La decisión de la gente, el reflejo en las encuestas y los impactos sobre los candidatos.
Oscar A.
Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Las campañas electorales, ¿cuánto afectan el voto de la gente? ¿Qué papel juegan las encuestas?, ¿son profecías o mediciones? ¿Cómo impactan las encuestas sobre los candidatos? ¿Impactan por igual o varían según el tipo de liderazgo que tenga un sector o un partido? Estas preguntas son la base del análisis político que hoy nos propone Oscar A. Bottinelli, director de Factum.


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EC – ¿Por dónde empezamos hoy?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Comencemos por sintetizar un análisis que hicimos hace un mes, el pasado 8 de mayo, sobre cuál es el proceso de decisión de voto. Este análisis se puede repasar tanto en el sitio web Factum digital como en Espectador.com.

En Uruguay, en países con partidos estables de larga data, con líderes y dirigentes políticos de larga trayectoria, sin outsiders, sin políticos de ocasión, la gente va formando sus opiniones sobre los partidos a lo largo de toda su vida, y forma su opinión sobre los dirigentes y candidatos a lo largo de toda la vida pública de estos.

Además, cuando uno habla con la gente común, más aún con la gente poco informada, de baja instrucción, de barrios alejados o pueblos aislados, uno descubre la profundidad con que decide su acción de voto. A veces la forma en que la gente se expresa puede confundir a alguien superficial o con poca captación sicológica. Pero si a esa persona se la deja hablar, se la busca comprender, uno se puede sorprender con una profundidad y una solidez extraordinarias en la decisión de voto.

En ese análisis del 8 de mayo concluíamos: la visión en general es entender que el voto es una decisión muy profunda que hace la gente. No es una decisión accidental, circunstancial, no es por capricho. Hay una identificación con partidos, con personas y con programas, conformando todo esto una cierta unidad. Esa identificación tiene que ver con elementos muy hondos sobre la visión que la gente tiene de cómo quiere que sea la sociedad, cómo quiere que sea el país, cómo quiere que sea la relación entre la gente y cuáles quieren que sean los valores que predominen en una sociedad.

EC – ¿Pero entonces las campañas electorales no sirven? ¿Las campañas electorales son dinero tirado a la calle por los candidatos?

OAB – No exactamente. La campaña electoral es un período muy breve de tiempo en el cual se produce un proceso de concentración de la atención de la gente sobre partidos y candidatos. Hay una concentración de impactos emitidos por partidos y candidatos, y la gente tiene además la presión y la obligación de concretar una decisión. Entonces se produce un proceso de síntesis, de conclusión, que en un juicio simplificado es: “lo voto o no lo voto”.

Es un proceso de afirmación o debilitamiento de las identificaciones con partidos y especialmente con candidatos. Ahí sí -en tanto síntesis o resumen- influyen las distintas formas de presentación de los candidatos, pero no solamente por lo externo o lo circunstancial sino por lo profundo que hay en toda comunicación; aún en un anuncio publicitario hay mucho mensaje profundo más allá de lo superficial.

EC – ¿Y en este cuadro las encuestas cómo juegan? ¿Las encuestas son profecías o son exclusivamente mediciones?

OAB – Más o menos cada cinco años hay que repetir lo mismo. Las encuestas reflejan un estado de situación en un momento dado, per se no son ni pronósticos ni profecías. A veces los encuestadores -esto es muy común en Argentina, alguna vez lo ha hecho en Uruguay- hacen pronósticos en el sentido de que no presentan la encuesta como tal, es decir cuáles son los datos que recoge la encuesta, sino que presentan un pronóstico porque interpretan a los indecisos, los vuelcan hacia los distintos partidos y candidatos y entonces se presenta lo que ellos ven como un cuadro final; no hay indecisos en esas formas de presentación, y entonces eso sí es un pronóstico.

Nosotros, y la gran mayoría en Uruguay, nos limitamos a presentar los porcentajes que apoyan a cada actor, a cada candidato, a cada partido, o lo que fuere, y los porcentajes de los que no tienen decisión tomada, es decir se presenta cuáles son los indecisos. Eso es estrictamente una medición, lo otro es un pronóstico.

En la forma de presentar las cosas se puede asumir también un estilo profético. Anunciar desde ya que hay balotaje o que no hay y gana el Frente Amplio (FA) en primera vuelta es jugar en el plano del anuncio, de la profecía, del resultado adelantado.

Nosotros preferimos el estilo más científico, más neutro, menos brillante, que asumimos siempre en Factum, que es limitarnos a pedir la opinión de la gente, presentar las tendencias y ver a qué apuntan estas tendencias. Aclaremos: las tendencias apuntan a algo, siempre y cuando no se reviertan porque se pueden revertir por el juego de los propios actores políticos. Hay un ejemplo: en 2004 la tendencia daba que el FA ganaba mucho más holgadamente de lo que ganó; ganó holgadamente por 70.000 votos de diferencia sobre todos los demás partidos sumados, pero iba camino a una victoria más amplia y en la última semana, producto de un conjunto de elementos que analizamos en su momento a lo largo de noviembre del 2004, vimos que revertió la tendencia y en lugar de seguir creciendo cayó y perdió aproximadamente 50.000 votos. Es decir, las tendencias sugieren pero no indican inexorabilidad.

EC – ¿Cómo impactan las encuestas sobre los candidatos?

OAB – En primer lugar, las encuestas reflejan lo que piensan o sienten los votantes y esa opinión de los votantes los dirigentes, los políticos, la reciben de dos maneras. A nivel macro, mediante las encuestas, y a nivel micro, por el contacto personal con la gente. Uruguay es un país donde hay mucho contacto personal entre los dirigentes y los votantes, en todos los niveles, y por tanto, más o tanto que las encuestas, lo que influye es lo que se detecta de los votantes. Tanto encuestas como contacto directo influyen mucho o poco según el caso sobre los dirigentes intermedios. Que influya mucho o poco depende del tipo de liderazgo.

EC – Hay liderazgos distintos.

OAB – Sí.

EC – Eso está claro, ¿y hay muy distintos?

OAB – Sí, en relación al grado de firmeza o volatilidad de sus seguidores -especialmente dirigentes intermedios, cuadros políticos, las estructuras que respaldan una corriente o una candidatura- se puede decir que hay dos grandes extremos. En un extremo podemos poner al exponente de grandes proyectos, al conductor mediante grandes “ideas fuerza”, a quien los seguidores lo siguen en las buenas y en las malas, que no les importan los resultados sino luchar por esas ideas.

Un ejemplo puede ser Jorge Batlle en Uruguay. Sus seguidores -hablando de cuadros políticos y dirigentes intermedios- lo siguieron tanto en 1966, cuando arañó la presidencia de la República, o en 1994, que obtuvo sólo el 5% del total del país, o cinco años después cuando obtuvo el 52% en el balotaje. Lo siguieron en las subidas y en las bajadas y de vuelta en la subida.

En cierto modo puede ser el caso de Seregni, seguido como referente del FA cuando obtuvo entre el 18 y el 21% de los votos y no tenía posibilidad alguna de ganar. No esperaban con él la victoria sino que se trazaron un camino. Otro caso puede ser el de Arturo Frondisi en Argentina.

En otro extremo está el líder cuyo elemento central de convocatoria es su potencia como ganador. Si alguien es seguido por su calidad de ganador más que por su proyecto, ahí sí resulta altamente sensible a los avatares de la gente. Si pierde apoyo, si las encuestas reflejan esa pérdida de apoyo o los contactos personales van permitiendo detectar esa pérdida de apoyo, pierde su mayor fortaleza, su elemento convocante, que es su calidad de ganador.

Hay muchos ejemplos en Estados Unidos, tanto de demócratas como de republicanos, en esa larga carrera de obstáculos hacia la Casa Blanca en que al demostrar su poca calidad de ganador la candidatura se “desinfla”.

O en Argentina, en el justicialismo, la ley de que el que demuestra que no puede ganar lo destroza la jauría.

Entre uno y otro extremo hay situaciones intermedias. Una de ellas es la de líderes seguidos por expresar claramente un modelo de sociedad pero a los que se exige que más tarde o más temprano tengan que estar en el gobierno, o cerca de él, para que ese modelo pueda empezar a plasmarse. Si se le ve en un distanciamiento pronunciado de la gente, poco aterrizado, poco realista, a la larga se produce un desgaste, un alejamiento de sus seguidores.

Y otro caso es el de líderes conductores que también expresan un proyecto pero que la figura pueda sufrir afectaciones personales y el comprobar que esas afectaciones inciden en la pérdida de apoyo popular puede disminuir la confiabilidad de los cuadros políticos y de los dirigentes intermedios.

EC – Esos son distintos tipos de líderes.

OAB – Digamos dos extremos y dos intermedios de una gran gama que se puede presentar.

EC – ¿Y tú por qué los estabas enumerando?

OAB – Porque es necesario tener en cuenta estos elementos para ver cómo impactan a lo largo de la campaña electoral, no precisamente las encuestas sino lo que las encuestas reflejan, es decir lo que impacta es cómo se mueve y decide la gente.

No hay que olvidar que la encuesta es solamente una herramienta que mide la temperatura de la sociedad, no es la temperatura en sí misma, ni mucho menos las encuestas son lo que causa la temperatura, la encuesta solamente es el termómetro. Lo que incide es la gente, e impacta más o menos según sea la situación y los tipos de liderazgo.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 5 - 2009