La estrategia uruguaya ante el conflicto con Argentina
Oscar A. Bottinelli. 
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
El conflicto sigue, cobra intensidad y no deja de acaparar los titulares. Pero el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone tomar un poco de distancia, salir de los hechos puntuales, los de ayer, los de anteayer y tratar de observar en perspectiva cómo se ha posicionado el gobierno uruguayo. El título: “La estrategia uruguaya ante el conflicto con Argentina”.

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Oscar, vamos a darle contexto primero a las decisiones que se han ido tomando.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Es un conflicto complicado en el que para Uruguay es muy importante partir de cómo lo ve los elementos del contexto del conflicto y cómo lo ve la comunidad internacional, la parte de la comunidad internacional que está observando esta región.

EC – O sea cómo ve Uruguay el conflicto.

OAB – Cómo ve Uruguay el conflicto y cómo lo ve la comunidad internacional, cómo lo ven los distintos países, la gente especializada, la que está observando esta región del mundo.

EC - ¿Cuáles son esos elementos?

OAB – Primero hay una diferencia muy fuerte de tamaño de los países, de conocimiento inclusive. Un argentino dice que es de Argentina y basta. Nosotros la mayoría de las veces tenemos que empezar a dibujar un mapa y aclarar que Paraguay es otra cosa. De todos modos, Uruguay es un país que tiene un peso diplomático, que ha tenido históricamente y sigue teniendo, en menor grado pero sigue teniendo, un peso diplomático muy superior a su tamaño, y eso también es un elemento que vale la pena hacer jugar.

Está el tema de la estabilidad política. Uruguay ha tenido un formidable cambio político –es la primera vez que pierden el gobierno los partidos tradicionales que gobernaron el país, salvo durante la interrupción militar, desde su constitución como Estado– hacia la izquierda. Es un cambio fenomenal, sobre todo visto desde afuera, que se produjo con una normalidad total. A nadie se le ocurrió que acá podía pasar nada extraño. Es una poliarquía –dicho en términos politológicos, lo que vulgarmente se denomina una democracia, una democracia liberal, una democracia pluralista- muy estable. Más allá de haber tenido una interrupción institucional muy fea, con secuelas que todavía se están discutiendo, se exhibe una vieja democracia sobre todo desde la salida institucional. Son 21 años continuos muy fuertes, muy firmes, muy estables.

Por otro lado, en materia de ambiente, de sustentabilidad del medio ambiente, Uruguay es el tercer país del mundo, según el Environmental Sustainability Index, después de Finlandia y Noruega, y lo que se está cuestionando precisamente son los efectos ambientales de las instalaciones.

Por otro lado, Argentina maneja una preocupación por el ambiente con relación a las plantas de celulosa mientras, como se ha señalado desde Uruguay, desde los inversores y dentro de Argentina por parte de gobernadores del oficialismo y de legisladores y dirigentes políticos de la oposición, tiene diez plantas de celulosa, ninguna con esta tecnología –en cuanto a la calidad, a nivel tecnológico–, tiene problemas serios de contaminación en muchísimos campos e incluso tiene centrales nucleares. Uruguay es un país libre de nuclearización.

Otra cosa que influye es el Corruption Perception Index, es decir el Índice de Percepción de Corrupción, que lleva adelante Transparencia Internacional. De 158 países Uruguay está en el lugar 32; si dividimos en cinco escalones, en quintiles, está en el primer quintil, y Argentina está en el cuarto, compartiendo los lugares del 97 al 102. Mientras Uruguay está entre el 20 por ciento de países donde menos corrupción se percibe, Argentina está entre el 40 por ciento de países en los que más corrupción se percibe.

También está el tema de la deuda externa, particularmente la parte de bonos, de tenedores privados de la deuda externa oficial. En esto Uruguay cumplió, hizo el canje, fue aceptado por más del 90 por ciento, nadie perdió capital, se beneficiaron con intereses, y Argentina hizo unas quitas resistidas, no voluntarias, tuvo un nivel relativamente bajo de aceptación y todavía está en conflicto con Italia y con Japón. Se puede decir que en Italia el conflicto tomó mucho cuerpo porque ese país está en plena campaña electoral pero más de 140.000 hogares italianos perdieron todos sus ahorros por haberlos depositado en bonos argentinos, mientras que Uruguay coloca nueva deuda sin ningún problema.

También hay diferencias muy claras de trayectoria nacional y de visión internacional de lo que es la izquierda uruguaya y lo que es el peronismo, que es un movimiento muy complejo, muy complicado, que tiene alas extraordinariamente contradictorias y que han tenido diversas actitudes respecto del manejo de la democracia y las reglas del juego político, desde momentos y sectores con muy fuerte adhesión hasta momentos y sectores con muy baja adhesión.

Uruguay ha apostado permanentemente –puede decirse que no tiene más remedio por su tamaño– al derecho internacional, a la paz y el entendimiento, y Argentina ha usado la fuerza, ha amenazado con el uso de la fuerza, no tiene la misma trayectoria o la misma tradición que Uruguay.

En lo puntual, Argentina llega a este conflicto después de contradicciones, no tuvo una línea sostenida de oposición a la instalación de las plantas de celulosa hasta hace muy poco tiempo e incluso tuvo marchas y contramarchas. Está saliendo a luz que por parte de una de las inversiones en Uruguay hubo negociaciones para instalarse en Argentina, en Entre Ríos, pero luego optó por instalarse en Uruguay. Hay la percepción, que ha salido en la prensa, incluso en la argentina, de que el cambio de lugar de inversión tuvo que ver con algunas cosas oscuras, “non sanctas”.

Aparece Uruguay como un país unido versus Argentina como un país dividido. Más allá de que esto tiene un trasfondo, porque las especulaciones sobre la salida de Gargano que corrieron en diciembre, la última semana ya casi con características de operativo de la cadena de rumores e incluso con algunos medios agitando el tema, pueden debilitar esa postura de país unido. Un país en el que se rumorea el cambio de canciller a mitad de un conflicto ve debilitada su posición.

Por otra parte la actitud del ministro de Vivienda –que obedece a otras cosas–, que hace un año que tiene un perfil bajo, ha sido vista por analistas políticos como una disidencia del gobierno o como que Vázquez recién ahora resolvió entrar en el tema y a regañadientes. Esto ha sido dicho por analistas en el exterior, a nuestro juicio no coincide con la realidad, pero lo que importa es ver qué señales se ven desde afuera.

Y por último un hecho muy importante, el bloqueo de entrada a un país es un hecho gravísimo en el derecho internacional, esto ha excedido lo que pueden ser manifestaciones ciudadanas, populares o piquetes. Sin duda entre los ambientalistas hay militantes que no son necesariamente los clásicos piqueteros, que responden, en el caso de Gualeguaychú, a un sentir de la opinión pública, que tiene no sólo una oposición muy fuerte sino un miedo muy grande. Pero los bloqueos de puentes y de acceso a un país son vistos como hechos prebélicos, lo que lleva a que se considere que hay una tensión excesiva por parte de Argentina.

EC – Ese sería el contexto tal cual se ve de Uruguay y tal cual la comunidad internacional observa cómo se están dando las cosas.

OAB – Exacto.

EC – Vamos a ver, a partir de esos elementos, cómo se ha manejado el gobierno de nuestro país. Tú describiste en grandes pinceladas el cuadro en el que se inscribe este conflicto Uruguay-Argentina por las plantas de celulosa. ¿Cómo ves la definición estratégica que ha venido a partir de él?

OAB – En materia de estrategia Uruguay tenía dos grandes caminos y luego dentro de cada uno muchas variantes tácticas, de hecho el gobierno se ha ido reuniendo, ha ido ajustando las formas de actuar.

Uno es el camino de la réplica equivalente, es decir de ir levantando los decibeles con medidas equivalentes, relativamente de fuerza. Pero todos sabemos que cuando dos se están peleando al poquito de comenzada la pelea cuesta ver cómo empezó... ¿Qué pasa con esos dos que se están peleando? Se termina la posibilidad de ventaja comparativa de sentir que el otro es el que agrede y uno es el agredido. Uruguay tenía la opción de seguir ese camino, con el riesgo de que todos los elementos contextuales se perdieran.

El otro camino, la otra teoría, es el que eligió el gobierno –aquí aparece con un peso muy importante el presidente de la República– con el apoyo de todo el sistema político, de líderes políticos que fueron mandando señales de que consideraban que este era el camino más indicado para Uruguay, lo que podemos llamar la teoría de la resistencia pasiva, de la resistencia pacífica, que lleva a que, leído todo este contexto –por eso nos detuvimos a hacer todo esto–, se pueda entender como: ¿quién es ese grandote que le anda pegando al chico? ¿Qué es lo que está haciendo? Deja a Uruguay en una posición de país agredido, no militarmente agredido pero sí económica, políticamente agredido por un país varias veces más grande, 10 veces, 15 veces, según los indicadores que se tomen, mucho más grande, de mucho más peso, cuando está recibiendo las mayores inversiones privadas de su historia, necesita desesperadamente recibirlas y tiene esta situación.

EC – La apuesta es a la solución negociada.

OAB – La apuesta es a la solución negociada a partir de que considera que respetando el Tratado del Río Uruguay –hay toda una discusión a propósito de si lo respetó o no, si se siguieron todos los procedimientos o no, cada uno tiene su tesis– tiene derecho a gobernar su territorio.

Un segundo tema es la apuesta al apoyo de la comunidad internacional, que es lo que Vázquez explícitamente va a salir a buscar –de alguna manera salió, permanentemente a través de la acción de la cancillería, a través de los nexos políticos–. Va a salir a la región en primer lugar a explicar la posición uruguaya, a explicar si hay o no contaminación –sin duda Finlandia ha dado muchísimas explicaciones en la materia como respaldo a su inversión– y a buscar apoyo internacional, en primer lugar en la región y en segundo lugar más allá de la región.

Y en tercer lugar Uruguay viene insistiendo, está planteando en la región que la actitud argentina, junto con toda otra serie de elementos que se vienen acumulando de problemas en la región, pone en riesgo más cosas. Sin duda Uruguay está replanteando mucho todo el tema del Mercosur, la percepción del Mercosur, de la integración regional, de la inserción de Uruguay en el mundo es muy diferente hoy, en febrero de 2006, de la que había a principios de diciembre de 2005. Por primera vez Uruguay y la izquierda en particular se empiezan a plantear si no hay que abrir el camino, si no hay que tener más tratados de libre comercio, si no hay que apostar menos al Mercosur. El ministro Mujica, en su lenguaje característico, con el léxico que acostumbra usar, dijo algo así como “el Mercosur no nos sirve para nada”. Ese cambio de feeling uruguayo con relación a la región ha sido sin ninguna duda muy empujado –después de muchos problemas con Argentina y con Brasil, no sólo con Argentina– por este bloqueo y esta guerra económica que siente que ha partido de Argentina. También el bilateralismo argentino-brasileño de estos tiempos está empujando ese escepticismo mercosuriano, pero a raíz de este conflicto hay muchas más cosas en juego que desde el ángulo uruguayo están siendo desatadas por Argentina.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 10 - 2006