La Cancillería en el ojo de la tormenta
Oscar A. Bottinelli. 
Versión corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
El lunes se conoció que el canciller Reinaldo Gargano había anunciado que si Uruguay se encamina a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, él renuncia a su cargo. A propósito de este hecho, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone su análisis de hoy: “La Cancillería en el ojo de la tormenta”.

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Oscar, ¿por dónde empezamos hoy? Ubicando antecedentes.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Ubicando que el Ministerio del Interior y el Ministerio de Relaciones Exteriores han sido objeto de un cañoneo bastante sostenido. En el caso del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Gargano como canciller, se pueden notar desde ataques directos de dirigentes políticos y pedidos de renuncia, hasta persistentes rumores de cambios de ministro; ya hace casi un año que hay una danza de nombres de posibles sustitutos, con filtraciones y comentarios de prensa al respecto.

Entre esos ataques encontramos, por un lado, los de los colorados. Particularmente el Foro Batllista ha sido muy duro con el canciller, hasta hace pocos días la presentación de un libro.

Por otro lado están los blancos, con una diferencia: mientras que Sergio Abreu –ex canciller y referente en materia de política exterior– centra directamente en la Cancillería las críticas, Jorge Larrañaga las centra en el conjunto del gobierno y en particular en el presidente de la República, lo que marca un matiz interesante que puede conllevar a estrategias diferentes sobre cómo debería procesarse un reajuste en la política exterior.

Por otro lado en buena parte del periodismo, claramente hay una presentación permanentemente negativa de las cosas del Canciller. Algunos medios de prensa hablan sistemáticamente contra su gestión y publican en forma permanente filtraciones de comentarios sobre su sustitución o su apartamento de determinadas gestiones.

EC - Pero las versiones, los rumores también surgen desde el propio gobierno.

OAB - Exacto, claramente del entorno presidencial (particularmente desde fines del año pasado) y del equipo económico; se publican versiones y se trasmite claramente su deseo de cambio de canciller. Hubo dos episodios. Por un lado en las negociaciones con Argentina entre fin de febrero y comienzo de abril, en las que ostensiblemente el canciller estuvo al margen, la negociación corrió por cuenta del secretario de la Presidencia asesorado por su propia gente y se hizo trascender el alejamiento del Canciller, porque se creía que la línea blanda que ellos encarnaban iba a tener éxito contra la línea dura de Gargano. Cuando la línea blanda fracasó, al no hacerse de ninguna de las dos reuniones previstas en Anchorena, Gargano retomó el tema.

Y por otro lado esta última negociación con Estados Unidos (no la negociación anterior sobre el Tratado de Inversiones) fue manejada por el equipo económico y por Lepra, con mutis del Canciller.

EC - ¿Cómo juega en todo este cuadro el tipo de relación que existe entre el presidente Tabaré Vázquez y su ministro de Relaciones Exteriores?

OAB - No olvidemos que Gargano es uno de los líderes políticos fundadores del Frente, que viene de antes de que alguna vez se sintiera hablar de un tal Tabaré Vázquez en política. Uno ubica la relación Gargano-Tabaré como podría ubicar la relación que tenían Arismendi, Juan Pablo Terra o Michelini con respecto a Seregni. Ellos habían participado en gestarlo como líder político. Entonces es una relación diferente de la que pueden tener los demás, que lo ven como “el líder”, sintiéndose por debajo de él o admirándolo. Gargano aparece como un hombre que fue decisivo en proyectar a Tabaré Vázquez a la candidatura a la Intendencia en 1989, como primera figura que él era del Partido Socialista y Tabaré Vázquez como un militante de su partido.

EC - Un militante que, por otra parte, se había incorporado más o menos recientemente, Vázquez entra al Partido Socialista en los años ochenta.

OAB - Y además ocupa por primera vez un cargo de dirección poquito antes de ser lanzada la candidatura, antes no había ocupado ningún cargo de dirección.

En segundo lugar hay diferencias muy fuertes de estilo. Como se sabe, Tabaré Vázquez es un hombre muy inorgánico, con formas muy heterodoxas de hacer política; Gargano es un hombre muy orgánico, de la vieja política de estructuras, de aparato, de discusiones, de deliberaciones y esto lleva a diferencias fuertes, aparte de que los estilos personales son muy distintos. No es una relación óptima.

Recordemos que la designación de Gargano al gabinete fue una de las dos últimas, junto con la de Arana; y esto no es casual, porque el nombre de Arana era el que Tabaré Vázquez tenía en reserva para la Cancillería, pero tras una fuerte presión del PS se vio obligado a la designación de Gargano y Arana terminó en el Ministerio de Vivienda.

El mejor momento de Gargano en el gobierno se da con el Tratado de Protección Recíproca de Inversiones entre Uruguay y Estados Unidos. Todavía no se había producido esta gran sintonía entre Mujica y Astori. Recordemos que Astori, junto con Lepra y Nin Novoa, quería la aprobación tal cual estaba el tratado; había una posición muy dura en contra de Mujica y el MPP, de Marina Arismendi y el Partido Comunista, y es Gargano el que crea el camino del medio diciendo: este tratado para ser aceptable requiere estas tres modificaciones. Va por ese camino, negocia con Estados Unidos, obtiene el resultado y logra desempantanar el tema; después el presidente juega todo su peso para lograr la aprobación parlamentaria.

Curiosamente, a propósito de lo que decía del periodismo. Esto, que claramente fue un éxito de Gargano con relación a Astori (quien quería que el tratado se aprobara como estaba y sin modificación) o a Mujica y Marina Arismendi (que se oponían), fue presentado como por la gran mayoría del periodismo como un triunfo de Astori. Cuando claramente había sido un triunfo de Gargano.

Y así como aquél fue el mejor momento, podemos decir que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es el que presenta a Gargano en la situación más delicada. Para empezar, han sido muy inconstantes las señales del presidente de la República: cuando Astori largó la idea del Tratado de Libre Comercio salió Brovetto en nombre del presidente a decir que eso no se iba a considerar; luego, en Venezuela, Vázquez dijo que el tema no estaba en la agenda; por otro lado el Plenario, en una moción en la que trabajaron muchos y hubo un discurso muy decisivo del Canciller, aprobó un camino que no negaba ni decía que sí al tratado; y ahora en Estados Unidos, el Canciller participó sólo en la parte protocolar.

EC - ¿Cómo ve la opinión pública al canciller Gargano?

EC - Esa es la otra cara de la moneda. En el estudio de imagen de ministros en el conjunto de toda la población del país aparecen primero Astori, segundo Mujica (casi con el mismo puntaje), luego Arana y en un escalón más abajo están Lescano, Brovetto y Gargano. Es decir que el Canciller está en el cuarto escalón de los ministros con mejor imagen, y entre los frenteamplistas aparece nítidamente cuarto, muy por encima de Brovetto. Gargano tiene una aprobación de Muy Bueno en la opinión pública; esa visión de la opinión pública no coincide con la que hay en las elites políticas y formadoras de opinión.

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EC - ¿Cuáles son los motivos de los cuestionamientos a Gargano en su gestión como canciller? ¿Cuáles son las fuentes de esas críticas, de esos cuestionamientos?

OAB - En líneas generales las fuentes son tres. Una es la búsqueda del cargo o el control de la Cancillería, no sólo por lo que pueden ser apetencias de orden personal (no hay que minimizar tanto los movimientos políticos), sino también en la búsqueda del dominio de un espacio importantísimo para ejercer políticas de gobierno en una dirección o en otra. Sin duda es un cargo muy apetecido como para que sea una persona muy ligada con el entorno presidencial, que es lo opuesto en este momento. Probablemente al propio presidente le gustaría una persona más cercana a él; el equipo económico viene jugando porque quiere una persona que le juegue en sintonía y no en oposición; alguna figura opositora también considera que la Cancillería debería estar más allá del partido de gobierno; y grupos del Frente Amplio están buscando incrementar el poder con una reorganización del gabinete. Ese es un tipo de fuentes.

Otro tipo de fuentes de ataque tiene que ver con discrepancias con la política exterior. Este tema daría para un largo análisis porque se están confundiendo: ataques al Canciller por ser el responsable de la política exterior; ataques al canciller por decisiones que ha tomado el presidente de la República incluso antes de que se supiera quién iba a ser el Canciller, muchas de las cuales el canciller no comparte; ataques por decisiones que ha tomado el presidente que el Canciller sí comparte y hay sintonía; y ataques por temas en los que el presidente de la República ha actuado por sí solo, sin que haya intervenido el Canciller.

Y no hay que perder de vista un tercer ángulo. Se confunde mucho el tema de la política exterior con el tema del manejo y los cambios en la cancillería, de los cambios operados dentro de la Cancillería, en la estructura de la Cancillería, del Servicio Exterior, que no han sido solo decisiones del Canciller, ya que también ha tenido un apoyo muy claro del presidente de la República. Aquí los ataques vienen del Foro Batllista, que existe la visión de que hay un desplazamiento o postergación de figuras de ese sector que siempre fueron muy relevantes en la Cancillería. Y esto que, no habría dudas, es una política deliberada de desmontar un poco el poder de ese sector colorado en la Cancillería, desde el ángulo del Foro Batllista se ve como un ataque a la profesionalidad de la institución.

EC - ¿Y qué dicen del otro lado? ¿Cuál es la otra visión, la de los defensores del Canciller?

OAB - Los defensores del Canciller plantean las cosas en dos puntos. Un punto está relacionado con esto que acabo de decir: que está siendo cuestionado porque está desmantelando el aparato de poder en la Cancillería del coloradismo y en particular del sanguinettismo, o el poder de la gente de los partidos tradicionales; que no estaría atacando el profesionalismo sino yendo a un verdadero profesionalismo, ya que hay mucha falta de concurso en la Cancillería.

Y el segundo aspecto, que se une con la defensa de José Díaz, es que José Díaz y Reinaldo Gargano son los dos ministros con mayor claridad ideológica –esto planteado desde un ángulo de izquierda–, que se está atacando al Canciller por la política exterior que lleva, no por su capacidad o incapacidad de llevarla adelante; que la oposición lo ataca porque está en contra de la línea política y los objetivos de esa política, por tanto lo que hay no es una confrontación de personas sino una confrontación de ideas, de proyectos, de líneas políticas. Esas son básicamente las grandes líneas de defensa.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
mayo 12 - 2006