Cinco señales sobre los poderes públicos
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Esta ha sido una semana cargada de acontecimientos. Uno de los hechos relevantes, sin duda, fue el condena con prisión del director de la Dirección General Impositiva (DGI), Eduardo Zaidensztat. Condena a cinco meses de prisión en suspenso, fue lo que resolvió la justicia, mientras que desde el ámbito político, sobre todo desde el gobierno y las más altas autoridades, Zaidensztat recibía el respaldo más contundente que se haya visto. A propósito de esta situación, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone hoy: “Cinco señales sobre los poderes públicos”.

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OSCAR A. BOTTINELLI:
Empecemos con una introducción. Los actores públicos –políticos o no políticos– muchas veces no son conscientes de la multidimensionalidad, de las distintas dimensiones, de las señales que emiten. Uno se concentra en su tema, lo maneja unilateralmente, razona en torno a eso, y pierde de vista que lo que hace tiene otras señales y otras interpretaciones. Esta ha sido una semana no sólo cargada de hechos –los ha habido de todos los colores–, sino símbolos en este propio tema, en todo lo desprendido o en torno del juicio penal al director de la DGI, Eduardo Zaidensztat.

EC - ¿Cuáles son las señales que salen luego de este episodio, según lo que decías?

OAB - Una primera señal es esta del pensamiento unidimensional, la pérdida de multidimensionalidad, que fue objeto de un análisis detenido que hicimos aquí el 21 de octubre. El sistema jurídico es un entramado de equilibrios, de derechos y obligaciones, y cuando se analiza una sola parte siempre se tiende a ver esa parte por encima de las otras.

El año pasado veíamos un avance hacia que las obligaciones fiscales se consideraran por encima de todos los demás derechos humanos y libertades sustanciales, que la indagación tributaria estuviese por encima del secreto entre padres e hijos, entre cónyuges, del secreto de confesión, del secreto entre médico y paciente o el cliente, incluso del secreto del periodista para poder informar.

Esta unidimensionalidad llevó hace pocos meses a sostener una posición contraria a algo que desde el punto de vista del derecho liberal es un elemento sustancial, que es que la inocencia se demuestra, se llegó a sostener que si se presume una defraudación el defraudador tiene que demostrar su inocencia, lo que se llama la inversión de la carga de la prueba. La primera señal que contextualiza esto es partir de la existencia de un pensamiento unidimensional que hace caer el equilibrio entre derechos y obligaciones.

EC - ¿Cuál es la segunda señal?

OAB - La segunda señal es la existencia misma y la aplicación del delito de desacato. Hago la diferencia entre la existencia misma y la aplicación porque en derecho lo primero que se estudia es que las leyes no se derogan por desuso, cosa que es real, pero ¿alguna vez alguien oyó o puede pensar que un juez procese a alguien por incitar a la lucha de clases, delito que todavía existe en el Código Penal? Hay delitos que razonablemente se dejan de aplicar o se adaptan. Recuerdo que el juez Guillot decía que a nadie se le ocurre hoy procesar a alguien por tener relaciones con una mujer virgen bajo promesa de matrimonio, a nadie se le ocurre hoy que el acto sexual se consume porque hubo una promesa de matrimonio. Son cambios que se producen.

EC - El delito que ha estado en juego aquí es desacato por ofensas.

OAB - No hay que confundir, hay gente que cree que es como cuando se dice vulgarmente “se desacató”, agarró y le dio una trompada. Es el desacato como menoscabo de la autoridad, como menoscabo de la función o la jerarquía. El delito de desacato viene desatando desde hace tiempo severas protestas de las organizaciones defensoras de libertades, sobre todo de la libertad de opinión, del periodismo, en el ámbito internacional y ya más de diez países lo han eliminado por considerarlo atentatorio contra la libertad de prensa y la libertad de expresión del pensamiento. Más allá de que el delito de desacato exista, su aplicación es una señal que se envía de un país en el cual se puede procesar personas en el límite entre lo que puede ser la ofensa delictiva y la libertad de opinar o de valorar la actuación de actores públicos, como son los magistrados.

EC - Vamos a la tercera señal.

OAB - La tercera señal es que por la forma como se ha procesado todo esto aparece un poder político que amenaza o que presiona al Poder Judicial. Recordemos que en América Latina hay mucha preocupación por poderes judiciales poco independientes, muy presionados desde el poder político y desde el gobierno, con mucha intromisión política. Veamos lo que es la historia del Poder Judicial en Argentina y su relación con el poder político. Cuando en un país vecino se empieza a ver al poder político atacando a los jueces o a un juez se puede tender a ver muy rápidamente que aquí puede ocurrir lo mismo.

A propósito de las declaraciones del director de DGI hay que entender –es una diferencia importante– que no fue el contador, la persona física del contador Eduardo Zaidensztat, el que emitió juicios sobre un juez, sino el director de la DGI. Esto puede interpretarse como una presión de la DGI hacia un juez: si yo denuncio usted procese, si no salgo públicamente a incendiarlo.

Además el respaldo público del ministro de Economía –y digo público porque otra cosa es el respaldo privado, humano, que se puede dar a una persona culpable de lo que sea, eso entra en el plano de las relaciones humanas–, del presidente de la República, de los senadores del oficialismo con la prensa para demostrar que hacía ese respaldo es un acto político de señal, de presión del poder político hacia el Poder Judicial.

EC - Seguimos repasando señales, vamos a la cuarta.

OAB - La cuarta señal es la de un Poder Judicial que se defiende a sí mismo y sobredimensiona o puede sobredimensionar su honor. Y aquí no se está hablando de la técnica jurídica sino de lo que la gente percibe, juzga y habla. Resulta que quien hace una gran maniobra de defraudación –porque no fue que omitió una boleta–, que hace todo un proceso, incluso con diseño de un software para defraudar, puede ser procesado sin prisión, mientras que alguien que persigue a los defraudadores y en un rapto de rabia opina mal de un juez es procesado con prisión, aunque sea en suspenso.

EC - Porque finalmente Zaidensztat no fue preso.

OAB - Pero el procesamiento es con prisión. Una cosa es ir preso y otra es ser procesado con prisión, se puede ser procesado sin prisión y ahí la falta de prisión está en el procesamiento mismo, o se puede ser procesado con prisión y así como alguien puede ir preso y a los cinco días suspendérsele la prisión, se la suspender en el mismo acto como se hizo aquí. Desde el punto de vista de lo que vulgarmente se llama el castigo aparece más grave lo de Zaidensztat que toda una red de defraudación. Esto para la opinión pública aparece como un Poder Judicial actuando muy corporativamente.

EC - Vamos a la última señal.

OAB - La última señal la planteamos como señal y como duda, como una pregunta que queda. Esto se discutió muchísimo, lo analizamos acá varias veces con relación a la forma como se conducía Germán Rama, que a uno le sugiere un parecido con la forma como se mueve Eduardo Zaidensztat.

EC - Germán Rama cuando fue director general del Codicen.

OAB - Era bastante unidimensional, todo tenía que ver con la educación, se estaba hablando de la reforma impositiva y pronunciaba frases como aquella contra productores los rurales diciendo que si hubieran estado en el Titanic habrían dicho: “Mujeres, niños y productores rurales primeros a los botes”.

Más allá de la reforma Rama, que es muy discutida, hay quienes hacen valoraciones muy positivas y quienes las hacen muy negativas, lo cierto es que es gente de visión un poco mesiánica. ¿Pero se pueden obtener grandes resultados si no es a través de la confrontación y la unidimensionalidad? ¿Con más calma también se pueden obtener resultados? Muchos sostienen, sobre todo desde el oficialismo, que no se pueden discutir los resultados que está consiguiendo Zaidensztat. Está fuera de discusión la efectividad que ha adquirido la DGI en los últimos tiempos, particularmente a partir de la reforma, todo un proceso que empezó en el gobierno anterior y sigue en el actual bajo la batuta de Zaidensztat. Entonces la duda es si no es consustancial a determinados resultados la acción de estos personajes de características fuertes y controversiales.

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EC - ¿Cuáles serían las conclusiones a partir de esas cinco señales?

OAB - La conclusión es que los actores públicos deben tener cuidado con la emisión de este tipo de señales, sobre todo cuando se acumulan tantas y en tantas direcciones. Los riesgos son por un lado dar señales que puedan deteriorar la imagen del país si se leen muy en borrador, pero también deteriorar la imagen de los poderes públicos dentro del país, ante los propios uruguayos. Estos son los riesgos de este tipo de señales que los actores públicos deberían cuidar mucho.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
junio 9 - 2006