La nueva Corte Electoral
Oscar A. Bottinelli

El miércoles, a diecinueve días del plebiscito constitucional, asumió una nueva Corte Electoral. El hecho es sumamente relevante, con diversos elementos dignos de mayor estudio, de los cuales cabe efectuar un punteo preliminar:

Uno. Por primera vez desde la restauración institucional, la Corte cuenta con el respaldo de los cuatro partidos con representación parlamentaria. En los dos casos anteriores el Frente Amplio se retiró de sala como protesta por la forma de integración, acompañado la última vez (en 1991) por el PGP y el PDC.

Dos. Hay dos grandes teorías, ambas aplicadas en nuestro derecho y su correspondiente praxis, en materia de garantía de imparcialidad de los tribunales electorales. Una es la de integrarlos en su totalidad o en forma predominante con hombres neutrales, es decir, con figuras que independientemente de su postura íntima como ciudadanos, estén al margen de la actividad política, presente y futura (es decir, la Corte no suponga un escalón en la carrera política). La otra tesis es la de la composición partidaria, en formas más o menos expresas de delegatura partidaria; el supuesto es que la imparcialidad del órgano es el producto resultante del contralor recíproco de sus integrantes. Por la vía de los hechos, los partidos políticos y sus legisladores optaron por este último camino, al designar una Corte con cuatro colorados, tres nacionalistas y dos frenteamplistas, elegidos cada uno de ellos en forma libre por cada partido, sin intervención de los demás; es decir, en una forma de designación de representantes.

Tres. El momento de renovación de la Corte parece el más inoportuno. La prudencia aconseja no cambiar el tribunal en medio de un acto electoral, ni tampoco en el posterior proceso de escrutinio. Algún experto atribuye, entre las múltiples causas del deficiente acto electoral de 1971, al cambio de Corte Electoral a un mes apenas del acto comicial. Si hoy las consecuencias son irrelevantes, se debe a cuatro hechos: Uno, que la Corte saliente dejó todo debidamente encaminado, al punto que la noche anterior (con siete de sus nueve miembros con un pie afuera) sesionó intensamente para dejar resuelto todo lo pendiente. Dos, a la estabilidad del plantel superior de la Justicia Electoral, en el cual descansa la eficiencia del organismo. Tres, a la designación de Carlos Urruty como presidente del organismo, que asegura continuidad. Y cuatro a que, sin demérito para nadie, esta nueva Corte Electoral es en conjunto la de más nivel de los últimos tiempos.

Como analistas, somos propensos a la clasificación, la medición de efectos y, profundamente uruguayos, a buscar defectos y formular críticas. Si hoy incurrimos en algún elogio, es porque es necesario para un organismo tan esencial a los procedimientos democráticos como olvidado por dirigencias y opinión pública. La gente se entera que la Corte existe las pocas veces que ha generado polémicas, y decurre en el anonimato cuando con calma y silencio asegura la cristalinidad del funcionamiento democrático.

Por todo ello es de destacar que esta Corte se inicia con la presencia de tres especialistas en la materia. Es presidida por Carlos Urruty, uno de los mayores especialistas uruguayos en la materia electoral y sin duda el más relevante de todos en lo relativo a organización y contralor ciudadano y eleccionario; pero además, una figura de prestigio internacional que, entre otras cosas, prestó un invalorable servicio al proceso de consolidación de la paz en El Salvador, con el asesoramiento a la organización eleccionaria. Pero además, es la primera vez que accede a la presidencia del cuerpo una persona que pasó la vida entera en sus cuadros funcionales. Ingresado a la Corte a los 16 años en el último grado del escalafón, fue luego abogado de la misma, por más de veinte años largos Secretario Letrado, y desde mayo de 1985 ministro de la Corte.

Otro especialista destacado es Rodolfo González Rissotto, autor de un valioso primer tomo sobre la Legislación Electoral del Uruguay, y deudor moroso de la culminación de la obra (deuda que ha prometido satisfacer). Y finalmente una figura nueva en la especialidad como lo es el ex-presidente de la Junta Electoral de Montevideo Washington Salvo. No es nada malo además que estos tres especialistas sean además originarios de cada una de las tres grandes colectividades políticas. Para completar el cuadro de esta prometedora Corte Electoral, debe mencionarse a un par de figuras jóvenes con capacidad de gran desarrollo en la materia, como lo son Wilfredo Penco por un lado, y por otro quien tiene sobre sus hombres la inmensa carga de llevar el nombre y la sangre del mayor experto uruguayo en materia electoral, de quien somos todos sus discípulos: Renán Rodríguez.

En el debe queda alguna ausencia, como la esperada y no ocurrida designación de una figura de mucho peso en la institución, a quien se debe la redacción de muchas y significativas resoluciones y sentencias

Quedan además algunos puntos espinosos para tratar con más tiempo y fuera de contextos electorales, como los efectos que genera una integración política tan fuerte como la actual.

Publicado en El Observador
Octubre 23 - 1996