Un difícil y decisivo momento para el Frente Amplio

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Mañana comienza el Congreso del Frente Amplio que tendrá como tarea principal definir si hay candidato oficial a la presidencia de la República y quién es ese candidato, o cuáles serán las reglas para definir -por otro método- la candidatura.

El politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, analiza este peculiar momento por el que pasa el partido oficialista. El título que nos propone: “Un difícil y decisivo momento para el Frente Amplio”.


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EC – ¿Cómo es este momento difícil?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Ya hay muchos datos que se fueron acumulando a lo largo de los días, ya sea desde el punto de vista informativo, ya sea desde el punto de vista de la difusión que hemos hecho de encuestas, que podemos puntear en varias cosas.

Por un lado, la intención de voto del Frente Amplio en la Encuesta Nacional Factum es del 42%, esto es lo más bajo que registra el Frente desde diciembre de 2001. Estuvimos revisando, y ya en el 2002 estaba por encima del 42%. Diciembre del 2001 fue la última vez, hasta marzo de este año y hasta ahora, que había estado en el 42%.

Segundo, tiene una diferencia con el que le sigue -que esta vez es el Partido Nacional- en cinco puntos. La última vez que ocurrió esa diferencia tan exigua -que el Frente estuviera cinco puntos por encima del segundo en intención de voto en las encuestas- fue en setiembre de 1999, hace más de nueve años, entonces con el Partido Colorado, con el que terminó con una diferencia de siete puntos en las elecciones.

En tercer lugar, tenemos dificultades y conflictos para elegir el candidato presidencial, lo que es nuevo. El candidato siempre había sido obvio o fácil de consensuar, es decir, había sido el líder. Primero el General Líber Seregni, después Tabaré Vázquez, aun con los desafíos de Astori lo obvio era que el candidato ya iba a ser designado, era Tabaré Vázquez, tenía todo el apoyo. Y aun fue fácil cuando no era el líder el candidato -caso del año 84 con la proscripción de Seregni- que fue Juan José Crottogini. Es verdad, también era obvio, que no había chance, por lo tanto no era lo mismo una candidatura presidencial simbólica que una candidatura presidencial en carrera real.

Cuando vemos los escenarios binarios de –llamémosle- “simulación de balotaje” que presentamos la última vez, también ahí vemos que de setiembre a noviembre Larrañaga anula la diferencia de un punto que tenía con Astori. Estaba detrás de Astori en un punto y estaba seis puntos detrás con Mujica y termina empatando con ambos, y además pasa a ganarle a Vázquez en una simulación de balotaje en un esquema de reelección.

Y Lacalle, por otro lado, achica su diferencia contra Astori en tres puntos; la diferencia Astori-Lacalle se redujo en tres puntos, y la diferencia Mujica-Lacalle se redujo en nueve puntos. Es decir, hay un acercamiento muy grande de Lacalle tanto con Astori como Mujica y un empate de Larrañaga con Astori y con Mujica.

Entonces hoy el Frente Amplio tiene un escenario electoral incierto, donde tampoco se encuentran bien ninguna de sus tres principales figuras: Mujica ha caído de setiembre a noviembre, Astori, tanto contra Lacalle como contra Larrañaga, no ofrece ningún desempeño mejor que Mujica, la figura de Vázquez tampoco aparece mejor que la de los dos contendientes reales o por el sistema actual. Vemos que la reelección tampoco camina. El total de firmas recolectadas es de tan sólo 40.000, un poquito más de 40.000. Pero además la Encuesta Nacional Factum es contundente, el voto a la reelección de Vázquez se produce en el 56% de los uruguayos y todavía lo más complicado es que de cada diez frenteamplistas tres no votarían la reelección, es decir que la reelección tiene un escenario muy negro.

Y más allá de la reelección, lo que dijimos recién, en un escenario binario, en una simulación de balotaje, la candidatura de Vázquez hoy –esto no quiere decir el año que viene, el año que viene es un pronóstico, nosotros estamos hablando al momento de hoy- es la que rinde menos, es la que todavía complica más las posibilidades del Frente Amplio. Entonces la reelección ya no aparece como la salida frente a candidatos que rendirían menos, no, resulta que tampoco la solución es Vázquez.

Entonces este es el panorama que el Frente Amplio tiene que revertir, y es la primera vez que se llega a un Congreso del Frente Amplio con un escenario de este tipo. Hasta ahora los congresos del Frente Amplio siempre se daban en escenarios ascendentes, en un Frente Amplio que tenía buenas perspectivas por delante, con excepción –se puede decir- quizás del congreso de 1989 en que se llegó apenas producida la gran ruptura del Frente de aquella época.


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EC – ¿Qué es lo que tiene que resolver el Congreso del Frente Amplio? Es bastante más que una candidatura.

OB – En primer lugar, aparece con bastante nitidez, más allá que se puede decir que eso es producto de los intereses de cada uno que defiende el escenario que más conviene. Pero lo cierto es que, sea por conveniencia, sea por principios, hay una diferencia de concepción sobre la base de la soberanía partidaria.

¿A qué nos referimos? En el mundo y en Uruguay en la izquierda -siempre los partidos menores porque también fue la base de la Unión Cívica del Uruguay que no era de la izquierda o la nueva Unión Cívica que tampoco integró la izquierda-, la base de soberanía son los afiliados, es decir, las personas que se afilien a un partido que consideran que son parte de él, que se puede decir la gente que si se afilia es porque tiene un compromiso con el partido y está con él en las buenas y en las malas y considera que hay un proyecto que comparte y que defiende.

En Uruguay, en cambio, los partidos tradicionales más bien se basaron -el Partido Nacional en los últimos 75 años, el Partido Colorado en los últimos 25 años- en el concepto de que la soberanía depende de los electores de todo el Uruguay, que voten circunstancialmente a ese partido en una elección nacional; digo elección nacional sea elección de autoridades nacionales o estas elecciones mal llamadas “internas”.

Es decir que no existe una soberanía partidaria del estilo clásico donde es el afiliado el que decide, sino que es el que hoy vota un partido, y el hecho de votar un partido le permite decidir dentro del partido quiénes van a ser sus autoridades o quiénes van a ser sus candidatos.

La diferencia es muy importante, pongamos un ejemplo: la gobernante Unión Cristiano-Demócrata de Alemania tuvo en la última elección 13.130.000 votos, y sin embargo los afiliados que tiene son medio millón, menos del 4%, y les parece natural, lógico, que sea ese 4% el que decida porque son los que están comprometidos con ese proyecto, los demás son votantes circunstanciales por más que repitan la votación.

Esta es una discusión muy amplia en Uruguay que antes era de la izquierda por un lado versus partidos tradicionales por otro.

Ahora la izquierda empieza a discutir dónde está la base de soberanía, si en definitiva la base de soberanía son las elecciones de los afiliados, como ocurrió el 6 de noviembre de 2006 o en los comités de base el pasado 25 de agosto de este año, o si la base de soberanía son todos aquellos que circunstancialmente vayan a votar al Frente Amplio, en este caso sería el 28 de junio del 2009.

Eeste es un tema no menor que va a seguir planteado más adelante, de alguna manera estuvo en el trasfondo de la ruptura con Batalla y la 99.

Un segundo punto es que a partir de acá hay que definir si el congreso, como base de soberanía derivada de los afiliados, es el que tiene la plena y única legitimidad de elegir el candidato oficial o no. En caso de no tenerlo o decidir no usar esa potestad, hay que definir quiénes son los candidatos, precandidatos, aspirantes, o lo que fuere, que pueden concurrir a la elección general del 28 de junio. O si hay un candidato oficial y punto, es decir el 14 de diciembre quedó resuelto y clausurado el tema –que parece lo más difícil-. O que hay un candidato oficial y se autoriza a otros a participar. Esto es lo que está en juego desde el punto de vista de las conclusiones a partir de esta discusión de soberanía.

Si hay competencia en junio, el problema es cómo se usa la estructura del Frente. ¿La usa el candidato oficial?, ¿la usan todos? Y sobre todo cómo se usan los recursos, los fondos, este es un tema práctico nada menor a los efectos de la competencia.

De haber competencia, lo más importante que tiene que resolver el Frente Amplio -y esto no se resuelve en un día sino a lo largo de los seis meses, día por día y hora por hora, a través de las palabras y los gestos de muchas personas diferentes-, es qué carácter va a tener esta competencia, la competencia puede ser ultra civilizada como la de Batlle y Hierro del 99, como la de Lacalle y Larrañaga en 2004, o puede ser demoledora como la que fue Batlle y Tarigo del 89, o la de Lacalle-Ramírez del 99. Y el Frente Amplio no tiene experiencia de una competencia abierta en principio pareja, sin resultado fácilmente previsible y además con el nivel de ambición legítima por ganar.

Lo otro, y esto es muy importante, lo fundamental para entender lo que está pasando, es que no hay una competencia, hay dos.

EC – ¿Cuáles son esas dos competencias?

OB – Hay una competencia por un lado entre Mujica y Astori por la candidatura presidencial, pero a la vez hay una lucha o competencia entre Mujica y Vázquez por el liderazgo del Frente Amplio.

EC – Esta segunda competencia está más tapada digamos.

OB – Yo diría que ya se le empieza a ver los bordes del destape en los últimos días ¿no? Venía en cierto modo oculta -quizá no oculta para los observadores afinados y cotidianos-, pero te diría que estos días la manta se está destapando y ya se ven los pies.

En realidad se asiste al enfrentamiento de un lado de un polo que se va conformando, o una coalición que se va conformando, detrás de José Mujica, y del otro lado se va conformando otro polo binario, por los seguidores de Tabaré Vázquez y los seguidores de Danilo Astori. Los entornos de uno y los entornos de otro que en algún momento se entremezclan.

Hay una confrontación entonces: de un lado el “Mujiquismo” y del otro se puede decir el “Vazquismo-Astorismo”.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 12 - 2008