Las encuestas y las elecciones

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

 


 

EMILIANO COTELO:

Esta semana que termina fue pródiga en divulgación de encuestas o, mejor dicho, en filtraciones de encuestas y desmentidos. Como caso llamativo estuvo la divulgación por parte de Canal 10 de una encuesta de Factum, que Factum calificó luego de inexistente.

A propósito de estos hechos, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, analiza hoy: "Las encuestas y las elecciones".

Tomamos como base el episodio de Canal 10, que en Factum cayó mal.

***

OSCAR A. BOTTINELLI:

La encuesta no existía, eso es lo grave. Los uruguayos estamos acostumbrados a mucho juego y manipulación con las encuestas, que es el tema central de este análisis, ya que se adelantó la campaña electoral, empezó con fuerza mucho antes que lo que había empezado en 2003 y 1998, y ni hablar que en 1993.

Pero rara vez había ocurrido que el informativo central de un canal de televisión anunciara el resultado de una encuesta inexistente. (A nosotros nos ocurrió hace ocho o nueve años, se divulgó en un diario una encuesta sobre Maldonado que Factum ni siquiera había empezado.) Es muy grave, se le atribuye a una firma conocida un trabajo determinado.

Como errores pueden cometerse, se llamó inmediatamente para decir que no había ninguna encuesta de Factum, y la respuesta fue: "Sí, tenemos fuentes seguras que nos dicen que sí". Sabían más que Factum. Hubo que esperar 24 horas para que rectificaran la información, por eso salimos en El Espectador, en El Observador, en Canal 4, en los medios en los que habitualmente difundimos a decir que no había ninguna encuesta de Factum.

Todavía hoy viernes seguimos sin datos, había una encuesta nuestra en la calle, pero cuando la encuesta está diseminada en cientos de formularios en papel, uno no tiene idea de qué va a dar. Eso después se edita, se controla cuestionario por cuestionario, se ven inconsistencias, se hace la supervisión, en parte para controlar que el trabajo se hizo y en parte porque puede haber respuestas no claras, y en ese caso se pide aclaración a los encuestados. Después se ingresan los datos en la computadora, ahí se obtiene un resultado bruto, que lleva unos cuantos días de proceso hasta tener el resultado final.

Terminamos el "campo" –recoger datos en la casa de la gente– el miércoles, anteayer, y recién hoy se va a hacer el ingreso en la computadora. Estamos muy lejos de tener la menor idea de qué va a pasar.

Lo increíble, que nunca había ocurrido, fue la actitud inicial del medio de comunicación de no rectificar, recién 24 horas después aclaró que esa encuesta no existía. Estamos muy acostumbrados a la manipulación de encuestas, pero no a este nivel. Lo más común es que se tome una parte de una encuesta y se la presente como si fuera otra, que se le dé un énfasis distinto a lo que quiere decir, generalmente para tratar de favorecer a alguien y perjudicar a otro. Aquí sin duda la noticia beneficiaba a alguien, pero se le atribuía una encuesta a una empresa conocida, que para alguna gente tiene su prestigio, para generar un impacto noticioso. Es gravísimo.

EC - Más allá del episodio de esta semana, vamos a ubicar el contexto: ¿qué pasa con las encuestas en Uruguay?

OAB - Uruguay desarrolló la encuesta profesional, seria, con cierto nivel de divulgación en el proceso de salida de la dictadura, y generó niveles de precisión, de rigor de los más altos del mundo. Esto no es una exageración ni es para decir qué geniales que somos los uruguayos, es algo absolutamente objetivo. Basta ver las encuestas en Europa para notar la alta imprecisión con que se manejan en la mayoría de los países, los grandes cuestionamientos que hay por diferencias abismales en los resultados. Por ejemplo, en la elección italiana de 2006 se anunciaba un triunfo de 5 o 6 puntos de la centroizquierda y terminó en empate; y en esta elección se anunciaba una reñidísima victoria de Berlusconi y ganó por 10 puntos. Y otro tanto ocurre en Francia, en Gran Bretaña. En Uruguay hubo polémicas absurdas sobre las encuestas, durante años hubo campañas sobre cuánto se equivocaban las encuestas, en un país que tiene de los más altos rigores.

EC - ¿Qué pasa con el tema de la propiedad y el derecho a la divulgación de las encuestas?

OAB - Hay mucha confusión, particularmente en el periodismo pero también entre los actores políticos. Las encuestas no son per se de dominio público, no es algo que hace el Estado para que todos los ciudadanos se beneficien de su producido. España es el único país donde ocurre eso con el Centro de Investigaciones Sociológicas, donde el Estado hace encuestas y las divulga. Es un tema muy complicado y polémico.

Las encuestas son, primero, una actividad científica, el dato no existe en obviedad. Segundo, se comparan encuestas con mucha ligereza, cuando para hacer una encuesta se elabora primero una muestra determinada de la población del país, se hacen determinadas preguntas y se obtienen respuestas a esas preguntas. Si la muestra es diferente, la metodología de recolección es diferente y las preguntas son distintas, no necesariamente lo que dicen las encuestas es comparable.

Y la metodología es una labor científica, una creación científica, y el producto final es un producto científico, que tiene una propiedad. Además esto se financia, hay quien paga, medios de comunicación, dirigentes políticos, organismos diplomáticos, empresas privadas pagan para conocer una encuesta y para que se la pueda hacer.

EC - Supongamos que un dirigente político o un partido político contrata una encuesta. Capaz que entiende que a partir de ese contrato puede filtrarla a los medios.

OAB - Depende del tipo de contrato. En Uruguay nadie contrata el 100% de una encuesta, porque es extremadamente caro, siempre se contrata parte de una encuesta. Nosotros partimos de una norma que es que la divulgación no puede hacerse sino en determinadas condiciones, porque hay que asegurar el cumplimiento de los códigos de ética internacionales de divulgación de encuestas y particularmente de encuestas político-electorales –las llamadas pols-opinion– que tienen códigos muy rígidos de divulgación. No se pueden divulgar de cualquier manera, porque hay que asegurar la neutralidad, la profesionalidad de la empresa encuestadora.

Además hay una cosa que muchos medios de comunicación no comprenden: la encuesta es una propiedad privada, divulgar una encuesta sobre la cual no se tienen derechos económicos es apropiarse de dinero ajeno. Es algo que se paga, como se paga el derecho de trasmisión, es lo mismo que ocurre en el fútbol. Todos hemos visto los líos con las trasmisiones, si se puedan pasar o no los goles, si el derecho de trasmisión es propiedad de este o del otro. Se confunde esto con la noticia de la reunión de un grupo político, pero son cosas completamente distintas.

EC - El tema daría para mucho más, pero vamos a redondearlo. Por ejemplo, ¿para qué son las encuestas?, ¿cuáles son las grandes finalidades de las encuestas?

OAB - Las encuestas tienen tres grandes finalidades. Una es orientar al actor político, al observador, a todo aquel que sigue lo político o la política. Pueden ser empresarios, sindicatos, el propio Estado, organismos internacionales, representaciones diplomáticas. La encuesta orienta, porque no solo se pregunta cómo va el Frente Amplio con el Partido Nacional, cómo va Larrañaga con Lacalle, cómo va Astori con Mujica.

Para esta encuesta que estamos terminando hicimos 20 preguntas sobre valores de los uruguayos, para conocer su concepción de libertad opuesta al orden, el concepto de laicidad versus religión, igualdad versus competencia, toda una serie de valores en los que permanentemente se indaga para ver hacia dónde va una sociedad y qué piensa.

EC - Esa es una primera finalidad, orientar a los actores políticos.

OAB - Claro, qué piensa la sociedad sobre distintos temas, estudiar qué pasa con la opinión pública les sirve como orientación.

Una segunda finalidad, cuando se divulga con seriedad y oficialmente, es que la opinión pública se vea a sí misma, que cada individuo que integra la sociedad y por lo tanto la opinión pública vea qué opina y para dónde va el conjunto, la suma de opiniones.

EC - Y supongo que la encuesta también es una herramienta de propaganda.

OAB - He ahí lo tercero, diría lo no deseable, que muchas veces se juega la encuesta como herramienta de propaganda. Esto ocurre rara vez a través de las propias empresas encuestadoras y nunca a través de las empresas más prestigiosas o de primera línea. Generalmente aquellos a quienes les conviene hacer filtraciones las presentan de la manera más favorable, a veces inventan sellos de encuestas o aparecen empresas muy poco conocidas, para hacer una guerra y decir "yo estoy adelante", "no, estoy yo", "yo voy ganar", "no, va a ganar el otro". Es muy discutible la incidencia que esto tiene en la opinión pública, es muy discutible si sirve o no, pero es una obsesión que hay en el medio, la parte no deseable de las encuestas.

La alarma se planteó en que esta semana Uruguay amagó a entrar en un juego duro de campaña electoral, un juego no muy limpio, con bajo fair play, y en que las encuestas empiecen a calificar o a descalificar según el resultado. Los resultados se filtran y hay medios de comunicación que toman las filtraciones porque les convienen, para apoyar o dejar de apoyar a alguien. En este caso se llegó a inventar una encuesta y se la atribuyó a una empresa con la finalidad de que alguien se viera beneficiado. Esto es un peligro que hay que evitar, porque Uruguay saldría de esos climas más razonables que ha tenido siempre en campaña electoral, y además llevaría a una confusión general.

Como Factum hemos dicho en muchísimas elecciones, y algunos colegas más o menos con otras palabras dicen lo mismo: que la gente atienda a los medios de comunicación en los que cada empresa divulga oficialmente, que atienda lo que la empresa con su sello, con su cara, con su voz divulga. En eso se puede confiar, lo otro no es confiable. Después se confiará o no en el resto de las cosas de ese medio de comunicación, pero cuando se dice "tal empresa dijo tal cosa" y aparece en un medio que no es el habitual, las empresas estamos en la línea de no responsabilizarnos de cifras o datos que se nos atribuyan. Tampoco vamos a perder el tiempo en desmentir o ajustar resultados permanentemente. Si llega a repetirse esto de inventar, se estaría ante algo extremadamente grave, algo que lindaría con aspectos penales.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Mayo 30 - 2008