La polémica desatada por la idea presidencial del trabajo voluntario

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
El presidente José Mujica lanzó la idea hace tiempo y la remarcó el 1º de marzo en su discurso de asunción: “En este gobierno se promoverá el trabajo voluntario, especialmente en la construcción de viviendas”.

El politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, propone discutir a propósito de la polémica que se ha abierto por esta idea.


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EC – ¿Empezamos por los antecedentes?

OSCAR A. BOTTINELLI:
El tema es, en el fondo, ideológico, de valores, de concepción de la sociedad y el papel de los individuos en la misma.

¿Cuál es la historia de Uruguay? Uruguay es un país en que el trabajo voluntario es muy importante en lo que se ha hecho a lo largo de su historia. Hay tres o cuatro palabras distintas que normalmente se pueden usar, y que en general se dan con connotaciones diferentes pero tiene que ver con actos de tipo voluntario: la militancia, más bien usada en general hacia la izquierda, hacia partidos políticos, organizaciones sociales; la acción solidaria o la acción voluntaria y la gauchada. ¿La gauchada qué es? Es un acto de voluntariado, acto de un favor que una persona le hace al otro, que puede implicar un servicio y que no tiene contrapartida de remuneración. Esto son básicamente cosas que ha habido en la historia del país.

Puede clasificarse el voluntariado por un lado tomando en cuenta de dónde parte, si son individuos sueltos o colectivos los que hacen esa acción voluntaria, y también hacia dónde van: hacia un individuo o varios individuos o hacia un colectivo.

Veamos algunos ejemplos. Uno es la gauchada, el voluntariado y es uno, quizá, de los que puede generar más polémicas, es una vieja costumbre uruguaya, que es el grupo de vecinos que se juntan, especialmente en barrios populares, para hacer la planchada de la casa del vecino -se juntan 10, 15, con asado, con vino, todo el fin de semana para hacerla-. Esto entra en la polémica.

EC - ¿Por qué?

OAB – Porque es lo que ya se viene combatiendo particularmente en este gobierno; se considera que puede haber trabajo disfrazado.

EC – Sí, el Banco de Previsión Social (BPS) ha hecho algunas acciones que en su momento dieron mucho que hablar.

OAB – Exacto.

Acá vemos un conjunto de individuos, sueltos, hacia otro individuo suelto que es el vecino. El individual más clásico: “vecina, deje que yo le cuido el nene”, pero se puede decir que ahí hay un trabajo de babysitter que habría que ver si es remunerado.

Después hay otra forma de militancia –en general no se le llamó mucho por la palabra militancia- de trabajo solidario, voluntario, que fueron organismos que todavía existen, algunos tuvieron mucha más importancia en el pasado, las comisiones de fomento de las escuelas, más bien se llamaban comisiones de colaboración policial; las comisiones de padres de los liceos, es decir, entidades donde padres y vecinos colaboraban y se reunían.  En el interior era muy común realizar asados con cuero o fiestas de ese tipo para la comisaría, el hospital, la escuela, el hogar de niños, el hogar de ancianos. Y en Montevideo también otro tipo de cosas: las viejas kermesses, fiestas, colectas, rifas…

EC – ...Y no es sólo eso, además, después muchas veces los propios integrantes de esa comisión fomento –por ejemplo padres y alumnos- dedican algunas horas a trabajar pintando un local, arreglando techos, etcétera, ¿no?

OAB – Exacto. La militancia política y sindical ya la mencioné, es una de las más clásicas, de muchísimo trabajo, que va desde golpear puertas para convencer gente, distribuir volantes, pintar paredes, pegar afiches y murales -que es una modalidad que está en desaparición-, pero también a la vez arreglar un local para abrir un comité político o sede sindical.

EC – Es interesante ese relevamiento porque quizá no tenemos conciencia de toda esa historia. ¿Cómo ha evolucionado esta práctica de voluntariado en los últimos tiempos?

OAB – El tema aparece planteado en términos de discusión política y de contradicción entre distintos intereses y valores cuando el Frente Amplio (FA) asume la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). Es decir, la izquierda había hecho siempre una gran valoración del trabajo voluntario, no sólo por lo que le implicaba a la militancia política, sino consideraba que un país se construía con la gente haciendo cosas voluntariamente para el conjunto del país. Quizá olvidando que en el país ya se venía construyendo mucho y pensando que la izquierda inventaba algo.

Por ejemplo, previo a las elecciones de 1971 -el fin de semana del 6 y 7 de noviembre- hubo una jornada en que los frenteamplistas y las juventudes frenteamplistas de Montevideo se comprometieron a hacer algo en su barrio: limpiar un parque, sacar un basural, construir un refugio de ómnibus. Y la idea era lo que era una sociedad movilizada dejando cosas tangibles y concretas para los vecinos de la sociedad. Y cuando en el Frente, que estuvo a punto de ganar en el 84, aparecía el trabajo voluntario como un elemento importantísimo del imaginario de todos los frenteamplistas, decían “vamos a salir a barrer las calles”.

Cuando llega el FA a la IMM con Tabaré Vázquez -esto no es menor porque también Vázquez significó un punto de inflexión en muchas cosas en la izquierda uruguaya- en diciembre del 89 proclama que la participación de la gente está en discutir las necesidades, fijar las prioridades y controlar la ejecución, no en hacer, hacer los funcionarios municipales, los que contrate la intendencia. Es decir, ahí marca que el trabajo voluntario no va a existir en la IMM contra lo que era el gran imaginario que había en ese momento. Es verdad que era un momento en que la militancia estaba decayendo fuertemente. Ahí es la primera vez que se discute el tema.

Desde el ángulo sindical, Adeom en este caso, había una oposición fuerte por lo que consideraba competir contra fuentes de trabajo, creación de puestos, horas extras o lo que fuera, que la intendencia tendría que contratar o pagarles horas extras y que serían suplidos voluntariamente por la gente, con lo cual se consideraba que se atacaban los derechos laborales y las fuentes de trabajo, etcétera.

EC – Ese ha sido una de las oposiciones al voluntariado, la de origen sindical.

OAB – Sí, digamos el comienzo en el cual la izquierda encuentra esa contradicción entre la idealidad del hombre solidario que da su tiempo voluntario y derechos laborales que se sienten agredidos por el voluntariado.

Esto ya se refleja mucho más en este gobierno y el tema queda bastante puesto en la construcción. Ahí es donde se tomó como elemento central la polémica y que, de alguna manera, resurge ahora con los planteos del presidente electo y luego presidente efectivo, José Mujica.

No nos olvidemos de una cosa: las cooperativas de vivienda de ayuda mutua tienen un componente esencial en el abaratamiento de la construcción de viviendas, que es la autoconstrucción, es decir, los individuos que aportan horas de su trabajo para realizar las viviendas de las cooperativas. Lo mismo hay en muchos planes que ha financiado el Estado, donde pone la autoconstrucción como una parte del fenómeno.

Esto ha levantado normalmente polémicas; estamos hablando, ya cuando surge el Plan de Viviendas en 1968, del Sunca (Sindicato Único de la Construcción) y todo lo ligado a la construcción: hay muchos gremios ligados a la construcción, uno lo que es la construcción propiamente dicha y otro es lo que aporta a la construcción.

Luego, el Estado consideró que el trabajo voluntario -lo consideró teniendo muchos elementos de fundamentos, no por una actitud caprichosa- se podía usar y se usaba como forma de evasión, de ocultamiento de trabajo en negro. Algo manejó la DGI, el Ministerio de Trabajo, pero esencialmente el BPS, que era el que estaba en primera línea de control y de recaudación de este fenómeno. Es decir, ahí aparecía una forma de hacer un trabajo en negro revestido de trabajo solidario.

Lo cierto es que el trabajo voluntario quedó sospechado y penalizado. ¿Por qué? Porque la gauchada o la solidaridad pueden hacerse siempre y cuando haya un trámite previo a una autorización del Estado, lo cual genera un límite a la solidaridad y al espíritu de solidaridad; que para hacer un favor uno tenga, primero, que estar sospechado y luego hacer un trámite, vaya ganas que le dan de ser solidario. No sé cómo se hubiera reconstruido Haití con muchas cosas voluntarias si cada uno tuviera que hacer un trámite en cada país.

Además, tiene límites, en general podemos decir que anda entorno a 20 jornales el límite que tienen las gauchadas. Es decir, la clásica planchada de 15 personas o 20, todo un fin de semana, son 30, 40 jornales, por lo menos tendrían que pedir una autorización muy especial para que les dejaran hacer ese trabajo, siempre y cuando que no consideraran que el asado y el vino es una contraprestación que tuviera aporte.

EC – Entonces, a partir de ese contexto ahora venimos a lo presente, a lo que ha dicho el presidente electo José Mujica, antes de asumir, con la idea del trabajo voluntario para la construcción de viviendas; lo que ha dicho el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, de apelar al trabajo voluntario también para la recuperación de delincuentes. ¿Cómo viene este debate?

OAB – El tema es que la historia del país que hemos señalado marca una gran importancia del voluntariado. Y aquí hay un tema que del ángulo sindical los cuestionamientos son válidos, las sospechas de organismos como el BPS son válidas, pero, como ocurre siempre, termina habiendo una contraposición de todas cosas válidas y legítimas. La solidaridad es algo que no se puede expresar con toda la fuerza que puede tener una sociedad si el acto de la solidaridad va a estar sospechado y se va a decir “hago un trámite para ser solidario”. La solidaridad puede ocultar evasiones y trabajo en negro, es decir, todo eso es válido, pero en el fondo hay un eje que pasa por qué es lo que se toma como elemento central si se considera que todo lo que hace un individuo debe ser pago. Hay concepciones filosóficas, religiosas, que apuntan a que el individuo no debe hacer cosa que no reciba la justa retribución, o el individuo puede hacer muchas cosas que las hace sin pretender cobrar y las puede hacer por un acto de solidaridad o sencillamente porque se le ocurre no cobrar.

En definitiva, qué es lo que predomina: si predomina un valor, la presunción es que todo debe estar pago y la excepción es que la cosa sea gratuita, o predomina el concepto de que la gente hace las cosas por su buena voluntad, porque cree que hay que colaborar con los demás o consigo mismo y el trabajo es otra cosa. ¿Dónde se encuentran los puntos de equilibrio?

Es un tema muy complicado porque hay organizaciones sindicales y no hay organizaciones grandes de gente que hace trabajos voluntarios por su cuenta, suelta, individual, que salga también a reclamar los derechos de la solidaridad. Además, cuando a la gente se le dice que la solidaridad va a estar sospechada, va a estar cuestionada, vaya cómo se desinfla el espíritu de ser solidario.

Entonces, aquí hay una discusión que pasa, por un lado, por lo práctico: cuánto afecta a los derechos laborales que haya voluntariado, por ejemplo, en la construcción.

Pero el tema no es sólo la construcción, son muchísimas cosas que en la medida que un gobierno desate la voluntariedad de la gente, la solidaridad, se pueden hacer muchísimas cosas.

Entonces, el tema es: esto cuánto va a generar de pérdida de fuentes de trabajo o cuánto va a generar en el caso que se diga “no, no se pueden perder fuentes de trabajo”; cuánto de cosas que no se hagan, porque a veces el tema es: o se hace con la gente trabajando gratis y poniendo el hombro o no se hacen porque no hay recursos. Esta es una situación.

Y la otra, a su vez, como valor, la sociedad en su conjunto, el gobierno como tal, el Estado, las organizaciones sociales y políticas, apuestan o no a que se desarrolle la acción voluntaria como un valor en sí mismo o consideran que eso es algo a lo cual hay que apelar con limitaciones y cuidados, sospechando siempre que sea una cosa voluntaria, si es de verdad voluntaria o no lo es.

EC – Vamos a estar atentos a ver cómo se lauda entonces este debate.

OAB – Va a ser un debate muy interesante, porque empieza sobre cosas concretas, pero en el fondo es un debate central sobre valores de la sociedad que se quieren.




 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 12 - 2010