Los múltiples combates de esta primera campaña electoral del ciclo 2009-2010
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor



EMILIANO COTELO:
A veces se observa esta campaña electoral como tres campañas separadas: una en cada partido. Y se la ve, además, con una única finalidad: elegir el candidato presidencial de cada uno de los lemas.

Hoy, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone una mirada a lo que él insiste es la complejidad que tiene esta primera campaña electoral y que va bastante más allá de esas visiones que yo recién citaba.

El título: “Los múltiples combates de esta primera campaña electoral del ciclo 2009-2010”.

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EC – ¿Cómo es esto de los múltiples combates, las múltiples confrontaciones?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Esto tiene varias lecturas. Por un lado, lo que podemos llamar los combates o las competencias obvias, es decir, esta competencia triangular en el Frente Amplio (FA): Astori, Carámbula, Mujica; la competencia básicamente binaria en el Partido Nacional (PN): Lacalle y Larrañaga, aunque formalmente triangular con la aparición de Riet Correa; y la competencia múltiple –hasta ahora era triangular, hay que ver si se cuadranguliza con la aparición de la candidatura de Daniel Lamas- en el Partido Colorado (PC): inicialmente entre Bordaberry, Amorín y Hierro. Después, está, incluso, lo que podemos llamar “las no competencia”…

EC - ¿Qué es eso?

OAB – Recordemos que la ley exige que para participar en el resto del ciclo electoral, ya sea las elecciones nacionales como las departamentales, es obligatorio pasar por estas primeras elecciones. Por lo tanto, hay partidos que, sin tener división interna, están obligados a presentarse en lo que yo llamo “una presencia registral”, como quien dice “vengo a hacer este trámite, séllenme que me voy a presentar en las elecciones nacionales y departamentales”, es el caso clarísimo del Partido Independiente (PI), que ya proclamó como candidato a Pablo Mieres, o de la Asamblea Popular-26 de Marzo, que proclamó a Rodríguez Leles Da Silva.

EC – Esa es una primera lectura.

OAB – Luego hubo una segunda, de la cual ya hemos hablado al interpretar algunas variaciones en los datos, pero que es muy importante; yo diría que en las últimas semanas estamos viendo que se acentúa en el énfasis de algunos candidatos que son los que yo llamo “los combates de frontera”…

EC – …Está buena la expresión, sí.

OAB – Es decir que se observan ya desde el principio dos tipos de combate entre partidos y tres, con mucha importancia, entre candidatos.

Entre partidos hay uno: el FA-PN, y otro PN-PC. De candidatos tenemos: entre el FA y el PN está personalizado en, por un lado, Lacalle y Astori, en cuanto a duda de los electores; y otro entre Mujica y Larrañaga.

Ahora estamos viendo una nueva variante, que es que Lacalle está jugando una personalización Lacalle-Mujica, pero con una idea de que él se pretende así presentar como ya ganador en el PN y elige a su oponente, da por ganador a Mujica para crear un imaginario en la gente que de alguna manera condicione el voto. Pero realmente las competencias en cuanto a cómo se desliza el electorado es más Lacalle-Astori y del otro lado Larrañaga-Mujica.

Luego, en el PC-PN, que en realidad está siendo esencialmente entre PC versus Lacalle; uno diría entre Bordaberry y Lacalle, porque Bordaberry pretende evitar fugas del PC y busca recuperar; y Amorín-Hierro, que son los que tienen más susceptibilidad en la pérdida de votos hacia el PN ante el dominio partidario que está ocurriendo con Bordaberry.

EC – ¿Y cómo sigue el análisis? Porque tú hablabas de una muy compleja primera campaña electoral.

OAB – Exacto. Es importante ver que a su vez las competencias triangulares son diferentes: la binaria tiene una regla más o menos clásica, es decir, hay dos que están parejos con probabilidades ambos de ganar, que es lo que ocurre en el PN, o como fue la de Vázquez-Astori, por ejemplo, en 1999, donde la competencia era absolutamente nominal, porque ya uno de ellos tenía una ventaja abrumadora.

En el PC hay una competencia triangular, porque Daniel Lamas recién aparece, por lo tanto tenemos que esperar un poco la próxima encuesta para saber qué nivel alcanza, y en esta competencia hay un puntero neto. Por lo tanto, es un juego de uno y dos -que pueden llegar a ser tres- que, a su vez, no están presentando una unión entre ellos para que la gente vea dos bloques y eso ayuda todavía más al despegue del puntero.

En el FA, en cambio, es un juego a tres, donde el “astorismo”, en particular, está presentando una peculiaridad en esta competencia, que es competir contra los otros dos de manera distinta. Es decir, compite en votos con Mujica y presenta el imaginario: “acá la elección está entre Mujica y Astori”, y por qué tiene que ser Astori y por qué no debería ser Mujica. Con Carámbula tiene una competencia uno diría “de tratar de tirarlo al piso”, de tratar de derribarlo.

La lógica que fundamenta lo del “astorismo” es, desde el punto de vista práctico, discutible, porque el pretender derribar a Carámbula parte de un razonamiento que es: absolutamente todos los votos de Carámbula son extraídos del “astorismo”; si Carámbula se llegase a retirar o se debilitase más, estos votos van hacia Astori.

Estos razonamientos son peligrosísimos. En 1999, el “ramirismo” jugó mucho al debilitamiento de Volonté, sin advertir que en un análisis de lo que se llama “las segundas opciones” o “el árbol de decisión”, el grueso, no de los dirigentes, del electorado de Volonté, en caso de que su candidatura se debilitase, era mayoritario hacia Lacalle y minoritario hacia Ramírez.

A veces se traza un escenario que tiene que ver con la imagen de los candidatos o los dirigentes y no se da cuenta que los electorados no necesariamente responden a esas confirmaciones. Cuando no se estudia muy bien las segundas opciones… Repito en el caso del enfrentamiento Ramírez-Lacalle y tercera opción de Volonté hubo una lectura un poco equivocada; el que Volonté hubiera salido del primer plano de la disputa del 99 terminó beneficiando a Lacalle y no a Ramírez.

EC – Si queremos avanzar un poco más en la complejidad de esta primera campaña electoral, supongo que también hay un espacio para una competencia que no es por cargos, que no es por candidaturas o por representaciones en nombre del partido; estoy hablando de que también hay una competencia por liderazgos, ¿no?

OAB – Exacto. Primero: para que este análisis no se le vea como una omisión estamos analizando la competencia a nivel nacional global o de primera línea, porque hay, por supuesto, sobre todo en el interior, competencias muy fuertes por la intendencia municipal, ya que el 28 de junio se eligen los organismos deliberativos departamentales -vulgarmente llamados las convenciones departamentales-, de las cuales surgen los candidatos a intendente. También, por supuesto, la marcación de votos tanto en las listas a los organismos deliberativos nacionales o los departamentales, que van a tener mucha importancia en la confección de las listas de candidatos de la Cámara de Representantes.

EC – Está bien anotarlo: es, entonces, una vertiente casi infinita de competencias.

OAB – Claro, por eso para no entreverar tanto nos estamos limitando al plano nacional global.

EC – Y es allí donde están en juego los liderazgos.

OAB – Acá está en juego la candidatura sobre los liderazgos. En el PN queda clarísimo: está asociada la candidatura al liderazgo. No es muy claro si liderazgo en el sentido que es el liderazgo de Vázquez sobre el FA, un líder que está por encima de todo el partido y el líder se refleja en él, pero por lo menos liderazgo en decir es un primus inter pares, como el papel que desempeñó Lacalle en el período 1992-2004 y el papel que desempeña Larrañaga desde 2004 hasta estas elecciones del 28 de junio, es decir, el número uno por ser el más votado de los que compitieron. Ahí, quien gane el 28 de junio va a tener este tipo de liderazgo en el PN.

En el PC es más complicado, porque hay sí disputa por liderazgo en el sentido que si Bordaberry gana, es el candidato y asume un liderazgo mayoritario. Los otros candidatos, con muchos matices, hay que ver -es mucho más claro en el de Hierro- cuándo ellos que están disputando el liderazgo y cuándo hay un liderazgo más de fondo que siguen manteniendo los grandes popes del coloradismo.

EC – ¿Y en el FA?

OAB – En el FA es donde la competencia es más abierta. Claramente Mujica uno lo ve compitiendo en dos planos: contra Danilo Astori por la candidatura presidencial y contra Tabaré Vázquez por el liderazgo de la izquierda.

Más allá que Tabaré Vázquez es un hombre de un estilo de conducción muy peculiar, un hombre que practica mucho el silencio y el retiro, incluso en la Presidencia de la República, pero fue muy fuerte en la presidencia primero en el Encuentro Progresista y después del Frente Amplio, claramente si el candidato no es Mujica, Tabaré Vázquez mantiene un liderazgo, o se puede decir un liderazgo de última palabra o un liderazgo de reserva, que no implica que va a estar sentado en la sede del Frente todos los días, que no es su estilo, pero que su palabra puede ser decisiva en los próximos cinco años, tanto en el gobierno como en la oposición, más en el gobierno.

Pero el triunfo de Mujica implicaría que el liderazgo de Tabaré Vázquez queda fuertemente cuestionado. Mujica asumiría el liderazgo en la izquierda, ya no en los mismos términos que Tabaré Vázquez como el hombre indiscutido en el cual todos se reflejan, sino más en el mismo criterio de los partidos tradicionales como el líder mayoritario, el primus inter pares en el partido de izquierda del Uruguay.

Por eso Mujica tiene competidores explícitos: Carámbula de un lado, Astori del otro, y tiene un competidor que le podemos llamar “ausente”, que es el propio presidente por el mantenimiento de su liderazgo con esa peculiaridad de liderazgo.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
abril 17  - 2009