Las elecciones internas
del Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli

Tras las elecciones internas del 28 de setiembre, emerge una nueva realidad interna en el Frente Amplio. Veamos primero la elección y su contexto:

Uno. Es la primera vez en los casi 28 años de vida de la fuerza política, que sus autoridades nacionales permanentes son totalmente producto de unas elecciones abiertas y simultáneas.

Dos. La base de soberanía elegida por el Frente Amplio es la de sus afiliados, con un criterio laxo y unilateral de afiliación. Este criterio es el más extendido en el mundo política y electoralmente desarrollado, sin embargo en Uruguay han predominado otros dos criterios: basar la soberanía en los votantes del propio partido o basarlo en elecciones internas abiertas, sin afiliación previa; y ahora aparece en discusión un tercer criterio: basarlo en los votantes del partido en elecciones generales, de concurrencia voluntaria y al posible doble efecto de primarias de candidaturas y elección interna de autoridades. Cualquiera de los criterios es perfectamente sostenible e igualmente válido. Los afiliados son quienes manifiestan un sentimiento de pertenencia a un partido político; dicho vulgarmente, quienes se sienten parte del mismo en las buenas y en las malas; los votantes son muchos más que los afiliados y sugieren mayor representatividad, pero también suponen una adhesión más volátil y hasta ocasional.

Tres. La concurrencia fue de cerca de 140 mil electores. Ello supone cerca de un afiliado concurrente por cada cuatro votantes frenteamplistas de 1994 (el FA obtuvo algo más de 570 mil votos; el Encuentro Progresista, 621 mil), y un afiliado cada cinco votantes actuales del F.A. Si se compara con el nivel de afiliación de partidos europeos grandes de izquierda (son pocos los partidos socialdemócratas europeos con adhesión electoral superior al 27%, como el FA), se observa una alta participación: décadas atrás, en épocas más participativas, los grandes partidos socialdemócratas exhibían una relación afiliado-votante de uno a siete; y hoy es difícil encontrar alguno con una relación mayor a uno a diez. Si se compara con casos similares uruguayos, el resultado cambia: en una época muy militantista, como 1986, el Movimiento Por la Patria registró alrededor de un afiliado concurrente a las elecciones internas cada tres votantes y medio del sector. Y en las elecciones internas del Batllismo de 1965 la relación fue más intensa aún (en realidad fueron elecciones internas de la 15, en disputa por la sucesión de Luis Batlle).

Cuatro. Más allá de la confusa terminología, no se eligieron delegados de base. Primero, porque el sistema electoral vigente desde hace varios años establece un sistema de representación fiduciaria y no de delegatura (un delegado es alguien que ejerce una especie de mandato, con un órgano de referencia que lo mandata u orienta y ante el cual responde). Segundo, porque todos los 144 miembros electos del Plenario Nacional son representantes de las bases, pues fueron elegidos por los mismos electores, los mismos afiliados, es decir, las mismas bases; más aún, los llamados "delegados de los sectores" aparecen con una representación cuantitativa mayor a los llamados "delegados de base" (hubo más votos para las listas en conjunto que para los "delegados de base" en conjunto).

Para dejar las cosas en claro: el Plenario Nacional fue elegido por un sistema que combina dos métodos extremos: la proporcionalidad pura (72 bancas) y el sistema mayoritario extremo (otras 72 bancas, los "delegados de base". La mitad del Plenario (los "delegados de los sectores") fue elegida en circunscripción única nacional, mediante lista cerrada y bloqueada, con voto singular y adjudicación de cargos por un método proporcional. La otra mitad del Plenario fue elegida en 36 circunscripciones de diferente magnitud, mediante voto personalizado, con voto plural y adjudicación de cargos a pluralidad (mayoría simple).

Ahora corresponde ubicar sociológicamente la elección. Del Frente Amplio pueden detectarse varios círculos, en función de la intensidad de la relación del ciudadano con el partido. Como toda clasificación, nunca la delimitación es pura y las fronteras son vidriosas. Con esas precisiones veamos las categorías : Una, el círculo de hierro (los "palos a pique") frenteamplista, constituido por esos 40 mil electores de voto no observado, es decir, afiliados con bastante anterioridad al acto electoral del 28 de setiembre. Dos, el círculo de fuerte pertenencia frenteamplista, constituido por los nuevos afiliados (alrededor de 100 mil). Tres, un círculo de pertenencia media, compuesto por personas que se definen a sí mismas como frenteamplistas, pero que no se han afiliado (unas 370 mil). Cuatro, un círculo de votantes firmes, sin adquirir pertenencia (alrededor de 100 mil). Cinco, uno o varios círculos constituidos por votantes ocasionales y simpatizantes (unas 50 mil). Las autoridades electas son representativas de estos dos primeros círculos, es decir, del ámbito global de fuerte pertenencia frenteamplista (el próximo domingo: análisis de la nueva realidad

Publicado en El Observador
Noviembre 2- 1997