El debut de Vázquez
Oscar A. Bottinelli

Cuenta una crónica periodística que una viejita dijo a Tabaré Vázquez, poco antes de su designación formal como candidato a presidente del Frente Amplio, algo así como que falta alguien al timón del barco. Lo cual resulta obvio fuera de todo duda. Desde hace un largo tiempo el Frente Amplio carece de conducción, o más precisamente desde hace mucho tiempo el más nuevo de los tres grandes partidos sufre un lento y sostenido proceso de pérdida de centralidad en la conducción.

No sólo carece de un liderazgo fuerte (y en la historia frenteamplista no siempre existió), sino que tampoco existe una conducción colectiva central, de donde parta el vértice de la decisión. Desde la génesis del frente hasta su ruptura (con un intervalo en parte del período de facto), existió una cúpula compuesta del presidente del Frente, la 99 y los partidos Comunista, Demócrata Cristiana y Socialista, a veces con algún miembro más (en varios períodos Rodríguez Camusso, en algún otro la vieja IDI). Pero además coexistieron y funcionaron en un juego flexible e iteractuante el liderazgo fuerte y la cúpula colectiva.

Hoy el Frente Amplio carece de lo uno y de lo otro. Su conducción es la resultante de un juego de fuerza de cinco, seis o siete elementos grupales o personales, donde cabe señalar las figuras de Seregni y Vázquez, la figura-sector de Astori/Asamblea Uruguay, y los sectores Democracia Avanzada, MPP, Partido Socialista y Vertiente. Del juego de poder de estos siete elementos, de la magnitud y sentido de su fuerza, surge la decisión, como esa resultante que en física es producto de la conjunción de vectores de magnitud y sentido diferentes. Pero una conducción que es un producto matemático, físico o estadístico de fuerzas dispares, es lo más opuesto a una sólida conducción política.

En política, como en la ciencia militar o en las ciencias´naturales, todo espacio vacío tiende necesariamente a ser ocupado. Y debe ser ocupado. El vacío de conducción del Frente Amplio genera una necesidad. Un dato de la realidad es la imposibilidad de crear una conducción colectiva de los cinco sectores principales, que conjugue las diferencias y sintetice las coincidencias; dato tan cierto como que a minutos de la ruptura de 1988-89 comunistas, socialistas, PDC y 99 lograban al menos un mínimo resultado de conducción conjunta.

No le queda otro camino al Frente Amplio que una presidencia fuerte. Y no hay otro nombre para la misma que Tabaré Vázquez. Guste a unos y disguste a otros, ambas son conclusiones de la realidad, frías, objetivas.

Ahora bien, el camino de Tabaré Vázquez hacia el liderazgo absoluto, conjuntando su apoyo popular con la institucionalidad de la Presidencia del Frente Amplio, ha supuesto varias etapas: renuncia de Seregni el 5 de febrero que genera la vacante; descaecimiento del Encuentro Progresista tras la licencia de Vázquez y el fracaso de Nin Novoa en sustituirlo; acuerdo político para designar a Tabaré Vázquez como presidente; designación como candidato a presidente por el Plenario Nacional y, finalmente, su designación formal ha realizarse en diciembre por el Congreso.

Pero en medio de ese camino, debutó como presidente virtual del Frente Amplio al abrir con Volontè la última y frustrada negociación por la reforma constitucional. Y el debut resultó sorprendente. Porque recibió una propuesta del líder nacionalista a la que calificó de "interesante" y "aceptable" (calificación que realizó por sí, sin consultar a ninguno de los grupos políticos principales, ni siquiera a los más directamente vinculados a su figura), trasladó la decisión a los órganos de conducción, no se jugó por la decisión, dejó que el Plenario Nacional la rechazase de plano y finalmente se refugió en un juego de palabras (que era "aceptable" pero que no la "había aceptado"). Lo más relevante, es que dos puntales del rechazo fueron el Partido Socialista (sector cuyo Comité Central integra el propio Vázquez, como su miembro más votado) y el Partido por la Victoria del Pueblo (cuyo líder, Hugo Cores, es su futuro secretario político).

Antes de la negociación Volontè-Vázquez, el Frente Amplio se encontraba en una posición cómoda respecto a la reforma constitucional: alineado en el "No", sin fisuras en su argumentación y sin espacio político para que Astori pudiese jugar su disidencia. El F.A. tenía dos caminos fáciles a la vista: mantenerse en el "No" sin reabrir negociaciones; o una vez reabiertas, pactar y transformarse en la fuerza decisiva que posibilitase la reforma constitucional. En uno y otro caso con un protagonismo indiscutible y sin exhibir fisuras. El camino elegido, la desprolijidad exhibida por Vázquez en el debut como virtual presidente, dejaron al Frente Amplio en la más incómoda de las posiciones: sigue en un "No" fundamentado en aspectos laterales de las elecciones municipales y locales (pues Vázquez con su señales debilitó la oposición al balotaje); y posibilitó que Asamblea Uruguay exhibiese su disidencia en el tema.

Publicado en El Observador
Octubre 20 - 1996