Treinta senadores fijos y uno rotativo
Oscar A. Bottinelli

Imaginemos un escenario posible con el nuevo sistema constitucional: que un partido político resulte el lema más votado en las elecciones parlamentarias y un partido diferente obtenga la Presidencia de la República (y el cargo de vicepresidente), en función del balotaje. Para que el ejemplo resulte más claro, imaginemos algo probable (ni lo único ni necesariamente lo más probable, pero sí lo más cómodo para la ejemplificación): el Frente Amplio es el lema más votado en los comicios de octubre y un partido tradicional obtiene la Presidencia de la República (y en consecuencia elige al vicepresidente de la República).

El Senado se integra con treinta y un miembros: treinta senadores elegidos por triple voto simultáneo (lema, sublema y lista) y proporcionalidad pura, y un miembro (que originariamente es el vicepresidente de la República) elegido por mayoría simple, quien además ejerce la Presidencia de la cámara alta. En esta función es frecuentemente sustituido, unas veces porque el vicepresidente debe encargarse de la Presidencia de la República, en otras porque es el propio vicepresidente quien debe realizar viajes de Estado (además, naturalmente, de alguna posible enfermedad). Lo cierto es que la sustitución del vicepresidente de la República-presidente del Senado es un hecho extremadamente frecuente.

El artículo 153 de la Constitución, en su nueva redacción establece: "En el caso de vacancia definitiva o temporal de la Presidencia de la República, en razón de licencia, renuncia cese o muerte del Presidente y del Vicepresidente en su caso, deberá desempeñarla el Senador primer titular de la lista más votada del partido político por el cual fueron electos aquellos, que reúna las calidades exigidas por el artículo 151 (ciudadanía natural y 35 años cumplidos de edad) y no esté impedido por lo dispuesto en el artículo 152 (no haber sido el anterior presidente). En su defecto, la desempeñará el primer titular de la misma lista en ejercicio del cargo, que reuniese esas calidades si no tuviese dichos impedimentos, y así sucesivamente".

A su vez, el artículo 94, cuya redacción no se modificó, dispone que la Cámara de Senadores "Será integrada, además, con el Vicepresidente de la República, que tendrá voz y voto y ejercerá su Presidencia, y la de la Asamblea General. Cuando pase a desempeñar definitiva o temporalmente la Presidencia de la República o en caso de vacancia definitiva o temporal de la Vicepresidencia, desempeñará aquellas presidencias el primer titular de la lista más votada del lema más votado y, de repetirse las mismas circunstancias, el titular que le siga en la misma lista. En tales casos se convocará a su suplente, quien se incorporará al Senado".

Como puede verse, las vías de sustitución son dos diferentes. La línea de sucesión de la Presidencia de la República transcurre por la lista más votada del mismo lema del presidente de la República (el que ganó el balotaje). La línea de sucesión de la Presidencia del Senado va por la lista más votada del lema más votado, es decir, del lema que obtuvo más votos en octubre.

Vayamos al ejemplo del comienzo, en que un partido obtiene la Presidencia y otro es el más votado en octubre: cada vez que el vicepresidente de la República emprende un viaje, se enferma u ocupa el despacho del Edificio Libertad, el partido de gobierno pierde un senador y lo gana el otro partido. Imaginemos la elección de 1994 con el nuevo régimen, los mismos resultados, un triunfo colorado en el balotaje y un pequeño cambio: 50 mil votos más para el Frente Amplio, que lo ubicaría como el lema más votado en la elección parlamentaria. No ocurrió así, pero es un escenario perfectamente posible. Bien, cada vez que Hugo Batalla hubiese emprendido un viaje o sustituido a Sanguinetti, la coalición de gobierno hubiese perdido los dos tercios en el Senado, el coloradismo hubiese bajado de 11 a 10 senadores y el Frente Amplio hubiese crecido de 9 a 10 bancas; por unos días o una semanas cada tanto. Pero si el vicepresidente pasare a ocupar definitivamente el Edificio Libertad, o renunciare al cargo de vicepresidente, este cambio político en el Senado se hubiere transformado en permanente.

Desde el punto de vista de la sistémica electoral, la forma de integración del Senado, en que la banca trigésimo primera se elige por mayoría simple, entra en la categoría de los sistemas con prima para el ganador: se distorsiona la proporcionalidad con la finalidad de mejorar la funcionalidad o gobernabilidad. Puede estarse de acuerdo o en desacuerdo, pero la lógica es impecable. Ahora el nuevo sistema plantea un plus para el lema más votado, que no necesariamente es el partido de gobierno, con lo que la prima en bancas puede contribuir a la gobernabilidad o contribuir a la desgobernabilidad, todo en función de un efecto de azar en los resultados electorales.

El apresuramiento y la desprolijidad en la redacción de la reforma constitucional genera esta peculiaridad, que sin duda estuvo ajena al pensamiento y la voluntad de los constituyentes.

Publicado en El Observador
Noviembre 16- 1997