El triunfo del Frente Amplio
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
El lunes 31 de octubre se cumplió un año del triunfo del Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría en los comicios nacionales; y un año también, claro, de la elección del doctor Tabaré Vázquez como presidente de la República. A propósito de este aniversario, el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, nos propone el siguiente título para su análisis de hoy: "El triunfo del Frente Amplio".

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EC - ¿Por qué este título?

OSCAR A. BOTTINELLI:
El 31 de octubre del año pasado triunfó el Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría y el próximo 19 de noviembre, con el ingreso del Nuevo Espacio, del grupo de Nin Novoa, del PDC y de otro conjunto de sectores al Frente Amplio, vuelve a ser nuevamente exclusivamente Frente Amplio. Esto va a motivar que hagamos dos espacios, éste sobre el triunfo del Frente Amplio y el viernes que viene uno sobre el triunfo del frenteamplismo, sobre lo que fueron otros proyectos, propósitos o nombres alternativos.

El 31 de octubre hizo un año. Recordemos que fue un rato difícil porque las cifras eran muy ajustadas; nos correspondió la tremenda responsabilidad de decidir hacer el anuncio, porque no era solamente una carrera por ver quién largaba primero el dato, sino si, efectivamente, había cifras consistentes como para decir "hay presidente", "tenemos presidente", como dijimos, lo cual significaba un hecho político cuando se empezaba a instalar un clima de que probablemente había que esperar toda la noche.

EC - El resultado se veía venir, había una probabilidad alta.

OAB - Claro, hablando en términos históricos, de larga tendencia, fue un resultado anunciado. Quizás esto fue lo más importante como diferencia con el otro cambio histórico, el de 1958, cuando después de casi un siglo se produjo la primera alternancia de partidos en Uruguay con el triunfo del Partido Nacional. En aquel momento fue muy abrupta la caída del Partido Colorado, que había ganado muy bien en 1954, como siempre había ganado, y además no había encuestas, no había tendencias. El Partido Nacional se vio un poco sorprendido por el triunfo, no estaba preparado, lo que se puede ver incluso en las propias listas.

Aquí vemos dos cosas. Por supuesto, por un lado los indicadores de opinión pública, que iban marcando elección tras elección el crecimiento del Frente Amplio. Entre 1999 y 2004 se dio ese crecimiento, pero además el año 2002 fue decisivo en el desbarranque del Partido Colorado y la caída, nuevamente, de los partidos tradicionales.

Pero lo más importante es que desde 1971, cuando se fundó el Frente Amplio, hay una constante de crecimiento del Frente Amplio elección tras elección, en forma sostenida, casi al mismo ritmo, casi multiplicando por 1,3 en todas las elecciones.

Hay muchos fenómenos. Por un lado, a partir de 1971 se interrumpe lo que se llama el reemplazo generacional. Más o menos los partidos tradicionales votaban de un lado y los partidos menores de otro en la medida que los hijos se alineaban en el voto al mismo partido, al mismo gran conjunto que los padres, aquello de que se nace colorado o se nace blanco. Pero este reemplazo generacional se interrumpe y los jóvenes comienzan a votar diferente de los padres.

EC - ¿A partir de cuándo ocurre eso?

OAB - Comienza en la elección de 1971 y continúa en adelante.

EC - ¿Qué otros factores han jugado?

OAB - En este período hubo crisis, hubo quiebre de la tablita -por ejemplo en 1971 y 1984-, entre 1985 y 1998 hubo un crecimiento ininterrumpido que afectó favorablemente a la gran mayoría, creció el ingreso, hubo un crecimiento del consumo, una modernización de los hogares, creció en cierto modo el empleo -con algunas inflexiones, no fue absolutamente lineal-, hubo una caída de la pobreza -hay una discusión sobre cuál es el nivel de pobreza en términos de porcentajes, pero todos los indicadores coinciden en que entre 1985 y 1998 cayó, aunque, y esto impacta mucho, en ese período creció la pobreza extrema, la indigencia-, cayó la mortalidad infantil. Por otro lado hubo algunos indicadores mayoritariamente negativos, para un sector importante del país cayó la calidad de la vivienda y, aunque mejoraron los ingresos, ello fue a costa de una pérdida de calidad del trabajo.

Señalamos todo esto porque ese fenómeno de crecimiento, que vino después de una crisis y fue seguido de otra crisis, cuando uno mira las cifras electorales fue como indiferente, el crecimiento de la izquierda fue sostenido, lineal, a la misma tasa, y la caída de los partidos tradicionales también. También fue constante -surge de los estudios de opinión pública- la pérdida de confianza en las dirigencias, la pérdida de sintonía de los partidos tradicionales con la población. Las prácticas clientelísticas comenzaron a ser crecientemente ineficientes y la gente empezó a condenarlas cada vez más. Hubo un juego destructivo de la dirigencia de un partido tradicional respecto del otro, y viceversa, y al interior de cada uno de los dos partidos. La izquierda capitalizó muchísimo los ataques a los líderes de los partidos tradicionales, pero en general esos ataques, la demonización de esos dirigentes, surgieron de adentro de los partidos tradicionales o del mismo partido que era demonizado, o sea que hubo también un juego destructivo al interior de los partidos. Además se dieron carreras políticas mucho más desenfrenadas, apareciendo y desapareciendo grupos políticos a una velocidad creciente al interior de los partidos.

EC - Tú estabas caracterizando sobre todo el período posterior a la dictadura.

OAB - Claro, porque el período constitucional previo fue de un año y poco, desde la elección de 1971 hasta junio de 1973. Lo que importa es que allí se sentaron unas bases que continuaron casi como si no hubiera habido dictadura.

EC - ¿Cómo se manejó el Frente Amplio en ese escenario?

OAB - Independientemente de que el Frente Amplio tuvo muchos problemas -entre otros la escisión más fuerte de su vida, que fue la ida de la 99 con Hugo Batalla a la cabeza-, en general se manejó con una estrategia que a la luz de los resultados se ve que fue muy correcta. Primero, porque contra partidos tradicionales que la gente estaba caracterizando como clientelísticos y con dirigentes que se movían por intereses personales -esto lo decía la gente, no lo digo yo-, a los dirigentes de izquierda les iba atribuyendo, aun discrepando con sus planteos y sus ideas, preocupación por el interés en los demás. La izquierda, además, se preocupó por demonizar al enemigo, simplificando y reduciendo todas las políticas de los partidos tradicionales a una sola, a un modelo neoliberal que suponía entrega del país, privatizaciones, un modelo exactamente igual o igual a, por ejemplo, el modelo menemista, poniendo en primer plano todo episodio de corrupción real o presunta, probada o meramente denunciada que hubiera habido, jugando en ese sentido con mucha eficacia.

EC - Tabaré Vázquez mismo fue un factor.

OAB - Hay un papel fundamental de Tabaré Vázquez, uno diría de posmodernizador de la izquierda, es decir de modernizarla después de la modernidad, con un discurso completamente diferente del discurso demasiado estructurado, demasiado ideologizado de la izquierda, aunque incursionando ideológicamente muchas veces. Pasa a ser un individuo que habla con mucha autoridad, con mucha fuerza, con mucho sentido de combinar la autoridad con lo paternal, en un discurso sencillo para la gente, sintiéndose como alguien de ese medio pero que está por encima de él. Sustituye aquel discurso de la izquierda de "tú tienes que pelear por ti mismo, con tu gente, con tu clase, y yo te enseño a pelear y te guío para que defiendas tus intereses" por un discurso más paternal, protector, "confíen en mí que los protegeré", llegó a hablar de "mis pobres, queridos míos", asumió realmente el rol de un caudillo popular tradicional en el momento en que los caudillos tradicionales se estaban agotando. Hubo un estancamiento de la izquierda en sus reductos clásicos, entre otras cosas porque ese proletariado, esos obreros industriales van desapareciendo al desaparecer el Uruguay industrial fabril, y por otro lado también se estanca en la costa de Montevideo, en los sectores de clases medias, y comienza a captar en los reductos más propios de sectores de derecha, de derecha pura. En la elección de 1994 es muy claro cómo Vázquez logra captar el voto pachequista, ante el agotamiento de liderazgos aparecía un nuevo caudillo popular por el cual la gente podía sentirse protegida y en el cual confiar.

Ahora la izquierda tiene el desafío de gobernar, el problema que tiene ahora es cómo gobernar. Y los partidos tradicionales -y esto es quizás lo que más nos importa del análisis- tienen el desafío de aprender a ser oposición, pero no hacer un mero juego de oposición -algunas veces la gente cree que hacer oposición es oponerse a todo, criticar- sino crear una alternativa diferente de esta alternativa del Frente Amplio, que pasa a ser hoy una alternativa dominante, no en términos numéricos sino de pensamiento. Una oposición que está en el llano absoluto y que, salvo intendencias -y no las de más peso en general-, está fuera de todos los cargos públicos. Es bueno ver ahora todo esto de lo que hablamos, lo que se vio hace un año, porque marca con mucho más énfasis lo que se había visto en su momento: que los partidos tradicionales están ante el desafío de tener que repensar su rol, qué son, a quiénes llevar qué modelo, qué esquema de país le quieren proponer a la gente, en qué son diferentes del Frente Amplio y en qué pueden captar y representar un sector de la ciudadanía.


 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
noviembre 4 - 2005