El balotaje y su dudosa aplicación
Oscar A. Bottinelli

Uno de los errores técnicos más graves del proyecto de reforma constitucional a consideración de Diputados, y sin duda el error más peligroso, es la regla de decisión de la elección presidencial.

El artículo 151 proyectado dice: "El Presidente y el Vicepresidente de la República serán elegidos conjunta y directamente por el Cuerpo Electoral por mayoría absoluta de votantes (...). Si (...) ninguna de las candidaturas obtuviese la mayoría exigida, se celebrará el último domingo del mes de noviembre del mismo año, una segunda elección entre las dos candidaturas más votadas".

Bien, primero hay que interpretar qué quiere decir la palabra "candidatura", innovación en la terminología electoral uruguaya. Parece que es otra forma de definir la palabra lista, es decir, el conjunto de candidatos para un mismo cargo.

El tema de fondo es que se establece el principio general de que el presidente de la República es elegido a mayoría absoluta de votantes; es lo que en sistémica electoral se define como sistema mayoritario strictu senso. Es decir, que requiere mayoría absoluta, lo que quiere decir, más de la mitad de.

Bien, toda vez que se apela a un régimen estrictamente mayoritario es necesario prever alternativas frente al no logro de esa mayoría absoluta por ningún candidato. En principio hay tres caminos: mantener invariable el principio de decisión, cambiarlo por una exigencia menor (pluralidad o mayoría simple: resulta elegido en segunda instancia el candidato más votado) o establecer que fuere otro cuerpo de carácter representativo el que dirima la elección (por ejemplo el Parlamento, como en Bolivia)

De mantenerse el principio de decisión, es decir, no variar la exigencia de mayoría absoluta, hay dos caminos: o realizar tantas votaciones como fuere necesario hasta que un candidato logre la mayoría absoluta (lo que es usual en elecciones realizadas por convenciones, congresos, colegios electores o parlamentos, pero impensable en elecciones de convocatoria masiva) o forzar el cumplimiento de la regla de decisión, mediante la única fórmula matemática que lo hace inexorable: que sólo concurran a la elección definitoria dos candidatos: siempre uno de ellos va a superar al otro y con ello lograr la mayoría absoluta de los votos.

Lo usual en el mundo, que coincide con lo más lógico, es que la exigencia de mayoría absoluta se trace sobre el total de lo que en Uruguay llamados votos válidos, es decir, votos emitidos en favor de un candidato determinado. Si esta es la exigencia, no hay duda ninguna, el principio de decisión se cumple inexorablemente en la segunda vuelta.

Pero el texto a votación de Diputados introduce el concepto de "mayoría absoluta del total de votantes". ¿Qué quiere decir votantes? Para la Corte Electoral, el total de votantes es el total de personas que concurrió a las urnas y fue registrada en la lista ordinal de votantes. Son votantes pues quienes votaron en blanco (en sobre vacío), los que votaron de forma nula (sobre vacío o lleno con objeto extraño, o con hojas anuladas) y los que fueron observados en su voto y luego el mismo fue anulado (por no coincidir la identidad, o no estar debidamente habilitado, o haberse mal realizado la documentación de la observación del sufragio). El total de votantes en estas circunstancias ha rondado últimamente en el 8%.

Puede haber una interpretación más restringida (a la que nos afiliamos): no es votante quien concurrió a las urnas y su voto fue primero observado y luego anulado; es un pretendiente a votante, que no se transformó en tal por carecer de la habilitación necesaria para sufragar. Aún en esta interpretación, no puede dudarse que quien votó en blanco o de forma nula es un votante, y en general la suma de ambos elementos ronda entre el 3% y el 6%.

Entonces, para que alguien resulte electo presidente en la primera vuelta, debe lograr alrededor del 53% de los votos válidos, para superar el 50% de los votantes (en la interpretación más restringida del término votante). Todos los votos en blanco y nulos operan como votos en contra del candidato más votado, para frenar su elección y forzar el balotaje. ¿Está claro este concepto entre quienes votan la reforma? ¿Tienen claras las consecuencias de este hecho?

Pero el tema se repite con mayor peligrosidad aún en la segunda vuelta. En ningún lado el texto dice que en la segunda elección resulta elegido el más votado. Rige, por tanto, la exigencia de mayoría absoluta de votantes. ¿Qué pasa si el primer se distancia del segundo por dos puntos porcentuales, logra el 51% de los votos válidos pero el 49% de los votantes?

Ya que hay una voluntad política de votar a tapas cerradas, si no hay enmiendas de carácter político ¿no sería el momento de pulir el texto? ¿Por qué se piensa votar indefectiblemente un texto con errores?

Publicado en El Observador
Setiembre- 1996