Lo que hay que observar la noche del 28 de junio
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
“Lo que hay que observar la noche del 28 de junio”. Ese es el tema del que vamos a conversar con el politólogo Oscar A. Bottinelli en un análisis político especial.

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EC - Estamos a seis días de las elecciones internas, esta es la semana de la ultimísima recta final. Días de campaña en realidad quedan cuatro.

OSCAR A. BOTTINELLI:
O tres días y lo que queda de hoy.

EC - Por supuesto que sobre el final de este período, ya al filo de la veda, vamos a tener la última encuesta Factum, la más reciente, la que se está cerrando en estas horas, con la última actualización de la intención de voto.

Pero hemos charlado tanto de números en las últimas emisiones de tu espacio, que el análisis ha ido quedando un poco relegado. Por eso vale la pena retomarlo hoy, y tú propones un enfoque interesante, no sobre lo que está pasando ahora; ¿por qué no?

OAB - Primero, porque ya en seis días tendremos los resultados, entonces va a haber mucho para analizar, mucha tela para cortar de lo ocurrido, por qué ocurren las cosas, por qué determinados candidatos surgen y luego caen, por qué cambian las posiciones dentro de los partidos, por qué los partidos cambian en sí la competencia, qué pasa con la sociedad, qué elementos profundos, algunos de décadas, se resumen en la votación en un momento determinado.

EC - De todo esto vamos a hablar después del 28.

OAB - Todo eso da para hablar con absoluta tranquilidad, con el resultado a la vista y cuando el análisis se pueda hacer sin que exista esa sensibilidad de que una palabra u otra pueden beneficiar a un candidato. He dicho muchas veces que creo que las campañas electorales inciden muchísimo menos que lo que los propios candidatos les atribuyen, y por lo tanto lo que se puede sesgar una campaña por un análisis es ínfimo, pero igual hay que tomar la precaución. Pero sí importa mucho saber, y es lo que vamos a ver hoy, qué hay que observar la noche del 28 de junio.

EC - Esta es una propuesta tuya, una agenda, un punteo sobre a qué debería estar atento el ciudadano, sobre todo aquel más interesado en política, después de que se vayan conociendo los resultados.

OAB - Y también en la medida en que el domingo de noche, desde las 19 hasta que haya resultados claros y terminen los gestos claros, el gran espectáculo del país van a ser las elecciones, aun para el más desinteresado en política. Después irá a ver los goles de otros países, porque acá no habrá fútbol, verá una telenovela, una película, pero en ese momento el centro del show para la gente van a ser la política y las elecciones.

EC - Por supuesto que un primer capítulo de lo que hay que observar en la noche del 28 de junio tiene que ver con los números en sí.

OAB - Claro, pero veamos qué números hay que ver, o qué aspectos de los números. Los números son los mismos y son relativamente pocos.

Primero, los resultados de los partidos. Si bien no hay una correlación entre lo que resulte de la relación entre partidos y las elecciones nacionales, no la hubo en 1999 ni en 2004, esta elección tiene una particularidad: es la primera vez que, primero, los dos partidos que pueden disputar la Presidencia de la República tienen competencia interna; los tres partidos que han dominado la vida del país en los últimos 40 años tienen competencia interna; el único partido que no tiene competencia interna de los que están en el Parlamento es el Partido Independiente. Entonces, con pequeños ajustes –el Partido Independiente va a tener una votación muy magra porque va a ser una votación testimonial al solo efecto de cumplir un requisito–, para entre el 90 y el 97% del país la competencia va a ser fuerte, por lo tanto puede haber una relación entre lo que se vote el 28 de junio, puede ser un primer avance hacia las elecciones del 25 de octubre. Entonces hay que ver qué pasa en los partidos.

EC - Cómo largan para octubre, con qué antecedente del 28 de junio.

OAB - Ya largaron hace mucho tiempo, se ha visto en las encuestas, pero esto ya es algo distinto, no es más que una encuesta, porque una encuesta refleja un universo mayor que el que vota el 28 de junio, no hay que olvidarlo.

EC - El 28 de junio el voto es voluntario.

OAB - Claro, entonces no se puede decir que es la encuesta verdadera. Primero, una votación no es una encuesta, una encuesta es una muestra, y ahí no hay muestra. Pero vamos a tener la votación de alrededor de 1.300.000 personas, quizás incluso un poco más, y la encuesta releva representativamente a 2.300.000, por lo tanto tiene una representatividad mayor que la elección. Pero la elección decanta el voto, no es solamente si opinó o no opinó. Son dos formas, y si coinciden las encuestas con la votación del 28 de junio, tenemos un panorama relativamente sólido que luego puede modificarse en función de todo lo que vamos a hablar después.

EC - ¿Con qué desafíos se encuentran los distintos partidos a la hora de esa largada?

OAB - Primero, simbólicamente es muy importante si el Frente Amplio pasa el 50% del total de votantes el próximo 28 de junio, en particular, más que de votantes, si pasa la mitad de los votos válidos. Vale decir, si la suma del Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente y los partidos chicos es más o menos que el Frente Amplio. Esa es una primera lectura muy importante, si el Frente Amplio es más o menos de la mitad.

EC - Eso porque en el Frente Amplio existe la intención firmemente reiterada de volver a ganar en primera vuelta.

OAB - Yo lo expliqué alguna vez: veo extremadamente difícil que el Frente gane si no gana el 25 de octubre. Puede que haya segunda vuelta, pero el 25 de octubre tiene que tener 50 diputados, tiene que tener más votos que todos los demás partidos sumados. Podrían darse algunas filigranas, pero en términos gruesos, que el Frente gane en segunda vuelta, con muchos menos votos, es el escenario más improbable de todos, porque no tiene aliados.
    
EC - El caudal electoral del Frente Amplio es el que obtenga en octubre.

OAB - El que obtenga y depende de sí solo.

EC - ¿Qué más?

OAB - Hay que ver si el Partido Colorado mantiene el 10% que tuvo en octubre de 2004 -no olvidemos que no va a estar ni cerca de lo que obtuvo en junio de 2004, que sacó casi el 14%- o va a estar por debajo del 10%. Sigue la idea de que el Partido Colorado continúa en un descenso hasta determinado momento y después se verá si viene el repunte.

¿Qué pasa con los partidos menores? El Partido Independiente no es medible el 28 de junio, no tiene ninguna motivación para ir a votar, más que cumplir un requisito legal.

Sí es importante medir a la Asamblea Popular, a la izquierda del Frente Amplio, como elemento troncal del viejo Movimiento 26 de Marzo –sin Sendic, que está en el Frente Amplio–. Ahí sí es muy probable que todo su potencial electoral se demuestre el 28 de junio, porque es un sector muy militante. Hay que ver si es un partido clásicamente menor en Uruguay, de 1.000, 2.000 votos, de los partidos emergentes, como fue en su momento el Partido Verde Etoecologista, en torno a medio diputado, con entre 8.000 y 10.000 votos, o si se acerca a la votación que tuvo el 26 de Marzo en la elección pasada, de 26.000 votos. Estamos hablando de un rango muy grande, y es muy importante, porque no es lo mismo el escenario con los partidos tradicionales, un Partido Independiente que es más opositor que cercano al Frente, el Frente y punto, que si aparece algo que pueda poner una punta en el Parlamento, a la izquierda de la izquierda.

EC - Estamos hablando de los resultados de los partidos. Pero hablando de números, de lo que dejen las urnas el 28 de junio, importa saber cómo se dan las cosas dentro de los partidos.

OAB - Sí, no solo quién gana, más allá de que hoy hay tendencias muy fuertes con probabilidades de resultados claros en los tres partidos. Pero ¿cuál es la relación entre Mujica y Astori?, ¿cuál es el nivel de Carámbula? ¿Queda un esquema binario en el Frente Amplio, o hay una tercera fuerza que le da una arquitectura diferente? ¿Cuál va a ser la relación Lacalle-Larrañaga? Primero, no es lo mismo que gane Larrañaga a que gane Lacalle; segundo, si gana Lacalle no es lo mismo que gane por 10 puntos, que gane por 20 o que lo duplique, como pasó en la elección pasada, que fue prácticamente dos a uno entre Larrañaga y Lacalle. Son tres escenarios distintos.

Y después hay que ver qué pasa en la interna colorada. A esta altura está fuera de toda duda que casi no hay otra probabilidad que el triunfo de Bordaberry, pero cuál es la magnitud. No es medible exactamente, va a obtener la mayoría absoluta, pero no es lo mismo la mayoría, los dos tercios, los tres cuartos, y cómo salen los demás. No es fácil la medición ahí, son cifras chicas, y no es lo mismo que el Foro Batllista obtenga el 10, el 15 o el 20%, que el Batllismo del Siglo XXI esté debajo del 10, en el 10 o en el 15 o en el 20%. Hay una serie de incógnitas que pueden mostrar cuál va a ser el mapa del Partido Colorado a partir del 28 de junio.

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EC - Empezamos por observar números, pero ahora avanzamos hacia la recomendación de observar gestos.

OAB - Exacto, el lenguaje gestual es muy importante. Primero veamos los antecedentes, que tenemos unos cuantos.

Primero, no en este esquema, sino en un esquema de dirimir en primarias voluntarias –y no solo voluntarias porque el voto era voluntario, sino porque ese sector decidió por sí hacerlas–, está el antecedente de la elección entre lo que se llamaba el Batllismo Unido, que era la unión de lo que después fueron el Foro Batllista y el Batllismo Lista 15.

EC - Eso fue en 1989.

OAB - Y del otro lado estaba otro casi medio Partido Colorado, el pachequismo. Ahí dirimieron Batlle con Tarigo, Tarigo como exponente de Sanguinetti. En 1989, como pasó 10 años después, Batlle le ganó al representante de Sanguinetti, pero en 1989 hubo una administración del resultado muy peculiar. El perdedor no fue a saludar al ganador a ningún lado, no hubo una ceremonia en ningún lado, el ganador gritó “aquí gané, soy el vencedor”, compuso una fórmula presidencial con el vice que quiso, el otro grupo no existió, no fue a saludar al presidente de la República, y todavía el número dos tuvo frases despectivas hacia los ganadores. De ahí a la derrota del Partido Colorado en noviembre fue un paso.

En 1999 el Partido Colorado aprendió totalmente la lección.

EC - E hizo bien los deberes.

OAB - Esa noche se hizo en la Casa del Partido Colorado, el ganador y el perdedor no salieron a recorrer canales de televisión, fueron a la Casa del Partido Colorado y hubo un gran abrazo de Luis Hierro, que era el que había perdido, con el ganador, Jorge Batlle, sonrientes, abrazados, el presidente de la República saludando a Batlle, saludando a Hierro, y ya esa noche salió la foto de que el Partido Colorado tenía la fórmula presidencial armada entre el primero y el segundo, que comprendía a todo el Partido Colorado e iba derecho a la victoria.

Dos gestos absolutamente opuestos, con señales completamente distintas hacia la sociedad.

Partido Nacional, 1999. ¿Qué pasa en la noche de la elección? Compiten Lacalle, Juan Andrés Ramírez, Alberto Volonté y Álvaro Ramos. La etapa final se concentra en Lacalle versus Ramírez. En la noche de la elección, con esa solemnidad clásica del Partido Nacional, se reúne el Directorio en la sala del Honorable Directorio, con la presidencia de Walter Santoro; están el triunfador, Luis Alberto Lacalle, va Alberto Volonté a saludar, va Álvaro Ramos a saludar, no va Juan Andrés Ramírez, no hay representación de Juan Andrés Ramírez, lo que ya marca un partido que va a quedar fracturado. Primer dato de la noche de la elección.

Segundo dato, fórmula presidencial: 20 días para acordar una fórmula presidencial, frente a un sector minoritario, el mayor de la minoría, lo que podríamos llamar el ramirismo, golpeado porque no solo había perdido sino que su líder se había ido para la casa. Ahí emerge Larrañaga como líder, tratando de llenar un vacío, de recomponer algo, pero el partido sale realmente golpeado, más allá de lo que había quedado golpeado por la campaña electoral. Estamos hablando de los gestos de la noche de la elección.

Partido Nacional, 2004. Noche de la elección interna otra vez.

EC - El Partido Nacional en 2004 aprendió la lección de 1999.

OAB - Aprendió, pero no se había estudiado todo, se habían olvidado de repasar. Porque la noche de la elección, inmediatamente después de que anunciamos el resultado (recordemos que fuimos los únicos que hicimos proyección de escrutinio el 27 de junio de 2004), salió Luis Alberto Lacalle a reconocer el resultado y saludar a Larrañaga como el vencedor. Van al Directorio, el presidente es Carlos Cat, va Lacalle, va Larrañaga, se cumple toda la ritualidad perfecta, pero en el momento en que Lacalle va a abrazar a Larrañaga, Larrañaga contiene el brazo de Lacalle y le dice: “Nos vemos”. Y luego tarda unos días en destaparse la fórmula presidencial, que es compuesta solo por el sector mayoritario, Larrañaga-Abreu, no hay mayoría y minoría en la fórmula, lo que puede justificarse en que el resultado había sido muy abrumador a favor de Larrañaga, de dos a uno, pero tampoco surgió inmediatamente en la noche de la elección la fórmula presidencial. El Partido Nacional corrigió mucho de 1999 pero no llegó al libreto perfecto, al manual de buenos modales que había compuesto el Partido Colorado el 25 de abril de 1999.

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EC - Para finalizar, veamos qué gestos posibles hay para la noche del 28 de junio, y dividamos por partidos. Empecemos por el Frente Amplio. ¿Qué escenarios hay que tener en cuenta?

OAB - Hay que empezar por una frase genérica: el problema para componer gestualmente una buena noche el 28 de junio requiere dos actitudes: del que gana y del que pierde. Es difícil ser un buen perdedor, y también es difícil ser un buen ganador. Se compone cuando el perdedor tiene la dignidad de sobreponerse a lo que es una afectación anímica muy grande –a todos nos ha pasado alguna vez en la vida perder algo, no estamos hablando de competencias políticas, y nos cuesta–, pero también cuando el ganador es buen ganador, no se sobra en la victoria y se mide.

Escenario Frente Amplio.

EC - ¿Qué pasa si triunfa Astori?

OAB - En el Frente la idea no es “a posteriori de” sino esperar ahí las cifras, bajo la presidencia del presidente del Frente Amplio, Jorge Brovetto. El presidente del Frente Amplio tiene simbólicamente un poder superior a esta especie de presidente ad ínterin que ponen los partidos nacionales en medio de las elecciones, cuando renuncia el presidente y no quedan líderes al frente. No es que Brovetto sea un líder, pero cumple una función de representación virtual del presidente de la República.

La posibilidad de que Mujica esté, salude y acepte una vicepresidencia parece que no está en discusión en la medida en que ya fue anunciada desde octubre o noviembre del año pasado.

EC - Escenario dos, si triunfa Mujica.

OAB - Si triunfa Mujica, que es el que tiene matemáticamente mayores probabilidades, el tema es: uno, si en ese momento está presente Astori, o si Astori está en su casa viendo los resultados. Si está ahí, perfecto; si está en su casa, cuánto tarda en ir. Esto no es nada menor.

Segundo, cuál es su reacción en el momento, si la reacción es tipo Hierro con Batlle, hay un abrazo, hay una foto, y si además en ese momento se anuncia la fórmula presidencial. O si, como se ha dicho, se empezarán a discutir las condiciones, cómo sería el programa de gobierno; ahí la señal del Frente no es “ya está la fórmula, arrancamos hacia octubre”, sino que hay dificultades. Se revista como se revista, si esa noche no está la fórmula, es que el Frente Amplio tiene dificultades para componer la fórmula y empieza con un desgaste. Lo que le puede resolver es que haya desgastes en otro lado y empaten dos desgastes, pero no sale con la lección perfecta. Esto es clarísimo.

Por lo tanto el tiempo, la forma y el contenido de la fórmula presidencial son esenciales. El tiempo, si es en ese momento; la forma, si no es producto de un regañadientes sino de un gran abrazo y una foto sonriente –y no estoy hablando de lo superficial, del show de revista porteña de espectáculo, estoy hablando de lo que implica como sentido de partido, de pertenencia a un partido político que quiere pelear el mantenimiento del gobierno–, y el contenido, si son el uno y el dos la fórmula, porque si no es así, la lección ya sería bastante complicada.

EC - ¿Y en el Partido Nacional?

OAB - Si triunfa Larrañaga, si Lacalle está presente en el Directorio, como estuvo la vez anterior, y si hay un abrazo, que no hubo en 2004 porque el ganador no aceptó ser abrazado por el perdedor, y además cómo se compone la fórmula.

EC - Lacalle ya ha dicho que él candidato a vicepresidente no va a ser.

OAB - Resultaría muy extraño que un ex presidente de la República fuera candidato a vicepresidente. Uno de los casos que se mencionó fue el de Harry Truman, que siendo presidente en la elección del año 48, cuando todos le llamaban “el presidente suplente”, llegó a ofrecerle a Eisenhower ser candidato del Partido Demócrata e ir él como vicepresidente, cosa que Eisenhower no aceptó, entre otras cosas porque no se sabía que era republicano y no demócrata; pero estaba el comentario “solo un presidente suplente puede ir de vicepresidente”. Sería extraño para las costumbres del país. El tema es si hay una forma rápida, inmediata, de decir “Lacalle está como sector, como corriente política, representado por fulano de tal”, el nombre ya podría estar inmediatamente.

Si triunfa Lacalle, que estadísticamente, matemáticamente, tiene muchas más probabilidades, el tema es: uno, si Larrañaga está en el Directorio, si abraza al presidente, si ese abrazo es sonriente, tipo Batlle-Hierro; y dos, si inmediatamente queda compuesta la fórmula presidencial.

Claro, si llegara a haber un resultado dos a uno tanto en el caso Mujica-Astori como en el caso Lacalle-Larrañaga, se podría decir el resultado fue demasiado contundente, el segundo podría quedar devaluado. Pero si es así ya tendría que estar resuelto hoy, esta semana, que si los números son tales la fórmula no sería el uno y el dos, y quién sería el dos, pero esa noche tiene que estar resuelto, no ser producto de vacilaciones, de señales equívocas a la gente. Otra vez, el tiempo en que se decida la fórmula, si ese es el momento; la forma, si es realmente con un sentido de partido, un verdadero consenso y un acuerdo, y el contenido, si es el uno y el dos, y si no es el dos, cuáles fueron las reglas que previamente se trazaron y se señalaron a la opinión pública para que no se vea un tour de force. Todo eso va a ser vital para el Partido Nacional, como ya lo señalé para el Frente Amplio, como señales de partidos que con seriedad, con clima interno, encaran el 25 de octubre.

Estas señales son muy importantes en este sistema que se estableció en la reforma de 1996, que yo he juzgado muy críticamente, que es tremendamente destructor de los partidos políticos y que obliga a esfuerzos sobrehumanos para que la recomposición ocurra en horas, no en semanas, no en meses, como ocurría cuando el Partido Colorado batllista hacía sus elecciones internas un año antes de las elecciones nacionales. Acá cuando ya está por arrancar la otra elección hay que resolver las heridas que naturalmente ocurren y los problemas humanos que genera ganar y que genera perder, que nos ocurre a todos en la vida. No es un problema de políticos, a todos nos cuesta saber ganar y nos cuesta saber perder, y tenemos que recomponernos. Y tiene 30 segundos para recomponerse, porque ya tiene que salir al aire sonriente.

Hay que observar todo esto, los números, y todo el lenguaje gestual de partidos, de candidatos, de corrientes políticas.

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Transcripción: María Lila Ltaif
 

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 22 - 2009