El primer escenario definido hacia el 29 de junio
Oscar A.
Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor



EMILIANO COTELO:
En los últimos 15 días quedó casi definido el escenario de competencia presidencial del Partido Nacional hacia la primera etapa de este proceso que termina en la Presidencia de la República: la oferta que el Partido Nacional llevará a las elecciones internas de los partidos políticos. Es el primero de los tres grandes lemas en posicionarse en esta carrera electoral.

El politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, analiza esta situación. El título: “El primer escenario definido hacia el 29 de junio”.

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Oscar, el primer escenario definido hacia el 29 de junio de 2009.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Exactamente, en Uruguay la elección de la Presidencia de la República cubre hasta tres etapas, todas en 2009, casi en el segundo semestre. La primera, las mal llamadas elecciones internas, que en realidad son entre elecciones primarias y preliminares, que se hacen el último domingo de junio, que cae el 29 de junio, en la que se presentan precandidatos presidenciales y se elige el candidato único del partido a la Presidencia. Simultáneamente se elige el órgano deliberante nacional y los 19 órganos deliberantes departamentales, que van a definir la o las candidaturas a las intendencias municipales.

Luego, el último domingo de octubre, el 25 de octubre, son las elecciones nacionales, en las que se elegirá presidente de la República, Cámara de Senadores, Cámara de Representantes y juntas electorales, y si un partido y fórmula presidencial obtiene la mayoría absoluta del total de votantes, como ocurrió en la última elección, la elección queda resuelta. Si ocurre como ocurrió en el 99, nadie obtiene la mayoría absoluta, hay una nueva vuelta, un balotaje que se realizará el último domingo de noviembre, en este caso el 29 de noviembre.

Una novedad con relación a las dos elecciones anteriores es que esta vez, por razones de calendario, entre el último domingo de octubre y el último domingo de noviembre en lugar de cuatro semanas hay cinco, será un tiempo mayor de campaña electoral si llegara a haber balotaje.

EC - Hablemos del Partido Nacional y del Frente Amplio, de cómo han venido evolucionando en estos últimos meses.

OAB - El gran cambio que ha habido en el último año –lo hemos analizado minuciosamente aquí En Perspectiva, particularmente a lo largo del mes de diciembre y con relación al Frente Amplio a lo largo de varios espacios en enero– es que mientras el año 2007 se abrió con la idea de que definir la candidatura presidencial del Frente Amplio era prácticamente definir el presidente de la República, hoy se ven dos cosas, la primera es que el Frente Amplio tiene muchas probabilidades de retener la presidencia pero no es seguro, y la segunda es que el Partido Nacional hoy es el competidor. Si no hay cambios significativos, estamos en una polarización similar a la de las elecciones de 2004 entre el Frente Amplio y el Partido Nacional. Por lo tanto, las candidaturas, más que nada los escenarios que van a presentar hacia junio de 2009 los dos partidos pasan a ser las dos incógnitas más significativas de la definición electoral de Uruguay.

EC - En el caso del Partido Nacional ya está bastante claro cuáles son los precandidatos que van a competir por la candidatura del partido.

OAB - Exactamente, Jorge Larrañaga es una candidatura obvia, de esas que nadie necesita proclamar; la de Lacalle quedará ratificada oficialmente en marzo, pero en la realidad quedó ratificada a fines de enero; y hay algunas definiciones que aparentemente no hacen a la competencia principal, que son las que van a adoptar Carmelo Vidalín y Francisco Gallinal, si se presentan o no se presentan, y en caso de no presentarse hacia qué lado se vuelcan.

Es interesante observar que la confrontación Lacalle-Larrañaga es una reedición de la confrontación pasada, en la que Larrañaga triunfó sobre Lacalle, provocando con ello el cambio de liderazgo en el Partido Nacional, o de presidencia del Partido Nacional, con un relativo sentido de cambio generacional.

Dejemos de lado cómo surgió Lacalle como candidato presidencial, que queda un poco lejos en el tiempo, hoy se lo ve como que hace mucho que es un líder político de primer nivel, pero podemos ver lo que podemos considerar como dos filigranas políticas, cómo surgió Larrañaga y cómo renació Lacalle.

EC - Tú decís que se va a repetir la puja de cinco años atrás entre Larrañaga y Lacalle, pero con los dos candidatos, con los dos líderes ubicados en posiciones distintas de las de hace cinco años.

OAB - Y una repetición que no era obvia hace un mes. Si uno dijera que después de 2004 era obvio que iban a repetir la contienda en 2009, pero no era nada obvio.

EC - No, en el herrerismo habían surgido otros nombres, se insistía mucho en que Lacalle no era el nombre más apropiado, etcétera.

OAB - Exacto. En cuanto a la filigrana de Larrañaga, recordemos que en el período de gobierno de Sanguinetti, 1994-1999 o 1995-2000, se empezó a conformar un grupo de cinco intendentes, Jorge Larrañaga de Paysandú, dos grandes operadores políticos, Miguel Burgueño, con la potencia que implicaba la Intendencia de Maldonado, y Eber da Rosa de Tacuarembó, hoy senador del larrañaguismo, Campanella de Treinta y Tres, y Héctor Leis, fallecido muy prematuramente, que era un gran estratega político, con la idea de proyectar a Jorge Larrañaga.

Esto terminó conformándose, con algunas fallas en el medio –muere Leis, muere Burgueño–, en la Nueva Fuerza Nacional, que llevó a Larrañaga a alrededor de un 12% en la intención de voto. Ahí Larrañaga dio un segundo paso –el primero fue posicionarse como una persona que podía aspirar a algún cargo en niveles nacionales–, que fue pactar con Ramírez. Se formó una prefórmula presidencial Ramírez-Larrañaga que compitió con Lacalle en las elecciones –en aquel momento se hacían en abril– del 25 de abril de 1999, en las que con cierta comodidad Lacalle triunfó sobre Ramírez. El tercer paso fue cuando Ramírez se retiró, se fue para la casa y Larrañaga tuvo que recomponer todo lo que había quedado en el aire, conformar el sector, lograr que se mantuviera. Sacó dos senadores, él y Carlos Julio Pereyra. Y vino la cuarta etapa, porque esto lo posicionaba o no como candidato presidencial. Recordemos que en el quinquenio pasado la duda siempre fue: Larrañaga ¿llegará o no llegará?, ¿da no da? La pregunta estuvo prácticamente hasta fines de 2003, Larrañaga aparecía segundo detrás de Lacalle, muy distanciado de todos los demás. Este hecho llevó a que inevitablemente todos los demás se fueran sumando a él. En marzo quedó constituida la confrontación Lacalle-Larrañaga y en tres meses Larrañaga logró generar una expectativa que creó dos hechos: primero, revitalizó al Partido Nacional sobre el Partido Colorado, y luego lo llevó a poder ganar sobre Lacalle y ser el candidato único del Partido Nacional y el presidente del directorio. Fue un trabajo de muchas etapas, de muchos años, que luego consolidó desde la presidencia del directorio.

En cuanto a Lacalle, más bien el comentario era, como dicen los muchachos, “ya fue”, era una candidatura desgastada. En el Herrerismo se decía que “Lacalle tiene un techo, hay que ir por nuevas figuras”. Pero Lacalle hizo una jugada política muy interesante, que fue retirarse y decir “compitan”. Salieron al ruedo Luis Alberto Heber, Juan Chiruchi y Carmelo Vidalín, los intendentes de San José y Durazno y el primer senador del Herrerismo, y en pocos meses se vieron dos fenómenos: uno, arrancaron más o menos bien en la encuesta los tres, pero no se sostuvieron, ninguno desniveló con el otro, y en la opinión pública empezó a aparecer una especie de reclamo de la candidatura de Lacalle. Lacalle, al no insistir con su candidatura, provocó un resurgimiento natural que terminó en esta decisión de enero casi como un decantamiento: que el candidato era él. Fue un juego político realmente muy interesante.

EC - Se repite la competencia entre Larrañaga y Lacalle, pero con algunas diferencias importantes de perfiles con respecto a los que mostraron hace cinco años. ¿Cómo definirías los perfiles de uno y otro?

OAB - Desde el punto de vista personal, Larrañaga es un caudillo muy fuerte, pujante, joven; Lacalle se está posicionando –y es el sentido de la comunicación del Herrerismo– como un experimentado estadista, también pujante. Ambos tienen en común que son muy recorredores, trabajadores casa a casa, persona a persona y no es fácil que ninguno de los dos se dé por vencido.

EC - ¿A qué electorados apuestan?

OAB - Apuestan a dos electorados diferentes, con dos mensajes que no es fácil sintetizar. Larrañaga representa en cierto modo al wilsonismo, entendido por lo que representó el wilsonismo, no importa si es exactamente la continuación o no de ese grupo, es cómo la gente lo ve: un sector político más de centro o de centroizquierda, que le da un papel más fuerte al Estado, lo que representaron los programas de Wilson Ferreira Aldunate, sobre todo los del 71 y el 84. Larrañaga es atractivo para los frenteamplistas desencantados.

Lacalle, con un pensamiento un poco más hacia el centro que el que presentó en la campaña electoral en la que triunfó, en el 89, pero siempre con una idea de renovación del Estado, de defensa fuerte del libre mercado. Aparece como atractivo para colorados desencantados. Cuenta con el apoyo explícito de votantes, y próximamente van a aparecer figuras coloradas, no de primer nivel de militancia, pero que van a darle su adhesión.

El Partido Nacional tiene la primera competencia, va a estar mucho antes que el Frente Amplio y el Partido Colorado en el escenario y dirigiendo mensajes hacia los dos lados. Esto les crea problemas al Partido Colorado y al Frente Amplio.

EC - ¿Por ejemplo?

OAB - Por el lado del Partido Colorado, el Partido Nacional es un partido muy atractivo, aparece como el gran competidor del Frente y una de sus áreas tiene un mensaje que sintoniza con buena parte del electorado del Partido Colorado. Y el Partido Colorado no termina de estructurar su fórmula, es complicado.

El Frente Amplio tiene que hacer un proceso, la prueba de fuego es en abril, si logra consensuar la presidencia del Frente para empezar a dar señales distintas de las que dio a fines del año pasado sobre su situación interna. Y luego tiene que perfilar y definir su candidatura presidencial.

EC - ¿El Partido Nacional también tiene riesgos por delante?

OAB - Muy grandes. Para los que recuerden las dos campañas electorales de competencia interna, tiene el riesgo de repetir el 99 y la posibilidad de repetir el 2004. El 2004 fue una competencia altamente civilizada, de caballeros, ambos trataron de diferenciarse por la positiva, y el 99 fue una competencia muy dura, extremadamente dura, en la que predominó, sobre todo de una de las partes hacia la otra, el criterio de destrucción del otro. Si el Partido Nacional se encamina por el lado de la competencia caballeresca se fortalece, si alguno se pone nervioso y se sale de madre va a afectar no solo la candidatura de uno o del otro sino al propio partido. El riesgo es cómo administra un año en el que prácticamente será el que esté en los titulares desde el punto de vista de la carrera estrictamente electoral.

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OAB - Una aclaración: dije el primero en la competencia; se puede interpretar como el primero en la intención de voto, pero quise decir el primero en el tiempo, el que largó primero.



 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
Febrero 1  - 2008