Dicen que la izquierda hace lo que combatió
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO: En los últimos tiempos, el gobierno de izquierda viene siendo atacado, fundamentalmente desde tiendas nacionalistas, porque, según estos críticos, hace hoy lo que antes combatió. A propósito de este debate, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, propone el siguiente análisis: “Dicen que la izquierda hace lo que combatió”.

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EC – Situemos en primer lugar cómo es esa crítica, ese cuestionamiento.

OSCAR A. BOTTINELLI: El último fue ayer y anteayer, en la discusión (en cada una de las cámaras) sobre si autorizar o no la participación en la Operación Unitas, principalmente con la Armada de Estados Unidos.

EC – Es el ejemplo más claro.

OAB – Es el más claro. Pero hay unos cuantos: la línea –muchos dicen ortodoxa– con relación al Fondo Monetario (FMI), ligada a esto, la preocupación por obtener un superávit primario en las cuentas públicas (es decir el superávit antes del pago de la deuda), la estabilidad macroeconómica, el anclaje del dólar, que lleva a los exportadores a quejarse nuevamente de un atraso cambio y a las autoridades del equipo económico a decir más o menos las mismas cosas que decían los anteriores titulares de equipos económicos para defenderse de los ataques; las restricciones presupuestales, más o menos el tratado de inversiones con Estados Unidos, la propuesta de asociar a Ancap con privados (que dio lugar a un referéndum en el año 2003), las concesiones de obras públicas a privados...en fin.

Éstas son las críticas y en principio parecería correcto: el gobierno frenteamplista está realizando cosas, por lo menos en lo enumerado, en la misma línea de los gobiernos anteriores, o en algunos aspectos eje, en la misma línea de gobiernos anteriores.

EC - ¿Ustedes han medido en Factum, a través de encuestas, cómo se observa esta situación desde la opinión pública?

OAB – Todavía es un poco prematuro. Hay una percepción de que no se ha producido un cambio muy importante, pero lo que importa es lo siguiente. Cuando observamos qué pasó antes, a lo largo de los gobiernos anteriores encontramos que se fue consolidando un 60 por ciento que iba en contra de esas políticas anteriores. El ejemplo más claro es el referéndum de Ancap –que ya no es una encuesta, es una votación–, y anduvo cerca de eso la gente que votó en contra de la asociación. Y hoy tenemos que es un 60 por ciento el piso de aprobación básica que tiene Vázquez. No ha bajado nunca del 60 por ciento desde que asumió la Presidencia. Esto indica que el nivel de satisfacción (viendo todas las variables que inciden en esto, no sólo los que dicen “yo apruebo”) anda cerca del 80 por ciento, una cosa extraordinariamente alta, que ningún presidente ha tenido, por lo menos desde que nosotros medimos. Cuando digo “nosotros” me refiero a las empresas modernas, que aparecen todas desde el fin de la dictadura en adelante.

Vemos que la opinión pública reaccionaba de una manera antes y reacciona de otra ahora. Es un tema que hay que tener en cuenta: el gobierno puede estar haciendo lo que combatió, pero la opinión pública está apoyando lo que antes no apoyaba. Es una conclusión bastante nítida.

¿Esto quiere decir que los gobiernos son exactamente lo mismo? La opinión pública está viendo cosas distintas, en el error o en el acierto –eso no es problema nuestro, vemos lo que la gente dice– le atribuye a este gobierno más transparencia, ir contra la politiquería, considera que no hay corrupción, y le atribuye, fundamentalmente –y esto aparece como un elemento significativo en el haber, en el activo de este gobierno–, tener sensibilidad social. Esto es una creencia abrumadoramente mayoritaria, es la sensación o la percepción de la mayor parte de la opinión pública.

Entonces tenemos un primer elemento importante para tratar de explicar la cosa: hay un montón de cosas en que este gobierno hace lo que hacían los anteriores y lo que la propia izquierda combatió durante muchos años, muchas décadas. Pero por otro lado, hay elementos diferenciales que aparentemente empiezan a ser de gran importancia para la opinión pública, incluso más importantes que estos aspectos en los que la gente ve continuidad.

EC - ¿Qué más?

OAB – La pregunta es la siguiente: olvidándonos de esta segunda parte que acabo de decir y centrándonos en que en aspectos sustanciales de la política económica, de algunos temas de relaciones internacionales, incluso en algunos aspectos de visión del Estado no hay demasiadas diferencias o no se notan por ahora: ¿por qué la gente apoya al Frente Amplio y a Vázquez si, como dicen sus críticos, hacen lo mismo que hicieron Lacalle, Sanguinetti y Batlle?, ¿por qué ahora apoya al FA y no apoyó a blancos ni a colorados?

EC – Es una pregunta clave.

OAB – Es la pregunta clave, si, como dicen los críticos (que algún elemento de razón tienen, en cuanto a que algunas de las cosas se demuestran, habrá que ver cuánto hay de continuidad y qué elementos diferenciales hay. Ya señalamos algunos que para la opinión pública son muy importantes) el gobierno hace lo que combatió, ¿por qué la gente apoya lo que no apoyó? Se puede creer que la gente es idiota. Puede ser una explicación. Pero en general, hay que buscar por otro lado.

EC - ¿Tú tienes respuestas?

OAB – Digamos que tenemos una hipótesis que se va demostrando: hay un tema muy subjetivo por encima de todo que es la confiabilidad, la adjudicación de intenciones. Hay una acumulación de hechos o de percepciones de la gente. Porque a veces no necesariamente tienen que haber ocurrido hechos, y las percepciones pueden ser falsas o debidas a denuncias o acusaciones falsas. No importa. Lo que importa es lo que la gente cree y considera que ocurre, más allá de que después en un juicio se demuestren o no las cosas.

El Partido Colorado (PC) y el Partido Nacional –mucho más el PC– han ido perdiendo en estos años confiabilidad de la gente. Han perdido sintonía con la gente. Ya dedicamos varios espacios a demostrar cómo se había pasado del 90 por ciento a bastante menos del 50 por ciento los dos partidos tradicionales sumados, en forma absolutamente sistemática y regular, elección tras elección. Esto marca que hay una constante pérdida de sintonía y finalmente una pérdida de confianza, de confiabilidad. En el tema Ancap, por ejemplo, la gente podía estar más o menos en contra de que se asociara con privados, pero lo cierto es que jugaba mucho el argumento que la izquierda deslizó de “cuidado, que se hace con una privatización”, la idea de que las privatizaciones pueden ser cosas non sanctas por la forma en que se hagan, por ejemplo. Y este gobierno tiene, por lo menos en esta etapa, por lo menos por parte de una abrumadora mayoría de la opinión pública, una idea santificada, “debe tener buenas razones para hacerlo”.

Esta percepción de la opinión pública, de ver con desconfianza lo que hacían los gobiernos anteriores y con muchísima confianza, con muchísima tranquilidad desde el punto de vista ético lo que hace este gobierno, es una de las primeras cosas que apuntan a explicar esto que en principio parece difícil de entender en el plano absolutamente racional: ¿cómo? ¿ustedes dijeron que era absolutamente espantosa para el país la Operación Unitas y ahora se vota?; ¡qué horrible lo del FMI!, y ahora viene el FMI.

Hay cosas que quizás son centrales para la gente que no necesariamente pasan por el análisis de cada uno de los temas en particular, sino por visiones globales. Quizás el primer tema que la gente se plantea a sí misma es: en este gobierno, ¿confío o no confío?. Si confío, creo que va por buen camino hasta que se demuestre lo contrario. Podemos empezar a bucear en el juego de las intenciones y la confiabilidad para encontrar explicaciones a este fenómeno, que en el plano racional aparece como contradictorio.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
octubre 7 - 2005