La lógica del enfrentamiento
Oscar A. Bottinelli

Una semana antes del plebiscito constitucional advertíamos sobre los riegos de entrar en la lógica de la polarización, la generación de un proceso de imparable reacción en cadena de causas-efectos recíprocos, de sucesión de hechos que se transforman en incontrolables. Naturalmente que el grado de polarización deben medirse contextualizados, en base tiempo y lugar. Lo que para los uruguayos de este fin de siglo parece un clima de creciente crispación, es un mar plácido y hasta aburrido en los países centroamericanos, y quizás también en países de alto desarrollo político como Estados Unidos, Italia o España.

Pero para el Uruguay que emergió del régimen de facto, los niveles de crispación alcanzados en la política uruguaya son elevados. E inclusive alcanza al clima que se vive en comisiones y pasillos legislativos.

Cuando se analiza una situación resulta muy difícil analizar en qué momento se pasa la barrera del juego político fuerte a la crispación. Lo que se tiene la sensación es que esa barrera o está próxima o se está pasando. También es difícil, en un análisis frío y objetivo, marcar con claridad la sucesión de causas-efectos. Es más fácil reseñar actitudes de una u otra parte que generan o alimentan la confrontación, independientemente del hecho que cada uno considere altamente justificables sus procederes, o los entienda como reacción frente al enfrentamiento generado por la contraparte.

En principio, la confrontación aparece ligada a dos grandes temas: las denuncias sobre actos de corrupción, y el plebiscito constitucional.

En el primer caso el tema es harto complejo, entendido en un sentido amplio como denuncias de actos de corrupción, de irregularidades administrativas o de procederes oscuros. En primer lugar, porque el tema se juega en varios planos y con efectos diversos: enfrentamiento entre la coalición de gobierno y la oposición; confrontación al interior de la propia coalición de gobierno (particularmente con el Ministerio de Salud Pública como escenario); emparentamiento con otra lucha similar y contemporánea en la política española (con Focoex como nexo). Y para complicarlo aún más, derivación del tema al terreno judicial, en varias formas: permanente recurrir de dirigentes políticos a la denuncia judicial, actitudes de algunos jueces y algún fiscal que a alguien le han provocado dudas sobre si se está en la fría aplicación de la ley o en una emulación del fenómeno Di Pietro (pero el tema política y sistema judicial es más complejo como para merecer un enfoque en sí mismo).

Pero en la sucesión de denuncias e investigaciones sobre actos de corrupción (Focoex, Pan de Azúcar y otros) ha habido acusaciones serias y fundadas, o al menos hechos extraordinariamente oscuros y poco explicables. Pero también hubo un manejo indiscriminado de nombres, acusaciones genéricas, afectación poco seria de prestigios personales, y uso de pruebas dudosas o quizás falsas. Algunas de estas cosas pudieron fundamentar la idea de una ofensiva baguala, sin duda reforzada por un procesamiento jurídicamente polémico. Pero nada ayudó al clima el asociar que toda denuncia o sospecha de irregularidad es sinónimo de actitud calumniosa o persecusión política.

El otro tema es el que se relaciona con el plebiscito, un acto electoral que apuntaba a algo aburrido y desinteresado. El 3 de noviembre aparece un giro espectacular, comienza una estrategia de confrontación fuerte, en que los temas centrales de la reforma constitucional pasan a segundo plano, y la polémica transcurre entre los elementos contextuales (política económica, desocupación, corrupción) y la búsqueda de cangrejos bajo la piedra.

La contrapartida fue el uso de videos de Seregni y Astori en la propaganda colorada, hecho inusual en el país, no sólo en la publicidad política, sino aún en la comercial. Rara vez se vio en Uruguay (y cuando ocurrió generó fuertes rechazos en el público) que una campaña mencionase en forma explícita y desdorosa a la competencia (lo que sí es usual en Estados Unidos).

Así las cosas, aparece la idea de excluir al Frente del diseño inicial de la reglamentación de las reformas políticas (lo que finalmente no ocurrió). Y se llega a la suspensión del diputado Nicolini, no por aplicación del mecanismo disciplinario previsto en el artículo 115 de la Constitución, sino mediante la dudosa aplicación (en el contenido y en la forma) del instituto del juicio político.

La temperatura política es elevada. Puede ser el pico de una curva oscilante, ese techo del histograma desde donde la curva comienza su descenso. Pero puede ser también un mero escalón de una temperatura crecientemente ascendente.

Cada uno tiene sus razones para actuar como lo hace. Pero la suma de todas las razones y sinrazones da como resultado transitar por una lógica del enfrentamiento, peligrosa. Estas lógicas tienen como característica ineludible que a determinada altura los hechos nos e detienen por sí solos, y que nadie puede prever el final.

Publicado en El Observador
Abril 6- 1997