Reforma electoral:
las desprolijidades se acentúan
Oscar A. Bottinelli

La comisión senatorial que elabora la reglamentación de la reforma constitucional está en proceso de aprobación de una disposición según la cual, para la segunda vuelta presidencial, la hoja de votación contendría exclusivamente la fotografía y el nombre de los candidatos a presidente y vicepresidente de la República, impresas en blanco y negro, y sin lema. Es decir, se abandona el carácter partidizado de la elección presidencial para pasar a ser una elección personalizada. Es una opción muy válida, presente en muchos países del mundo, y sobre lo cual cabe una gama muy amplia de argumentos a favor y en contra. Otras propuestas apuntaron que las hojas de votación reflejasen las alianzas, acuerdos o bloques que respalden las respectivas candidaturas. Sobre esto también hay vasta experiencia en el mundo, y también significativos argumentos en favor y en contra

No hay ningún impedimento para que cualquiera de dicha alternativas se hubiesen discutido en la reforma constitucional. Podrían haberse adoptado muchas fórmulas: elección presidencial sin lema, mediante lemas accidentales que representasen bloques políticos y hasta la posibilidad de presentar para la segunda vuelta candidatos diferentes a los que compitieron en la primera vuelta (como ocurrió en la Alemania de Weimer).

Pero esa libertad existe cuando se proyecta una Constitución. Ahora se trata lisa y llanamente de reglamentar una constitución existente. Y la misma dispone:

Artículo 151: "El Presidente y el Vicepresidente de la República serán elegidos conjunta y directamente por el Cuerpo Electoral, por mayoría absoluta de votantes. Cada partido sólo podrá presentar una candidatura a la Presidencia y a la Vicepresidencia de la República. Si en la fecha indicada por el inciso primero del numeral 9° del artículo 77, ninguna de las candidaturas obtuviese la mayoría exigida, se celebrará el último domingo del mes de noviembre del mismo año, una segunda elección entre las dos candidaturas más votadas"

Artículo 153: "En el caso de vacancia definitiva o temporal de la Presidencia de la República, en razón de licencia, renuncia cese o muerte del Presidente y del Vicepresidente en su caso, deberá desempeñarla el Senador primer titular de la lista más votada del partido político por el cual fueron electos aquellos, que reúna las calidades exigidas por el artículo 151 y no esté impedido por lo dispuesto en el artículo 152. En su defecto, la desempeñará el primer titular de la misma lista en ejercicio del cargo, que reuniese esas calidades si no tuviese dichos impedimentos, y así sucesivamente".

Artículo 77, inciso 12: "Los partidos políticos elegirán su candidato a la Presidencia de la República mediante elecciones internas que reglamentará la Ley sancionada por el voto de los dos tercios del total de componentes de cada Cámara" Y la extensa disposición transitoria letra "w" regula buena parte de dichas elecciones internas.

De lo anterior surge con meridiana claridad:

Uno. En la elección de presidente de la República, como en el resto de la totalidad de los cargos elegidos por el Cuerpo Electoral, los ciudadanos sufragan por lemas (partidos políticos) y luego por candidatos (con doble o triple voto simultáneo, o sin múltiple voto simultáneo).

Dos. Para llegar a la llamada segunda vuelta, es decir, a la tercera instancia electoral, se deben cumplir rígidamente tres pasos:

a) concurrir a elecciones internas de un partido político, concurrencia que une a esa persona con dicho partido en todo el ciclo electoral (es decir, la mera concurrencia le impide luego presentarse electoralmente por otro partido para ningún otro cargo electivo, legislativo, municipal, local o de justicia electoral departamental)

b) concurrir a la primera vuelta presidencial como candidato del partido político que lo postula como tal.

c) de pertenecer a uno de los dos lemas más votados, o lo que es lo mismo, integrar una de las dos candidaturas más votadas, concurrir a esa segunda vuelta, o balotaje, o tercera instancia definitoria.

Todos estos pasos son una secuencia lógica en que en ningún momento se interrumpe la partidización de la candidatura.

Tres. Explícitamente el presidente de la República es elegido por un partido político o lema, desde el momento en que para determinar la sucesión presidencial se sigue el criterio de mantener invariada la titularidad del cargo en el mismo partido político. En otras palabras, si desaparece el lema de la hoja de votación, el presidente de la República deja de ser elegido por un lema o partido político y, consecuentemente, no hay sucesión presidencial (más allá del vicepresidente), pues no podrá haber senadores de la lista más votada del partido político por el cual fueron electos aquellos.

La lógica constitucional es meridianamente clara, más allá de intereses políticos en presentar una hoja en blanco y negro, ya que para nadie escapa que es más fácil que alguien votase o hubiese votado las personas de Sanguinetti, Volonte, Batlle o Ramírez, que obligar a un blanco votar una hoja colorada o a un colorado votar una hoja blanca. Pero todo ello debió pensarse antes, cuando se elaboró la reforma constitucional. La nueva constitución está llena de contradicciones, incongruencias y desprolijidades, incluidos el confuso uso de los tiempos verbales; en favor de ello, de no haber hecho correcciones, se argumenta sobre la necesidad política de apresurar la aprobación de la reforma y, por consiguiente, no correr los riesgos de "abrir el paquete". Bien ¿qué es lo que fundamenta ahora, que hay tiempo y calma, a continuar por el camino de las desprolijidades"

Publicado en El Observador
Diciembre 7- 1997