¿Dónde está la oposición?
Oscar A. Bottinelli.
Versión no corregida por el expositor

EMILIANO COTELO:
En los últimos tiempos se han sucedido distintas controversias y polémicas en el gobierno y el oficialismo o del gobierno con sectores empresarios y sindicales. Hoy, el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone como tema esta pregunta: ¿dónde está la oposición?

***

Oscar, empezamos con polémicas en el gobierno.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Hemos visto en las últimas semanas –ni hablar de los días previos al envío del presupuesto al Parlamento– diferencias, polémicas dentro del gabinete, dentro del gobierno, en el oficialismo, y lo que en general uno pregunta es: ¿dónde está la oposición política? Uno mira y hay cada tanto alguna referencia a que está por ver si está de acuerdo o no en integrar los mal llamados organismos de contralor o alguna declaración de algún dirigente, pero el centro de la noticia no pasa por ahí. No es una acción deliberada de los medios de comunicación decir “vamos a ignorar que existen blancos y colorados”.

¿Entonces qué explica esta ausencia de la oposición política, más allá de que en el primer año normalmente la oposición juega un rol menor en tanto hay una mayor expectativa sobre el gobierno y como rol opositor no tiene mucho que hacer?

EC - ¿Cómo juega el tema de que el oficialismo tenga mayoría absoluta en las cámaras?

OAB – Sobre ese tema creo que hay un error de lectura, se generaliza diciendo “esta vez el partido de gobierno tiene mayoría en ambas cámaras”. Hablemos claro: los últimos tres gobiernos han tenido mayoría en ambas cámaras, la tuvo el de Luis Alberto Lacalle, el segundo de Julio María Sanguinetti y el de Jorge Batlle mediante una coalición. Entonces el tema no pasa por ahí. Y eran coaliciones que funcionaban muy bien, a veces mucho mejor que gobiernos con apoyo monopartidario. Un solo partido tuvo mayoría en la cámara, por ejemplo en el gobierno del Partido Nacional entre 1959 y 1963, y el los del Partido Colorado en varias oportunidades, sin embargo la oposición tuvo roles muy fuertes y muy importantes.

EC – Entonces para ti la explicación no está por ese lado.

OAB – No, ocurre lo siguiente. Es la primera vez que el partido de gobierno, si bien tiene muchas fracciones, cada una con su estructura o su liderazgo, y con diferencias importante a la hora de ver cómo debe transitarse el gobierno, parten de un liderazgo único, un liderazgo común que hace que el juego no sea el clásico de entenderse y acordar entre partes –Batlle con Lacalle, Batlle con Sanguinetti, para ver el último gobierno, Sanguinetti con Volonté, Sanguinetti con Lacalle en el gobierno anterior–, sino que salvo el episodio del 31 de agosto sobre el presupuesto, la renuncia de Astori, donde hubo un juego más parecido a eso, de acuerdo entre partes, de mediaciones y búsqueda de entendimientos, normalmente es un presidente que está por encima de todos y que cuando interviene arbitra y decide, y es el vértice en el que convergen las mayorías de las cámaras. Ahí sí hay una diferencia, pero no es solamente porque hay mayoría absoluta de un solo partido en las cámaras.

Pero esto no explica que la oposición no tenga un rol, es un poco insuficiente.

EC - ¿Qué otros factores hay que considerar?

OAB – En este gobierno lo que se llama politológicamente el corporativismo, es decir los sectores que representan intereses sectoriales, que son básicamente las cámaras empresariales y los sindicatos, tiene un rol sustantivo. Esto es por un lado en gran medida porque el gobierno apunta mucho al diálogo social, restableciendo instituciones como los consejos de salarios, y por otro lado porque los sindicatos están apareciendo con mayor independencia de la izquierda política que por ejemplo hasta hace 15 años, entonces el gobierno tiene un papel diferente del de los sindicatos, y además la izquierda siempre tuvo una gran apuesta a los ejes sociales.

En cierto modo en la izquierda en los hechos predomina la visión de que la representación social es más fuerte o más auténtica que la partidaria, o por lo menos que es esencial para terminar de legitimar lo que se hace desde los partidos políticos. Es un viejo tema de la izquierda, un reclamo a la salida de la dictadura era que había acuerdo entre los partidos pero faltaban los actores sociales, entendiendo que si estos no estaban no había una representación completa de la sociedad.

Esto se articula con una visión que aparece mucho en la izquierda y en el conjunto de la sociedad, con el deterioro que ha tenido la visión de los partidos políticos y de la acción político-partidaria lo social aparece como un poco más sancto y lo partidario como menos sancto. En ese sentido vemos que en la ley de fuero sindical, en el trámite propiamente político clásico en el Parlamento –su diseño partió del propio Parlamento–, en la Cámara de Diputados, la oposición no logró mellar para nada el monolitismo del oficialismo que votó en bloque sin modificar una coma ni atender un solo reclamo, pero cuando viene el reclamo de las cámaras empresariales en forma fuerte, jugando fuerte, la ley se detiene, las cámaras inciden sobre el oficialismo en el Senado y se crea este ámbito de negociación básicamente tripartito, aunque tenga una cuarta pata de los partidos políticos. La realidad es que los que están negociando son gobierno, empresas y sindicatos.

EC – Seguimos examinando por qué la oposición no aparece o tiene un tema tan restringido.

OAB – Otro tema es que si bien el gobierno tiene un vértice único, es un gobierno que discute y polemiza mucho a su interior.

EC – Algunos han dicho que la oposición está dentro del propio Encuentro Progresista.

OAB – Claro, está el gobierno y está la oposición, siempre teniendo en cuenta lo que fue el eje de nuestro análisis del viernes pasado: cuidado con creer que hay un bloque oficialista y un bloque opositor dentro del oficialismo. Según el tema se alinean determinados actores, grupos, dirigentes de un lado y otros de otro, y esos actores cambian inmediatamente los alineamientos y estamos hablando de otro bloque. El viernes pasado dimos varios ejemplos de esto. El gobierno monopoliza el debate. Tenemos como último detalle que cuando Rodolfo Nin Novoa en Estados Unidos dice “se va a aprobar el tratado de inversiones” y usa toda su autoridad de vicepresidente de la República, el canciller responde “Rodolfo Nin Novoa habló con autoridad de vicepresidente de la República y yo estoy en contra y lo digo con la autoridad del ministro de Relaciones Exteriores”. Entonces un debate político con esta fuerza dentro del gobierno, con la forma rotunda en que se plantean estos debates, donde ninguna de las partes busca apoyo en partes de la oposición, como se podría dar, que uno dijera “acá vamos a recurrir a que blancos y colorados nos apoyen y demostramos que tenemos más apoyo que la otra parte”. No, se pone una barrera, se discute dentro del oficialismo.

EC – Hasta ahora esas diferencias internas no han alcanzado una temperatura o una gravedad tales que pudieran obligar a ir en busca de apoyos afuera del propio Frente Amplio.

OAB – Yo diría que no es sólo un tema de gravedad, sino un tema de concepción. El que busque apoyos afuera se debilita adentro. En la interna se puede discutir mucho, fuerte y en términos muy duros, pero el que sale a buscar apoyo afuera empieza a ser visto como desleal, como alguien que está rompiendo la unidad de la izquierda, que está haciendo jugar a enemigos político dentro de la izquierda en provecho propio y ese es un acto que inmediatamente lo debilita, ahí hay una barrera importante. Cuando se entra a jugar de esa manera cambió radicalmente el juego, cambiaron las reglas del juego. No es un tema de intensidad, es un tema de que hay un cambio de estructura en el funcionamiento de la izquierda, no sólo del gobierno.

EC - ¿Hay algún otro motivo que permita explicar este perfil tan bajo o esa incidencia tan baja de la oposición?

OAB – Resumiendo lo anterior, la oposición siente la asfixia política de un gobierno que no le deja espacios para sacar la cabeza y decir “miren que estoy aquí”.

Y por último, lo del 31 de octubre fue un golpe muy grande para los partidos tradicionales. No importa cuál fue el margen de triunfo, que tampoco fue pequeño, porque se estuvo un rato dudando si había o no balotaje, contando votos en blanco y anulados, pero cuando se cuentan votos tradicionales de un lado y votos de la izquierda del otro hay una diferencia de muchos puntos porcentuales.

Cuando uno analiza todas las elecciones, octubre y mayo, ve que la izquierda es un poco más del 45 por ciento, algunos decimales, y los partidos tradicionales en conjunto son un poquito menos del 45 por ciento, lo cual dice que Uruguay está dividido en dos y hay un 10 medio escéptico, ausente, refractario. Si se quiere tomar otra cifra, el 51 por ciento, que apenas un poco más de la mitad esté de un lado y un poco menos del otro, tampoco hace que sea un país donde uno esté dominando al otro. Y sin embargo cuando uno observa las actitudes, la forma del voto, el contenido del voto, encuentra que hubo un voto muy fuerte por el cambio, aun entre quienes votaron a los partidos tradicionales, particularmente al Partido Nacional. Esto habilitó que se generara una gran expectativa en torno a este gobierno y una expectativa menor en torno al juego político del Partido Colorado y del grueso del Partido Nacional. No olvidemos que es un gobierno que ha contado desde siempre, desde las expectativas iniciales, con un apoyo no menor al 60 por ciento explícito de aprobación pura, es decir con una aprobación que ha estado siempre muy por encima de los que lo votaron.

Y por otro lado la oposición no ha encontrado los rumbos, los caminos, porque no basta con repetir juegos políticos antiguos para que encuentre su forma de ser. No basta con señalar una contradicción, con decir que esto falta, con decir que esto es insuficiente. Se nota que no hay un liderazgo de toda la oposición, no hay una persona a la que se vea conduciendo la totalidad de la oposición –para lo cual tiene que haber voluntad del que conduce y voluntad de los conducidos–, ni tampoco en cada partido, lo que se ve son grupos actuando sin un plan estratégico. En general se está viendo a los partidos tradicionales jugando todos de contragolpe, en la cortita, en lo inmediato. El problema es que todavía no han asumido a fondo –hay algunos intentos de discusión pero es un debate que da para todo un análisis muy a fondo– que deben replantearse cuál es su papel y cuál es el horizonte, con qué horizonte tienen un papel. Mientras no empiecen a resolver eso les va a ser difícil encontrar su papel como oposición.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
setiembre 16 - 2005