Reforma y descentralización
Oscar A. Bottinelli

En las últimas semanas se han producido dos hechos significativos en relación con la descentralización territorial y las autonomías departamentales. Por un lado, el presidente del Partido Nacional anunció que la descentralización territorial es un tema clave e innegociable para el nacionalismo, sine qua non para la reforma constitucional. El otro, la respuesta dada al Frente Amplio por los tres partidos patrocinantes del proyecto reformista (Colorado, Nacional y Nuevo Espacio), en relación a las elecciones departamentales y locales.

¿En qué se ata uno y otro tema? En que una descentralización territorial plena exige como correlato una autonomización electoral; en otras palabras, que las autoridades del área descentralizada resulten elegidas con la mayor autonomía.

Para contextualizar el tema. Algunos apuntes.

Uno. En Uruguay existe una cierta confusión terminológica sobre lo que significa administración municipal. Municipio, y sus sinónimos comuna, ayuntamiento, cabildo, significa el territorio o autoridad de una ciudad o localidad, más su entorno circundante. En nuestro país la palabra "municipio" se aplica a otra realidad jurídica y política: a la de la administración de un departamento, territorio compuesto en general por más de una ciudad, y en todos los casos por más de una localidad; es el tipo de unidad administrativa conocida en otras latitudes como cantón, condado y - sin que resulte siempre ni necesariamente sinónimo - provincia.

Dos. En el país existen también estos dos niveles, con características diferentes. El nivel mayor, el departamento, con autoridades elegidas por el Cuerpo Electoral y un cierto grado de autonomía. El nivel inferior, local, con autoridades designadas por la autoridad departamental y con poco o nulo nivel de autonomía, según se trate de las llamadas juntas locales autónomas o de las juntas simples (sólo en los casos de Bella Unión, Río Branco y San Carlos la junta local es electiva).

Tres. En el nivel regional o departamental, las autoridades son elegidas directamente por la ciudadanía, en elecciones realizadas en forma simultánea con las elecciones nacionales. Y con voto vinculado, es decir, el elector debe sufragar necesariamente por el mismo lema para presidente y legisladores, que para intendente y ediles (o para eludir el voto vinculado, puede apelar a sufragar sólo en un nivel, nacional o departamental, y votar en blanco en el otro; lo que no puede es cruzar el voto a nivel de lemas).

Cuatro. En el nivel local, en los tres casos en que los cuerpos son electivos, el voto es vinculado y conjunto con el voto departamental: en la misma hoja de votación se sufraga para intendente, ediles departamentales y ediles locales.

Cinco. En las democracias políticamente desarrolladas, con larga data en la competencia plural y plena legitimación social de las elecciones, en todas ellas, el nivel regional y local está desvinculado electoralmente del nivel nacional. No hay voto conjunto ni vinculado, e inclusive las elecciones se celebran no sólo en fecha sino en tiempo distinto de los comicios nacionales. Utilizando la terminología italiana, son tiempos diferentes los que enmarcan las elecciones políticas (de las que surge el gobierno) de las elecciones administrativas (regionales, provinciales, comunales).

Bien ¿qué ha pasado en el país con este tema?

En cuanto a la diferenciación de niveles, a lo sumo ha habido un tímido avance de fortalecimiento de las juntas locales.

En cuanto a la consagración de una mayor autonomía política departamental, con separación en el tiempo de las elecciones nacionales y departamentales, prácticamente no se ha avanzado. En definitiva lo que hoy está en danza es una separación de fechas pero no de tiempo. Para ser más exactos. La elección departamental no se realizaría el mismo día que la nacional, pero sí en el mismo tiempo político, en el marco de la misma campaña electoral; en definitiva, bajo los mismo parámetros. Si se realiza antes, en setiembre como se ha propuesto, significa que la elección departamental adquiriría el importante rol de ensayo general de las elecciones nacionales. Como quien dice, una gran encuesta sin margen de error estadístico. Pero la elección de autoridades departamentales continúa subsumida en el clima político de la elección nacional.

Este hecho presenta dos curiosidades. Una es la aceptación de esta tesis por parte del Partido Nacional, que aparece como contradictoria con el énfasis puesto en la descentralización (e inclusive con su histórica reivindicación de las autonomías departamentales). El otro es la receptividad habida en el Frente Amplio, que desde sus orígenes ha reclamado la separación en el tiempo (que no quiere decir en unos días) ambas elecciones. En cambio, el Partido Colorado aparece reafirmado en su vieja tesis fortalecedora de la unidad del voto, que lo llevó a propiciar en 1951 el voto conjunto para la elección nacional y la departamental, y en 1966 tranzó con el nacionalismo en el abandono del voto conjunto a cambio de la implantación del voto vinculado. Ahora haría una nueva concesión, sin abandonar la esencia, la desvinculación del voto y de la simultaneidad del acto electoral, pero sin separar los tiempos políticos.

El otro hecho es el vinculado al nivel local. Entre el reclamo del Frente Amplio (electividad de las juntas locales) y la contrapropuesta (designación obligatoria de las mismas por la autoridad departamental en un plazo pre-establecido) hay diferencias de naturaleza sobre la concepción misma del gobierno local y sobre los alcances de la descentralización territorial.

Publicado en El Observador
Mayo 5- 1996