El aborto: una aparente disociación entre la sociedad y el sistema político
Oscar A.
Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

 

EMILIANO COTELO:
A fines de mayo aquí En Perspectiva Factum difundió su última encuesta anual sobre el aborto, que arrojó un nítido predominio de los partidarios de la despenalización, en una relación de casi 2 a 1. Pero el miércoles el Senado de la República rechazó un proyecto de ley que incluía, en su capítulo 2, formas de despenalización del aborto en determinadas circunstancias.
Hoy, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, propone analizar esta real o aparente contradicción. El título: “El aborto: una aparente disociación entre la sociedad y el sistema político”.

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EC - Hacemos un pequeño cambio de planes.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Los cambios no los hice yo, los hizo el presidente. Íbamos a analizar todos los anuncios, las señales políticas que surgían de la otra semana y esta semana las señales fueron al revés. De modo que vamos a esperar que decante para ver por dónde va el rumbo del presidente de la República, particularmente en el tema Reforma Tributaria.

El gran acontecimiento de esta semana fue este. En cuanto a la opinión pública, tenemos mediciones más o menos anuales desde 1993 a 2007. La pregunta que se hace siempre comienza con algo que tiene que ver con alguna circunstancia presente. Por ejemplo, la última fue: “El Senado está discutiendo un proyecto de ley que permite a las mujeres recurrir al aborto dentro de las primeras 12 semanas”.

Daba a favor un rango de entre 55% (el mínimo registrado fue en 1993) y 63% (el máximo registrado fue en 2003). Hoy está en 61%.
En contra, el máximo fue de 38% (entre 1993 y 1997, más o menos constante) y el mínimo está ahora, en 27%. El “no opina” estuvo siempre entre el 6%, el 8%. Y este año subió al 12%.

Todos estos números indican que si hubiese un plebiscito o referendo, el resultado es claro: nunca menos del 60% a favor de esta solución, con un techo absoluto en contra de 40%; lo que lleva a que el resultado más probable esté en torno de 2 a 1.

Es muy categórico y esta es la razón por la cual la opción de que el pueblo decida no ha sido un camino recorrido por algunos que lo han proclamado en otras oportunidades.

EC - Una puntualización antes de seguir. Ya dijiste algo al pasar, pero las preguntas y las consultas que Factum ha hecho sobre este tema son bien precisas en cuanto a lo que se le requiere al encuestado. No es una pregunta genérica a propósito de un proyecto de ley de salud sexual y reproductiva.

OAB - No. La cantidad de preguntas que hemos hecho entre 1993 y 2007 es impresionante. Hemos planteado sobre todas las situaciones habidas y por haber con relación al tema, con distintas respuestas.

Precisamente, consideramos que hay dos formas de sesgar las respuestas. Una encuesta que vimos, sobre todo hace muchos años, decía –más o menos–: “Uruguay tiene el drama de la cantidad impresionante de abortos donde mueren mujeres. ¿Usted es partidario de que eso se despenalice?”. De ese modo se le creaba en la cabeza a la gente la idea de “qué horrible permitir esto”.

La otra forma de sesgar es preguntar: “¿Usted está de acuerdo en un proyecto de salud sexual y reproductiva que incluye…?”. Mucha gente piensa más en la salud sexual que en el aborto, el aborto se cuela de contrabando.

Cualquiera de las dos formas sesga. Es notorio. Una eleva el apoyo al proyecto a más de 70% y la otra lo deja por debajo de la mayoría absoluta. Pero esas no son preguntas con las que realmente se pretenda obtener lo que piensa la gente.
Esta es una cosa absolutamente concreta: “Esto que se está discutiendo, sobre esto estrictamente, ¿está a favor o en contra?”, de manera dicotómica, por sí o por no.

EC - En síntesis, en este asunto las opiniones están muy consolidadas...

OAB - Varias cosas. Son muy sólidas porque es muy bajo el “no contesta”. Un “no contesta” de esta magnitud, de entre 6% y 8%, incluso de 12%, es el que se obtiene sobre el presidente de la República, sobre cualquier presidente de la República, que es lo más visible en materia de pronunciamiento político.

Además ha habido una muy escasa variación en 15 años. No se han movido los grandes bloques. Uruguay ha tenido cambios políticos importantes, ha tenido cambios económicos, ha tenido mucha cosa entre 1993 y 2007 y esto no se ha movido.

Por otra parte, los encuestadores trasmiten que la gente cuando se le hace la pregunta contesta en forma rápida y sin dudar. No es un tema -como otros- en los que empieza a pensar: “A ver, en este tema, ¿cuál sería mi posición?”. La posición la tiene de antes y muy firme. No cambia al vaivén de los hechos políticos coyunturales o político- partidarios. Es la definición profunda por una cosmovisión. Y es producto de experiencia de vida directa, del entorno inmediato. Se puede decir que todo el mundo conoce a alguien de su cercanía que practicó un aborto, es un dato de la realidad de este país. Incluso una parte considerable de quienes se oponen al aborto declara conocer a alguien de su entorno inmediato que lo practicó. Este es un hecho muy fuerte en este tema.

EC - Entonces, ¿cómo se entiende la disociación que se da entre lo que una encuesta verifica durante años en cuanto al estado de la opinión pública en este tema y el resultado cuando se vota en el Parlamento?

OAB - Hay explicaciones muy coherentes. No hay ninguna cosa ilógica.

En primer lugar, en este hecho, como en otros, se da la confrontación entre lo que podemos llamar el poder de minorías militantes y comprometidas fuertemente con una causa contra mayorías silenciosas.

En gran parte del sector que está en contra de despenalizar el aborto, en contra del aborto –no me refiero a un grupo de militantes–, las posiciones son muy fuertes, muy asumidas. Esa gente considera que es un tema que la compromete por encima de cualquier otro. No ocurre en términos significativos del otro lado.

En el campo de quienes están en contra del aborto, las personas están dispuestas al cambio de voto, a decir “yo no voto a este candidato, no voto esta lista, no voto este sector, y hasta me cambio de partido” si hay o predominan candidatos o si el candidato principal va a apoyar la despenalización del aborto. Esto está medido, es visible.

No se ve la conducta contraria, y es notorio que no se ve, sobre todo cuando observamos al Frente Amplio, que llevó un candidato a presidente que dice que está dispuesto a vetar. Nadie dijo: “Entonces no lo apoyo”. Lo cual es legítimo. El no aceptar esto tiene que ver con un tema de prioridades. Si alguien dice que lo más importante para el país, del lado del Frente Amplio, es cambiar el gobierno, que ya no gobiernen más los partidos tradicionales, que el gobierno pueda llevar adelante planes contra la pobreza, por la equidad social, por la transparencia, por una mayor independencia del país, puede decir: “Quisiera incluir también el tema del aborto, pero si en esto no podemos ir adelante no vamos a comprometer todo lo demás”. Por ahí anda el razonamiento.

Del otro lado, hay mucha gente que ha condicionado incluso acuerdos políticos a votar en contra de todo lo que facilite el aborto. Es distinto el lugar en que se pone en las prioridades políticas. No es lo mismo decir “no acepto ser candidato si se apoya el aborto”, que decir que son más importantes otras cosas.

Esto es lo que explica esta disociación. Son muchos los temas. La izquierda en Uruguay cuando era minoría, y una fuerte minoría, tenía un gran poder sobre grandes mayorías por la gran convicción de ser una minoría militante que condicionaba a la gente en el accionar. Mientras las mayorías no se jugaban a veces por muchos temas.

EC - Ahora se da lo contrario, al menos en este tema...

OAB - Lo contrario en el sentido de que buena parte de la izquierda está en el tema. Es uno de los tantos asuntos en que no importa el posicionamiento derecha-izquierda, conservador-progresista, lo que importa es que hay una minoría militante muy comprometida, que por ese compromiso tiene un poder claro de bloqueo, frente a una mayoría que no tiene el mismo nivel de compromiso, que no se juega de la misma manera.

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EC - A partir de esta aparente disociación entre la sociedad y el sistema político en cuanto a la despenalización del aborto, ¿qué conclusiones sacas?

OAB - Yo diría que por un tiempo –quizás por un largo tiempo– lo previsible, guste a unos y disguste a otros, es el mantenimiento de este statu quo. Es muy difícil que haya cambios significativos.

EC - Es decir que no se van a aprobar normas de despenalización...

OAB - No se ve que - por un tiempo- el Parlamento apruebe y se transforme en ley. Que lo apruebe la Cámara de Senadores y la Cámara de Representantes –o al revés– y lo promulgue el Poder Ejecutivo. Se ve difícil. Hasta ahora se veía un Parlamento que aprobaba la ley y un presidente de la República que creaba el conflicto político interno en la izquierda con observaciones a la ley, lo que vulgarmente se llama el veto. Pero resulta que la ley ni siquiera salió del Senado, porque votó en contra la totalidad del Partido Nacional, se opuso la totalidad del Partido Colorado –unos votando en contra y otro con el acto decisivo al irse de sala para bloquear la aprobación de la ley– y votaron en contra dos tercios de Asamblea Uruguay. Es muy fuerte esto. En la izquierda muchos esperaban que saliera del Senado y de la Cámara –ahí parecía más fácil la mayoría– y pensaban que el problema estaría en el posible veto presidencial. Pero ni siquiera salió del Senado.

Lo que se ve es un bloqueo muy grande en el sistema político. A quienes están del lado contrario de este statu quo (vale decir los partidarios de avanzar en permitir el aborto con cierta libertad dentro de las 12 primeras semanas de embarazo) el único camino que les queda es apelar directamente a esa ciudadanía que tiene posición clara de 2 a 1. Y el camino no es el escenario más favorable. Porque es intentar un plebiscito constitucional, es decir, hacerlo mediante una reforma de la Constitución que consagre este derecho en la carta magna, como lo hicieron los dos plebiscitos de los jubilados, el de 1989 y el de 1994 y el de agua que se aprobó en 2004. Pero también hay que recordar el de la educación, que naufragó en 1994. Es decir, ha habido triunfos y naufragios en este camino.

Es un camino riesgoso, porque no es lo mismo un acto plebiscitario o refrendario independiente, donde lo único que se discute es eso, se va a las urnas y ahí están el “sí” y el “no” sobre ese tema, que un plebiscito que queda subsumido dentro de una campaña electoral, en la que además de votar partidos, lemas, listas, sectores, candidatos, va un “sí” a una reforma que no necesariamente es un eje en la campaña electoral. Porque muchos pueden temer perder votos si hacen énfasis en ese tema. Algunos pondrán en el sobre el “sí” y otros “no”. Algunos dirán: “Si ponen el `sí´ los dejo de votar”. No es el clima más favorable dentro de los caminos plebiscitarios o refrendarios. Pero al sector partidario de liberalizar el aborto no le queda otra en el corto plazo.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 19  - 2007