El triunfo del frenteamplismo
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor


EMILIANO COTELO:
Mañana sábado el Plenario Nacional del Frente Amplio se apresta a dar ingreso a la coalición de izquierda a los grupos políticos integrantes del Encuentro Progresista y de la Nueva Mayoría, un paso con el cual terminaría de unificarse la fuerza política oficialista. El politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, propone este tema para su análisis de hoy, con el título: “El triunfo del frenteamplismo”.

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Oscar, cumplimos, ahora sí, con la deuda pendiente.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Una aclaración: no es correcto llamarle coalición, no es una coalición, nunca lo fue, pero, sobre todo, si algo fue parecido a eso, que sería una alianza, ya hace mucho tiempo que opera como partido político: el Frente Amplio.

EC – Hablemos del plenario de mañana sábado.

OAB – En el plenario de mañana el tema a decidir esencialmente es el ingreso de ocho grupos: Nuevo Espacio, Batllismo Progresista, Claveles Rojos, de Vaillant, el grupo de Díaz Maynard, el grupo Compromiso Progresista, el Partido Demócrata Cristiano, el grupo País, que es una escisión del Nuevo Espacio, el Partido por la Seguridad Social.

Hay incertidumbres porque hay una oposición de los grupos más duros, más radicales, como el 26 de Marzo y la Corriente de Izquierda, que han puesto en duda si se alcanza un quórum muy alto, una votación muy alta, de nueve décimos del Plenario Nacional; va a haber que ver cómo juegan y se mueven los delegados de base.

El propósito es terminar con este complejo de que existe un Frente Amplio, un Encuentro Progresista y una Nueva Mayoría, que haya una sola fuerza política. No hay posibilidades de que se termine unificando sobre la base de crear inmediatamente un secretariado integrado por el presidente del Frente y las cabezas de cada una de las siete corrientes principales, de hecho va a seguir operando la reunión del presidente del Frente, Jorge Brovetto, con los líderes o representantes o referentes, lo que se llama vulgarmente los cabezas de lista de cada una de las siete grandes corrientes, pero no quedar institucionalmente incluido en la orgánica. En la medida que el Frente Amplio tiene una estructura elegida en mayo de 2002, se adelantan las elecciones de 2007 para el año que viene, más o menos en mayo de 2006 habría elecciones internas del Frente Amplio, y mientras tanto en la mesa el Partido Demócrata Cristiano y el grupo de Nin Novoa van a actuar junto con el cargo que ahí tiene la Confederación Frenteamplista, cuyo referente es el ministro de Transporte, Víctor Rossi –recordemos que el Partido Demócrata Cristiano y el grupo de Nin y el de Rossi integran la llamada Alianza Progresista, la 738–; por otro lado el Nuevo Espacio va a actuar en forma rotativa, ocupando un cargo una vez del MPP, otra de Asamblea Uruguay y otra del Partido Socialista, que son los tres grupos que tienen dos miembros en la mesa, entonces rotativamente cada uno va cediendo uno para que el Nuevo Espacio esté siempre sentado en la mesa del Frente Amplio. Esto sería lo que está a decidirse desde el punto de vista orgánico.

Desde el punto de vista político lo trascendente es el Frente Amplio, que quedaría como un único partido político, desaparece toda esta complejidad estructural, complejidad de denominaciones y complejidad de identidades.

EC – Aquí podemos entrar al título de tu comentario, ¿por qué “el triunfo del frenteamplismo”?

OAB – Hay dos cosas. En primer lugar, si observamos los grupos que ingresan, con la excepción no del grupo de Nin Novoa, que en gran parte, su estructura básica, está formado por gente que se escinde en torno a 1984-1985 del Partido Demócrata Cristiano y del Frente Amplio, el grupo de Nin, no él, no los que vienen del Partido Nacional, pero el grueso ya había estado en el Frente, y del Batllismo Progresista y algún grupo menor, todo el resto son grupos que en algún momento se habían desgajado del Frente Amplio.

EC – Son personas y grupos que “vuelven” al Frente Amplio.

OAB – Claro, es más un reingreso que un ingreso. Michelini fue edil del Frente Amplio, se fue cuando se fue la 99, el Partido Demócrata Cristiano fue fundador, se retiró a fines de 1973, volvió en 1984, se retiró entre 1988 y 1989 y empieza un proceso de acercamiento en 1994 al Encuentro Progresista y ahora de retorno al Frente Amplio. Es más reunificar lo que alguna vez estuvo, más algún ingreso, que propiamente el ingreso de cosas que nunca hayan tenido nada que ver. Esto de alguna manera termina facilitando el problema de identidad, es muy difícil sostener una fuerza política si no se sabe qué es, cómo se llama. Una de las cosas que le da fuerza es adherir a un nombre, a una simbología, que la gente sienta una pertenencia, “soy de”, y una simbología que cada cual considera parte de su propia identidad.

Lo que ocurrió fue que desde 1994 se empezó a llamarle al conjunto, de manera simplificada, Encuentro Progresista, el periodismo eliminó el nombre Frente Amplio casi completamente, con errores gruesos, hablando de reunirse “el plenario del Encuentro Progresista” o “la casa del Encuentro Progresista” cuando estaban hablando del Frente Amplio. Los propios dirigentes de la fuerza política estaban hablando de “el Encuentro”, no hacían referencia al Frente, y la propaganda oficial, la propaganda central de 1994, 1999, 2000, 2004 y 2005 no usó simbología frenteamplista, no usó el nombre Frente Amplio, no usó el rojo, azul y blanco, y apeló a algo que era muy confuso y muy vago para la ciudadanía, como era el tema del progresismo, que la gente no ve identificado con una fuerza política sino más bien con una actitud que puede atribuir a dirigentes de distintos partidos políticos.

EC - ¿Qué pasó entre los simpatizantes frenteamplistas?

OAB – En mayo divulgamos una encuesta, de una serie de otras que habíamos divulgado a lo largo de los años, que daba que entre frenteamplista y encuentrista el 98 por ciento se decantaba por frenteamplista y el 2 por ciento por encuentrista. Cuando se hacía una exploración más sofisticada entre frenteamplista, progresista, encuentrista, se encontraba que el 97 se decantaba por frenteamplista y el 7 por progresista, y más afinado 93 por frenteamplista, 5 por progresista y 2 por encuentrista.

EC – Eso era notorio en las manifestaciones, en las caravanas.

OAB – En las campañas electorales del año pasado, en las caravanas, sobre todo en la de Montevideo final, las dos horas y pico que duró la caravana hicimos un conteo y encontramos dos banderas que no eran del Frente Amplio sino del Encuentro Progresista en cientos de banderas del Frente Amplio. En los actos políticos las banderas eran las del Frente Amplio, en los festejos de las elecciones, del 31 de octubre y las del 8 de mayo en diversos departamentos, las banderas eran las del Frente Amplio. Incluso en la elección municipal de Montevideo, con Ehrlich que es un hombre nuevo, un hombre no carismático, que tuvo serias dificultades en su campaña para repetir la votación del 31 de octubre, la campaña central seguía apelando a “vote progresista”, los grupos principales sacaron a relucir las banderas “vote el Frente Amplio”, buscando unir el candidato a la identidad frenteamplista y ahí se produjo el repunte que lo dejó muy cerca del resultado del 31 de octubre.

Con esto a la vista fue que comenzó a hablarse de la necesidad, por un lado de unificar la fuerza política, porque ya era muy complicado para el gobierno gobernar y obtener el apoyo de una fuerza política que no sabía cómo era ni cómo funcionaba, y por otro lado, resolver este tipo de temas. La primera propuesta fue unificarse en el Frente Amplio cambiándole el nombre y llamándole “Frente Amplio Progresista”, en ese intento de seguir poniendo el progresismo, mezclándolo con el frenteamplismo, que podía seguir generando una confusión de identidad entre ser frenteamplista o progresista, quedó por el camino y se termina con la vuelta a los orígenes.

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EC – Queda una pregunta por incorporar a este análisis: ¿por qué, si la actitud de la gente era la de sentirse frenteamplista, la dirigencia operó hacia el progresismo y enfatizó tanto en el nombre Encuentro Progresista?

OAB – Hay tres tesis compatibles. La primera es que en el Frente Amplio se instaló desde muy temprano la tesis del crecimiento por acumulación de grupos, el Frente Amplio surge como una alianza de grupos, luego devendrá en una identidad y sociológicamente en un partido político, pero la tesis del crecimiento por acumulación llevó, por ejemplo, y lo expreso en una frase de Rodríguez Camusso cuando se estaba discutiendo el ingreso del Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros: “Si nos negamos a ingresar nuevos grupos, ¿cómo diablos vamos a crecer?”. Estaba la idea, muy original además, porque en el mundo entero todos los partidos pretenden crecer a través de la acumulación de gente, convenciendo gente, pero había una cosa muy congelada y sólo incorporando partes se crecía. Esa tesis de que el crecimiento debía realizarse por acumulación fue como una cosa obvia para todos los dirigentes y los llevó a la idea de que hay etapas a cumplir, sobre todo por parte de algunos grupos políticos con definición de partido, se veía al Frente Amplio como el instrumento de una etapa que quedaba superada por una nueva etapa, que era el Encuentro Progresista, que podía ser superada por otra etapa más, y así sucesivamente, porque no gustaba para esas tesis el frenteamplismo como una identidad, en la medida que en el fondo también seguía vigente una tesis coalicionista o aliancista del Frente Amplio, y no la de un partido político con corrientes internas.

EC – Esa era una tesis.

OAB – La segunda tesis es que en el fondo hubo mucha gente, sin que muchos fueran conscientes de ello, partidaria de lo que yo llamo una interpolación de la metodología del Partido Comunista. El Partido Comunista no sólo sintió la conveniencia y la necesidad histórica, con un planteo ideológico de por qué debían construirse alianzas, sino que también detectó que en el país existía gente que tenía resistencias al Partido Comunista o a una doctrina tan homogénea, tan completa y cerrada, que no adhería a todos los postulados, pero coincidía en votar algo o apoyar algo o militar con algo donde estuviera en forma predominante el Partido Comunista, pero que no era sólo el Partido Comunista. Fue lo que llevó a la creación del Frente Izquierda de Liberación, de la 1001, que hacía que hubiera un centro y una periferia que permitían incorporar gente. Esta tesis de alguna manera se desarrolló pensando que había gente que rechazaba al Frente Amplio pero podía incorporarse a un voto progresista sin ser frenteamplista, porque el Frente Amplio le provocaba rechazo. Este razonamiento nunca fue probado, se demostró que el votante una vez que daba el paso de votar a la izquierda estaba votando al Frente Amplio con el nombre que fuera, que no era un problema de decir “yo voto al Encuentro Progresista y no quiero saber nada con el Frente Amplio”, cosa que sí pasaba en el tema 1001 y Partido Comunista.

EC - ¿Y la tercera tesis?

OAB – La tercera es una tesis más de operativa política. El Frente Amplio era una estructura con sus formas de funcionamiento, una forma de funcionamiento que condiciona a los dirigentes, una fuerza política con una tradición determinada y además que quedaba muy encarnada –estamos hablando de 1994– en el liderazgo de Seregni. Hay un período que arranca en 1992, cuando surge Tabaré Vázquez no sólo como un potencial candidato presidencial, sino como alguien que disputa el liderazgo del Frente Amplio. En la disputa de ese liderazgo es funcional el juego de contraponer Encuentro Progresista-Frente Amplio, esto es muy importante cuando en diciembre de 1994 Tabaré Vázquez es elegido presidente del Encuentro Progresista, ahí empieza una oposición de cuál es la cabeza, si Seregni como presidente del Frente Amplio o Vázquez como presidente del Encuentro Progresista, mucho más cuando el Frente Amplio aparecía como un integrante del Encuentro Progresista. El énfasis en el Encuentro Progresista apareció como un énfasis más de nueva etapa tabarecista versus el Frente Amplio como la vieja etapa seregnista. Ese juego de un Encuentro Progresista como una nueva etapa, como una etapa distinta en torno a una nueva figura, un nuevo líder, también fue funcional a este juego de liderazgos, funcionalidad que obviamente se va terminando a fines de 1998 y 1999, cuando ya inequívocamente hay un solo líder que es Tabaré Vázquez, pero el origen de ese manejo de dos terminologías que jugaron simbólicamente como contrapuestas se mantuvo y de alguna manera Tabaré Vázquez manifestó siempre sentirse mucho más identificado con el Encuentro Progresista y el encuentrismo que con el frenteamplismo como simbología.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 18 - 2005