El particular momento que vive el presidente de la República
Oscar A. Bottinelli. 
Versión corregida por el expositor

Empecemos retomando lo que vimos el viernes pasado: qué pasa con la opinión pública. Habíamos dicho que el desempeño del presidente es aprobado por el 57% y el del gobierno por el 41%. Dijimos que la política económica está más abajo, en el entorno del 30% de la aprobación, y que la política de seguridad pública tiene una aprobación en el entorno del 20%.

Recordamos estas cifras porque sorprende que el presidente de la República salga de esta manera en un momento en que tiene un gran apoyo de opinión pública, aunque no tanto su gobierno y algunas de sus principales políticas.

Esto nos lleva a lo siguiente. Si yo tengo que hacer una clasificación científica de gobierno y oposición con estas cifras, encuentro que un 40% no aprueba al presidente, que un 20% aprueba al presidente pero no al gobierno, que otro 10% aprueba al presidente y al gobierno pero no sus políticas económica y de seguridad, otro 10% aprueba al presidente, al gobierno y la política económica pero no la política de seguridad pública, y finalmente hay un 20% que aprueba la política de seguridad pública, además de aprobar al presidente, al gobierno y la política económica.

Entonces, ¿qué es la oposición? ¿El 40% que no aprueba al presidente o el 80% que no aprueba la política de seguridad pública aunque apruebe al presidente, el gobierno y la política económica? Es muy grande el margen. La gente de a pie, la gente sencilla, la que constituye la opinión pública, está matizando mucho los juicios sobre oposición y oficialismo y es muy amplio el rango que va diciendo “esto sí, esto no, esto me gusta, esto no me gusta”.

Si ponemos el énfasis en la política de seguridad pública, que fue el ejemplo que puso el presidente cuando hizo la acusación a los principales medios de comunicación del país, tenemos que el 80% está en la oposición; pero si tomamos el juicio sobre el presidente, está sólo el 40%.

Es un buen punto de partida para ver lo difícil que es hablar de qué es oficialismo y qué es oposición desde el punto de vista de los juicios externos al gobierno.

Además de lo que ya dije anteriormente, es muy difícil la tarea de clasificar qué es oposición y qué es oficialismo. Por ejemplo, con respecto al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, ¿opositor es el que se opone al tratado que están impulsando el ministro de Economía, el ministrode Industria y el vicepresidente de la República, u opositor es el que se opone a la línea de la Cancillería, que está frontalmente en contra del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y operando hacia un fortalecimiento del Mercosur como forma alternativa? En la Reforma Tributaria, ¿dónde está el oficialismo y dónde la oposición? ¿Es opositor el que se opone a la Reforma Tributaria que impulsa el Poder Ejecutivo –porque la reforma es enviada al Parlamento por el Poder Ejecutivo con las firmas del presidente de la República y del ministro de Economía– o el que se opone al Frente Amplio, cuya abrumadora mayoría de legisladores está en una línea diferente de la de la Reforma Tributaria? Estamos viendo que en temas clave del país se puede ser oficialista u opositor según qué parte del gobierno o de la mayoría se tome.

Segundo punto, lamentamos que el presidente no haya presentado la metodología y los elementos que utilizó para ver si su análisis está bien hecho, mal hecho, si tiene errores metodológicos, porque un repaso que hicimos estos días no nos permite ni de cerca, con las dificultades que implica clasificar oposición y oficialismo, llegar a la conclusión a la que él llegó.

La percepción es que cuando el presidente habla de oposición y oficialismo se refiere a si él es alabado o criticado. Entonces ahora viene a colación un hecho: cuando un gobernador de provincia –que es un individuo importante en su provincia pero en política exterior es algo muy menor– atacó éticamente al presidente de la República, Uruguay retiró a su embajador, lo cual es el paso previo a una ruptura de relaciones; pero cuando se bloquearon los puentes, lo cual es un acto cuasi bélico, Uruguay mantuvo el embajador y negoció. Esto muestra que en la prioridad del presidente es mucho más grave el ataque a su persona que la situación contextual del país, entonces quizás esté viendo como oficialismo y oposición lo que él sienta como halago o crítica a su persona o su gestión.

Una señal muy importante es lo que surge como una visión dicotómica, polarizante de la sociedad. Las visiones polarizantes pueden partir de un concepto de lucha de clases para el cual existe "La Derecha" de un lado y "La Izquierda" de otro: lo que no está en la derecha está en la izquierda y lo que no está en la izquierda está en la derecha. El mismo esquema, cambiando los actores y los fundamentos, es cuando la visión polarizante ubica –o ubicaba antes– "La Democracia" de un lado y "El Comunismo" del otro, "La Patria" de un lado y "La Subversión" del otro; todo el que no está con "La Patria" está con la subversión, incluyendo en "La Subversión" a monseñor Partelli y a Carlos Julio Pereyra. Es la visión de Bush cuando se refiere al 11 de setiembre y dice: “el que no está con nosotros está contra nosotros”. Son formas de ver una sociedad. No es una visión buena ni mala, a unos les gusta y otros prefieren otra; es una concepción de la sociedad, de las relaciones personales, que se opone a la concepción de quienes ven la sociedad más matizada, con verdades más difusas. Cada visión contribuye a que la sociedad sea más polarizada o más consensual.

Pero esta actitud dicotómica, polarizante, del presidente de la República no es nueva, porque también figuras que hoy están en la oposición en los últimos dos años han juzgado en forma descalificante las encuestas que no dan lo que les gusta, descalificando éticamente a los que las hicieron. Aunque las encuestas coincidieran con el electorado, se descalifica éticamente a los encuestadores. Esa también es una visión polarizante y que contribuye a una sociedad polarizante.

En las propias filas de la izquierda surgió la figura del diputado Gamou, una figura importante del Movimiento de Participación Popular (MPP), un hombre de la ciencia política, que dijo: cuidado con la teoría de la conspiración, con estar viendo siempre una conspiración de los medios contra nosotros.

Con respecto a sociedades polarizantes, no hay que creer que una sociedad polarizante es sinónimo de dictadura o de opresión y que una sociedad consensual es sinónimo de democracia. Entre los regímenes que genéricamente calificamos como democráticos tenemos el caso de España. Si seguimos la política española, vemos el nivel de calificaciones entre el presidente del gobierno y el jefe de la oposición, entre el partido de gobierno y los partidos de oposición, no hay casi espacio para nada que no esté de un lado o del otro.

Cuando vemos en el Canal 24 horas de la Televisión Española mesas redondas con participación de representantes políticos y representantes de los medios de comunicación, si no dicen quién es quién cuesta distinguir quién representa a un partido y quién a un medio de comunicación, porque los medios se embanderan con la misma fuerza que los partidos políticos y polemizan como si fueran actores políticos. Es un tipo de sociedad. El tema es si Uruguay es eso o debe ser eso.

¿Cuál es la tradición de Uruguay en esa materia?Obviamente hemos tenido períodos altamente polarizantes, pero la tradición más sostenida en el tiempo, en el último siglo y en toda la posdictadura, lo que dominó desde la reforma constitucional del 18 hasta los años 30, fue la búsqueda de la consensualidad, la búsqueda de entendimiento del otro, que se expresó de muchas formas, como coparticipación, concertación, entendimiento nacional, en un país que buscaba la no polarización.

Una última señal es que el presidente dice: “yo como cualquier ciudadano”. Desde un punto de vista estrictamente técnico el presidente comete un error, él no es un ciudadano común, es un jefe de Estado. Un jefe de Estado tiene un conjunto de prerrogativas y de limitaciones diferentes de las del ciudadano común. Más en un país en el que a los jefes de Estado se les prohíbe integrar la dirección de un partido político, se les da un lugar por encima de los partidos políticos. Dentro de pocas semanas vamos a tener la Cumbre Iberoamericana, y entre los colegas que vienen estará el rey de España ¿alguien se imagina al rey de España, que es colega del presidente Vázquez, jefe de Estado como él, diciendo “este medio, este medio y este medio son opositores”?

Las declaraciones se han presentado como sorpresivas, no esperadas, porque el presidente vive un momento por un lado muy especialmente favorable de la opinión pública. Pero vamos a contextualizar y hacer rápidamente un inventario de problemas que afectan al presidente, mencionando titulares: problemas en lo internacional, en lo interno del país pero externo a su gobierno, y en lo interno a su gobierno y su partido político.

En lo internacional: la controversia con Argentina, que está lejos de todo entendimiento, con el juicio pendiente en La Haya; el tema de la pertenencia al Mercosur y el funcionamiento del mismo; y el tema de las negociaciones con Estados Unidos y los compromisos que pudiera haberse asumido o estén en curso de asumirse con Estados Unidos.

En lo interno del país pero ajeno al gobierno, con relación a los actores corporativos o actores sociales: PIT-CNT, paro general y movilizaciones; COFE, paro, movilizaciones; trabajadores del transporte, paro por un hecho que inmediatamente sensibilizó a los trabajadores del sector que sienten una situación de inseguridad pública; jubilados, amenazando ocupar el Banco de Previsión Social; Asociación Rural; Federación Rural y endeudamiento agropecuario; cámaras empresariales industriales y comerciales, ocupación de empresas y tema Dancotex en particular; Unión de Exportadores, particularmente con el tema rebaja de las devoluciones por exportaciones; problemas con el Poder Judicial, si hubo o no interferencias, si los jueces debían actuar o no en el caso del retiro de las máquinas de Dancotex; falta de votos para nombrar fiscal de Corte… Es una lista que prácticamente cubre actores corporativos y sociales (y en el último caso actores políticos) de la totalidad del espectro ideológico, social o de intereses.

En lo interno del Frente Amplio, la ruptura del monolitismo o del verticalismo monolítico que teníamos en diciembre cuando el presidente dijo “se terminó, se aprueba el tratado de inversiones” y se aprobó. Ahora están operando siete corrientes en el Parlamento que van cambiando sus alineamientos, en un momento en la reforma tributaria eran cuatro contra tres y ahora hay seis corrientes contra una sola que defiende la reforma tal cual la envió el Poder Ejecutivo. El difícil nudo del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos; el difícil nudo del endeudamiento agropecuario; la anunciada salida de Mujica del gobierno y la clara autonomización del MPP con una formidable presencia numérica en las dos cámaras, particularmente en la de Diputados, que está marcando cada vez más su perfil diferente del presidente de la República y el gobierno.

Habría que analizar lo que se llamó los temores del presidente, observando la forma en que se está incrementando la seguridad presidencial, con 19 guardias privados además de la custodia policial, una red de cámaras de vigilancia en su domicilio y policías que duermen en el jardín de su casa, una cantidad de patrulleros, prohibición de sobrevolar Anchorena y navegar el río San Juan. Tenemos un presidente que está exhibiendo un nivel de temores y una necesidad de reforzamiento de su seguridad que no se veían desde la restauración democrática.

La conclusión de todo este episodio es que el presidente en todo este contexto, pese al apoyo mayoritario de la opinión pública a su gestión personal, está emitiendo una señal de debilidad personal. Cuando lo que aconsejaría la técnica de manejo del poder sería aprovechar este espacio de opinión pública que tiene por encima de todo el gobierno y, frente a todos estos frentes abiertos que tiene - sociales y políticos, internos y externos - dar señales como conductor, señales de que va a marcar el rumbo y llegado el momento decir “la reforma tributaria es ésta”, “con el Mercosur o con Estados Unidos se hace esto”, ir poniéndose delante de todos los conflictos y resolviéndolos, para lo cual necesita exhibirse como un hombre tranquilo y fuerte, no nervioso y débil como se vio los días lunes y martes pasados.

Esto es particularmente significativo y preocupante ya sea que se den las condiciones para acordar con Argentina, ya sea que se reproduzca el enfrentamiento, en cualquiera de los dos casos hoy el presidente está en una situación de debilidad que contrasta con la fortaleza y el apoyo que tuvo cuatro meses atrás, en el momento crucial del cierre de los puentes.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 30 - 2006