Entre el programa de partido y los anuncios de los candidatos
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor



EMILIANO COTELO:
Los partidos políticos anuncian que cada uno tendrá su propio programa, pero por otro lado cada candidato -tres o cuatro por partido según el lema- anuncia sus propias ideas y sus propios proyectos.

Hoy, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, analiza esta real o aparente contradicción. El título que nos propone es: “Entre el programa de partido y los anuncios de los candidatos”.

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EC – Tomamos como punto de partida lo que estamos viendo estos días, ¿no?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Claro. Acá hay una contradicción entre el partido con un programa único, por lo menos hablando de los dos principales partidos que son los que más bien han hablado del tema -el Frente Amplio- con una larga tradición en esto-, y lo que se observa en los anuncios de los candidatos.

Uno ve lo que aparece por televisión, pero cualquiera puede leer en el sitio web todas las entrevistas de En Perspectiva y verá que los candidatos fundamentalmente lo que hacen es exhibir propuestas, es decir, no es un tema de decir este es el programa del partido y aquí están los matices, sino que observamos que cada uno hace propuestas, algunas de ellas muy diferentes, como la pequeña diferencia entre mantener el secreto bancario o levantar el secreto bancario en Uruguay. No es que estamos hablando ya de propuestas, de énfasis o ajustes en función de una definición programática común.

Y esto a nivel de los dos principales lemas pasa con Mujica, con Carámbula, con Astori, con Larrañaga, con Lacalle; en esto por ahora no hay ninguna diferenciación.

El Frente Amplio es la primera vez que tiene una real competencia interna, y este es un cambio cualitativo. Recordemos que hasta 1994 el candidato fue elegido por la estructura del Frente y por consenso. En 1999 hubo una competencia que uno diría que no era real en el sentido de que empezó y terminó con una ventaja muy grande de Tabaré Vázquez sobre Astori. Recordemos que Astori rozó el 18% y Vázquez superó el 82%, por lo tanto no se vivía con una competencia real. El Frente, oficialmente, estaba detrás de Tabaré Vázquez. En 2004 no hubo competencia interna y esta es la que hay y real. Vale decir que acá hay incertidumbre sobre cuál va a ser el resultado, más allá que hay un candidato oficial proclamado por el Congreso que es José Mujica. El Frente sigue diciendo “va a haber un programa único”…

EC – …De hecho ya hay unas bases programáticas únicas que surgieron del Congreso del mes de diciembre.

OB – Exacto, en diciembre surgió toda una serie de definiciones programáticas, se supone que esto va a ser perfeccionado hacia las elecciones con la segunda parte del programa. Lo que podemos llamar un programa en sentido sustantivo se compone de las bases programáticas de un lado y del plan de gobierno por otro.

Pero lo que estamos viendo es que hay anuncios de los candidatos, incluso, que van en sentido contrario a lo definido en las bases programáticas o que sugieren que van en sentido contrario.

El Frente Amplio, por otro lado, ha previsto realizar ocho actos únicos con todos sus precandidatos para presentarles una sola propuesta política, lo cual no se condice con lo que se ve todos los días en actos de los candidatos por separado, en radio, en televisión.

EC – En el caso del Partido Nacional la situación es distinta porque no hay todavía bases programáticas comunes, ¿no?

OB – Todo depende cómo se lea. Si uno lee como es la lectura normal de los partidos políticos en funcionamiento permanente, en países con sistemas de partidos estables y donde los partidos son la esencia del funcionamiento democrático -caso Europa occidental-, los partidos no tienen que estar ante cada elección cambiando programas. Se supone que se hace un programa y mientras no se cambie ese existe. Por lo tanto, el Partido Nacional tiene un programa, eso es lo que se supone.

EC – ¿Y cómo ha sido este tema que estamos considerando hoy en la historia de nuestro país?, ¿cuáles son los antecedentes?

OB – En Uruguay, el sistema de doble voto simultáneo determinó o contuvo -hay dos interpretaciones, probablemente sea una mezcla de las dos-, continentó partidos que en realidad son partidos de tipo federativo, con corrientes muy estructuradas y sobre todo históricamente corrientes de larga permanencia y que generaban hasta sub-identidades: ser herrerista o blanco independiente eran cosas que no era “voto esta vez A”; soy herrerista o soy blanco independiente, soy batllista o soy colorado independiente: definiciones tajantes. Esto llevó a que el verdadero funcionamiento partidario en Uruguay pasara por las corrientes, por los sectores o las fracciones partidarias.

El Frente Amplio surge en una concepción distinta. Originalmente surge como una alianza de partidos, luego se transforma sociológica, politológica y estructuralmente en un partido político. Surge con la idea de un programa único, autoridades únicas y candidatura única. ¿Qué es lo que está entredicho en esto? Más allá de la proclamación oficial del Congreso -en el momento de habilitar en pie de igualdad hasta cinco candidaturas-, van a correr tres de los cinco habilitados, lo que está hablando que se terminó el principio de la candidatura única.

El Frente Amplio hasta ahora venía con un programa único, producto de esa concepción “un partido, una estructura, unas autoridades, una candidatura”. En el gobierno ya se vio que la interpretación del programa merecía más de una lectura. Y hubo discusiones muy grandes dentro del gobierno en temas que parecería que estaban saldados por el programa, lo cual estaba hablando que el programa no era tan claro en algunos aspectos, o por lo menos que había consenso en cuanto a lo manuscrito, pero no en cuanto al contenido profundo del tema.

EC – Sí, eso fue evidente.

OB – El Partido Nacional, a partir del 82, es un partido que actúa mucho más unificadamente. Pero hacia 1989 -después de la muerte de Wilson Ferreira Aldunate- se va abriendo un abanico donde quedan claramente posicionados, a nivel de grandes corrientes, el Herrerismo en una postura muy fuertemente partidaria, en una elección muy removedora ideológicamente como fue la del 89, en la concepción del libre mercado fuerte y la reducción del Estado, y el Movimiento Nacional de Rocha en una línea más clásica, más de Estado paternalista, protector, un Estado más social.

Pese a eso, los tres candidatos Lacalle, Carlos Julio Pereyra y Zumarán firman todo un documento en el cual se habló de la unidad partidaria. Luego, la realidad del gobierno fue que había dos programas incompatibles entre el Movimiento de Rocha y el Herrerismo, que creó grandes crisis dentro del Movimiento de Rocha y fue la causa de que el mismo pasara de ser un grupo “grosso modo” la tercera parte del partido a menos del 10%, con grandes rupturas además.

Luego, el Partido Colorado en general -salvo lo que emerge de las elecciones del 82 en la transición- siempre careció de programa de todo el Partido y lo que ha habido son programas sectoriales, algunos de ellos elaborados muy minuciosamente como los dos que apuntalaron las candidaturas exitosas de Sanguinetti, en las que lo llevaron a la Presidencia en el 84 y en el 94.

También estamos en presencia de los efectos de la reforma de 1996, una reforma que muchas veces caracterizamos de aprendices de brujo, en la medida que desataron fuerzas que no pudieron controlar y con muchos errores entre los objetivos trazados por la reforma y los instrumentos, los objetivos apuntaron a un fuerte apuntalamiento de los partidos, al partido estar muy por encima de los sectores, y lo que generaron los instrumentos fue el mayor debilitamiento de los partidos y la personalización; las corrientes se debilitan en función de candidatos, de personalidades, y esta lucha que se traslada al terreno electoral nacional -no nos olvidemos que el 28 de junio tenemos una elección nacional donde está convocado todo el electorado, donde compiten todos los partidos entre sí y los precandidatos- exacerba la necesidad de marcar perfiles y los perfiles se están marcando por el lado de las propuestas, de los mensajes y de lo ideológico, y no de diferenciación de matices o diferenciación de personas, antecedentes y estilos personales.

EC – ¿Y esto es un problema estrictamente electoral o después tiene consecuencias a la hora del gobierno?

OB – Primero aclaremos una confusión que uno ve mucho en los medios. Uno titula: “Mujica si es presidente, eliminará el secreto bancario”. El secreto bancario no se elimina por decreto, si no es una ley; el presidente no lo puede cambiar, será Mujica si llega a presidente y tiene una mayoría parlamentaria que coincida con él. Esto me hace acordar a aquellas composiciones escolares “Si yo fuera presidente”, donde uno ponía todo lo que había que cambiar, donde no sólo era presidente, sino también mayoría legislativa, plebiscitaria y constituyente. Entonces, cuidado. Yo me acuerdo que además cuando yo iba a la escuela ni siquiera había presidente de la República, había Consejo Nacional de Gobierno y la maestra ponía una composición que decía “Si yo fuera presidente”.

EC – Lo que está claro es que lo que debería decirse es: “Si fulano de tal es presidente, impulsará tal cambio”…

OB – …Exacto…”propiciará tal cosa”. Entonces, ¿qué ocurre? Primero: sea quien sea el candidato hay que ver cómo se alinean los partidos detrás de las propuestas, probablemente ninguna de las propuestas que hacen los precandidatos sea la propuesta partidaria entre el 28 de junio y el 25 de octubre, sino que se van a ir matizando para ser omnicomprensiva de todo el partido, salvo que se llegue ya a situaciones confrontacionales entre los sectores entre mayoría y minoría.

Lo otro es: cuando llegue ese partido, ¿llega compacto o en el gobierno ocurrirá más acentuado que en el gobierno actual que cada fracción, cada corriente o cada sensibilidad –llamémosle así- va a marcar una impronta diferente y van a haber controversias, como por ejemplo la de el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos? ¿O los partidos van a estar compactos?

Pero luego está lo otro: puede darse que los partidos no gobiernen con mayoría propia -es lo más probable en el caso de que ganase el Partido Nacional, que necesita formar una coalición de gobierno-; por lo tanto, ya las propuestas no sólo quedan matizadas por la necesidad de un programa de todo el partido, sino además por los condicionamientos que le imponga los socios que formen la coalición de gobierno, que van a querer, obviamente, incidir en el programa. Entonces, esto acentúa todavía la situación.

EC – Sí, acentúa la necesidad de relativizar las propuestas programáticas que se están escuchando en todas estas semanas…

OB – …Entonces, probablemente lo que estamos viendo es un momento en el cual los candidatos tratan de marcar lo que son sus puntos de vista personales -más que programas y propuestas, son las aspiraciones-: “Si yo fuera presidente, lo que me gustaría hacer… Ahora, si lo soy, no voy a hacer eso; si lo soy, esto va a quedar muy matizado por todo lo que logre acordar mi partido político y por otro lado lo que haya que transar en función de formación de coaliciones de gobierno”.

EC – ¿Hay alguna conclusión más que podamos sacar?

OB – Yo creo que esta es la principal: tener en cuenta que no son promesas que luego la gente diga “estoy defraudado”, sino más bien dice por dónde va la sensibilidad de cada uno. El programa de todos va a estar mucho más matizado.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 6  - 2009