La renovación del gabinete y el papel del partido político oficialista
Oscar A.
Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
Hace pocos días, cuando anunció los cambios en el gabinete, el presidente de la República, Tabaré Vázquez, estableció una distinción entre el gobierno por un lado y la fuerza política por otro.

Por eso hoy, para continuar con su mini-ciclo de análisis sobre la renovación ministerial, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como título: “La renovación del gabinete y el papel del partido político oficialista”.

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EC - Estamos hablando de un tema que supongo que en Ciencia Política no es nuevo. Seguramente es un clásico...

OSCAR A. BOTTINELLI:
Es un viejo tema, es muy clásico, sobre todo en países como los europeos y como Uruguay, de larga tradición de partidos políticos fuertes, de elecciones, de gobiernos surgidos de la competencia política abierta. Y aunque parezca un tema teórico, está muy aterrizado. Es el gran debate interno que tiene el Frente Amplio, y se cruzan nada menos que la definición de la Presidencia de la fuerza política y el congreso de abril.

EC - La relación entre gobierno y partido político. Ese es el tema...

OAB - Exacto. Si vamos a nuestra historia moderna, José Batlle y Ordóñez, el fundador del Batllismo, es recordado (en el plano de la estructura política) sobre todo por su impulso al colegiado, un gobierno sin presidente de la República, con un Consejo Nacional de nueve miembros. La idea de Batlle estaba asociada con que él también fue el constructor de un partido moderno, con el esquema de los partidos socialdemócratas que estaban surgiendo en Europa, muy vivo, muy militante, con muchas estructuras... Un modelo de gobierno en que la conducción estratégica y el mando superior estaban en el partido –algunos pueden decir que estaba en él, que estaba al frente del partido y no en el gobierno–, que iba a tener miembros rotativos, no reelegibles, etcétera. Pero planteaba una relación –es uno de los esquemas clásicos–: el partido es el que tiene el mando estratégico y el gobierno la conducción táctica. El partido se ocupa de lo profundo y el gobierno de lo cotidiano. Es un modelo.

EC - Pero hay varios otros posibles...

OAB - Por ejemplo, el gobierno gobierna y decide y el partido más bien controla y, en todo caso, no manda pero llama la atención.

Otro modelo –que no es un tema de estructura teórica sino un tema de praxis– es el que se da cuando el gobierno está en manos de un líder; un líder no sólo en el sentido del estilo de Tabaré Vázquez (de ser la figura popular y que recoge votos) sino el individuo que está permanentemente ejerciendo una conducción y la hace en el plano del gobierno y de la estructura partidaria. No hay contradicción ni se plantea mucho qué hace el partido y qué hace el gobierno porque hay un vértice común y generalmente no sólo hay un líder sino todo un staff que dirige gobierno y partido.

Otro modelo, que puede ser el del Frente Amplio, es el del partido parlamentario: el partido se ocupa de lo que ocurre en el Parlamento y los parlamentarios de lo que ocurre en el partido. El gobierno es visto como algo un poco autónomo o extraño. Hay una interacción de juegos políticos, de aceptar, de rechazar, de negociar entre la faz político-partidaria centrada en el Parlamento y la faz gubernativa.

Otro modelo, también muy clásico, es aquel en que el gobierno es visto como lo dominante y el partido como la polea de transmisión desde el gobierno. Se encarga de la propaganda, de la movilización.

Otro caso distinto pero parecido es aquel en que el partido es visto como algo muy estratégico, muy de largo plazo. Como el que adoctrina, el que traza las grandes líneas ideológicas, convoca a la gente para adoptar valores y modelos de país y de sociedad, y el gobierno es un producto de ese partido pero más en el plano de lo inmediato, de los tiempos históricos presentes.

Por último está la concepción del partido como una maquinaria electoral, algo que existe y desaparece en las contiendas electorales, para aportar un soporte a candidaturas para ocupar los cargos políticos.

Aquí no se agota todo. Es una línea de elementos que pueden estar planteados cuando se debate qué se quiere que sea el Frente Amplio en relación con el gobierno.

EC - Pero además del debate sobre cuál es la relación entre gobierno y partido político, en el caso uruguayo en este momento y con el Frente Amplio se da el debate sobre qué tipo de partido político es ese partido oficialista.

OAB - Claro, si es un partido de elite, el partido clásico de figuras que en general ocupan cargos de gobierno y Parlamento y punto, o un partido de cuadros, con una estructura de distintos niveles, con cuadros políticos permanentemente actuantes. Si es un partido que se mueve en las grandes masas o un partido que se mueve básicamente a través de la opinión. Se habla de partido de masas cuando se requiere a las masas movilizadas y de opinión cuando se lo ve pasivo, formando su opinión por la lectura, escuchando o escuchando y mirando, con la opinión que llega a la gente a través de los medios de comunicación.

EC - ¿Qué dice la historia del Frente Amplio sobre qué tipo de partido es? Ha ido cambiando.

OAB - Cuando nace el Frente Amplio, recogiendo la tradición sobre todo de los partidos de izquierda, por un lado se veía como un partido de masas y estructurado, de cuadros y masas. Por otro lado se veía distinto de los partidos tradicionales –no quiere decir que los partidos tradicionales fueran estrictamente eso, sino que el Frente, la izquierda los veía de ese modo–, de los que decía cosas como: “Son maquinarias electorales, no tienen militancia permanente, en cambio el Frente Amplio se propone ser –y está en su declaración constitutiva– una herramienta de participación con una acción política permanente, tanto en la actual oposición como en el gobierno”.

Y efectivamente, era el lugar donde se tomaban las decisiones. Ya no hablemos de un período totalmente opositor: durante la transición de la dictadura a la democracia el Frente Amplio tuvo que tomar decisiones de gobierno en un sentido muy profundo. Por ejemplo, ir o no a negociar con las Fuerzas Armadas, hacer o no el entendimiento del Club Naval, participar o no en los entes autónomos, elegir las personas que iban a ocupar los cargos. Todo eso se discutía en el Plenario Nacional, o se discutía primero entre los dirigentes, Seregni y los líderes sectoriales, y después en el Plenario, en la fuerza política. Y luego la fuerza política tenía una estructura que dirigía a los directores de los entes, que era lo único que tenía en la administración.

EC - ¿Cambió algo cuando el Frente Amplio asumió la Intendencia de Montevideo?

OAB - Hubo un cambio conceptual de fondo. Si bien inicialmente, en lo formal, los nombres del primer gabinete pasaron por la Mesa Política y fueron aprobados, no hubo un proceso de elaboración colectiva. Fue más un proceso de un intendente que piensa en los nombres, los conversa con dirigentes políticos y los pasa por la Mesa Política, donde no hubo un solo rechiste.

Luego, en el resto del período de Tabaré Vázquez, los dos períodos de Arana y el de Ehrlich, la estructura política no participó para nada ni en las designaciones ni en las tomas de decisión. Más bien pasó a ser el lugar al que se recurría para pedir apoyo cuando las papas quemaban. Ya se le asignaba otro papel.

Y con la Presidencia de la República ocurre lo mismo. Hay una cosa interesante: se discute el vaciamiento del Frente Amplio... Ese Frente que tiene toda una estructura altamente compleja, un congreso, un Plenario Nacional numeroso, una Mesa Política numerosa, que se caracteriza por tener muchísimas reuniones, lo que a veces se califica, despectivamente o no, como “reunionismo”. Se reúne un órgano, otro, otro, pero de algo tan importante como el gabinete los dirigentes prácticamente se enteran por la prensa. El presidente lo resuelve per se y en solitario. Lo que no está mal en sí mismo. Traza un modelo determinado de relación entre partido y gobierno.

EC - Y ahora, con estos anuncios de febrero y marzo de 2008 del presidente realizados al momento de renovar el gabinete, ¿adónde apunta la relación entre el gobierno y el partido Frente Amplio?

OAB - Se abren muchas interrogantes. Es claro que en lo inmediato apunta a que es un gobierno fuertemente personalizado, que discutirá en el ámbito del partido básicamente los temas que requieran apoyo legislativo. Por lo tanto, lo que va a discutir son los votos en el Parlamento y los acuerdos para que esos votos estén. Es otro tipo de relación que decir que el gobierno está gobernando con el partido.

Pero también va a tener que ver cómo el Frente Amplio se ve a sí mismo, para lo cual no es menor cómo decida el tema de la Presidencia del Frente Amplio, ya sea vista como el presidente o como otra fórmula que se maneja, que es un presidente con algunos “vice”, conformando una conducción más colectiva, una presidencia más colectiva, un colegiado.

Si se produce el relanzamiento de la estructura y tiene algún sentido de participación en decisiones, seguramente esa estructura va a tener una relación muy fuerte con la acción del Parlamento, pero probablemente sea muy débil en cuanto a toma de decisiones respecto del Poder Ejecutivo. Y probablemente, la forma como se vaya procesando esta discusión en el Frente Amplio, como vaya decantando, no sólo hacia abril sino en estos dos años que vienen por delante, marque cómo va a ser la concepción de la fuerza política con relación a un futuro gobierno, en el caso de que el Frente Amplio revalide la tenencia del gobierno.

Pero después de esta experiencia y de las experiencias municipales, por la vía de la discusión abierta, clara, explícita, o por la vía de los hechos, este tema va a seguir decantando y va a seguir siendo de enorme trascendencia.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Febrero 22  - 2008