Política exterior: de lo ideológico a la realpolitik
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
Al comenzar este mes de setiembre, o sea al comenzar el segundo semestre de su mandato, el presidente de la República, Tabaré Vázquez, realizó una gira por Estados Unidos y Colombia. A propósito de esas visitas y de los cambios que ha habido en los primeros seis meses en los énfasis de la política exterior del gobierno, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone el siguiente análisis: “Política exterior: de lo ideológico a la realpolitik”.

***

Oscar, ¿cómo nos ubicamos en el tema?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero, cuando se habla de política exterior a veces se piensa en una sola de las dimensiones, la política exterior tiene muchas dimensiones. Fundamentalmente uno podría señalar tres: la diplomática, la comercial y la económico-financiera.

Los gestores entonces son múltiples: la Presidencia de la República; a veces, como ahora, participa la Vicepresidencia; la Cancillería; la cartera de Economía; y además aparecen cada tanto lateralmente carteras como la de Industria y la de Ganadería.

Un tercer elemento que tenemos que tener presente es que en general se puede partir de dos grandes concepciones en toda política exterior, una que se basa en ideologías y otra que se basa en lo que se denomina la raison d’Etat, es decir la razón de Estado, la defensa del interés nacional con pragmatismo.

En campaña electoral las señales dadas por Vázquez candidato presidencial fueron la apuesta a la región y a Europa y en Europa a los países gobernados por partidos socialdemócratas, y así fue que viajó a Argentina, Brasil, Chile, España y Alemania.

EC – Eso en cuanto a las señales en campaña electoral. ¿Y después, cuando asumió?

OAB – Cuando asumió hizo un discurso inicial en el que ratificó un conjunto de principios tradicionales de la política exterior de Uruguay, sobre la paz, sobre los medios pacíficos, los Derechos Humanos, y marcó una gran apuesta a la región, al Mercosur, a la integración latinoamericana.

Pero el 1 de marzo hay una serie de señales más allá de lo verbal. Las dos fuertes, que motivaron un análisis nuestro en su momento, fueron, uno, el gran protagonismo de Chávez en esa ceremonia de asunción, que prácticamente monopolizó la atención de todo lo que tuviera que ver con lo exterior; y dos, que en la misma ceremonia de asunción del mando se restablecieran las relaciones diplomáticas con Cuba, lo cual potenciaba ese hecho como uno de los grandes vectores de la política exterior. Esto está marcando una línea de fuerte contenido ideológico: la integración latinoamericana, Chávez, Cuba.

EC - ¿Cuáles han sido las señales en materia económica, que decías que es otra de las dimensiones?

OAB – En materia económica las señales fueron muy pragmáticas y realistas; podrían considerarse ideológicas también, pero en un sentido muy diferente: una relación muy fuerte, privilegiada, con los organismos internacionales, de mucho entendimiento; el mantenimiento del comercio con Estados Unidos; y, muy significativo, en la elección del sucesor de Enrique Iglesias en la presidencia del BID Uruguay no vota por el candidato de Brasil sino por el candidato colombiano, un hombre más bien próximo a la línea política del presidente Álvaro Uribe. Es decir que Uruguay aparece ahí en una posición, como se dice ahora, ortodoxa, lo cual está marcando dos caminos diferentes en la política exterior en el sentido más restringido del término, que más bien apunta a los pasos diplomáticos y políticos, y una política mucho más ortodoxa con relación a lo que tiene que ver con lo económico-financiero.

EC - ¿Qué otros casos podemos mencionar de esos primeros seis meses?

OAB – En los primeros seis meses la política exterior de fuerte apuesta al Mercosur empezó a darse contra la pared, las buenas intenciones de Uruguay. De alguna manera hay un paralelismo con el gobierno anterior con un signo opuesto. Batlle empezó con una visión muy ideológica, con una voluntad muy fuerte de alejamiento del Mercosur, apostando al liberalismo comercial y económico, a la apertura fuerte de la economía, pensando que iba a tener rápidamente un reconocimiento del país económicamente liberal por excelencia que es Estados Unidos y que inmediatamente se derribarían las barreras comerciales; Europa era el mundo proteccionista, cerrado, Uruguay se había volcado mucho hacia Europa y tenía que entender que el mundo pasaba por Estados Unidos. Ahí Batlle se golpeó contra la pared, vio que las cosas no funcionaban en el plano ideológico, Estados Unidos no se movió demasiado; después el gobierno de Batlle obtuvo un gran éxito en la entrada de las carnes a Estados Unidos.

Y este gobierno también, empezó a ver, en el sentido opuesto al de Batlle, que su apuesta al Mercosur se encontraba del lado argentino con que los problemas con las bicicletas siguieron existiendo –eterno problema de exportación de Uruguay a Argentina–, después las trabas a todo tipo de importaciones, aun las provenientes del Mercosur, con una pequeñísima diferencia respecto del resto de las importaciones, y finalmente lo que podemos llamar la guerra de la celulosa, que alcanza el punto culminante esta semana con la carta de Kirchner a los organismos internacionales tratando de bloquear los préstamos a los inversores.

Con Brasil Uruguay mantuvo los clásicos problemas de exportación, las trabas persistieron; el doble problema del arroz, los problemas persistentes de entrada del arroz uruguayo a Brasil y el problema de un Brasil comprando arroz subsidiado a Estados Unidos; y además un Brasil que jugó a bloquear, y tuvo éxito al final, la posibilidad de que Uruguay se alzara con el cargo mayor en la Organización Mundial del Comercio.

***

EC – En primer lugar, ¿qué conclusión sacaste de la visita del presidente Vázquez a Estados Unidos?

OAB – El viaje del presidente Vázquez a Estados Unidos tiene muchos hechos realmente significativos que coinciden con lo que se nota como un viraje de Estados Unidos hacia América Latina, particularmente después de la ida de Noriega como secretario de Estado adjunto y una postura mucho más pragmática que empieza a llevar la nueva secretaria de Estado, Condoleezza Rice. En este marco de Estados Unidos más receptivo hacia América Latina Vázquez consigue un primer elemento de éxito, que sobre todo va a ser éxito si se culmina, pero claramente se abrieron las puertas a eso: que Estados Unidos acepta que se pueda abrir el tratado de libre comercio entre Uruguay y Estados Unidos, que estaba cuestionado en la izquierda, abriendo propiamente el tratado o firmando un protocolo adicional, pero las cláusulas son modificadas atendiendo a algunas de las críticas que estaba formulando Uruguay, particularmente la izquierda. Su gran éxito interno, mostrar que no era necesario aprobar el tratado como estaba, y en ese sentido la línea llevada adelante entre otros por Cancillería resulta triunfante dentro del gobierno frente a un Ministerio de Economía y un vicepresidente que apostaban a la aprobación tal cual del tratado, esto aparece como un gesto recíproco de acercamiento entre el gobierno uruguayo que preside Vázquez y el gobierno de Estados Unidos.

Por otro lado la reunión con el presidente Uribe. El presidente Uribe aparece como el presidente más conservador o más afín al liberalismo económico de los países sudamericanos –por lo menos entre los presidentes más estables–, relativamente asilado frente a lo que se llamaba el bloque progresista de Uruguay, Argentina, Brasil, Venezuela –que además es fronteriza con Colombia, con la que dos por tres tiene situaciones ríspidas–. Vázquez, gobernante de características socialistas, de un gobierno de izquierda en cuyo gabinete incluso está el Partido Comunista, aparece con una relación muy fraterna con Uribe, suscribiendo documentos, declaraciones, complementando así el acercamiento que significó el voto uruguayo al candidato colombiano a la presidencia del BID, que se obtuvo.

Estas señales de Uruguay con Colombia también marcan esa línea de muy fuerte pragmatismo que ha adquirido la política exterior uruguaya pasados los seis meses de iniciado el gobierno, en un vector completamente diferente de lo que fue el arranque. Por eso el título que poníamos, que se comenzó con una política exterior muy fuertemente ideológica, con intenciones muy claras de que lo ideológico solucionara los problemas y el Mercosur empezara a funcionar, hasta encontrarse con que tanto Argentina como Brasil anteponen lo que consideran intereses nacionales inmediatos –esto daría lugar a largos análisis acerca de si tanto Argentina como Brasil no están hipotecando sus intereses nacionales de largo plazo con estos juegos inmediatistas– que están torpedeando el Mercosur. Uruguay encontró que lo ideológico no va más allá de declaraciones retóricas y entró a la realpolitik, a la política pragmática, buscando en cada caso los juegos que defiendan el interés nacional de la República Oriental.

EC – Un realismo en el que quizás también se pueda inscribir la decisión de impulsar la participación de la Armada uruguaya en la operación Unitas, que es un tema para otra discusión.

OAB – Sin duda entra en esta visión. Tiene otra dimensión toda la forma pragmática como están manejando el gobierno y el presidente de la República el tema Fuerzas Armadas, pero en el plano internacional para Estados Unidos era muy importante que este gobierno uruguayo de izquierda diera la señal de participar en la operación Unitas, a la cual la izquierda tradicionalmente se había opuesto.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 30 - 2005