Entre el idealismo revolucionario y el pragmatismo de gobierno
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
En estos últimos días ocurrieron dos hechos que tienen un común denominador: la renuncia del diputado socialista Guillermo Chifflet a su banca en la Cámara de Representantes y la oposición de la mayoría del MPP a ratificar el Tratado de Inversiones con Estados Unidos.

A propósito de estos episodios, el director de Factum, Oscar A. Bottinelli, nos plantea un análisis cuyo título es “Entre el idealismo revolucionario y el pragmatismo de gobierno”.


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Oscar, ¿por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
En la izquierda hay varias vetas ideológicas: marxismos con leninismo, sin leninismo, cristianismo revolucionario, posturas de tipo libertario, nacionalista popular revolucionario, posturas tercermundistas, un batllismo que deriva hacia posturas fuertemente socializante... Esas vetas son las que encontramos en el crisol que forma en 1971 en torno al Frente Amplio.

De entonces a aquí vemos claros cambios en el discurso de la izquierda. Aún la llamada más radical de 2004 comparada con los discursos comunes de 1971 marca un giro muy fuerte. Recordemos que en 1971 era un común denominador hablar de la nacionalización de la banca. Hoy se habla de un impuesto a la renta. En el 71 se hablaba de reforma agraria para quitar poder a la oligarquía agropecuaria, hoy se habla de defender a los productores rurales del endeudamiento. Creo que estos ejemplos marcan con muchísima fuerza ese cambio que hubo de una ideología casi revolucionaria de 1971 a una política que tiene los temas de gobierno como elementos centrales.

EC – El Frente Amplio nació con un lenguaje casi revolucionario. ¿Qué ocurre cuando llega al poder? ¿Para hacer una revolución o para hacer algunos cambios? Es todo un debate...

OAB – Ahí está uno de los nudos del problema. En primer lugar el tema de las vías de acceso al poderías de acceso al poder, la vía de tipo revolucionaria entendida como forma de llegar al poder y la electoral, con las reglas de la democracia liberal. Ese es un primer tema. Es inequívoco que la izquierda llega al gobierno por vía electoral, democrática, y además creyendo y respetando las reglas de la democracia liberal clásica.

En segundo lugar también tenemos un tema de debate mucho más fuerte sobre los objetivos. ¿Cuál es el objetivo de llegar al gobierno? Ir caminando hacia la transformación de la sociedad -y saquemos algunos términos que pueden ser confusos y manejémonos con mucha claridad- no capitalista. ¿Es socialista, socialista de medios cómo dirían algunos donde los medios quedan socializados? ¿O va camino a una sociedad que se pretende más justa, más equitativa, con más preocupación por los menos favorecidos pero dentro de las bases de la economía de mercado, es decir en esencia dentro de una palabra que en izquierda molesta mucho que es el capitalismo?

EC - Estos son decías tú los grandes objetivos.

OB - Los dos grandes ejes de la discusión: o se va hacia una sociedad no capitalista o se va a una sociedad que se pretende más justa, más equitativa pero dentro del capitalismo. Este es un tema clave en el debate. En esta última opción, es decir, el decir ”aquí lo que vamos a hacer es grandes cambios pero dentro de una economía que va a tener elementos muy fuertes y básicos de economía de mercado, es decir, no se pretende salir del capitalismo”, que parece ser la opción mayoritaria o dominante en el gobierno se observa que el viraje hacia el pragmatismo, ha ocurrido con atraso. Se llega muy cerca del gobierno con un lenguaje de cambio extremadamente fuerte, incluso uno diría hasta el mismo 1º de marzo y se tiene que hacer mucha parte del viraje en el gobierno. Esto entonces provoca las fenomenales tensiones que provoca, pero además en el fondo no está claro cuál es el objetivo último porque hemos visto a muchos actores políticos oficialistas defender algunas medidas extremadamente pragmáticas a partir de una concepción de cambio total: “para llegar a eso primero tenemos que hacer esto”.

Es decir que sigue estando poco claro el tema para el conjunto, hay actores que lo tienen claro para un lado, hay algunos que lo tienen claro para el otro. Aquí además conviene hacer alguna salvedad, una cosa son las conclusiones a nivel de personas o a nivel de sectores o de cambios y otra es que el Frente Amplio (FA) como tal, que sí propuso medidas muy fuertes, casi de tipo revolucionario, en ningún momento adoptó una definición socialista, en ningún documento del FA hay una definición de socialismo. Por eso llamó la atención la frase de Brovetto el 31 de octubre cuando marcó esta etapa como una etapa progresista, como antesala de una etapa socialista que el FA como tal nunca se había planteado

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EC – En los dos episodios que estos días yo mencionaba al comienzo del espacio la renuncia del diputado Chifflet a la Cámara y la oposición de la mayoría del MPP a votar el Tratado de Inversiones con Estados Unidos aparece clara la diferencia entre las luchas del pasado y las exigencias que ahora implica el gobierno. ¿Cómo analizas tú esas diferencias?

OB - Estas diferencias tienen en primer lugar lo que yo venía diciendo. Hay tensiones entre la gran utopía y un gobierno digamos que ajuste y mejore cosas. Ahí por supuesto hay una tensión. Además hay un problema de cultura política, cuando decimos cultura política no es que unos sean cultos y otros incultos, sino de distintas formas de ver, sentir la política y de tener valores defendiendo una u otra postura. La izquierda durante un siglo -porque la izquierda en Uruguay es muy anterior al FA, incluso mucho más de un siglo- ya constituida en partidos políticos y luchando en el plano político electoral, durante un siglo se matriza en la cultura de la protesta, de la lucha, de la denuncia y de la reinvindicación. Esa es una cultura que entre otras cosas tiene que las reinvindicaciones o protestas contradictoras no aparecen como un problema imposible de resolver porque cada una es una lucha por separado. En las luchas y las protestas no es necesario establecer prioridades más allá de las prioridades de a qué dedicar más esfuerzo porque hay gente y tiempo limitados. En la cultura de gobierno hay que priorizar en base a posibilidades de un gobierno, a recursos y a posibilidades de realización.

El pase de esa cultura de protesta y reinvindicación a la cultura de gobierno es un cambio muy fuerte que unos lo dan y lo dan no sólo porque lo pueden dar sino porque consideran que es correcto y se entusiasman y hay otros que no lo dan. Unos no lo dan porque no lo pueden dar, ya sea porque su matriz cultural es una matriz de lucha, de protesta, de adhesión a principios y no tanto de búsqueda de realizaciones y otros esencialmente porque creen que no deben darlo, que la lucha por los principios es la razón de ser de su vida.

En este aspecto a nosotros nos viene a la cabeza para comparar hombres de tipo revolucionario en la propia izquierda -se que voy a hacer una mención muy polémica- el caso de Fidel Castro y el caso del Che. Aún en una lucha revolucionaria se da esta tensión entre la continuidad de la lucha en forma permanente, atrás de los ideales y la necesidad de sentarse a administrar, a gobernar, a resolver problemas cotidianos, a distribuir el agua, a distribuir el azúcar, a comprar, a vender, a administrar un presupuesto que es la cultura de gobierno. Esto sin duda marca hombres para tareas diferentes. El Che Guevara era un hombre que, más allá de algunas discrepancias que puede haber tenido con la Revolución Cubana sobre el camino que estaba tomando, que es otro tema, también es verdad que era un hombre más propicio a la lucha, más propicio a la protesta, más propicio a la acción revolucionaria, la acción armada, mientras que Fidel Castro es un hombre que después de haber incursionado por ahí, se vuelve un hombre propicio a la conducción política y al gobierno. Cada uno marca un estilo, cada uno es una opción de vida de cada quien y de alguna manera la izquierda -por eso puse dos nombres de izquierda, esto se puede dar en todo el espectro político- estos dos tipos de personaje, en la izquierda se ve y se vive una fuerte tensión entre dos tipos de cultura. Para algunos la cultura de gobierno significa abandonar principios, significa abandonar el sentido de la lucha de una vida. Para otros, precisamente los principios están en lograr realizaciones aunque esas realizaciones puedan ser muy pocas, puede ser un cheque para el Plan de Emergencia, puede ser el conseguir una inversión que dé algunos puestos de trabajo. Son dos formas de vivir el sentido mismo de la política y esto es una tensión que apareció en estos episodios y que probablemente aparezca con mucho más fuerza y mucho más extendido a lo largo del año que viene cuando ya se termine todo este estreno del gobierno, toda la novedad que supone, cuando ya la izquierda se haya asentado bien en el gobierno y esté dominando y domando a la administración y tenga muchos más desafíos que afrontar por delante y estas tensiones aparezcan porque son naturales a un proceso de esta naturaleza.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
diciembre 9 - 2005