¿La responsabilidad es de todos o de algunos?
Oscar A. Bottinelli.

ALFREDO DANTE:
Hace ocho días en conferencia de prensa el presidente de la República afirmó: “El concepto que tengo es que de lo que sucedió en Uruguay todos los uruguayos somos responsables, todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad”. A raíz de ello el politólogo Oscar Bottinelli, director de Factum, nos propone este análisis: “¿La responsabilidad es de todos o de algunos?”.

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Oscar, la frase del presidente de la República generó reacciones de todo tipo, de políticos, de abogados, de todos los sectores.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Sí, en primer lugar Vázquez no sólo pronuncia esta frase en la conferencia de prensa, sino que explícitamente se aparta de o se opone a la hipótesis de los dos demonios, que implica que frente a los demonios, que son los malos, hubo buenos. Se aparta de la tesis de los buenos y los malos.

Hubo muchas reacciones de políticos, de abogados, de militantes, de articulistas, de analistas y se puede decir que también del Directorio del Partido Nacional (PN).

Para analizar esto empecemos por ver primero de qué se está hablando cuando se dice “todos los uruguayos tenemos nuestra cuota de responsabilidad”, como dice el presidente de la República. ¿Responsabilidad en qué? Hace poco más de dos años hubo en este país muchos análisis, discursos, pronunciamientos, reflexiones al cumplirse los 30 años del golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Ahí se habló mucho del tema de las responsabilidades. Entonces ¿de qué se habla cuando se habla de responsabilidad?

Por un lado –se vio en muchas de las reacciones– muchos hablan exclusivamente del tema violaciones a los Derechos Humanos en general, es decir de todo lo que puede haber ocurrido en Uruguay en aquel período, incluso un poco más atrás y un poco más adelante. Se toma como tema el que hoy más se discute, que es violación a los Derechos Humanos, y más en particular muertes y desapariciones o muertes directas y muertes después de la desaparición.

Una segunda variante son los que consideran que se habla de las violaciones a los Derechos Humanos por parte del Estado o de funcionarios invistiendo la fuerza del Estado, y considerando que no tienen nada que ver las violaciones cometidas por particulares. Entienden que ahí hay una distinción, que cuando un particular mata, secuestra, produce un trato malo, incluso con lesiones a personas, son delitos comunes, que pueden o no estar inspirados en causas políticas, pero que cuando se habla de Derechos Humanos se habla de cuando es el Estado el que comete la violación. Es una segunda postura.

Tercera. Se habla más genéricamente de la pérdida de la democracia, de la pérdida de la libertad o de las libertades. Es una tercera óptica al hablar de lo que pasó en Uruguay y por lo tanto de las responsabilidades.

Un poco más genéricamente se habla de la pérdida del Uruguay liberal como concepto, de la pérdida de la tolerancia, del respeto a las ideas opuestas, del respeto al ser humano que piensa diferente o hace cosas por pensar diferente.

AD - En todo esto hay distintas teorías. Una fue la que manejó el presidente de la República.

OAB - Claro, el tema es que no va a ser fácil ensamblar las cosas cuando no se está hablando de lo mismo.

Por un lado está la que fue la teoría clásica, la culpa subversiva, todo lo que ocurrió fue porque hubo un grupo de personas que se alzó contra las instituciones democráticas por la vía armada en plena vigencia de la democracia.

Una segunda es la tesis opuesta, la culpa la tiene el “gorilismo”, expresión que ha caído en desuso pero que se usaba mucho en el momento de los acontecimientos, que ubica la culpa en los sectores militares considerados de ultraderecha o reaccionarios. O la culpa oligárquica, que ya no se pone en la institución o en los funcionarios militares, sino en lo que desde la izquierda se consideraba el sector dominante en la sociedad que oprimía a la mayoría del pueblo. Esta tesis se puede ubicar entre el antimilitarismo y el antioligarquismo, que no son lo mismo –porque a veces hay oposición entre una y otra–, y que podían concluir en la concepción de antiimperialismo.

Una tercera teoría es la de los dos demonios, tesis que ha manejado recientemente el senador Luis Alberto Heber, que ubicó cronológicamente primero la culpa subversiva y luego la de los oficiales o los servidores de la patria que enfrentaron esa acción y se transformaron en una asociación para delinquir –fue la frase que utilizó–. Ahí ratifica la tesis de los demonios, muy usada también por el ex presidente Sanguinetti.

Una cuarta tesis, ya más restrictiva, es “la culpa la tiene lo que está ocurriendo”. Evidentemente cuando se habla de esto ya no se está hablando del golpe de Estado, no se está hablando de los hechos que ocurrieron, sino más bien de por qué no ha habido juzgamientos o por qué no ha habido prisiones o condenas. Es otra discusión. Ahí hay dos tesis, la que de alguna manera menciona el directorio del PN, “es culpa del Club Naval”, es decir el acuerdo del Frente Amplio (FA), el Partido Colorado y la Unión Cívica con las Fuerzas Armadas, que estableció un tipo de salida que es el culpable de que no haya habido ese juzgamiento; y la otra, “la culpa es de la Ley de Caducidad”, porque con o sin Club Naval podría haber habido juicios si no hubiera existido la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado.

Y ahora viene la otra teoría –por supuesto, entre una y otra se puede hacer combinaciones, se puede hacer matices–, la tesis que enarbola el presidente de la República, que muchos manejaron hace dos años desde el ángulo político, desde el ángulo politológico, histórico, cuando se reflexionó sobre los 30 años del golpe de Estado. Esta tesis dice: todos los uruguayos –que no quiere decir uno por uno cada uno de los 3 millones–, la sociedad en su conjunto, en distinto grado, es la culpable, unos por comisión, por haber hecho cosas que llevaron al golpe de Estado, porque protagonizaron el golpe, porque lo fundamentaron o lo apoyaron, o porque no se opusieron, es decir, otros por omisión. Por comisión o por omisión todos los uruguayos, entendidos como la sociedad uruguaya, son culpables sería esta quinta tesis.

AD - Y me imagino que hay distintos enfoques a la hora de abordar cada una.

OAB - Claro. Es un tema muy complicado, entre otras cosas porque estamos observando que hace algunos años, por lo menos cinco o seis años, en Uruguay se hablaba de estos temas con más frialdad, con más criterio analítico, observándolos como hechos de la historia, mientras que hoy se está hablando con mucha pasión y es más difícil la reflexión severa. Entonces vemos que no es claro de qué se está hablando, cada uno habla de algo distinto, hay varias teorías –hemos enunciado cinco– de dónde podría estar la culpabilidad, unos consideran que la culpa es de todos, otros que es de algunos y entre éstos hay por lo menos cuatro opciones.

Pero también hay enfoques distintos. Uno es el que podemos llamar enfoque político contingente, es decir cuánto de lo que se está analizando –de alguna manera la declaración del directorio del PN pasa por ahí– nos cabe a nosotros PN, cuánto les cabe a ustedes FA, cuánto les cabe a los colorados. Así como del PN se puede hablar de muchos, de gente de izquierda, del sector de Derechos Humanos, se analiza mucho desde el ángulo de la política, de la confrontación política o del análisis político presente.

Un segundo enfoque es el histórico, con la dificultad que tiene analizar hechos que ocurrieron hace un cuarto de siglo, un poco más un poco menos, y de la gente que vive hoy la mitad estaba viva y era consciente de la época en que vivía. No estamos hablando de generaciones atrás, hay muchos protagonistas vivos de un lado y del otro, víctimas de lo que fuere, y por lo tanto el enfoque histórico es muy difícil, pero es lo que hace algunos años se pretendió hacer, es decir, tener la perspectiva del tiempo y la frialdad histórica para hacerlo. Sin ninguna duda no es lo mismo hacer un análisis o una evaluación política del momento, contingente, que buscar una perspectiva histórica.

Por último lo que uno diría el enfoque espiritual. Son hechos que afectan personas por haber sido víctimas o por haber hecho cosas considerando que las hacían en función de causas superiores, aunque hayan sido muy cuestionables. Hay de todo, y cada uno tiene el punto de vista de sí mismo, de su conciencia, del espíritu, de lo que pretende salvaguardar, de los dolores que tiene, desde todos los puntos de vista. No estamos hablando del Imperio Romano, estamos hablando donde las heridas están abiertas. Entonces también el punto de vista de cada quien en el momento de hacer el enfoque está influyendo y mucho sobre la toma de posición.

AD - Queda mucho por ver.

OAB - Claro. Como vemos, lo que hice fue tratar de encuadrar esta discusión –que es muy complicada–, estas reacciones frente al planteo del presidente. Que no es sólo el planteo del presidente, de alguna manera son reacciones frente a los hechos en general y valoraciones que se hacen sobre la importancia que tiene una cosa más que la otra. ¿Qué es más importante? ¿La violación de los Derechos Humanos? ¿La pérdida de las libertades? ¿Una es consecuencia de la otra? ¿Pudo ser independiente? ¿Esto inevitable llevaba a que no hubiera juicios ni sanciones? ¿Podía haber habido? ¿Puede haber? En fin. Es una discusión complicada, quisimos emprolijar en tres grandes líneas.

Queda por ver muchas cosas, una que quedará para otro análisis es cómo se posiciona cada uno ante la responsabilidad de lo ocurrido, y si esos posicionamientos son exclusivamente políticos o si juegan otros elementos.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
agosto 26
- 2005