La tensión entre gobierno, partido y sindicatos

Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
Escuelas, liceos y facultades públicas en huelga; el gobierno anuncia aumento significativo de los recursos para los sueldos docentes; los municipales de Montevideo en huelga al cabo de 18 años de gobierno departamental frenteamplista. Estos y otros hechos llevan al politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, a proponernos como tema para su análisis de hoy: “La tensión entre gobierno, partido y sindicatos”.

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Oscar, ¿por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Empecemos por una forma más genérica: cuando el que gobierna es un partido político que tiene importantes bases en el sindicalismo –en general son los gobiernos de izquierda o también los gobiernos de tipo populista– la relación entre gobierno y sindicatos es un tema complicado. Como también es un tema complicado la relación entre gobierno y partido en los tipos de partidos de alta estructuración y alto funcionamiento permanente. Sobre este último tema, la relación gobierno-partido, hace poco hicimos un análisis en particular, ahora vamos a mezclar los tres elementos.

En primer lugar, estamos en el tiempo de estreno de un gobierno del Frente Amplio, en el período inicial de cinco años en que empiezan a ajustarse y desajustarse las piezas con relación a como venían de la oposición. En la oposición los tres actores son solo dos, no hay gobierno –primera cosa que simplifica–, hay Parlamento, que no es lo mismo, porque allí se actúa cómodamente como oposición.

La lógica de la parte de gobierno –en un sentido muy amplio del término, que sería la función parlamentaria–, la lógica del partido y la lógica de los sindicatos a la hora de la oposición no tienen muchos problemas de compatibilización. A la hora del gobierno sí surgen los problemas.

Es muy importante recordar que cuando el Frente Amplio asumió su primera experiencia de gobierno, que fue el gobierno departamental de Montevideo, el 15 de febrero de 1990, Tabaré Vázquez dio un gran aumento de sueldo a los municipales, de un 15 o 17% en términos líquidos, más otro 33% que surgió como aumento horario.

EC - Reducción de la jornada horaria.

OAB - La reducción de la jornada horaria implicó, por costo horario de trabajo, un aumento del 33% del sueldo. Para los que ya tenían seis horas el aumento fue líquido, entonces se les compensó con, además del otro aumento, un 33% del sueldo. Para los demás el dinero que a fin de mes llevaban a la casa era el mismo, pero la Intendencia había aumentado sus costos al reducir la jornada de ocho a seis horas.

Esto, que fue presentado como “aquí se ve lo distinto que es el Frente Amplio de los partidos tradicionales al llegar al gobierno, demuestra su sensibilidad con los trabajadores”, no había sido negociado y en ningún momento tuvo una contrapartida del gremio municipal. Y lo que en el Frente se llama muchas veces el “error inicial”, se perpetuó durante todo el período de Tabaré Vázquez, durante los dos períodos de Arana y continúa en el período de Ehrlich. Era un tema que a la dirigencia frenteamplista le importaba mucho en 2004 y en la transición de 2005, advirtiendo que no se podía repetir el error que se cometió en la Intendencia de Montevideo.

Seregni en sus últimos meses advirtió en muchas charlas privadas –me lo recordaba el otro día un alto dirigente de este gobierno–: por favor, ninguna concesión sin contrapartida.

Con el tema educación el gobierno se vio por un lado en la estrategia que venía desde hace años, de cuidarse de repetir lo que se hizo en la intendencia, de entrar con una generosidad que no fue entendida y no tuvo contrapartida. Y por otro lado el 4,5% para la educación, que se tradujo en gran medida en aumento de sueldos docentes, porque no fue tan grande la parte que se destinó a inversiones y gastos.

EC - ¿Qué dice la experiencia internacional en este tema de las tensiones entre gobierno, partido y sindicatos?

OAB - La experiencia internacional maneja que es un problema complicado que tiene varios modelos.

Por un lado están todos los casos en que hay relaciones entre sindicatos y un oficialismo que se pueden llamar ideológicamente convergentes o emparentados. Un modelo era el de los partidos comunistas en el modelo soviético; se puede decir que desde el punto de vista estrictamente de la arquitectura y la funcionalidad era el modelo del peronismo, sobre todo del viejo peronismo, y del PRI mexicano.

EC - ¿En qué sentido?

OAB - En que los sindicatos actúan muy subordinados al gobierno y al partido de gobierno. Ahí hay una relación en que el partido manda al gobierno y a los sindicatos; muchas veces se ha dicho que los sindicatos ahí ofician no como elementos autónomos sino como correa de trasmisión de los intereses del gobierno.

EC - Hay otros modelos.

OAB - Hay un modelo inverso, que es el origen del Partido Laborista británico, que se creó como el partido de los sindicatos; la central sindical británica formó el partido político. Con los años, sobre todo en los últimos tiempos, el Partido Laborista fue disminuyendo el peso de los sindicatos, pero el concepto era al revés, el partido como el instrumento del sindicato, el instrumento como la guía de la clase obrera, en una concepción marxista primigenia.

EC - A partir de esas referencias del exterior, ¿qué pasa en Uruguay con el gobierno del Frente Amplio?

OAB - Primero hay que ver cómo se arrastra el tema en Uruguay, hay distintas concepciones. Para empezar, existió siempre una relación muy fuerte entre los distintos partidos y grupos de izquierda y las dirigencias sindicales. Ahí se enfrentaban distintas posturas, una era la de los sindicatos prácticamente condicionando la fuerza política; si bien nunca fue admitido formalmente, la fuerza política operó durante muchísimos años –yo diría que hasta ahora– como un elemento de presión. En la izquierda se ha considerado que enfrentarse o discrepar con los sindicatos tiene algo de éticamente incorrecto, algo de pecaminoso. Eso, que planteó siempre, es uno de los grandes elementos de presión que ha tenido el sindicalismo: “¿cómo?, ¿están contra los trabajadores?” Ese discurso condicionó muchísimo a la izquierda.

Pero la concepción más admitida, sobre todo en la dirigencia del Frente, en el Partido Comunista, el Partido Socialista, es la de los sindicatos con acción política, donde la dirigencia política era el partido político, no el sindicato. Esto llevó a una diferencia de concepción entre la dirigencia del Frente –Seregni en particular, que pretendía que todas las fuerzas políticas del Frente en el ámbito del Frente coordinaran su actuación sindical– y la posición del Partido Comunista, que consideraba que el Frente Amplio era una alianza política en la que participaba, los sindicatos eran otro campo distinto en el cual el Frente no tenía que introducirse, pero el Partido Comunista tenía su peso en el Frente y su peso en los sindicatos, lo que le daba un papel estelar en la conducción en distintos movimientos populares, fuera en el campo político-partidario, fuera en el campo social.

Hubo un elemento muy importante. Cuando estalló la huelga general en oposición al golpe de Estado de 1973, Seregni hizo un planteo ante el comando político del Frente, se hizo una reunión clandestina en la casa donde vivía el después desaparecido Jorge Luis Ornstein, cerca de Villa Biarritz, y allí planteó: esta es una huelga política, la conducción de una huelga política es política y la conducción política es esta. Ahí estaba planteando una relación de la acción sindical política subordinada al instrumento político.

El otro tema tiene que ver con la diferencia que hay en la lucha sindical entre quienes la consideran con una concepción de clase, una concepción clasista, por lo tanto política en sí misma, donde el sindicato es una herramienta o una conducción política, y lo que se denominó –muchas veces despectivamente– la conducción economicista, es decir, donde centralmente la función del sindicato es obtener reivindicaciones para sus afiliados, con independencia incluso de los otros sindicatos.

EC - ¿Qué se está dando últimamente? ¿Qué dice la experiencia de estos primeros años de gobierno del Frente Amplio?

OAB - El Frente Amplio llegó al gobierno sin tener esto resuelto. No lo tenía resuelto en el campo teórico y menos en el práctico. Y en el práctico por una razón: así como el Frente Amplio ya tiene un problema –que analizamos no hace mucho– entre la estructura de gobierno, la estructura parlamentaria y la estructura central, porque uno emerge de la lógica electoral, de los votos de las elecciones nacionales, y otro de la lógica electoral interna, de los votos de las direcciones internas del Frente, el peso de los sectores políticos es muy diferente en el ámbito de la bancada parlamentaria que en el ámbito de la estructura. Asamblea Uruguay tiene más peso en la bancada parlamentaria que en la estructura del Frente, y la 1001 y el Partido Comunista en particular tienen un peso mucho mayor en la estructura del Frente que en la bancada parlamentaria. Pero también hay una diferencia de peso de los sectores en el sindicalismo, hay grupos políticos del Frente casi sin ninguna influencia en el movimiento sindical, otros con una fenomenal influencia y algunos con una muy grande en el sindicalismo y muy baja en la representación parlamentaria y electoral.

Entonces el problema no solo es que puede haber distintas visiones porque una cosa es cómo se ven los hechos y la política desde el campo sindical y otra cómo se ve el campo político –es un dato de la realidad, la gente cuando está en distintos ámbitos ve las cosas desde distintas perspectivas-, sino que también hay juegos de intereses distintos, hay grupos políticos en la izquierda que en la cancha sindical adquieren una fuerza que no tienen en la cancha político-partidaria y mucho menos en la cancha político-parlamentaria.

El problema es que no solo puede haber divergencias normales entre la perspectiva sindical –que en principio es más acotada– y la perspectiva del gobierno –que necesariamente tiene que ser más abarcativa–, sino que además hay una diferencia de campo: yo tengo en el campo sindical la fuerza que no tengo en el campo gubernativo o político-partidario –este es un razonamiento que hacen algunos sectores–, y por lo tanto el juego sindicalismo-oficialismo se transforma también en un campo de lucha interno donde cada cual va a elegir una cancha diferente según el peso que tenga en un ámbito o en el otro.

El resultado es que, aparte de esto, el gobierno no llevó adelante, como se preveía, una estrategia para no repetir lo de la Intendencia, con la enseñanza le ha ocurrido que fue dando grandes concesiones y lejos de tener a los sindicatos alineados en la posición de un gobierno que otorga grandes recursos a la educación –un dato que está fuera de controversia–, tiene unos sindicatos crecientemente confrontacionales.

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EC - ¿Conclusiones?

OAB - Primero, en el tiempo que queda de este gobierno lo más significativo es apagar los incendios. El gobierno se está enfrentando a una campaña electoral, está planificando una Rendición de Cuentas y un gasto público con miras a enfrentar las elecciones. El tema es más para el próximo gobierno, para el próximo gobierno se replantea la estrategia de dar obteniendo contrapartidas o la de tener la continuidad de los riesgos que ha afrontado la Intendencia durante ya más de tres períodos.

Una intendencia puede aguantar varios períodos con este desajuste, pero es muy difícil que un gobierno nacional no tenga que tomar decisiones mucho más claras: o hay un mayor alineamiento entre gobierno y sindicalismo o es un gobierno al cual el sindicalismo le es ajeno, como los gobiernos anteriores, del Partido Nacional y del Partido Colorado.

EC - La evolución no se va a dar solo en el partido de gobierno y en el gobierno, también hay que observar qué pasa por el lado del sindicalismo. El caso de la Federación Uruguaya de Magisterio, con la división que está mostrando en las últimas semanas, es una señal de que podría haber cambios en la actitud de los gremios.

OAB - Exacto, cuando hablo de cambio no es que el cambio lo tenga que hacer el gobierno o el partido de gobierno, sino un cambio en la situación, que puede salir de distintos lugares. La educación en este momento está presentando la posibilidad de cambios sustantivos en la propia estructura sindical, lo que tú señalabas del conflicto centrado en el magisterio de Montevideo es muy importante. También hay que ver el grado de acatamiento, que es una forma de medir la representatividad de la dirigencia sindical, que puede tener la continuación de paros y de huelgas y de confrontación con el gobierno.

El tema global es que el partido de gobierno tiene que discutir mucho. Y discutirlo de esta manera, como partido. Pero la gran mayoría de los dirigentes sindicales actúan como dirigentes de grupos políticos del partido de gobierno. Entonces la discusión tiene que ser una sola, sin ese desdoblamiento en que las personas son parte del partido de gobierno cuando están en el partido y son sindicatos de juego libre y oposición cuando están en el sindicalismo. Es toda una discusión que la izquierda uruguaya no se ha dado, porque cuando se habla de la autonomía del movimiento sindical no es que los dirigentes sindicales se vayan de la actividad partidaria, no ocupen ningún cargo partidario y digan “yo no pertenezco a ningún partido y por eso hay una plena autonomía de mi actuación”. Hay un discurso de autonomización pero con una pertenencia política que hace que esa autonomización no sea real.




 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Abril 25  - 2008