Los riesgos de una competencia abierta en el Frente

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
El viernes pasado, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, analizó distintos aspectos conceptuales sobre las diferencias al interior del Frente Amplio.

Hoy, cuando todo indica que se va camino a alguna fórmula de competencia abierta entre Danilo Astori y José Mujica por la candidatura presidencial, Bottinelli propone concentrarse en otra faceta: los riesgos de una competencia abierta en el Frente.


***


EC – ¿Por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
En toda competencia al interior de un partido político, sea una competencia interna -es decir cuando lo que se está eligiendo son autoridades partidarias-, sean elecciones primarias -es decir cuando en un partido se compite por candidaturas-, o en el caso de Uruguay, las peculiares elecciones preliminares de lo que son las elecciones generales -donde compiten los partidos entre sí y compiten los candidatos entre sí por la candidatura, pero con un formato bastante similar a lo que fue antes la elección presidencial, cuando se hacía bajo doble voto simultáneo- el problema que tiene es saber administrar las diferencias internas.

EC – O sea, en todos esos casos hay riesgo.

OB – Siempre hay riesgo. Fíjense lo que fue la elección al interior del Partido Nacional en 1999, que destrozó al partido, mientras que el Partido Colorado logró, después de haber tenido una elección primaria dentro del Batllismo Unido entre Tarigo-Batlle en el 89 -algo que también lo destrozó-, administrar muy bien la elección del 99 y el Partido Nacional muy bien la del 2004.

El Frente Amplio no ha tenido competencia interna hasta ahora, porque realmente en la competencia Vázquez-Astori del 99 la diferencia fue de tal magnitud que prácticamente no generó la tensión que puede generar una competencia interna cuando es muy competitiva.

Entonces, el primer riesgo es ese: cómo se administra una diferenciación entre los candidatos sin que esto signifique que uno de los candidatos, el ganador, tenga una victoria pírrica porque sobre él se acumula una serie de elementos negativos que fue volcado desde dentro del partido.

Antenoche, cuando el debate Obama-McCain, vimos que uno de los recursos que McCain sacó a relucir para tratar de liderar esta competencia, fue atacar a Obama leyendo cosas que había dicho Hilary Clinton contra él en la competencia interna. Entonces este es un riesgo general.

Acá pasa una cosa diferente. Primero, en los últimos tres lustros estamos en un vaivén en materia de legislación de normas, o de partidos, donde no se sabe hacia dónde conduce el legislador.

EC – ¿Por qué utilizas la palabra vaivén?

OB – Porque la reforma del 96 apuntó a un fortalecimiento de los partidos políticos en tanto tal, pero la ley reglamentaria creó algunas disposiciones, que ahora vamos a asentar en el análisis, que debilitaron la concepción de partido y más bien apuntalaron a ver los partidos como una federación de fracciones fuertemente vertebradas, bien divididas entre sí, y este es el riesgo que tiene el Frente Amplio. Ahora tenemos una ley de financiamiento de partidos políticos que en algún sentido va más allá todavía, que prácticamente desconoce la existencia de partidos y ve a las elecciones nada más que como candidaturas individuales, al margen, donde los actores partidarios nada tienen que hacer. Uno de los cambios más fuertes que hemos visto en la concepción de partidos en el Uruguay.

EC – Antes de seguir, ¿por qué no ubicamos qué es lo que se elige el 28 de junio del año que viene?

OB – El 28 de junio se eligen formalmente tres cosas. Candidato único a presidente de la República de cada partido. Segundo, el organismo u Órgano Deliberante Nacional (el ODN), que en el caso del Partido Nacional y el Partido Colorado son a su vez la Convención del partido, por estatuto del partido. Y luego los Órganos Deliberantes Departamentales (ODD), que en ambos partidos tradicionales son las convenciones partidarias. Los ODD tienen la importancia sustantiva de que ellos eligen los candidatos a intendentes municipales.

Hay un tema que es muy importante en esta ingeniería. Los precandidatos presidenciales y las listas a ODN van en la misma hoja de votación, y las listas a la ODD van en una hoja de votación separada. Lo que el elector está obligado, como en el viejo régimen que tuvimos hasta la elección del 94, es a votar el mismo lema para nacional y municipal. Es decir, tiene que votar al Partido Nacional en las municipales, o al Frente Amplio, o al Partido Colorado, pero no puede cruzar. Puede votar sólo a lo departamental, o votar sólo a lo nacional. Pero esto hace que a nivel de competencia interna, la competencia municipal no se cruce con la nacional, porque al estar en hojas separadas puede haber lógicas diferentes y todos sabemos que en las competencias municipales las lógicas son distintas en los diferentes departamentos.

¿Cuál es el problema de esta hoja única? Acá viene el tema legislativo -extraño en la legislación del Uruguay-, y es que un candidato a la ODN que figure en una hoja de votación en la que vaya un candidato a presidente, no puede figurar en otra hoja de votación donde haya otro candidato a presidente.

EC – Los candidatos al ODN tienen que alinearse con un candidato a presidente.

OB – Exacto. Lo cual lleva, en términos prácticos, a que no pueda haber una agrupación que diga “nosotros no queremos alinearnos con ninguno de los dos, queremos estar en la convención partidaria”.

EC – ¿Y cómo afecta esa condición a los distintos partidos?

OB – Los partidos tradicionales ya han ido camino a que las fracciones estén altamente personalizadas, y la personalización va detrás de las candidaturas presidenciales. Es decir que la polarización entre Lacalle y Larrañaga -por ejemplo-, es una polarización previa a la normativa electoral. Se formó Unidad Nacional con los distintos grupos que apoyan a Lacalle y Alianza Nacional con el gran grupo original y finalmente con los distintos grupos que apoyan a Larrañaga; esta polarización ya es connatural. Lo mismo en el Partido Colorado.

EC – En el Frente Amplio es distinto.

OB – En el Frente Amplio es distinto. Primero, porque en realidad nunca tuvo un alineamiento de sectores detrás de una figura presidencial. Seregni fue el líder único de todo el Frente Amplio. En el 89 se discutió la posibilidad de una doble candidatura Seregni-Batalla y el Frente Amplio lo rechazó. Cuando hubo confrontación Vázquez-Astori fue muy simple, sólo el grupo de Astori estuvo detrás de Astori, todos los demás grupos estuvieron detrás de Vázquez, por lo tanto no creaba una línea divisoria tan nítida. La no presentación de Astori en el 2004 hizo borrar toda posibilidad de frontera entre Asamblea Uruguay y el resto de los grupos.

Y ahora ¿cuál es el peligro? El peligro es que si hay una confrontación Astori-Mujica, además de los grupos que naturalmente apoyan a Mujica y Astori, los demás grupos -si se sigue la lógica de la legislación electoral- van a tener que alinearse, o dividirse. Es decir, la Vertiente tendría que estar o con Astori o con Mujica, o haber una Vertiente con Astori y otra Vertiente con candidatos distintos con Mujica, y lo mismo el Partido Socialista, por hablar de los dos grupos que están más equidistantes de ambos candidatos, incluso con gente adentro que puede tener más simpatía hacia uno que hacia otro.

El problema es que si esta lógica se lleva adelante, el Frente Amplio queda con un bloque detrás de Mujica y otro bloque detrás de Astori. Esto le da una arquitectura polarizada, que nunca se había dado en la historia del Frente Amplio, y que le crea la situación de generar el 28 de junio un bloque mayoritario y un bloque minoritario adentro, y cambia toda la relación. No es lo mismo una relación entre cuatro o cinco grupos -que fue la norma en el Frente-, entre siete corrientes -que es la actual-, o entre dos bloques; eso es una lógica de funcionamiento totalmente distinta, dura, rígida, de pactos recíprocos permanentes.

EC – ¿Tiene alguna fórmula el Frente Amplio para zafar de ese riesgo?

OB – El Frente Amplio tiene que hacer primero una opción política y decir “¿queremos esta polarización o no?”. En principio lo que se ve es que mayoritariamente no se quiere. Cuando digo mayoritariamente no digo la mayoría de los sectores sino la mayoría de las personas, de los distintos lados, que le teme a una polarización del Frente.

Entonces, la única forma hoy que tiene el Frente Amplio de eludir esto es la siguiente: primero la ODN que elige el Frente Amplio no va a ser la convención partidaria, por lo tanto se minimiza el tema. Va a ser sólo el órgano que va a elegir el candidato a vicepresidente de la República y eventualmente suplir al presidente, en los casos que prevé la Constitución o la ley que es por fallecimiento del presidente, o renuncia, antes de las elecciones.

Si el Frente ya pacta la forma de designar el vicepresidente antes y además no tiene otra forma de elegir al presidente, la ODN prácticamente puede no tener función alguna. Porque la ODN actúa si el presidente no es elegido directamente, pero para no ser elegido directamente ningún candidato tiene que superar el 50%, o superando el 40 y no el 50 tener una distancia de 10 con el segundo, eso es cuando hay tres candidatos o más. Cuando hay sólo dos candidatos, necesariamente uno tiene más del 50%, por lo tanto la ODN no va a actuar nunca en forma supletoria.

Si la ODN no va a cumplir ninguna función, si van a ser sólo dos los precandidatos a presidente -por lo tanto el candidato a presidente va a ser necesariamente elegido el 28 de junio- la ODN va a ser un órgano absolutamente nominal y la elección va a tener como único fundamento cumplir el requisito que establece la Constitución y la ley.

Si es así, el Frente Amplio puede hacer dos listas -llamémosle fictas- a la ODN: una detrás de Mujica, otra detrás de Astori. Las dos listas pueden ser con figuras de segundo nivel, que no haya ningún personaje apareciendo detrás de Mujica y Astori. En definitiva lo que la gente realmente vota es solamente Mujica-Astori o Astori-Mujica. Es decir, crear un mecanismo que de hecho saltee la elección de convención, como se dice vulgarmente.

EC – Interesante, porque este es uno de los temas que se está discutiendo en la interna, aparte de la otra polémica sobre cómo se resuelve el dilema ¿no?

OB – Claro. Cuando empezaron a avanzar, se han encontrado que se les creaba el riesgo de qué pasaba con los alineamientos obligatorios. Y por supuesto hay fórmulas mixtas, podría estar la fórmula de que Asamblea Uruguay vote explícitamente con Astori, el MPP explícitamente con Mujica y los demás se diluyan, pero eso crea un problema político muy serio hacia octubre, porque en junio habría grupos con alta visibilidad y grupos diluidos, lo cual desnivela la competencia hacia octubre. Es decir, o todos tienen competencia fuerte, o todos se diluyen.

El diluirse podría ser la solución más indolora para elFrente. Sobre todo para que en el futuro no se generen efectos de fuerte polarización, una división interna que después le dificultase la gobernabilidad, no tanto en la campaña electoral hacia octubre, sino en caso de ganar las elecciones nacionales y retener el gobierno.

Sería un juego como el que tuvo el Herrerismo con la Unión Blanca Democrática en los dos colegiados blancos, un poco también el Movimiento de Rocha en la presidencia de Lacalle, antiguamente la 14 y la 15 en el Partido Colorado. Es decir, juegos que son complicados. Cuando se está en dos grandes bloques es un juego de potencia a potencia, no un montón de corrientes que operan con alineamientos cambiantes.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 17 - 2008