La reelección del presidente de la República
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
El domingo pasado el ministro de Ganadería, José Mujica, hablando como líder del MPP, planteó públicamente la posibilidad de la reelección de Tabaré Vázquez. Un año antes, comentarios del mismo tenor había realizado Jorge Vázquez, hermano del primer mandatario y prosecretario de la Presidencia de la República. A propósito de estos hechos, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone su análisis político de hoy: “La reelección del presidente de la República”.

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Oscar, me acuerdo de Giovanni Sartori...

OSCAR A. BOTTINELLI:
El politólogo italiano que vino acá traído por El Espectador.

EC - Claro, en 1998, cuando El Espectador celebró sus 75 años con aquel ciclo de conferencias, entre los invitados estuvo el politólogo italiano Giovanni Sartori. Y comentando su venida, el 27 de octubre –para eso están los archivos– te anoté: “Otro día podemos comentar el interrogatorio fuerte al que te sometió Sartori el domingo por la noche en la cena de bienvenida, cuando quería saber, por ejemplo, por qué en Uruguay no se instalaba la posibilidad de la reelección del presidente”.

OAB - Exactamente. En Uruguay acababa de quedar descartada toda versión posible con frases muy contundentes de Sanguinetti en contra de la reelección en general y de la suya en particular. Pero en América Latina se vivía un auge reeleccionista y de discusión a favor de la reelección presidencial, y Sartori tenía la inquietud de ver a Uruguay como un país muy anclado en la no reelección, y en el Belmont House yo estaba frente a él e insistía, yo cambiaba de tema y él volvía con la reelección presidencial.

Más allá de cómo lo planteó Mujica, hablemos primero de la reelección del presidente de la República, quién sea y dónde sea.

EC - La discusión política, constitucional…

OAB - Y politológica. En términos genéricos y muy apretados podemos decir que a favor de la reelección hay en principio tres grandes argumentos.

Uno es aprovechar la continuidad de una labor, porque en general se pierde un tiempo importante en sentarse en el sillón presidencial, armar el equipo, empezar a encarar los planes, y cuando el presidente quiere acordar se le fue la mitad del período en la etapa previa. Entonces (se puede buscar) alargar ese período, previo juicio de la gente a mitad de camino, aprovechar la experiencia que fue acumulando el equipo, concluir planes, programas y obras que en general quedan abiertos y les falta un cierre.

Una segunda línea tiene que ver con un ángulo muy práctico –acá vienen el planteo de Mujica y todos los planteos de Uruguay–, dar solución a problemas de liderazgo, porque en general los presidentes de la República cuando ejercen el cargo son líderes muy fuertes de sus respectivos partidos, generan un gran vacío, hacen mucha sombra y se complica el tema de las candidaturas, ya sea para el partido o para el sector del presidente. Mujica dijo “esto nos resuelve un problema”; pero todos los que han planteado la reelección de un presidente siempre lo han hecho para solucionar un problema de su partido o de su fracción.

Y tercero porque lo que podemos llamar los vicarios, las personas puestas en lugar de, en general han fracasado, fracasan porque o no son buenos candidatos desde el punto de vista electoral y pierden, aunque de repente podrían ser excelentes gobernantes, o porque si llegan a triunfar pierden la lealtad a su antecesor –esto es una regla que tiene muy pocas excepciones en el mundo– y por lo tanto no se asegura la continuidad absoluta del mando del mismo líder, porque el que lo sigue va a querer marcar su propia impronta.

Estos son los tres argumentos, muy sintéticos, hay mucho más a favor.

EC - ¿Y cuáles serían los argumentos en contra de la reelección presidencial?

OAB - Los argumentos en contra tienen que ver con tres o cuatro líneas.

La primera es la idea de que un presidente reelegible puede pasar a estar en una posición hegemónica, que se puede ir camino a una figura autoritarista, un partido dominante, un presidente hegemónico; una dirigencia oficialista que termina formando una oligarquía política muy difícil de remover, lo que se llama el porfirismo, refiriéndose a Porfirio Díaz, presidente-dictador mexicano que gobernó más de 25 años, entre 1884 y 1911, y contra el cual se hizo la Revolución Mexicana con el slogan “Sufragio efectivo y no reelección”.

EC - Así que, primer argumento en contra, el temor al autoritarismo.

OAB - Temor al autoritarismo, al porfirismo, un término que hoy no se usa demasiado.

Segundo, la exaltación, como un valor en sí mismo por parte de quienes sostienen esta postura, de lo que se llama la democracia de la alternancia. Según quienes apoyan esta posición, la democracia se perfecciona cuando se alternan en el gobierno partidos y hombres, cuando no hay un staff dirigente estable, oligárquico, que domina el aparato del Estado.

Una tercera línea sostiene que un presidente con posibilidad de reelección termina siendo un individuo que reelectoraliza la primera gestión presidencial, que está demasiado pendiente de qué efectos produce en su reelección. Esto llevó a Sanguinetti a decir que “un presidente que busca la reelección es un animal peligroso”. Se señala que cuando hay reelección presidencial los gobiernos tienden a ensuciar mucho la cancha en la elección en la que se juega la reelección del presidente, que se oscurece el fair play.

Y, como derivado de esto, el debilitamiento de la visión del presidente, porque la oposición va a estar en una actitud de permanente desconfianza. Se dificulta el tendido de puentes porque la oposición está todo el tiempo mirando al presidente, no en función de las medidas que toma para el país y cómo gobierna sino como a un individuo que desde el momento en que asume está en campaña electoral para sí mismo.

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EC - ¿Qué pasa en el mundo con la reelección de los presidentes?

OAB - Cuando aparecen las Repúblicas contemporáneas, donde el presidente es no sólo un jefe de Estado sino un jefe de gobierno efectivo, el tema no aparece. En Estados Unidos no se previó y George Washington lo dejó marcado como una tradición, dos períodos y nunca más, hasta que en el siglo pasado Franklin Roosevelt, en medio del comienzo de la guerra europea, va a un tercer mandato, ya rota la tradición va a un cuarto y lleva a que exista este régimen en que un presidente puede ser reelegido directamente dos veces y si llega a asumir como vice tiene un tope de diez años para el ejercicio del cargo.

México fue el caso opuesto, arrancó con la Revolución Mexicana contra Porfirio Díaz con el lema “Sufragio efectivo y no reelección jamás”. El presidente de la República es elegido una vez y nunca más.

El modelo clásico que empieza a implementarse con la creación de las Repúblicas americanas es el que ha tenido siempre Uruguay, el presidente no puede ser reelegido inmediatamente para un período siguiente, pero puede ser elegido otra vez si hay un período intermedio. En la historia moderna, con elecciones populares claras y reconocidas, el único caso que se dio en forma directa fue el de Sanguinetti, y en total están el de Batlle y, aunque controversial, el de Rivera.

Venezuela había establecido dos períodos intermedios.

En los últimos tiempos vivimos una onda reeleccionista en América del Sur, y pasaron de la no reelección inmediata a la reelección Argentina, Brasil, Venezuela y Colombia, donde se fue del tema mexicano, nunca más reelección, a la reelección inmediata, que se dio por primera vez este mes.

Y en los países parlamentarios, donde el jefe de gobierno es un primer ministro pero la elección es de tipo presidencialista o presidencializada para la gente, la elección se confronta: Rodríguez Zapatero versus Rajoy, Berlusconi versus Prodi. La reelección de hecho está, porque se está hablando de cargos que son designados –Aznar acaba de poner, autoimponerse, un límite de dos períodos–, de hecho existe y se ven algunos de los problemas que señalamos. Esto es muy claro en Gran Bretaña desde la Segunda Guerra Mundial, en Alemania con la República Federal, en España desde la democracia, en Italia con la Segunda República y en Israel desde 1999, se dan estas elecciones de tipo presidencializado y de hecho hay reelección.

EC - ¿Y cuáles son los antecedentes acá en Uruguay?

OAB - En Uruguay la reelección, cuando se discutió en abstracto, tuvo siempre mucho rechazo en la cátedra, en las elites políticas, que la veían o como una supervivencia monárquica o como algo antidemocrático tendente al autoritarismo. Esta fue la postura dominante en los debates del país. Visión reforzada porque los dos casos explícitos que ha habido de reelección fueron, uno, el de Gabriel Terra en medio de un golpe de Estado, disolución del Parlamento, elección de una constituyente que reelige al presidente de la República, y dos, el intento reeleccionista de Pacheco, que se vio como una solución autoritaria o de una presidencia fuerte. Estos son los dos antecedentes.

Desde la restauración democrática, cuando se ha planteado el tema –esta no es la excepción– no ha sido “discutamos la reelección, no para la elección que viene sino para la otra, a ver si se aplica”, sino “vamos a promover la reelección de fulano”. Se dio por primera vez con Lacalle y no tuvo sustento ni en el propio candidato; se repitió con Sanguinetti en su segunda presidencia; Batlle llegó a manejar muy al principio en reuniones privadas, cuando estaba en el apogeo, que podía postularse a una reelección porque era el único que podía frenar a Tabaré Vázquez; y ahora, en un momento extraordinariamente favorable de Tabaré Vázquez desde el punto de vista del país, en confrontación internacional, abriéndose camino con un espacio de opinión pública, sale este planteo de José Mujica que recoge el de Jorge Vázquez del año pasado. Esto crea siempre problemas porque hay una lista de aspirantes muy grande, por lo menos uno ve unos once, y ha trascendido que Mujica tiene in péctore la idea de ir avanzando luego hacia una fórmula Vázquez-Astori para resolver uno de los nudos cruciales que tendría la reelección desde el punto de vista político.

¿Cuál es el mecanismo y los problemas que crea? Los mecanismos son o una reforma constitucional con una ley constitucional de dos tercios que tuviera un acuerdo nacional, que no sería factible, o el que ya empleó Pacheco, una iniciativa de reforma constitucional, ya sea por dos quintos de los legisladores o por el 10% de los ciudadanos, que se vota simultáneamente con las elecciones, por lo que hay un voto paralelo, se vota por el régimen vigente y por el régimen proyectado, el régimen con reelección.

EC - La peculiaridad del sobre gordo.

OAB - Ahora sería menos gordo, porque antes estaba la elección municipal simultánea, pero por lo menos habría dos hojas de votación. En aquella época en la campaña electoral por la reelección iba la fórmula Pacheco-Bordaberry y por el régimen vigente Bordaberry a la Presidencia y Jorge Sapelli a la Vicepresidencia. Especialistas en Derecho Electoral han considerado que la gran irregularidad de la elección del 71 estuvo en esto, que se habría violado la Constitución porque el presidente tiene prohibido participar en campaña electoral y apareció en la campaña como candidato y recogiendo un voto que, si no triunfaba la reelección –como no triunfó–, terminaría yendo a otro candidato, porque en realidad la gente no votó tanto a Bordaberry y Sapelli sino a Pacheco. Acá podría ocurrir lo mismo.

Desde el punto de vista político con el tema de la reelección se levanta para el Frente el fantasma de repetir lo que hizo Pacheco Areco. No aparece como un punto de partida fuerte, cuando el Frente Amplio nació denunciando todo el gobierno de Pacheco y en particular la campaña de reelección como uno de los grandes elementos de autoritarismo y antidemocraticidad del país.

Este es el punto débil de la propuesta de Mujica desde el ángulo de la visión democrática de la izquierda, además del riesgo de que es una propuesta que va mejor o peor al compás de los resultados de gobierno y de la aceptación de la figura presidencial, en particular con relación a otros posibles candidatos que pueda haber dentro de la misma izquierda.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 19 - 2006