La nueva realidad
del Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli

De las elecciones internas del Frente Amplio del 28 de setiembre emerge una nueva realidad interna, caracterizada fundamentalmente por varios elementos. El primero y de alta significación, que las nuevas autoridades del Frente Amplio son (por lo menos desde 1985) las de mayor legitimidad societal, al ser todos sus componentes producto de unas mismas elecciones, realizadas a padrón abierto, con amplia convocatoria y fuerte respuesta a esa convocatoria, cuyas formas de competencia (al menos la formulada entre sectores) corresponden a métodos de amplia legitimidad social en el país: hojas de votación distinguidas por un número, con listas cerradas y bloqueadas, propuestas electorales y oposiciones claras, reglas de competencia también claras, aplicación de la proporcionalidad pura; fue inequívocamente una convocatoria en que cada sector midió sus fuerzas con lo demás. El resultado expresa sin duda alguna el poder de convocatoria de los diferentes sectores entre las personas de fuerte pertenencia frenteamplista.

Una segunda característica de esta nueva realidad es por un lado la aparición de un sector predominante, pero no hegemónico, como lo es el Espacio 90, es decir, el Partido Socialista y sus aliados, y por otro, el cuasi perfecto equilibrio entre los otros cuatro sectores: Corriente de Izquierda (MPP y aliados), Democracia Avanzada (1001), Vertiente y Asamblea Uruguay.

Pero además, la predominancia de la 90 adquiere características singulares: Uno, desde el punta de vista de su fuerza electoral, es una predominancia equilibrada, homogénea: es la principal fuerza en el círculo de hierro, el círculo más militante o de viejos afiliados (compuesto de unas 40 mil personas), donde obtiene una adhesión de cada tres; es la principal fuerza en todo el conjunto de fuerte pertenencia (de estos casi 140 mil votantes), donde también obtiene el apoyo de uno de cada tres; y es la primera fuerza entre todo el electorado frenteamplista de hoy , aunque con una captación algo menor, uno de cada cuatro.

Dos, también predomina, y con un peso algo mayor (cuatro de cada diez) entre los nuevos miembros del plenario electos por el procedimiento de voto personalizado (los llamados "delegados de base")

Tres.

Una tercera característica es su ubicación en la geografía del Frente: en un eje radical-moderado (para usar una palabra que me parece poco apropiada y que define poco y mal, pero que está en boga), la 90 se sitúa en el el centro de la misma, en el medio de un eje Corriente de Izquierda-1001-90-Vertiente-Asamblea Uruguay. Pero además, la propia complejidad y contradicciones del Partido Socialista, o las propias condiciones políticas objetivas, le permiten un relacionamiento cómodo con cualquiera de los cuatro sectores, más con 1001 y Vertiente, menos con Asamblea Uruguay y MPP.

Una cuarta característica (ya que las tres anteriores fueron comunes a Democracia Avanzada y el Partido Comunista, en su breve predominio absoluto de 1989 a 1991), precisamente a diferencia del Partido Comunista, que es bastante complejo armar una alianza de todos los demás grupos en contra del Partido Socialista (al menos no es un peligro contra el que deba estar permanentemente al acecho).

Esta nueva realidad permite a la 90 dos caminos: armar un fuerte abanico de alianzas que hegemonice la conducción, o transitar por el camino más flexible de armar alianzas cambiantes según las circunstancias y necesidades. Una variante de este último camino, es el formular un doble plano de alianzas, con algunos sectores acuerdos más estables, con otros entendimientos más puntuales. Pero este papel estelar que cabe jugar al Partido Socialista y a sus aliados, no son solamente lugares en el podio: implican un muy fuerte desafío de articular al Frente Amplio; de ahora en adelante, toda vacilación en la conducción frenteamplista, toda contradicción no solucionable entre sectores, todo rechine fuerte, se volverá en contra de quien ocupa este nuevo papel estelar.

Hasta aquí la nueva realidad institucional del Frente Amplio, que habilita un rico juego de negociaciones intersectoriales pivoteadas por el Partido Socialista. Realidad que sitúa a Reinaldo Gargano (para el Frente y para el sistema político) como un primus interpares.

Pero el Frente Amplio no se agota en los sectores y el juego de los mismos. Ni la autoridad del Frente Amplio empieza y termina en su Plenario Nacional y Mesa Política. Allí está, al costado de todo esto, la figura silenciosa de Tabaré Vázquez, que pocos días antes de estas elecciones convocó a una refundación del Frente Amplio. Por ahora quedémonos en formular algunas interrogantes: Una, cómo juega el nuevo papel de pivot del Partido Socialista con el papel lideral de Tabaré Vázquez (porque no hay que olvidar que el PS no es el partido de Vázquez ni para Vázquez, sino un grupo político al que Vázquez es afiliado y un partido político que sintoniza bastante con Tabaré; pero la relación Vázquez-PS no es la misma que la de Sanguinetti-Foro Batllista; además, el PS existió casi ocho décadas antes que Tabaré Vázquez apareciese en el escenario político). Dos, qué es la refundación, a dónde apunta, cómo y cuando se procesa y cómo y cuándo se produce. Tres, qué pasa con el eventual retorno de Vázquez a la Presidencia del Frente Amplio. Cuatro, qué sintonías o disonancias se produce en el juego de poder entre la 90 (sector predominante en el FA) y el círculo que rodea y en el que se apoya Tabaré Vázquez

Publicado en El Observador
Noviembre 9- 1997