Reforma política:
de errores e inadvertencias
Oscar A. Bottinelli

La reforma constitucional no sólo ha tenido un trámite desprolijo, quizás tanto como el abortado proceso de 1993-94, sino que el proyecto contiene fuertes errores, confusiones e inadvertencias.Lo curioso es que en medio de las tensiones de la negociación política, a nadie se le ocurrió que a un proyecto políticamente controversial, no debe sumársele la posibilidad de críticas desde el ángulo técnico.

Por supuesto que se podrá sostener que estas críticas son producto de exquisiteces intelectuales de académicos, algo así como aquellos dos personajes de Ionesco que discutían los silogismos en medio del avance de los rinocerontes. Pero cuando la discusión sobre qué quiere decir mayoría absoluta de votantes defina una elección presidencial, y pueda acusarse de fraudulenta a una interpretación extensiva, podrá verse que las críticas técnicas son del mas profundo realismo.

Es necesario aclarar que las críticas que aquí se formulan apuntan a lo estrictamente técnico, sin formular valoraciones políticas, ni pronunciarnos en favor ni en contra de la reforma.

Veamos una somera lista de desprolijidades:

Uno. La regla para definir la elección presidencial. El texto del proyectado artículo 151 establece el principio de que el presidente y el vice serán elegidos "por mayoría absoluta de votantes". Basta observar la falta de claridad cuando en la exposición de motivos y en la discusión plenaria, se dice que el nuevo régimen determinará que el presidente resulte elegido por mayoría absoluta "de la ciudadanía", luego se dice de "votos válidos", y un legislador habla de "votos emitidos". Son cuatro conceptos distintos, claramente diferenciados en el derecho electoral.

El balotaje modelo francés tiene por sentido producir necesariamente un resultado sin variar la regla de decisión, es decir, la exigencia de mayoría absoluta. Por eso, al exigirse mayoría absoluta del total de votos emitidos por un candidato, ese efecto se produce, ya que salvo el hipotético caso de empate, todo candidato que supere al otro logra la mayoría absoluta.

En el caso proyectado en Uruguay no es así. Primero hay que discutir qué quiere decir votantes: para la Corte Electoral, en jurisprudencia prolongada y pacíficamente aceptada, es toda persona que concurrió a las urnas (en nuestra interpretación votante es quien fue aceptada como tal y su sobre de votación fue abierto). Como sea, nadie discute que son votantes los que sufragan en blanco, o cuyo voto contiene hojas anuladas. Entre unos y otros la media nacional oscila entre el 3% y el 6% del total de votos contabilizados, de sobres abiertos.

Parece obvio que en una segunda vuelta reñida, en que resulte una magra diferencia de dos puntos entre ambos candidatos, ninguno puede lograr la mayoría absoluta de votantes. Si en un caso así la Corte Electoral interpreta que es elegido el más votado, sería una interpretación tan pragmática como errónea, y nadie podría evitar la acusación de fraude.

No es pues una exquisitez técnica la necesidad de corregir el texto.

Dos. Además del lema, figura básica en nuestro sistema electoral, se crean otras dos: el lema de partido y el partido. tenemos pues que el intérprete va a tener que distinguir entre lema, lema de partido y partido. Como es un viejo principio hermenéutico que el legislador no es redundante, hay que colegir que el uso de tres términos implican tres conceptos diferentes, Así resulta que para la sucesión en la Presidencia del Senado se toma en cuenta al lema más votado, pero para la sucesión presidencial, al partido. Pero resulta que las listas de candidato tanto a presidente como al Senado no se identifican con "lema" ni con "partido", sino con "lema de partido".

Todo este galimatías es producto de un sarampión de otorgarle una fuerte connotación valorativa positiva a la palabra partido, con una fuerza sólo conocida en la teoría leninista. En un país con un sistema electoral y un sistema de partidos tan complejo, debe tenerse mucho cuidado con las palabras y los conceptos. Al menos no introducir modificaciones al barrer.

Tres. Se crea la institución hoy inexistente de la "Vicepresidencia de la República", por el simple expediente de decir "candidato a la Vicepresidencia" donde el texto vigente dice "candidato a vicepresidente". No existen funciones vicepresidenciales, sino que existe una calidad de suplente presidencial y otra de presidente de la Asamblea General (cada una de las cuales tiene líneas sucesorias separadas)

Cuatro. Se prohíbe para la Cámara de Representantes acumular por identidad de listas, para impedir las listas calcadas, que no existen. Lo que existe es que una misma lista de candidatos (conjunto de candidatos titulares y suplentes a un mismo cargo) figura en diversas hojas de votación (que es meramente el continente, vehículo o medio por el que se expresa el voto). La maniobra política que se trata de evitar tiene otros correctivos.

Ello sin contar el uso de términos distintos para situaciones similares: elegir, nominar, seleccionar, o hablar de precandidatos. No estaría de más corregir desprolijidades, que nada tiene que ver con discusiones políticas.

Publicado en El Observador
Setiembre- 1996