Los miedos y las fobias que provocaron las encuestas

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Desde hace 20 años hay críticas a las encuestas, pero nunca con la intensidad y la virulencia que se dieron en este proceso electoral, particularmente en el período julio-octubre.

Sobre este tema vamos a conversar en los próximos minutos con el politólogo Oscar A. Bottinelli, director del Instituto Factum y catedrático de Sistema Electoral en la Universidad de la República.

Es un tema que habíamos esbozado en más de una ocasión en el espacio de los viernes y que ahora, pasada la primera vuelta de los comicios, puede ser bueno desarrollar con más tiempo.


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EC – Habitualmente contigo charlamos por teléfono. Hoy te tenemos aquí en estudios de El Espectador para esta entrevista, esta charla, que vale la pena manejemos ordenadamente porque hay mucho para hablar de lo que fue esta polémica que en algunos momentos tuvo ribetes de operación contra las encuestas.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, claramente.

EC –  ¿Cómo definirías esos ataques a las encuestas?

OAB – Las críticas a las encuestas tienen más de 20 años, empiezan prácticamente con el surgimiento de las encuestas profesionales en Uruguay. Los primeros ataques contra Equipos Consultores -que era la única en aquella época- partieron del Frente Amplio (FA) a raíz de la confrontación Seregni-Batalla. Luego, en el verano de 1999, hubo algunos ataques; recuerdo un pasacalle en el Palacio Legislativo que decía ”Votar contra las encuestas”.

Diría que en el último tramo de 2004, hacia octubre, comienzan con alguna fuerza ataques personalizados, nombrando las empresas, incluso en algún caso a un colega, atacándolo éticamente. Después hay un nuevo envión hacia el primer tramo de este ciclo electoral, antes de junio, también señalando con el dedo, con nombre y apellido, las encuestas y los principales encuestadores.

Pero unos 15 días después de junio comienzan dos cosas diferentes: una es una ofensiva a continuación de la de junio, que en gran medida puede estar explicada por las molestias que generaba el resultado electoral que confirmaron las encuestas, y eso revalidó los ataques realmente en términos duros, grotescos, con acusaciones éticas directamente contra mí; los ataques a las encuestas eran más bien genéricos, o específicos pero a las tres empresas.

Y luego lo que fue una campaña, un operativo claramente armado con cada vez más protagonistas repitiendo siempre lo mismo contra las tres encuestas, enfocándolas y tratando de hacer creer a la gente –también fue un operativo de desinformación– que debía creerse en una seudo encuesta que no tenía ninguna persona con créditos académicos a su frente, que no se sabía qué metodología empleaba. Era apostar al juego de los números.

EC – ¿No vas a mencionar el nombre de esa seudo encuesta?

OAB – No, no interesa…

EC - …supongo que el público sabe cuál es.

OAB – Pero lo que interesa no es hablar de fulano o de mengano, no interesan los protagonistas de los operativos sino lo que ocurrió, porque en definitiva lo que importa son los procesos.

EC – Tú mencionaste recién que esos ataques te tuvieron a ti como destinatario. Y uno de los más frontales y al mismo tiempo sorprendente fue el que por la vía de una cadena de correos electrónicos te cuestionaba éticamente por un contrato que estabas por firmar o que habías firmado con la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP).

OAB – Sí, todo arranca cuando aquí hice un anuncio de que iba a firmar el contrato. Considerando además que lo debía anunciar entre otras cosas porque era un orgullo, no tenía nada que ver con Factum, era como catedrático de Sistema Electoral para asesorar en esta inauguración que se va a hacer en mayo de la creación del sistema de alcaldías en localidades menores, que es una gran innovación, la creación del tercer nivel de gobierno.

Entonces ahí se difunde, no sólo por mail. Primero es desde la secretaría de una bancada que se entrega a los periodistas la fotocopia de un presunto contrato que no existió, era un documento falso, y mediante escaneo se había falsificado la firma de un jerarca de la OPP.

EC – Ese es un detalle que quizás no tuvo suficiente difusión, esa aclaración de que el “documento” que circulaba era un documento trucho.

OAB – Era falso, habían escrito un formulario del PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo) en base a lo que se llama “términos de referencia”, es decir la propuesta de contratación que tiempo atrás había formulado la OPP. Eso lo tradujeron como si fuera un contrato y mediante escaneo le estamparon la firma de un jerarca de la OPP.

EC – Particularmente grave entonces el procedimiento.

OAB – Claro que es grave.

EC – De todos modos el telón de fondo era correcto, había la posibilidad de un contrato Bottinelli-OPP.

OAB – Tanto que yo lo anuncié antes que surgiera algo. Pero lo que no había era un contrato, ni ese era el monto; no se descubría nada si yo lo había anunciado antes.

Pero lo interesante es que esto se daba como explicación de por qué Factum le daba 45% de intención de voto al FA, que era más o menos lo mismo que le daban mis colegas. Lo que se nos puede reprochar es que nos equivocamos para abajo, porque obtuvo el 48%.

Luego, se dilata la firma del contrato, optamos por dejarlo para después de las elecciones y lo firmé después del 25 de octubre, la semana siguiente. Entonces viene una segunda novela: “ah, no se firmó y entonces Bottinelli está enojado con el Partido Nacional (PN) y por eso le da el 29%”, el problema es que…

EC - …aunque algunos oyentes no lo crean, ese correo electrónico circuló.

OAB – A mí me llegaban los rebotes de los correos, ni hablar a otra gente, porque nadie me lo mandaba a mí salvo mis amigos que me decían “mirá lo que están diciendo de ti”.

EC – El correo circuló diciendo que como supuestamente se había “destapado” ese contrato tuyo con la OPP en la encuesta siguiente tú habías castigado al PN.

OAB – No era en la siguiente, fue en varias más, porque resulta que el PN tardó en caer y que cayera al 29 realmente fue una mala suerte para los que hicieron ese operativo porque en el caso del FA, que era el presunto beneficiado, nuestra intención de voto daba mucho menos de lo que fue –también estamos hablando de hace dos meses–; y el del PN dio insólitamente exacto, realmente podía haber dado un punto más, un punto menos.

Además se puede dudar o no de la honestidad de cualquiera, todo el mundo tiene derecho a dudar y cada cual sabe cómo se comporta en la vida, pero yo creo que hay que tener un poco más de respeto y no tratar a uno como idiota. El tema es que todo el contrato en bruto –a esto hay que deducir los gastos que lleva hacer todos los estudios– era de 480.000 pesos, según lo denunciado –el contrato es por mucho menos–.Se suponía que entonces yo estaba dispuesto a cambiar los números, vale decir incinerarme el 25 de octubre porque se iba a demostrar que estaba falsificando datos. Estuve 20 años para crear el único capital que tiene una empresa encuestadora que es que se confíe en ella. Es decir que yo incineraba 240 meses de trabajo por 480.000 pesos bruto, 2.000 pesos por mes bruto, que sería la mitad líquido; con un cheque del Plan de Emergencia uno sacaba mucho más rédito que con todo este operativo. Entonces bueno, alguien podrá ser deshonesto pero tan idiota... Ya revela por lo menos poco vuelo de los que organizaron el operativo, hubieran pensado una cosa con más sentido común.

Lo malo es cómo la gente se prendió a estas cosas, mandaban mails, algunos periódicos digitales los reproducían, y no he visto a nadie pedir disculpas, creo que muchos deben estar avergonzados. Alguna gente sí dijo “yo creí en el mail, que barbaridad”, me han llegado algunos mensajes en ese sentido.

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EC – ¿Quedaba algo por agregar?

OAB – La pregunta que uno se formula es por qué están estos operativos pero además por qué las encuestas provocan estas fobias. Quizá lo mejor es empezar al revés, a cómo era el mundo sin encuestas.

EC – ¿Cómo era? vamos a meternos en ese tema entonces.

OAB – Sí, cómo era el mundo y cómo era el Uruguay. Lo mejor es contar cuatro anécdotas. En 1958 por primera vez el PN votaba unido bajo el mismo lema después de 28 años, y hacía 93 años que no pisaba la casa de Gobierno. Pensar que el PN pudiera ganar era algo absolutamente absurdo para cualquiera, empezando por los dirigentes del PN. Estaba dividido, votaba bajo el mismo lema pero en una durísima competencia: de un lado Herrera (el Herrerismo con Herrera) y del otro lado la conjunción de todos los anti herreristas, los viejos del nacionalismo independiente y los que se habían separado de Herrera cuatro años atrás y habían formado la Unión Blanca Democrática (UBD).

Recordemos –lo cual es válido para tres de las anécdotas– que Uruguay no tenía presidente de la República sino un Consejo Nacional de Gobierno de nueve miembros. El partido más votado llevaba seis cargos, todos se los llevaba la lista más votada, y la minoría –el segundo partido– llevaba tres cargos de manera proporcional, que en realidad quería decir que el más votado llevaba dos y el menos votado uno.

El PN era minoría, el Herrerismo tenía dos cargos, el anti Herrerismo uno, al empezar a competir de igual a igual el tema en definitiva era quién se llevaba el tercer cargo, quién quedaba con dos y quien con uno. Herrera responde a la formación de la UBD mediante el acuerdo con el líder ruralista Benito Nardone –de filiación colorada, atrae muchos votos colorados– y su grupo. Si uno mira las listas de candidatos al Consejo de Gobierno y al Senado es absolutamente inequívoco que fueron listas hechas para un PN que perdía, donde cada uno estaba jugándose a ganar la mayoría del partido, por lo tanto los dos consejeros frente a uno. Eso es clarísimo.

Que el Partido Colorado (PC) se jugaba a ganar también era clarísimo. Cuando uno mira la lista de la 15, que no había duda que ganaba y ganó dentro del PC los seis cargos al Consejo de Gobierno, tercero iba Héctor Grauert, cuarto iba Amílcar Vasconcellos, dos de los nuevos grandes pesos de la 15 que se jugaban al todo o nada, no iban a ningún otro cargo.

Resulta que contra todo vaticinio gana el PN, por lo tanto le salieron mal los cálculos a todos. Dentro del PN ganó el Herrerismo, entraron tres consejeros que nadie preveía que ocuparan ningún cargo, tanto que el quinto y el sexto consejero iban octavo y noveno al Senado. Y en la UBD quedaron fuera de todo cargo los dos que se consideraban seguros: Ferrer Serra y Barrios Amorín. En la 15 quedaron fuera de todo cargo Héctor Grauert, Amílcar Vasconcellos, además de Julio César Estrella y del arquitecto Barbieri, un prócer de la 15 que fue intendente de Salto.

El PN le ganó al PC por 50 contra 38; no había que esperar hasta el último voto, fue una paliza descomunal, ninguno de los dirigentes políticos, acostumbrados a medir por la convocatoria a los actos, previó ese resultado.

EC – Tú estás hablando de cómo se trazaron estrategias políticas equivocadas debido a que no se conocía por dónde iba la opinión pública.

OAB – O, dicho de otra manera, debido a que los dirigentes políticos creían en su olfato, como algunos todavía siguen creyéndo al combatir las encuestas.

Pero esa elección tiene otra cosa. En Montevideo gana la UBD, no había encuesta a boca de urna, no había proyección de escrutinio, no había encuesta previa, y por lo tanto se sabe que va ganando la UBD por el acumulado de votos del Ministerio del Interior que va agregando datos del interior. Cuando se quiere acordar, la UBD sale a festejar en Montevideo. Festejan hasta más o menos la mitad de la madrugada, porque después resulta que el que había ganado era el Herrerismo y no la UBD. Otro error, ahí sí fue poca la diferencia: el 1% del total del electorado, 10.000 votos en 1.000.000.

EC – Esos son dos ejemplos que tu tomas de la elección del año 1958.

OAB – Después tenemos la del 62.

EC – Otro caso de un mundo sin encuestas.

OAB – Un mundo sin encuestas en el cual el PC festeja toda la noche el haber retomado el gobierno. Y ahí venían los datos a una velocidad mucho mayor que hoy, porque a las 5 de la mañana se sabía el resultado, sin encuestas de boca de urna y sin proyección de escrutinio.

EC – El dato del escrutinio primario estaba a las 5 de la mañana.

OAB – El final estaría un poco más tarde pero a las 5 de la mañana estaban los datos claros. A eso de la madrugada salen por radio Eduardo Víctor Haedo, del PN, con Héctor Grauert, que era consejero pese a que no había sido electo porque en el ínterin muere uno de los titulares. Grauert por supuesto festejando, y Haedo le dice una frase célebre: “Espere que lleguen los votos de Paysandú”. Y efectivamente llegaron los votos de Paysandú y ganó el PN por más de tres puntos porcentuales de ventaja. Tampoco fue una elección de estas a las que estamos acostumbrados, por 0,20 o 0,30 de diferencia; más de tres puntos porcentuales. Hacia las 6 de la mañana, ya estaba amaneciendo, sale el PN a festejar que había retenido el gobierno.


EC – Así que ahí tenemos un ejemplo de un mundo sin encuestas y sin proyección de escrutinio a cargo de las empresas de opinión pública. Vayamos al cuarto ejemplo y cerramos estos antecedentes.

OAB –  El otro, así le toca uno a cada partido: en 1971 en el FA había una convicción -ni hablar en su militancia pero también en muchos dirigentes experimentados- de que el FA podía ganar el gobierno. Y esta convicción la tenía mucha gente enemiga, temerosa de que el FA ganara. Brasil estaba asustado, tenía un plan contingente para el triunfo del FA conocido como “Operativo 30 horas” para tomar el Uruguay en 30 horas; el gobierno de Nixon y el Departamento de Estado también estuvieron asustados. El resultado fue que el FA obtuvo el 18% de los votos.

EC – Particularmente engañoso resultó el acto final del FA del año 1971, que abonó ese espíritu triunfalista.

OAB – Claro, el acto llenó toda la actual Avenida del Libertador, la diagonal Agraciada…

EC – …siempre se discutirá si la llenó efectivamente o si la gente estaba estratégicamente ubicada para que lo pareciera.

OAB –  Entre las cosas de las que me precio es que calculo bastante bien las concurrencias a los actos, y el acto de medio millón o 300.000 personas superaba por poco los 180.000, lo cual era prácticamente el 90% de los votantes del FA de Montevideo que habían ido al acto. No olvidemos que el FA sacó 304.000 votos en todo el país y 212.000 en Montevideo, era una fuerza casi exclusivamente montevideana, ni siquiera de Canelones.

EC – Hubo una foto que se hizo clásica, que se publicó en ediciones especiales de los diarios alineados con el FA, tomada esa misma noche desde la plaza del Entrevero, que mostraba la avenida Libertador llena y estaba ese titular de “Medio millón”.

OAB – Era del diario El Eco, que dirigía Federico Fasano. Lo cierto es que estamos hablando de que cualquiera de los dos partidos tradicionales superó por más del doble al FA, y muchos pensaban que podía ganar. Digo esto para ver la magnitud del despiste, y estoy hablando del 58, 62, 71, no es una sola elección, no es un solo partido, no es una sola fracción. Pero lo creían de verdad, porque cuando uno se equivoca al armar la lista es porque cree de verdad cómo van a ser los resultados, quedó gente muy importante afuera.

EC – Esos son ejemplos de un mundo sin encuestas. ¿Por qué los mencionas a raíz de lo que estamos charlando esta mañana? ¿Por qué aquello explica o explicaría los ataques a las encuestas ahora?

OAB – Primero porque tenemos una dirigencia política que buena parte de ella se formó en ese mundo. Y aunque las encuestas profesionales en Uruguay tienen 25 años yo diría que al principio hubo que hacer un largo camino de aceptación. Todavía en el 94 competía la proyección de escrutinio contra el ir pasando el acumulado de datos del escrutinio primario y se discutía si lo que valía era la proyección de escrutinio. Cuando Sanguinetti anuncia haber ganado después de los anuncios de Luis Eduardo González y el mío a la medianoche -fue la elección del anuncio fallido de la Facultad de Ciencias Económicas- el PN seguía creyendo que ganaba porque el Ministerio del Interior lo estaba dando adelante en el acumulado.

EC – Lo que pasa es que el acumulado sumaba peras con manzanas.

OAB – En 2004, cuando estaba por terminarse el escrutinio definitivo de la elección de junio, alguien creyó que había ganado el PN sobre el FA en las internas cuando se llegó al 96 o 97% de lo escrutado, el problema es que lo que faltaba iba todo para otro lado. Hay que tener cuidado con los acumulados.

EC – Entonces tú decías que buena parte de la dirigencia política que hoy está al frente de los partidos se formó en aquel mundo.

OAB – Muchos se formaron en eso y además trasmitieron esa formación y el temor a las encuestas a los dirigentes políticos. Yo diría que hay un problema de conocimiento científico. De las ciencias modernas la que más fue adoptada por las dirigencias políticas fue la economía. Del lado de la izquierda creo que en gran medida porque fue entendiendo la necesidad de la economía y que no era sólo buena voluntad, y también porque en época de dictadura la mejor forma de hablar de política era hacer análisis económicos y no políticos; ahí empieza el gran protagonismo de los economistas en Uruguay.

Y en lo que no era izquierda porque el modelo de apertura, de libre mercado, tenía que fundamentarse en manejos económicos y no meramente en idealismos y romanticismos políticos. Al revés, era contraponer la economía contra el idealismo político.

Fuera de la economía, las ciencias modernas, particularmente las ciencias sociales y dentro de ellas la ciencia política, la sociología, el uso estadístico con finalidad sociológica, la psicología –mucho más la psicología sociológico-política– y la demoscopia, que es la ciencia que estudia la opinión pública. Estas ciencias son nuevas, todavía es muy grande el elenco que no alcanza a entenderlas y esto tiene un agravante: hay muy pocos cientistas sociales cuantitativistas en los partidos tradicionales. Hubo un grupo importante en torno a Sanguinetti: Juan Rial, Carina Perelli, Juan Carlos Fortuna, Renato Opertti, pero hoy uno ve poquísimos cientistas sociales, incluso no cuantitativistas. En aquella época, no como cuantitativista pero como  cientista político, estaba Ernesto Castellano. Hoy tenemos la elección de un politólogo como diputado de Vamos Uruguay: Fitzgerald Cantero.

Pero el tema es que hay un profundo desconocimiento de las ciencias sociales y de la estadística, no solo ligada a ciencias sociales sino también a la economía, a la econometría. Hay errores muy gruesos en cómo se deben manejar las estadísticas. Y atención: una estadística de trigo, de economía, de tornillos y de votos siguen las mismas reglas.

Yo la he comparado con la reacción ante Galileo Galilei cuando defiende la tesis heliocéntrica, de la Tierra girando alrededor del Sol. Más allá del tema religioso, las ciencias nuevas provocan miedo, y también enojo al no entenderlas. Toda cosa nueva hace tambalear las convicciones en las que uno se formó. Hay que ser muy abierto para no tambalear, todo tambaleamos ante los conocimientos nuevos.

La reacción ante algo nuevo es de novelería -que a veces es una forma de ocultar el miedo- o de miedo y enojo. Y realmente acá estamos en lo mismo, hay miedo y enojo frente a algo que no se alcanza a entender qué es ni cómo es.


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EC – Quedaba pendiente ver dos o tres puntos más para redondear la charla. Uno, ¿qué es lo que debe esperarse de las encuestas? ¿Qué es lo que aportan?

OAB – Por eso yo empecé con el mundo sin encuestas, porque si se ve la falta de percepción de la realidad que se puede tener si no hay un instrumento científico que permita verla, el despiste general que se puede tener, entonces se ve que el primer gran aporte de las encuestas es aportar un panorama. La gente se ha acostumbrado tanto a las encuestas que cree que ver que el FA es primero, el PN segundo y el PC tercero era obvio y estaba fuera de discusión. Con los ejemplos que puse del mundo sin encuestas uno se encuentra que eso no es tan obvio. La gente no se da cuenta que es de la lectura permanente de encuestas que tiene un panorama. Entonces dice “la encuesta no sirve porque no nos dice con precisión si es 48,1 o 48,2”, no se da cuenta de que la encuesta da el primer diseño, y que además dice que esto va a estar más o menos entre esto y aquello, entre 100.000 y 200.000 votos, lo cual también es una gran aproximación. En 1958 el PN le gana al PC por el equivalente a 300.000 votos de hoy (en aquel momento eso eran 140.000 votos) y todo el mundo se sorprendió del resultado.

Entonces lo primero que aporta es esto; los panoramas existen porque las encuestas los miden y los exponen.

EC – Hay márgenes de error de todos modos.

OAB – Claro, pero primero el panorama, después vienen los números. Segundo, parece que es una retahíla cuando se dice que hay un margen de error de +/- 3.2% y alguien comenta “¡qué barbaridad, se equivocó en 2%!”. Estamos diciendo que hay un margen de error, y hay que aclarar esto: alguien dice “el margen de error que tiene Factum se equivoca en un 3”. No, margen de error es una denominación estadística que tiene que ver cuando se mide trigo, tornillos, elementos económicos o votos, que en una determinada muestra, en determinadas condiciones, el número que se obtiene tiene una variación que puede ir en determinadas circunstancias en por ejemplo un +/- 3%. Cuando alguien dice “esto tiene el 48 quiere decir que va del 45 al 51”, lo hemos explicado algunas veces. Una pregunta que nos hacen es por qué se presentan así los datos. Yo los estoy presentando en rangos chicos y dicen “qué barbaridad presenta rangos”…

EC -  …si, esa es una pregunta que hacían muchos oyentes y dirigentes políticos: por qué Bottinelli presenta rangos, por qué no se juega a dar números exactos...

OAB – Claro, y yo digo que primero no me gusta jugar pero si juego, juego al 5 de Oro o a la ruleta no juego a acertar. Hay quien hace pencas, yo he visto un montón de pencas el 25 de octubre. De alguna manera fue una penca la que hizo Espectador.com –aunque no pagaba nada– cuando nos llamó a 10 personas a decir cómo salía Uruguay-Argentina. Tuvo un éxito formidable, nueve le erramos diciendo que ganaba Uruguay y uno estuvo un poco más acertado porque creyó que había un empate. Ahí se jugó a un juego, a creer que ganaba Uruguay –yo todavía dije que ganaba 2 a 1 y hasta le erré a quién hacía el gol argentino, dije que era Messi–. Eso es un juego, estos son mediciones.

Las mediciones dan números con márgenes de error. Además, cuando la medición no es exacta, como en este caso, porque uno está midiendo intenciones de voto -y en la intención hay gente decidida y gente indecisa y los indecisos hay que proyectarlos- lo más científico es presentar rangos de probabilidades, de ocurrencia del vuelco de esos indecisos. Y aún así, sobre eso, todavía hay que aplicar el margen de error.

Entonces de paso ya contestamos una de las primeras observaciones. No ha habido ninguna encuesta que sobreestimara o subestimara ni al FA ni al PN, ni de Factum ni de los otros colegas profesionales, en la medida que sobreestimar o subestimar quiere decir que se salió del rango del margen de error para el nivel de confianza determinado. Y dije FA y PN, y ahora voy a hablar del PC.

EC – Porque ese es uno de los temas controvertidos y ha sido objeto de discursos de campaña, la forma como se daba al PC en las encuestas.

OAB – El problema es que el discurso de campaña fue sobre esta elección y yo voy a hablar de una decepción del PC del 99 para atrás. Vamos por partes. ¡Qué mal iban a medir las encuestas de intención de voto del PC cuando el 28 de junio el total de personas que fue a votar al PC fue el 5,5% del electorado uruguayo real! Es decir, tomando las cifras de los que votaron en octubre como electorado real, el 28 de junio al PC lo votó el 5,5%, no el 12, el 12 era de los que fueron. Cuando una encuesta daba el 7, el 8, el 9, estaba dando mucho más que la gente que fue a votar al PC el 28 de junio. Ahí se hacen juegos de malabarismos para decir que las encuestas se equivocaron. No se equivocaron, el PC votó el 5 y medio por ciento. Ahora triplicó los votos.

EC – Había una dificultad muy seria para hacer una encuesta a propósito de cómo estaba la interna de ese partido si ese era el margen ¿no?

OAB – Claro, pero antes de entrar al 28 de junio quiero hablar del tema PC del 99 e incluso para atrás. Efectivamente todas las encuestas del 99 para atrás subvaloraron al PC. Esto entra dentro de un problema que se llama “la espiral del silencio”, descubierto y teorizado por los alemanes hace 30 años y que detecta algo que se ha visto en todos los países de Europa y países de comportamiento electoral similar -como el caso de Uruguay- con un electorado conservador, generalmente de niveles educativos más bien bajos, de edades medias para arriba, que ocultan el voto. Esto se descubrió a raíz de la subestimación sistemática que se producía en el voto a la Unión Social Cristiana de Baviera, que es socia de la Unión Demócrata-Cristiana que gobierna Alemania actualmente.

Ahí se trazó la teoría de la espiral del silencio, que aplicada a Uruguay nos da que eso producía una subvaloración del PC de alrededor de cuatro puntos, la cual efectivamente se produce por última vez en el año 99.

A partir de ahí primero cambia el segmento de la espiral del silencio con el cambio producido por el país. En segundo lugar a partir de ahí se pudo estar atento a la existencia de esa espiral del silencio. Pero realmente es clara en la elección de octubre del 99, no es clara en la elección del 94, uno diría que ahí la espiral del silencio se diluye, probablemente se repartió porque no quedó marcado hacia ningún lado, y algo podría haber existido, no muy marcado, en la elección del 89.

Para adelante no ha aparecido espiral del silencio, es decir que cuando se habla de subvaloración del PC corresponde a aquel momento. Sostener que se subvaloraba el PC porque obtuvo el 17% y se le daba el 12... Tenía el 12, si sacó el 5 y medio en junio.

EC – Ese es un argumento que se ha escuchado desde el PC: “miren, terminamos teniendo el 17 y sin embargo durante meses y meses las encuestas nos daban  en el 10, en el 11”…

OAB – Sí probablemente no sea un ataque a las encuestas sino a Pedro Bordaberry porque lo que se está diciendo es que él no ganó nada, que ese electorado ya estaba. Decir que las encuestas estaban en eso es decir que el PC no creció con Bordaberry. Bordaberry dijo lo contrario, “tomé al PC en el 7% y lo llevé al 17”, es decir que Pedro Bordaberry no está cuestionando los niveles que se daban en el PC porque no los estaba subvalorando sino que lo tomó en ese nivel y él lo levantó al 17%, que dicho sea de paso podrá ser él, podrá ser todo un conjunto de gente, ahí es otra discusión de causas y méritos. Este PC estaba en el 7% y termina hoy, con la Secretaría General y candidatura de Pedro Bordaberry, en el 17; ese es un fenómeno real. También es real que mirando las encuestas el crecimiento del PC es paralelo a la caída del PN porque uno ve que el global de los partidos tradicionales no cambia.

Y nos queda el otro tema que es las cifras del 28 de junio.


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EC – Otro frente de esta polémica y de estos ataques también fue el resultado de las elecciones internas del 28 de junio y su comparación con lo que las encuestas habían dado previamente, tanto por el lado de cómo votó cada partido el 28 de junio como en cuanto a las internas de los partidos.

OAB – Los ataques realmente fueron más que nada sobre la concurrencia y cómo votaron los partidos entre sí y muy poco sobre las internas.

Sobre las internas digamos lo siguiente. Primero, absolutamente sobre todos los casos las tres encuestadoras profesionales estuvimos dentro del margen de error en las internas, en todos los casos. Y diría más: excepto un colega con el FA, que estuvo tocando el margen de error, en todos los demás casos de los otros dos partidos estuvimos dentro de la mitad del margen de error. Por lo tanto no hubo error.

Y miremos las cifras sobre el total de votantes que sacaron los candidatos. Lacalle tuvo el 12%, 12,2, la encuesta que le dio más le dio 12,6. Larrañaga estuvo…

EC – Lacalle tuvo el 12% del total del electorado.

OAB – Del electorado real del Uruguay. Hay un 51% que no lo tuvo nadie.

EC – Ese no fue a votar.

OAB – No fue a votar y ese es el dato mayor. Acá se eludió el debate sobre por qué la totalidad del elenco político uruguayo fracasó en convocar a los uruguayos a respaldarlos. La mayoría de los uruguayos le quitó el respaldo a la totalidad del elenco político y eso se ocultó, no analizándolo sino diciendo que las encuestas se habían equivocado.

EC – Tú decías que Lacalle obtuvo el 12% del electorado total.

OAB – Larrañaga el 9, Mujica el 10, Astori un poco menos del 8, Bordaberry el 4 y Amorín más Hierro más Lamas, etcétera, el 1 y medio por ciento; ni Amorín ni Hierro llegaron al 1%. Por lo tanto hablar de equivocaciones cuando estamos hablando del caso del PC... son cifras pequeñísimas desde el punto de vista estadístico.

Y en los demás casos en ninguno la diferencia entre lo proyectado y lo real pasó del 1% del total del electorado. Lo que pasa es que estos porcentajes llevados al nivel de gente que votó y esto llevado a la interna de los partidos aparecían como si fueran cifras gigantescas.

EC – Sí, por ejemplo en el FA la última encuesta Factum daba que José Mujica iba a tener 53 a 56% y tuvo 52.

OAB – Claro, eso es inexistente como diferencia, pero hubo algunas más grandes, nuestras o de los colegas. El tema es que de repente hubo una diferencia de ocho puntos en un partido que tuvo el 40% de una elección a la que fue la mitad; ocho puntos de 40 es tres puntos, la mitad es uno y medio.

EC – Estás hablando por ejemplo del caso de Larrañaga. La encuesta tuya le daba 34 a 36 y tuvo 43% dentro del partido.

OAB – Claro, o el caso de Cifra con relación a Astori por ejemplo. El tema es que en Uruguay se manejan muy mal los porcentajes, realmente es una cosa que llama la atención lo mal que se maneja el tema. Evidentemente hay que encarar otras estrategias de comunicación porque el porcentaje da una falsa idea de exactitud en este tipo de elección que no debería darse. Por ejemplo, desde que las elecciones municipales empezaron a realizarse por separado ensayamos una forma distinta de presentar las internas. Nosotros por ejemplo no decíamos que en el PN en Maldonado Antía tenía el 40, Ambrosio Rodríguez el 30 y Alcorta el 30, sino que decíamos 10, 10, 15, más dos indecisos es 37 de intención de voto para el PN. Seguíamos manejándonos sobre todo el universo; acá todavía tenemos el agravante de que la mitad de la gente no vota. Habrá que comunicar de otra manera pero lo fundamental que necesitaba la gente era quién ganaba y si era una elección muy competitiva o se ganaba con alguna luz y ahí nadie dejó de dar el panorama exacto: ganaba Lacalle con comodidad, ganaba Mujica con comodidad y ganaba Bordaberry de manera apabullante, y las tres cosas ocurrieron.

EC – ¿Qué pasa en cuanto a la participación, al porcentaje del electorado que efectivamente fue a votar el 28 de junio? Porque allí también se señala que las empresas consultoras de opinión pública se equivocaron.

OAB – Ahí hay un problema serio. Hay dos cosas que están unidas: cómo votan los partidos entre sí y cuánta gente fue, porque al ir menos gente cambió la relación del voto entre los partidos. Lo primero que hay que decir es que estamos pagando la culpa de ponernos a dar un dato que no tenía interés y que no era relevante. Lo que importaba era quién ganaba en cada partido, nos pusimos a dar datos de más y por abrir la boca se nos terminó echando la culpa.

EC – Sí, por ejemplo, el total de votantes fue 1.157.000, y en Factum se preveía de 1.385.000 a 1.495.000.

OAB – Sí. Entonces no es que nos equivocamos, es que nosotros dimos por válida la respuesta de la gente que decía que seguro que iba a ir, que en su gran mayoría eran frenteamplistas y algunos blancos.

El tema es que en Uruguay hasta ahora solo tenemos dos modelos de elecciones voluntarias en un mapa de elecciones obligatorias. En los países en que el voto es voluntario se construyen modelos para ver qué certeza tienen las respuestas y aun así tienen problemas serios. Por ejemplo en Italia en la elección de 2006 las encuestas dieron cinco puntos de ventaja a la centro izquierda sobre la centro derecha. Resultado: ventaja de la centro izquierda sobre la centro derecha por el 0,02, es decir, empate. La última elección de 2008: las encuestas daban de cuatro a cinco puntos de ventaja a la centro derecha, a Berlusconi. Resultado: ventaja de Berlusconi por 10 puntos porcentuales.

Lo mismo puedo decir respecto a Alemania, a España, mucho más todavía respecto a Francia, mucho más aún respecto al Reino Unido. El voto voluntario lleva a que no haya que confiarse demasiado en la exactitud del número porque la concurrencia hace variar esos números y lo que se dan son panoramas.

Aún así fíjense que en Italia tenemos que en 10 años hay dos elecciones nacionales, dos europeas, 40 regionales, 210 provinciales, es decir que tenemos más de 260 elecciones de peso político importante para evaluar modelos de lo que contesta la gente y lo que hace. Y si uno quiere afinar más todavía, en 10 años en Italia, sumando todas las elecciones municipales, hay 16.500 elecciones, entonces uno puede construir verdaderos modelos estadísticos de comportamiento de la gente entre lo que dice y lo que hace. El voto es traducir lo que uno piensa en un acto simple: yo tengo que ir al cuarto secreto o a la urna e introduzco una hoja. Y en Uruguay la gente no miente, otro error de los políticos es decir que los uruguayos son picarones, que esconden cualquier cosa; hay que averiguar antes de decir esas cosas porque eso no se contrasta con la realidad.

EC – Lo que tú dices es que para poder hacer esa traducción se necesitan antecedentes, modelos que se hayan podido construir.

OAB – Claro, pero respecto a medir si una persona se levanta de la casa y va. Quienes organizan fiestas le dicen a uno “de la lista de gente confirmada -no de los que invitó- detraiga el 15, el 20, el 25% ya que inexorablemente fallarán. Gente que llamó y dijo “voy, confirmado”, llegó el momento y no fue. “Me dolía la muela”, “me sentí mal”, “resulta que tenía otro compromiso y quería ir a los dos y no pude”, siempre hay razones valederas para que alguien que se comprometió a ir a un lado no vaya. En una elección mucho más, puede ser el frío, la falta de ganas, quedarse a tomar mate, el quedarse mirando televisión, leyendo. Acá es explorar un acto donde tiene que haber una voluntad de por medio para traducirlo en un desplazamiento físico. Esto tiene errores que son difíciles de medir si no hay modelos estadísticos.

EC – Y eso no se arregla con una muestra más grande para la encuesta.

OAB – No, porque esto es crear modelos. Los modelos estadísticos requieren muchas experiencias, porque las razones o lo que se da en una oportunidad puede no repetirse en la siguiente. Es como si en el 99 hubiéramos dicho que en Uruguay el nuevo sistema lleva inexorablemente al balotaje; en 2004 no tuvimos balotaje, en 2009 lo tuvimos casi en el palo, es decir, esperemos varias instancias para saber cuál es la conducta en la primera vuelta antes de sacar una regla general.

¿Cómo se arregla esto? Creo que de manera muy simple: no tenemos que dar datos que no sean esenciales al resultado final.

EC – Concretamente, tu conclusión es que en la previa de la elección interna no debieron haberse dado datos de cómo iban a votar los partidos, de cómo iba a ser el ranking entre partidos.
 

OAB – Uno lo daba con la idea de que para la gente lo bueno era tener la mayor cantidad de información posible. Si eso se va a tomar como elemento de pelea, no hay por qué darlo. Lo que se da es lo que realmente tiene validez: quién gana la interna de cada partido. Tampoco hay por qué dar la concurrencia, que en muchos países directamente ni se da.


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EC – Cerramos, Oscar.

OAB – En octubre no ha habido polémicas hasta ahora. Cuando se dijo que un partido iba a tener el 48, tuvo el 48; el que iba a tener el 29 tuvo el 29 o se dijo que iba a tener el 30 y tuvo el 29; el otro se dijo el 16 y tuvo el 17; sumados los dos daba 46 y los partidos tradicionales dieron 46; se dijo 48 para el Frente y dio 48 se hable de encuesta electoral o de proyección de escrutinio. Entonces ahora no se habla y algunos siguen atacando las encuestas por lo que pudo haber pasado en junio o por lo que pudo pasar en el 99 o por lo que pudo pasar en el 89.

Me parece que de una vez por todas hay que terminar porque hay una cosa que es muy importante: hemos estado con periodistas extranjeros, con observadores extranjeros y quedaron sorprendidos ya que esperaban de Uruguay un elenco político con más nivel que el que demostró con estas polémicas. Estos ataques, estos juegos, no corresponden al nivel que se le atribuye al elenco político uruguayo.

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Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 4 - 2009