Los elementos subjetivos que desnivelan la competencia electoral

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EC – Qué es esto de la fase preliminar?

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OAB – Lo necesario para que arranque una campaña electoral que estén más o menos definidas las candidaturas o la arquitectura de la oferta electoral. Más o menos hay una arquitectura primaria que queda definida la semana que viene: el Partido Nacional ya tiene tres candidatos o precandidatos presidenciales con Jorge Larrañaga, Luis Alberto Lacalle y Carmelo Vidalín; el Partido Colorado la semana que viene seguramente queda con Luis Antonio Hierro, José Amorín y Pedro Bordaberry...

EC – ...también está Martín Aguirrezabala compitiendo desde la 15.

OAB – Sí, y puede que haya algún candidato más. Tengo la percepción de que la de Martín Aguirrezabala no es una candidatura que tenga en este momento un gran soporte, y formalmente tampoco se ha producido el retiro de la candidatura de Abdala. Pero indicaría que, sustancialmente, se va camino a estos tres candidatos.

Como pasa en toda competencia de tres, siempre queda la duda sobre si se llega con tres o con dos... siempre los juegos de tres son los más complicados.

Y en el Frente Amplio, a esta altura, aparece bastante fuerte que se va por la candidatura de Astori o por la de Mujica; una tercera candidatura no está descartada, pero cada vez es más difícil. Y el saber que por ahí anda la cosa, ya presenta cierta arquitectura electoral del Frente, aunque tampoco se sabe si esto se resuelve plenamente por consenso, en el Congreso o por algún método de compulsa interna.

EC – Allí está planteada a grandes rasgos lo que tu defines como la arquitectura primaria.

OAB – Exacto.

Y por parte del Partido Independiente, además, todo indica que va a repetir la presentación de la elección pasada. Esto cierra el cuadro de los partidos que hoy tienen representación parlamentaria.

EC – Ahora ¿a dónde vamos con el título de hoy de “los objetos subjetivos que desnivelan la competencia electoral”?

OAB – Primero aclaremos que toda competencia electoral es una lucha global de partidos, es una lucha específica de personas por candidaturas, por cargos políticos y por lugares en candidaturas –o posiciones electorales–. Y esto, que es una competencia, tiene su dureza; de hecho, la carrera política es mucho más dura que otras. Por ejemplo, cuando alguien está haciendo una carrera de docencia universitaria y es grado 3 (profesor adjunto), puede lograr o no ascender a grado 4 (profesor agregado), pero si no asciende sigue como grado 3. En cambio, en política cada cinco años la gente puede ascender, quedar igual o quedar absolutamente afuera. Y donde se haya dedicado íntegramente a la política, también puede quedar en una situación complicada, hasta desde el punto de vista económico del mantenimiento de su ingreso mensual, sin contar además que muchas veces un político puede quedar endeudado tras una campaña electoral.

EC – Desde ese punto de vista sí, esta carrera es una carrera dura...

OAB – La carrera política es muy dura y esa dureza se traslada en que la lucha por las posiciones, que se hace una única vez cada cinco años, le da un nivel de dureza mucho mayor que en otros tipos de carrera donde hoy hay un concurso para esto, mañana ascienden en tal lado o pasado hacen contrataciones en tal otro.

EC – Ahora, si es dura en general la carrera política también tiene una dureza particular la carrera política interna en un partido.

OAB – Hay un famoso dicho que dice que salvo en el nivel presidencial (los candidatos únicos de cada partido, el nivel más alto), uno dice “el del otro partido es un competidor, pero el de mi partido es el adversario y el de mi sector es el enemigo”. En última instancia, el otro es el enemigo en el plano más teórico, en el plano del macro escenario, pero el que se está disputando el lugar en la lista es el que tengo sentado al lado.

Eso hace que la competencia tenga una dureza que no es diferente al de otros órdenes de la vida, porque pueden ser todos profesores muy amigos entre ellos, pero cuando viene un concurso, es uno o el otro; es el que está al lado o uno mismo el que va a ganar, eso es normal en la vida.

Hago esta comparación porque a veces la gente dice “que horrible que es la política”, pero se olvidan que en todos los órdenes de la vida existen competencias muy duras y que en la política no es más duro el nivel de la competencia, sino los resultados en el orden personal para los que compiten.

EC – Yendo al caso específico de la competencia interna, ¿cuáles son los riesgos?

OAB – El riesgo que tiene toda competencia interna es que se salga de determinados parámetros, que el nivel de competencia interna sea de tal magnitud que afecte luego las posibilidades del partido o de los candidatos hacia fuera.

En Uruguay tenemos dos casos muy claros: en 1989, el 28 de mayo, cuando no existía todavía este esquema que crea la Constitución del 96, hubo una elección que se llamó Primarias Batllistas y se hizo para definir la candidatura de uno de los dos grandes sectores del Partido Colorado (lo que se llamaba el Batllismo Unido), entre Jorge Batlle y Enrique Tarigo. Fue una elección interna extremadamente dura, una competencia que prácticamente no dejaba otra posibilidad que una victoria pírrica, en la cual el ganador ya había salido deteriorado por toda la argumentación que había hecho el contrario.

Jorge Batlle ganó con una imagen de una persona que tenía muchas ideas pero pocos planes, bastante descalificado en su aterrizaje por parte de Enrique Tarigo. Esto mismo lo vimos entre Barack Obama y Hillary Clinton ahora en Estados Unidos y recordemos la campaña interna de 1999 en el Partido Nacional entre Juan Andrés Ramírez y Luis Alberto Lacalle. Pero también hubo otra no menos dura entre Alvaro Ramos y Alberto Volonté, en la cual el Partido Nacional quedó destrozado por su extrema dureza y ferocidad. Ese es un tema complicado que tienen las elecciones internas.

EC – ¿Y ahora cuáles son los objetivos fundamentales en cada uno de los partidos? ¿Qué resumen puedes hacer?

OAB – Lo que se observa hoy, y estos son los elementos subjetivos que pueden ser desnivelantes en la competencia electoral, es que en el Partido Nacional –basta analizar todas las declaraciones públicas– la gente de Lacalle está pensando primordialmente en ganar a Larrañaga; la gente de Larrañaga está obsesionada con ganarle a Lacalle y la gente de Vidalín está obsesionada también en esta competencia.

Se están manejando argumentos en los tres bloques que hacen recordar algo a la campaña interna del año 99, es decir, se están insinuando cosas de deterioro de la otra candidatura, se deslizan conceptos para crear imágenes negativas sobre el otro candidato y no de potenciación de la propia solamente –aunque lo hacen y eso es lo que ayuda a un partido a una buena competencia–.

El Partido Nacional ha iniciado un camino que sin llegar –yo creo que no se va a llegar nunca- a lo del 99, se va a ir aproximando al nivel de dureza de ese año y no a la forma excelente que manejó el Partido Nacional en el 2004.

Y en el Partido Colorado se empezó a ver desde enero un nivel de dureza, de insinuaciones y descalificaciones, que también puede hacer recordar la elección interna o primaria del 89 y no a la forma impecable que hizo en el 99, diez años después. Y precisamente, en el 99 el Partido Colorado hizo una elección impecable porque se acordaba de lo que había ocurrido diez años antes y el Partido Nacional en el 2004 hizo una cosa impecable porque tenía conciencia de cómo lo había afectado la competencia del 99. Sin embargo, hoy da la sensación que los dos no están teniendo presente eso y están con una obsesión por el triunfo interno, que puede ser deteriorante para ambos partidos.

Y en el Frente Amplio no es que jueguen con mayor fair play, ni que no les importe los cargos, no hay ninguna diferencia en eso; están todos muy preocupados por los cargos, muy preocupados por la competencia interna, pero lo que se trasluce en todos los actos de los dirigentes es que el Frente Amplio hay una obsesión por conservar el gobierno. Y esa es una diferencia, cuando uno está obsesionado por conservar el poder y del otro lado se está obsesionado por la competencia interna, aparece un desnivel, porque para ganar lo primero que hay que hacer es querer ganar y demostrar que se quiere hacer eso, que se está preocupado por conservar el poder y conservar el gobierno.

EC – Ahora ¿en estas internas tu dices que se juega gran parte del voto hacia octubre y noviembre?

OAB – Exacto. El 25 de octubre tenemos la elección general, se elige el Parlamento, es la elección de la competencia de candidato presidencial en el centro de los partidos y podría haber –el 29 de noviembre– un balotaje. Existe una idea por ahí como que el 28 de junio lo único que hay son elecciones internas, por lo tanto no importa la imagen que se dé para afuera, porque el mensaje es que en junio sólo van a votar a “los blancos convencidos los blancos, los blancos como hueso de bagual” o “los colorados como sangre de toro”, porque el resto de la gente no se preocupa.

Esto es algo que se observa y se ha dicho públicamente, y si analizamos (esta ya es la tercera vez que Uruguay sigue este procedimiento): participa mucho más gente que sólo los fanáticos de una divisa política en las elecciones de junio, muchos más.

EC – Sí, pese a que el voto no es obligatorio.

OAB – No es obligatorio y vota el 50% del electorado que vive en el país, esa es la realidad. Vota el 46% del padrón, que es un poco más del 50% de los que viven en Uruguay (el padrón tiene como un 9% de personas que viven fuera del país). Es una concurrencia relativamente alta, ese 50% es mucho más que la gente fanática de un partido político.

Pero además todo el resto del país está observando una campaña electoral, no va a votar el 28 de junio pero está observando, y las campañas electorales no son un tema de “yo me decido el último día”. El último día puede terminar de decantar un voto, pero absolutamente todos los días la gente va recibiendo imágenes que sedimentan al interior de la persona y eso va moldeando las preferencias, los rechazos y las opciones de voto. Hay que tener en cuenta que el proceso de adhesión o rechazo del voto es algo que se construye a lo largo del tiempo, uno diría “granito a granito”, día a día y hora a hora.

Lo que se haga por ganar una elección interna va a generar también una imagen de –lo que puedo llamar– la elección externa y esto, que fue muy claro porque no estamos solo hablando de Estados Unidos, se vio en Uruguay en el 89, en el 99 y existe el riesgo de que vuelva a verse en el 2009. Parecería una especie de pérdida de norte o enfermedad que ocurre en algún lado en este país cada diez años.

En este momento el Frente Amplio está planteando la campaña de una forma que puede nivelar a su favor, en caso de que en los partidos tradicionales no surjan los frenos de advertencia necesarios para darse cuenta que si incursionan por los caminos que los llevaron a malos resultados décadas atrás, podrían llevarlos nuevamente a un resultado no muy feliz.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Julio 11 - 2008