El profundo proceso personal de decisión del voto
Oscar A.
Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
En la campaña electoral se presentan las encuestas que reflejan la intención de voto de la gente hacia partidos y candidatos.

¿Pero cómo se procesa esa decisión del voto? Ese es el tema que nos propone esta mañana el politólogo Oscar A. Bottinelli. El título: “El profundo proceso personal de decisión del voto”.

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EC – ¿Qué es lo que lleva a la gente a decidir su voto?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Ante todo hay que circunscribir el análisis a países, como el caso de Uruguay, con sistema estable de partidos, donde los mismos son conocidos de larga data, a la gente no hay que presentarle ninguna lista de cuáles son los partidos ni los líderes, porque tienen su trayectoria; la gente tiene sus juicios sobre cada uno de ellos. Otra cosa es hablar de países con partidos inestables o directamente sin verdaderos partidos, con candidatos de ocasión, que es un fenómeno completamente distinto.

Veamos algunas afirmaciones comunes: una que estaba hace poco muy en boga, ahora no se oye tanto, es que “la gente no sabe lo que vota”.

Otra es la pregunta, que también se oye: “¿se vota por el programa o por la persona?” y se plantea como cosas antitéticas.

Otra es la idea “la gente vota a ganador”, lo cual tiene alguna complicación, no explica cómo el Frente Amplio pudo estar 40 años y los partidos de izquierda 60, reclutando votos la mayor parte del tiempo sin ninguna posibilidad de ganar nada.

O lo otro: “el voto producto de los jingles, los anuncios publicitarios, la gente compra la mejor propaganda”.

EC – Hay una cantidad de interpretaciones entonces.

OAB – Claro, lo que se puede decir es que es probable que se encuentre alguien que no sepa lo que vota; se va a encontrar alguien que vote a ganador. También pueden ayudar los jingles, los anuncios, pero lo que importa es que la esencia de la cosa no va por ahí.

Hace mucho que se están estudiando estos temas desde el ángulo sociológico, desde el ángulo de la psicología social; hay distintas escuelas, teorías, sobre el voto.

En el caso nuestro, de Factum, pertenecemos al Comparative National Elections Project, que todos los años nos lleva a alguna parte del mundo a reunirnos. Desde 2007 también nos incorporamos a otro estudio, que son los dos más importantes a nivel mundial, el Comparative Study of Electoral System, que busca explorar distintas relaciones del individuo con otra gente que conduzca a buscar explicaciones sobre el voto.

EC – De esas diferentes teorías sobre la decisión del voto, ¿pueden extraerse algunos elementos comunes?

OAB – Sí, en lo que se puede decir que hay coincidencia es primero que es una decisión muy compleja: el voto no es una decisión producto de un solo elemento (por tal cosa yo decidí el voto); de repente hay un elemento que decanta una decisión.

Creemos que influyen diversos elementos que podemos llamar “estructurales”. Uno muy importante es el momento en que se socializa políticamente la persona, que más o menos coincide en torno a cuando vota por primera vez, al período de 16-18 años, que puede resumirse en los valores ideales predominantes para una generación. Por eso cuando hacemos los estudios vemos que las generaciones electorales son un elemento importante de marcar comportamientos.

Pero también el hogar en que se crió la persona, las ideas y valores allí presentes, el entorno, su formación, el barrio, la escuela, el tipo de compañeros, el nivel de instrucción recibido, hasta dónde llegó, cuál es su vida laboral, cuál es el tipo de ocupación; influyen los valores y creencias recibidos o que impactan en la persona desde el hogar, las aulas, los amigos: todo su mundo de relación.

Todo esto construye la cosmovisión del individuo, es decir, su manera de ver y sentir el mundo, la sociedad y a los demás.

Es importante decir que si bien cada individuo es -como dice la palabra- una individualidad, son fácilmente agrupables en diversos tipos de individualidades que construyen conjuntos de personas con grandes similitudes socio-políticas, o de visiones políticas o de la sociedad, que piensan parecidos y que tienen apetencias individuales y colectivas similares.

EC – ¿Y cómo se relaciona todo esto con el voto?

OAB – Es que el voto es uno de los diversos modos de relación del individuo con el mundo político, con la sociedad, con el actor político, ya sea con el partido como con el candidato.

La relación del individuo con el actor político, con el partido o con el candidato, puede adquirir características de “pertenencia”: cuando se dice “fulano es frenteamplista, mengano es blanco, sultano es colorado”; el “ser”. Puede ser de adhesión, sin tener una pertenencia, puede ser de seguimiento de una persona, ser partidario de alguien, ser hincha de, seguidor, ser batllista, herrerista, ya sea en vida de Don Pepe Batlle o del “viejo” Herrera, como se le llamaba cariñosamente por sus partidarios.

Las diversas formas de relación o de adhesión decantan en un acto único de expresión de preferencia que tiene todo un procedimiento que se llama voto. Es decir, el voto es toda una serie de procedimientos donde se va a un lugar, se agarra una hoja, se pone en un sobre, que lo que hace es decantar en ese único acto todo ese conjunto de preferencias, simpatías, que tiene el individuo.

EC – ¿Pero cómo se une ese conjunto de valores, de ideas, de sentimientos de la gente con el voto a un partido o específicamente a un candidato determinado?

OAB – Acá hay un elemento que parece muy importante: nosotros pensamos que lo esencial es entender que hay un elemento de identificación entre el elector y su elegido. Ese elegido puede ser el partido o puede ser el candidato, la identificación como fenómeno psicológico quizá sea más fuerte si es el candidato, pero también con el partido.

¿Qué implica el proceso de identificación? Primero entender que un individuo ve en un candidato, en un líder, en un dirigente, muchas cosas en las cuales él se refleja. La forma en que él ve los problemas del país, pero no estamos hablando solo de los macro problemas políticos, sino cómo ve o cómo le gusta que funcione la sociedad. Hay gente que quiere una sociedad que le guste vivir en un mundo muy competitivo, otros quieren defender la mayor igualdad posible, no importa si hay competencia, la igualdad está por encima de otras cosas, incluso de la calidad o del resultado.

Otros dicen que lo que importan son los resultados independientemente de lo que pase con la igualdad de la gente, o los resultados sociales. Hay muchas posturas intermedias, individuos que apuestan más a lo individual, individuos que apuestan más a lo colectivo, individuos que apuestan más a lo material, individuos que apuestan menos a lo material. Cada una de esas cosas, que tiene que ver con cómo ve el individuo la forma en que funciona y se organiza la sociedad, la forma en que él ve que se deben relacionar los seres humanos entre sí, que es diferente según distintas formas de ser, formas de pensar, de valores, de creencias, el individuo las refleja, las ve en un candidato o en un líder político.

Por eso no hay contradicción entre la persona y el programa. Si por programa entendemos “usted va a subsidiar la leche o no”, como único acto… sí; si pensamos en esos libros de 150 páginas que leen muy pocos -empezando hasta por periodistas y analistas políticos-, no todos leen la totalidad de los programas… Pero si por programas entendemos esto otro: el rumbo que cada uno piensa que debe tener el país, la esencia que debe tener la sociedad, la persona y el programa son indisolubles. Se vota por un modelo, que se le puede llamar “programa”, y una persona que expresa ese modelo.

La relación del individuo con el candidato, con el partido, primero se va formando con el partido, con las grandes corrientes de pensamiento, a lo largo de toda la vida, como mínimo a lo largo de los cinco años. No es que hoy empezó la campaña electoral y empiezo de cero a pensar qué voy a hacer con el voto. Es un proceso muy largo y muy profundo. Incluso las corrientes políticas –este es un tema para otro análisis- son muy estables en Uruguay. Pueden cambiar los sectores, incluso pueden cambiar las personas que reflejan esas corrientes de pensamiento y los nombres de las corrientes, pero son formas de pensar y de sentir muy estables entre los partidos y dentro de los partidos.

¿Qué hace la campaña electoral? La campaña electoral es que en un período muy breve de tiempo produce un proceso de concentración de la atención de la gente que obliga a tomar una decisión y entonces es un proceso de afirmación o debilitamiento de esas identificaciones, o de obligar a decantar: “bueno, en última instancia yo me identifico por tal lado”. Puede llevar desilusiones el concentrar, mirar todo y decir: “bueno, al final realmente esto no es lo que yo quiero, esto no es lo mío”, o a la inversa: “esto refleja lo que yo soy, lo que quiero, o cómo quiero que sean las cosas”. Entonces ahí sí influye mucho las distintas formas de presentación de los candidatos, pero no por lo externo solamente, sino por lo profundo que hay en toda comunicación aún en un anuncio publicitario.

Hay muchas otras cosas que esta explicación general, y como toda explicación de 10 minutos poco simplificada, no cubre, como el tema del clientelismo o la gente que cambia de voto: todos esos son particularismos de los comportamientos electorales, pero que no contradicen la tesis o la visión general. Todo aquello requerirá otros análisis.

Pero la visión en general es entender que el voto es una decisión muy profunda que hace la gente, no es una decisión accidental, circunstancial; no es por capricho, hay una identificación con partidos, con personas y con programas, conformando una cierta unidad y esa identificación tiene que ver realmente con elementos muy hondos sobre la visión que la gente tiene de cómo quiere que sea la sociedad, cómo quiere que sea el país, cómo quiere que sea la relación entre la gente y cuáles quiere que sean los valores que predominen en una sociedad.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 8 - 2009