Una semana de fuertes señales
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Estos últimos días ha ocurrido una serie de hechos de alta significación, desde el cambio de comandante en jefe del Ejército hasta la declaración de esencialidad de servicios en el transporte de carga. “Una semana de fuertes señales”, ese es el título que nos propone hoy el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum.

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Oscar, si te ponés a hacer un resumen de los hechos de los últimos días, se nos va la mañana.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Es para un libro.

EC - Qué días tan intensos, qué semana tan fuerte.

OAB - Fue una semana muy fuerte, cada tema da para un análisis muy particularizado. Surgen señales fuertes, importa salir de las anécdotas y ver esas señales de los últimos ocho días.

Sin duda la primera es un gobierno y un presidente que mandan. Dos acciones que tomó el presidente de la República, la de relevar al comandante en jefe del Ejército y la de declarar la esencialidad de algunos servicios de transporte, corresponden a un presidente que juega muy fuerte. Pueden discutirse muchas cosas sobre esto, para empezar los niveles oscuros que hay detrás de la publicación de la reunión del comandante en jefe del Ejército con el presidente Sanguinetti, por qué alguien quiso publicarla para provocar un hecho político. Era un asado en la casa del comandante con otros dos generales y un ex ministro de Defensa, no estaban a medianoche en un lugar oscuro para que nadie los viera.

Puede discutirse por qué el presidente optó por este camino fulminante. Si hubiera estado en Montevideo en vez de en Cabo Polonio tal vez podría haber hablado primero con el comandante, podría haber calibrado bien sus intenciones e incluso podría haber jugado a que estaba enterado de las reuniones y de ese modo podría haber desactivado el juego que implicó la publicación, porque el juego fue difundir la reunión.

Lo claro es que no dejó pasar el acontecimiento, jugó fuerte. En el caso del Ejército habrá que ver más adelante con mucho detenimiento los costos para el presidente de lo que hizo, pero también lo que obtuvo en la medida que siguió jugando fuerte después al nombrar al último de la cola como nuevo comandante en jefe.

Este primer acontecimiento se vio favorecido porque los transportistas de carga jugaron con mucha premura, prácticamente iniciaron el conflicto como primera medida grande diciendo que la propuesta del gobierno no era mala sino insuficiente, con una paralización general por tiempo indeterminado, con bloqueo de puntos como el acceso al puerto y a la planta de combustibles, lo cual era un despropósito si se tiene en cuenta la distancia entre los reclamos y lo que proponía el gobierno. Tomaron un tipo de medidas que normalmente se toma cuando se está ante un gobierno con el cual no se tiene ningún punto de contacto. Eso sin duda favoreció que apenas el presidente jugara fuerte y recurriera al decreto de esencialidad rápidamente se desactivara el paro.

EC - Tanto en el episodio del comandante en jefe como en el paro de los transportistas de carga la señal es que hay un gobierno que manda.

OAB - Un gobierno que manda, un presidente que manda y dos ministros que aparecen muy fuertes, Azucena Berrutti y Víctor Rossi. De paso recordamos que hace cerca de un año en un análisis que hicimos de figuras del gobierno señalamos a Rossi como un ministro que estaba deliberadamente en silencio y dijimos que a fines del año siguiente –refiriéndonos a este año– iba a aparecer fuerte en escena, y apareció.

EC - ¿Qué otras señales dejan estos días?

OAB - El perfil “obrerista” del gobierno. Mucha gente, sobre todo de la oposición y del mundo empresario está viendo que el gobierno no tiene exactamente la misma vara cuando se trata de conflictos sindicales que cuando se trata de conflictos de gremios empresariales. Concretamente, no le pareció esencial asegurar el abastecimiento de leche y que no se derramara leche, y sí le resultó esencial que pudiera haber otras cosas en peligro por un paro del gremio de los transportistas de carga. Esto es señalado por muchos y es así. Es un gobierno que mira a los sindicatos de trabajadores y a los gremios empresarios con diferente distancia, sin ninguna duda tiene una actitud más cercana, más comprensiva o más tolerante con los sindicatos de trabajadores que con los gremios empresarios. Es una importante definición que hace el gobierno.

EC - Seguimos con las señales, pasamos a la oposición. ¿Qué notaste de ese lado?

OAB - Una oposición que comienza a existir. Si algo veníamos diciendo era que el gobierno tenía toda la controversia dentro, que no tenía una oposición exitosa, una oposición que le creara dificultades. Acá existió oposición. Primero apareció contrariedad en el plano corporativo, en el gremio del transporte y en el gremio de taxis brevemente, jugando fuerte. Y en las últimas semanas empieza a existir una oposición política que está golpeando fuerte dentro del normal juego gobierno-oposición. Habíamos olvidado que los gobiernos siempre tienen enfrente una oposición.

EC - ¿Cómo quedó la relación gobierno-oposición?

OAB - Da la impresión de que así como todos olvidamos que hay una oposición y cada vez que hacemos un análisis político hablamos del gobierno y nada más que del gobierno, de las distintas tendencias y las contradicciones dentro del oficialismo y cómo luego resuelve los problemas, también el gobierno olvidó que debe existir una oposición y ha reaccionado con una fenomenal crispación. Fue una jugada muy fuerte en el plano corporativo pero reaccionó con criterios del tipo “¡qué horror lo que está pasando en el país!” ante reacciones fuertes de la oposición. El gobierno queda descolocado, juzgando como absolutamente ilegítimo todo tipo de acto de protesta que no surja de la propia izquierda.

EC - Si miramos al movimiento sindical, ¿qué señales sacaste de ese lado?

OAB - Hubo un cambio significativo: el movimiento sindical uruguayo asume una postura oficialista explícita. Hay que ser muy claro en el uso de los términos porque a veces la palabra oficialismo se interpreta como que el gobierno maneja cual titiritero a los sindicatos, que les da órdenes, o como que los sindicatos hacen seguidismo del gobierno. Esa sería una lectura simplista o muy reducida de la palabra oficialismo. Cuando hablamos de oficialismo –las declaraciones de muchos dirigentes han sido muy claras al respecto– tenemos que ubicarlo en estos términos: en los hechos normales los sindicatos van a seguir teniendo con el gobierno la misma relación que han tenido desde el 1 de marzo del año pasado hasta ahora, va a haber los mismos problemas, sobre todo en los sindicatos del Estado, de la enseñanza y otros que tengan que ver con la acción o las decisiones estatales. Pero cuando los sindicatos consideran que el gobierno tiene ciertas debilidades, cuando hay una oposición que a su juicio traspasa determinados límites, cuando consideran que hay determinados riesgos desde el punto de vista de la fortaleza del gobierno, van a salir fuerte a defenderlo con todo su peso. En este sentido los sindicatos han dado un paso inequívoco de definirse como oficialistas, como parte en un conflicto gobierno-oposición cuando la situación pasa determinados límites.

EC - ¿Cómo viste la teoría de la conspiración que ha estado en discusión todos estos días?

OAB - Primero que nada hay que tener en cuenta que más allá de que pueda ser jugada con una finalidad estratégica, de juego político, de amedrentar a la oposición, lo importante es tener en cuenta que en muchos sectores del gobierno, de la izquierda, particularmente en dirigentes sindicales, hay la convicción de que existe una conspiración contra el gobierno. Para algunos se trata incluso de una conspiración internacional, Sanguinetti y Fernando Henrique Cardoso prácticamente elaborando planes en conjunto. Esa convicción existe en mucha gente de izquierda.

En general en los gobiernos siempre hay, en mayor o en menor medida, gente que tiene la teoría de que del otro lado están conspirando y esa conspiración siempre tiene un director al cual se trata de identificar, sea un país extranjero, un dirigente político nacional o algún grupo de gente en algún lado. Pero el gobierno llega a la convicción de que todo lo que le puede ocurrir en contra se debe a conspiraciones cuando los hechos vienen de fuera de la izquierda. Porque también se podría haber dicho que había una conspiración para desestabilizar al gobierno cuando había una suma de conflictos que estaba dificultando mucho el accionar del gobierno, desde Dancotex en adelante, ahora el conflicto de Conaprole, sin embargo la conspiración se ve cuando es gente del otro lado de la barrera según esa visión dicotómica.

La teoría de la conspiración refuerza la visión dicotómica, de un país dividido en dos, y cuando se tiene esa visión dicotómica no se escapa a decir que los buenos están de un lado y los malos del otro. Esta forma, de mantenerse, lleva a la crispación del país, a romper lazos entre gobierno y oposición. En general parecería que a este gobierno a la larga eso no le sirve. Hay gobiernos a los cuales la dicotomía buenos contra malos les sirve, como fue el caso del gobierno de Pacheco Areco, pero parecería que a este gobierno no le es funcional jugar de una forma dicotómica y confrontacional. Las dirigencias políticas tienen que evaluar cuánto les conviene y cuánto no y analizar con mucho detenimiento cuánto hay de real y cuánto de temores fuertes que no coinciden exactamente con la sucesión de hechos.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 27 - 2006