El primer traspaso de mando en la historia del país entre dos presidentes no colorados

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
Finalmente el lunes se produjo el hecho histórico de que un presidente de la República frenteamplista le entregase el mando a otro presidente frenteamplista.

Hoy, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone un punteo de los hechos más trascendentes de este acontecimiento.


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EC – El título que le pusiste a este análisis hoy despertó unas cuantas preguntas de los oyentes, tú decías que es el primer traspaso de mando en la historia del país entre dos presidentes no colorados. ¿Cómo es eso?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Desde el punto de vista de presidentes constitucionales, en la historia del país nunca hubo un traspaso de mando de un presidente de la República que no fuera colorado a otro presidente de la República que no fuera colorado. La única vez que hubo algo así, pero no era presidente de la República, fue en 1963 cuando un Consejo Nacional de Gobierno de mayoría blanca traspasó el mando a otro Consejo Nacional de Gobierno de mayoría blanca.

Todas las otras veces que hubo traspasos constitucionales en Uruguay, o los dos eran colorados –el que se iba y el que llegaba–, o el que se iba era colorado y llegaba un blanco o un frenteamplista, o era un blanco el que traspasaba el mando a un colorado.

Este es un hecho que pasó bastante inadvertido y que marca lo inusual que es en Uruguay que no esté el Partido Colorado (PC) entrando o saliendo del gobierno.

EC – Lo que propones tú hoy no es un análisis, estás hablando más bien de un punteo.

OAB – Obviamente el análisis es a través de remarcar un punteo de algunos temas donde necesariamente alguno de ellos es comparar 2010 con 2005, las dos formas en que el Frente Amplio (FA) asumió la titularidad del gobierno en Uruguay.

EC – ¿Empezamos a recorrer esos puntos?

OAB – Primero uno diría lo surrealista –una palabra que usamos hace mucho tiempo y también usó Engler– que es ver a un líder tupamaro asumiendo el gobierno, con banda presidencial, con las Fuerzas Armadas desfilando, saludándolo; suena a algo que está más allá de la realidad e inimaginable hace tan sólo 10 años. Recordemos que hace un poco más de 10 años, por el juego de reparto de las presidencias de las comisiones, le tocaba presidir la Comisión de Defensa del Senado a Eleuterio Fernández Huidobro y no se plasmó. Hubo una resistencia, en gran medida el Foro Batllista fue la punta de lanza de no aceptar que un tupamaro presidiera nada menos que la comisión de Defensa Nacional. Ahora es el presidente de la República y el ministro de Defensa.

Este es un tema que hay que marcar, implica un cambio muy grande en el país. Se puede discutir mucho qué quiere decir esto, si es que aquellos tupamaros que se alzaron contra la Constitución resulta que hoy son los que llegan al gobierno como personas en el marco de la Constitución, elegidos por el sistema democrático liberal.

Un segundo tema es el fin del período de Tabaré Vázquez. En estos últimos días, desde fines de la semana anterior, se vio cierta dificultad de Vázquez para retirarse de escena. Se vio en el estrado de la plaza Independencia, donde normalmente los presidentes entregan el mando y se diluyen rápidamente, el tiempo que seguía saludando, o en ese acto que hubo el 28 de febrero.

Además se observa claramente una fuerte competencia por el liderazgo y el poder interno entre Mujica y Vázquez. El 1º de marzo se sintió un desplazamiento del poder político de Vázquez hacia Mujica, se vio también durante la campaña electoral en setiembre, cuando a raíz de errores de Mujica retomó con fuerza Tabaré Vázquez. Será un tema a ir observando en estos años, cómo es el manejo del poder, con un Vázquez que le costó el “mutis”, le costó el salir de escena, pero que sabe jugar muy bien con las ausencias y entradas de escena, sobre todo cuando puede hacerlo libremente sin la obligación de estar siempre en los primeros focos.

EC – Vamos a un tercer punto.

OAB – La estética general de la transmisión, todo el conjunto de señales, de lenguaje de comunicación, lo que implica todo esto en sustancia política. Y observar una cosa que uno definiría en una palabra muy vieja, que en los últimos tiempos ha adquirido importancia aquí y en buena parte del mundo, por lo menos de occidente, que es decir “lo republicano”, referido a un concepto de que el gobernante es alguien llano, alguien que está a la altura de los demás –con un poco más de responsabilidad–, que no se buscó una exaltación, a la inversa de hace cinco años que claramente la ceremonia del 1º de marzo tuvo características de otro tipo.

EC - Sobre todo el acto de la noche en el Palacio Legislativo, en las escalinatas, con aquel estrado gigante.

OAB – Sí, yo diría que fue todo un crescendo, con algunas características de mayestático e imperial. Esto se relaciona precisamente con el cuarto punto, que la actitud del presidente entrante José Mujica marcó –uno lo sentía– una formidable fuerza que emanaba de la sencillez. No necesitaba –y aquí el contraste con hace cinco años– estar bien alto, con los focos iluminando de abajo y de arriba, y lejano para marcar la fuerza, en esa escenografía de estética europea de los años 30 que marcó el 1º de marzo de 2005. Tanto lo de la Asamblea General y la forma de presentación ante la gente está mucho más acorde, más en la línea de la tradición uruguaya.

EC – Interesante el protagonismo que esa estética le asignaba al monumento al general José Artigas. Ese es un tema para conversar otro día en todo caso.

OAB – Exacto.

EC – Pero vayamos por otro de los puntos. Por ejemplo el mensaje al resto del sistema político, el mensaje a la oposición.

OAB – Acá hay algunos puntos muy importantes y señales muy diferentes a las que ocurrieron hace cinco años, y también durante, como nota dominante del gobierno anterior. Mujica hizo un manejo de continuidad histórica. Hace cinco años era el momento del cambio, ahora es el momento de la continuación de un gobierno de un partido por otro gobierno del mismo partido. Hace cinco años se marcó un concepto de “refundación”, como que en la historia del país todo empezaba a partir de la llegada de Tabaré Vázquez a la Presidencia de la República.

Y con una constante referencia al pasado, a lo que podríamos llamar el “inventario de la herencia maldita”. No es una novedad, lo hizo también el Partido Nacional (PN) en 1959 cuando después de 93 años retomó la titularidad del Poder Ejecutivo y llamó efectivamente con esas palabras, “la herencia maldita”, al inventario de cosas que recibía del PC. Esto lo hizo Vázquez hace cinco años, marcando que el país empezaba de nuevo, como que el país había tenido una etapa de 175 años y empezaba otra completamente distinta. Ahora se marcó la continuidad.

Y acá viene lo sexto, la apuesta al consenso, esto fue muy importante. Un presidente que apuesta como un hecho sustancial a lograr en los grandes temas, sin eludir la responsabilidad de gobierno, como dijo él, a que haya un gran consenso nacional. Se lo darán o no, fallará unos, fallarán los otros, pero apuesta al consenso. Hace cinco años claramente no hubo una apuesta al consenso sino a un gobierno que resolvía gobernar por sí solo; hubo algunas comisiones pero fueron realmente cosas muy nominales, no se plasmó en la práctica, no hubo espíritu.

Lo de Mujica nos hizo acordar, uniéndolo con un personaje que tiene muy poco que ver en materia de piel, con el concepto de Seregni de concertación. Seregni fue muy poco entendido en aquel momento porque se vio lo de la concertación como una especie de pacto para salir de la dictadura y la transición a la democracia y consolidarla –y cuando digo que fue poco entendido digo por los de afuera de su partido y los de dentro del FA–, cuando él veía la concertación en los términos que ahora reformula Mujica, como proyecto de país de larga data que esté más allá de los avatares de hombres y de partidos. Ese era el gran concepto de concertación de Seregni y, seguramente sin inspirarse en él, aparece reformulado en Mujica con el mismo énfasis y esa misma concepción macro.

Quedó plasmado un elemento que hay que marcar del discurso cuando habló del primer día de un gobierno de 30 años: no aspiraba a estar él 30 años en el gobierno y tampoco estaba referido al FA. Acá la idea era que desde ese consenso, desde esa concertación, se plasmara un modelo de país que siguiera por 30 años.

Un octavo punto muy claro es ese elemento que surge a lo largo de todos sus discursos del Palacio Legislativo y la plaza Independencia de marcar la búsqueda de entender al otro; buscar ser entendido y buscar entender al otro como un elemento humano, sicológico, traducible después a lo político.

EC – ¿Otras señales?, ¿las últimas cuatro que están faltando del punteo de 12 que proponías?

OAB – En el discurso de plaza Independencia surge una velada autocrítica de su pasado. En el discurso de la Asamblea General el énfasis lo pone en lo de presidente electo, en el hecho de haber sido elegido por la ciudadanía como un elemento central. Que José Mujica haya hecho un énfasis tan importante en la importancia de la elección es una definición política en sí misma a partir de su pasado. El manejo de ese pasado en un expreso mensaje en la asunción del ministro de Defensa Nacional y también una alusión de ese ministro de Defensa Nacional a su respectivo pasado.

Uno siente una idea de autocrítica, no en el sentido de flagelación sino de repensar los errores o caminos no del todo ciertos que se pudieron transitar en el pasado, y la valoración hoy, en una forma extraordinariamente fuerte, de lo que es la democracia liberal, representativa, en la forma en que se practica en Uruguay.

EC – ¿Señales que pudieras destacar de la reacción de otros líderes políticos?

OAB – Primero, la reacción nacional, tanto en gestos como en declaraciones expresas, de los ex presidentes de la República –Jorge Batlle, Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle–. Un hecho nada menor, la presencia de Sanguinetti al lado de Rosadilla y de Mujica en la asunción del ministro de Defensa Nacional, implica un gesto muy importante de un hombre que ha cultivado el tema militar y el tema Fuerzas Armadas como Sanguinetti. También la actitud de Pedro Bordaberry en sus declaraciones.

Esto se mezcla con las señales internacionales. Sin duda la presencia de Hillary Clinton, la tercera o la segunda figura en peso político del gobierno de los Estados unidos que vino a la transmisión del mando de Mujica cuando no va a asistir a todas las trasmisiones de mando que haya por estas latitudes en este año, es una señal muy importante de respaldo del gobierno de Estados Unidos.

Y es muy importante la presencia de Uribe. Mujica es considerado internacionalmente como un hombre muy amigo personal de Hugo Chávez, cosa que se demostró en algunos gestos el 1º de marzo, por ejemplo cuando se saludan en la plaza Independencia, cómo se tratan, lo que se dicen, “en qué hotel estás, te voy a ver”. La presencia de Uribe, que no es un hombre afecto a ir porque sí a las reuniones protocolares, marcó un hecho importante al mostrar la confianza de Colombia en que Uruguay va a continuar este papel intermedio que ha cumplido en los últimos años junto con Brasil, junto con Chile, en el contexto sudamericano.

EC – ¿Y cuál sería el último punto?

OAB – El problema o uno de los problemas del presidente, que daría para dos puntos. Uno es un tema que está levantando algunos resquemores: la fuerte forma en que se ha rodeado del empresariado y el papel que está cumpliendo en relación a Mujica un empresariado siempre muy allegado y relacionado al poder, independientemente de los gobiernos.

Pero el otro elemento es el hablar demasiado y el pensar en voz alta. Lo vimos en la campaña electoral, fue un elemento determinante en el mes de setiembre, que incluso en aquel momento fue un trastabilleo de Mujica, donde reaparece Vázquez con fuerza, donde Astori se posiciona con mucha más fuerza como no lo había hecho desde su derrota el 28 de junio.

El problema de hablar demasiado, decir cosas que se pueden entender mal, que luego necesitan ser rectificadas. Como el tema de los concursos, el cuestionar los concursos al barrer, no decir que muchas veces los concursos, como las licitaciones, no son de por sí señal de transparencia; hay muchas formas de adjudicar cargos o servicios y bienes a través de concursos y licitaciones que más vale se hubieran hecho en forma directa y eran más transparentes. Pero una cosa es cuestionar que haya un mal uso del instrumento y otra lo que hizo, que fue el cuestionamiento del instrumento y cierta defensa de las cosas hechas a dedo, lo cual después empezó a ser rectificado. Pero son señales, la declaración de que “no van a entrar más funcionarios públicos” duró menos de 24 horas porque tuvieron que salir los ministros a rectificar los dichos del presidente.

Un presidente no puede pensar en voz alta, o si piensa en voz alta tiene que dar la señal exacta de que está pensando en voz alta, que lo que dice, la forma en que lo dice y el tono en que lo dice es planteando dudas: “será que habrá que ir por este camino, no será ir por allá, habrá que ver esto”. Ahí se nota un presidente planteándole sus dudas a quien sea –ministros, sistema político, población, actores corporativos–, pero no un presidente que dice lo primero que le viene a la cabeza. Lo del 1º de marzo fue absolutamente impecable; lo del 2 de marzo, el hacer 13 tomas de posesión de ministerios casi con la necesidad de lanzar 13 titulares, lleva a esto.

Ya hemos tenido en el país presidentes que el hablar demasiado muchas veces les creaba problemas que no tenían que ver necesariamente con la prudencia con la que estaban llevando la gestión de gobierno.

Y acá se ve uno de los puntos más débiles que tiene el personaje Mujica y que afecta al presidente Mujica.


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Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 5 - 2010