El estilo de conducción del presidente Vázquez
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
Después de diez días de ejercicio de la Presidencia de la República, más cuatro meses como presidente electo, más el antecedente de cuatro años y algo como intendente municipal de Montevideo, hay suficientes pistas para examinar el estilo de conducción de gobierno de Tabaré Vázquez.

Entonces justamente, hoy el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, se detiene en esas pistas y nos propone este título: “El estilo de conducción del presidente Vázquez”.

***

Oscar, ¿por dónde empezamos?

OSCAR A. BOTTINELLI:
Primero, nunca hay que confundir el o los estilos personales con el o los estilos institucionales, es decir el estilo que tenga la izquierda o los distintos grupos de izquierda, diferente del de los partidos tradicionales. Acá estamos hablando de estilos personales.

En este espacio hemos analizado en un par de oportunidades el estilo de conducción política de Tabaré Vázquez, es decir Tabaré Vázquez como conductor de una fuerza política.

EC - No es el tema de hoy.

OAB - No sólo no es el tema de hoy, sino que no necesariamente la forma de conducción política de una persona es igual a su estilo de conducción de gobierno, o en este caso de conducción presidencial. Son dos cosas diferentes porque la conducción política, entre otras cosas, no es sólo administrar, sino generar hechos o administrar disensos en la operativa política, ya sea la cotidiana, ya sea la de largo plazo. Mientras que la conducción de gobierno es cómo conducir la toma de decisiones, la fijación de objetivos en algo tan complejo como un gobierno nacional que puede ir desde trazar las grandes líneas a estar preocupados por qué hace cada una de las cientos o miles de oficinas que dependen del Poder Ejecutivo.

EC - ¿Cómo podemos entrar al análisis del estilo de conducción de Tabaré Vázquez como presidente?

OAB - Lo primero que podemos decir es que lo que no hace Vázquez es ser un presidente detallista. Hay un estilo de conducción de presidentes que están permanentemente detrás, no sólo de las grandes líneas, sino también de los detalles. Algo de eso han tenido el presidente Jorge Batlle y también el ex presidente Luis Alberto Lacalle. Entonces por ahí no va la cosa.

¿Qué hace? Está reafirmando que su estilo de conducción como presidente claramente sigue, con la diferencia de complejidad y responsabilidad, lo que se vio a lo largo de cuatro años y algo como intendente municipal de Montevideo. Hay una combinación de dos cosas casi extremas: por un lado una fuerte autoridad, y por otro una delegación total en la segunda línea de fuego. Lo de fuerte autoridad se combina además con que es un presidente lejano.

EC - ¿Lejano?

OAB - Lejano. Él tiene mucha apariencia de cercanía, como el atender en su clínica o en la Española, el hablar al público en los actos, pero sin embargo es un presidente al que no se accede con mucha facilidad, que dialoga poco. Un caso bastante novedoso es que el vicepresidente de la República ha sido el centro de las negociaciones con los otros partidos políticos, no el presidente de la República, como había sido lo habitual. Esto marca que el presidente se pone en un escalón más atrás o más arriba de la línea normal del juego político y de gobierno.

EC - Pero tú hablabas por otro lado de una conducción con autoridad fuerte.

OAB - Exacto. ¿Qué quiere decir conducción con autoridad fuerte? Por un lado –esto se puede observar en estos días– se reserva temas, hay temas que pasan por el presidente de la República, por ejemplo la designación de embajadores. Esto no quiere decir que los nombres no le sean sugeridos o propuestos por otros, pero son temas del presidente de la República. Se reserva por lo tanto temas y la decisión en esos temas.

Por otro lado tiene una forma de manejo que cuando decide... decidió. Son decisiones que en general no tienen apelación o reconsideración.

EC - Hemos tenido varios ejemplos en estos días.

OAB - En estos días hemos tenido varios ejemplos, los hemos tenido durante la transición –en menor grado porque la transición fue mucho más fluida– y los hemos tenido en la Intendencia Municipal de Montevideo, por ejemplo algunos relevos que hizo de la noche a la mañana en forma bastante sonora y luego no hubo marcha atrás.

Por otro lado ha jugado lo que podemos llamar un papel arbitral, en la medida en que cuando se delega hay áreas de personas delegadas –en el caso nacional son los ministros–, puede haber competencias concurrentes, superposiciones, diferencias entre ellas, y en algún momento tiene que haber alguien que diga: la decisión es ésta. Y es esa, no es que se siga discutiendo hasta que se pongan de acuerdo. El presidente toma la decisión por sí.

Lo otro es esto: por la forma como ganó el Encuentro Progresista-Frente Amplio (EP-FA), con mayoría absoluta en las dos cámaras, Vázquez tampoco tiene límites a esa autoridad, como le ocurrió al Batlle, que tenía a Sanguinetti dentro del Partido Colorado y por otro lado como aliado al Partido Nacional.

Y en general Vázquez por estilo es una persona que busca no compartir la autoridad, es un hombre de poco diálogo, de hablar poco y tener reuniones muy cortas, y por otro lado un hombre que oye, los argumentos sí le van a caer, lo que le digan en los diálogos, y tiende a decidir en solitario.

EC - Hace unos minutos tú señalabas que el estilo de Vázquez combina fuerte autoridad y delegación total. Nos queda profundizar un poco en esto último, en lo de la delegación.

OAB - Exacto, porque puede aparecer como contradictorio y no lo es, es una combinación de dos factores extremos. En los temas en los que Vázquez no ejerce esa fuerte autoridad es un hombre que delega, que casi da cheques en blanco. Por eso señalamos muchas veces antes de la elección, o mejor dicho antes de que el gobierno estuviera conformado, que era mucho más importante en el caso de Vázquez que en los de otros presidentes ver qué ministros designaba. Porque quiénes son esas personas en el caso de un hombre que directamente delega en forma prácticamente total los temas que no toma para sí, va a marcar la impronta del área que a esas personas se les encomendó.

Tanto es así que por ejemplo es notorio que los entes autónomos van a funcionar, más allá de lo jurídico –estoy hablando de la toma de decisiones, de lo político–, dependiendo de los ministerios, subordinados a los ministerios. Se vio que tanto los cargos de confianza de cada ministerio, como de los entes autónomos y los servicios descentralizados de la órbita de los ministerios, los nombres en general fueron buscados, seleccionados y propuestos al presidente Vázquez –en ese entonces presidente electo– por los ministros y subsecretarios y Vázquez en algún caso hizo observaciones, consideró que algunos nombres no eran adecuados, sugirió algunos otros, pidió un mayor equilibrio político, pero a partir de una iniciativa de los ministros.

Es decir, hubo una libre elección por parte de los ministros y subsecretarios, y una especie de reserva del retoque y el veto por parte del presidente de la República. Es muy claro que ha hecho un reparto de áreas de influencia y se nota una diferencia de juego en cada una de las áreas.

EC - ¿Por qué lo dices?

OAB - Notoriamente el área económica tiene una autonomía total donde primero está verticalizada, a diferencia de otras épocas donde había una especie de colegiado que gobernaba el equipo económico, compuesto por el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU), el ministro de Economía, el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y en algunos casos el presidente del Banco República (BROU).

Ahora hay un liderazgo inequívoco que es el ministro de Economía, del cual dependen, políticamente hablando, el presidente del BCU, el del BROU, el director de Planeamiento, etcétera. Y un presidente de la República que las pocas veces que interviene es para darle al ministro de Economía. Este es un tema para analizar pero cuando el presidente le tiene que dar respaldo puede generar un desgaste rápido pero en estos días se dieron dos apoyos muy importantes: lo que tiene que ver con Cofac y lo que tiene que ver con la integración del Directorio del BROU.

En el caso de política exterior vemos que la delegación es mucho menos. El presidente de la República se reserva para sí parte del manejo de la política exterior...

EC – E incluso se dan algunos chisporroteos entre el presidente y el ministro correspondiente.

OAB – Yo diría que esto va transformarse en lo normal del Uruguay. Recordemos que entre el ministro Didier Opertti y el presidente Batlle, hubo mucho más que chisporroteos.

Lo que sí observamos es que Sanguinetti en sus dos administraciones, Lacalle y Batlle siempre pretendieron un papel directo en la política exterior. Parecería que está muy relacionado también a la naturaleza del cargo. En una diplomacia moderna en la que los jefes de Estado se comunican mucfho entre sí. Uno diría que hay un período en que el ministro de Relaciones Exteriores fue quizás el de la primera administración de Sanguinetti con Enrique Iglesias.

Luego tenemos otras áreas en las que la intervención del presidente será mayor o menor. Probablemente en Salud veamos al presidente por razones de su especialización, profesión o vocación intervenir un poco más.

En el tema defensa por un lado delega con una idea de consulta, y sobre todo hay ahí una doble delegación, por un lado en la ministra de Defensa, y en algunos temas, por lo menos de esta transición, está interviniendo con mucha fuerza el secretario de la Presidencia.

En resumen: tenemos un presidente de muy fuerte autoridad, que actúa como un presidente fuerte que decide en solitario, y por otro lado este presidente fuerte combina su forma de conducción en los temas que no se reserva con una delegación prácticamente total o con un gran cheque en blanco a la segunda línea de fuego, básicamente los ministros, con distinto énfasis o distinta delegación según el área de que estemos hablando.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
marzo 11 - 2005