que pedirán a sus seguidores que voten al propio partido y condenar el voto por otro partido. Harina de otro costal es el nivel de acatamiento de los electores. Veamos algunas cifras para ver posibilidades de acatamiento Uno. Cerca de 800.000 personas se inclina hoy por votar al Frente Amplio, pero en las elecciones internas de setiembre, con fuerte competitividad entre sectores y el impacto emocional de la renuncia de su líder, votó menos de la quinta parte. Dos. En anteriores convocatorias, para elección de delegados de base, la concurrencia fue de uno cada veinte. Tres. En las elecciones generales partidarias de 1982, el F.A., proscripto, convocó al voto en blanco y logró 86.000 votos, cuando había obtenido 300 mil votos en el 71 y logró 400 mil en el 84; su caudal electoral fue de más de 300 mil en 1971 y más de 400 mil en 1984 (es decir, que votó en blanco un frenteamplista de cada tres o de cada cuatro). Tómese la hipótesis que se tome, el Frente Amplio no tiene capacidad para lograr una acción disciplinada de más de un tercio de sus votantes potenciales, o con gran optimismo, en la mitad de los mismos. Por tanto, más allá de la voluntad del Frente Amplio y del Nuevo Espacio, hay no menos de 500 ó 600 mil votantes de izquierda que potencialmente podrían ser captados por candidaturas de los partidos tradicionales. La única posibilidad que no hubiese demasiados "insuflados" está en que para el Frente Amplio resultase crucial jugarse a ser el partido más votado en abril y apostase todas las cartas a jugarlas como un ensayo general de las elecciones de octubre.

Publicado en El Observador
Abril 19- 1998