La despedida del último de los Batlle.
Qué piensan los ciudadanos
Oscar A. Bottinelli. 

EMILIANO COTELO:
La transición llega a su fin. Sin duda una de las dos transiciones históricas interpartidarias de Uruguay. Esta vez es la despedida de los partidos tradicionales de la titularidad del Poder Ejecutivo. ¿Cómo termina este gobierno y cómo empieza el próximo? Ese es el tema en los próximos minutos porque el politólogo Oscar A. Bottinelli, director de Factum, presenta la visión de la gente, la última Encuesta Nacional Factum.

***

EC - Decíamos que se trata de la segunda transición histórica.

OSCAR A. BOTTINELLI:
Claro, interpartidaria. Hemos tenido otro tipo de transiciones, como la del régimen militar a la restauración democrática; pero entre partidos, pueden catalogarse como históricas aquella en que el Partido Colorado (PC) por primera vez le entrega el poder al Partido Nacional (PN) en 1958, y luego ésta, cuando la titularidad del Poder Ejecutivo pasa del PC o de los partidos tradicionales a un tercer partido, lo cual es un hecho absolutamente nuevo en el país. Por primera vez va a haber un presidente constitucional que no sea ni colorado ni blanco.

Y también va a ser, en principio, el fin, por lo que hay en el horizonte, de los Batlle como primer apellido. Jorge Batlle fue el cuarto presidente de una familia muy especial que tuvo Uruguay que a lo largo de cuatro generaciones nacidas en el país tuvo un presidente cada una.

Y la otra transición histórica fue bajo el liderazgo del padre del actual presidente, Luis Batlle, que termina su período de gobierno, el período de gobierno colegiado bajo su liderazgo, entregando el poder por primera vez en 93 años del PC al PN. Y su hijo termina entregando el poder al tercer partido. Hay un punto en común familiar en estas dos transiciones históricas.

EC - Tú nos proponías la visión de la gente según la Encuesta Nacional Factum. Quizás convenga repasar cómo fue esa opinión de la gente a lo largo de este período de gobierno, cómo se llega ahora al final.

OAB - Jorge Batlle subió con un nivel muy alto de opinión pública. En aquel momento, marzo de 2000, aprobaba su gestión el 49 por ciento, la desaprobaba un 15 y había un 9 neutro, que no aprobaba ni desaprobaba, y un 27 que no opinaba. Eso daba unos 63 puntos en la escala de 0 a 100 del Índice Factum.

EC - O sea que Batlle arrancó con 63 puntos en el Índice Factum de imagen.

OAB - En el momento de asumir. Sigue subiendo –recuerden aquella luna de miel, el diálogo con Tabaré Vázquez, con la Universidad de la República– y en julio alcanza su punto más alto con 68 puntos, ese fue el tope del presidente Batlle. Luego cayó, el promedio de 2000 fue de 60 puntos, el de 2001 fue de 49, el de 2002 de 32 puntos, el de 2003 de 18 y cerró el año pasado, diciembre de 2004, con 13.

EC - Una caída realmente muy pronunciada.

OAB - Una caída espectacular. Y se despide con una buena recuperación para esta caída, ya que hoy recoge 23 puntos, producto de que lo aprueba el 15 por ciento, lo desaprueba el 65, ni lo uno ni lo otro el 17 y no opina el 3 por ciento.

Estos 23 puntos, que es la calificación o puntaje que obtiene al cierre de su período –quedaría todavía un pico que es la última medición del fin de semana, que va a estar en marzo, pero creemos que no va a cambiar mucho–, lo sitúan en un nivel intermedio entre el promedio de 2002 y el de 2003, es decir muy lejos de los puntajes que tuvo al principio, incluso de los que tuvo antes de la devaluación, pero por encima de estos niveles tan extraordinarios que tuvo, especialmente en el momento de la elección, que cerró el año con 13 puntos, prácticamente la mitad de lo que tiene hoy.

EC - Ahora corresponde comparar estos indicadores con los de cómo arranca el doctor Tabaré Vázquez.

OAB - Hace 15 días dimos cifras y hay apenas modificaciones.

EC - Hubo una actualización posterior.

OAB - Tenemos una actualización de este último fin de semana. Estos datos son fresquitos, son de estos últimos sábado y domingo.

En una comparación con Batlle, hasta ahora ningún presidente había terminado en estos niveles –los de Batlle–, de 23 puntos; tenemos la segunda administración Sanguinetti y la de Lacalle, antes Factum no existía. En ambos casos terminaron muy por encima de esto, Sanguinetti estaba en los 40 y pico de puntos y Lacalle muy cerca de lo mismo.

EC - Volviendo a Tabaré Vázquez.

OAB - Tabaré Vázquez arranca con 85 puntos, lo mismo que habíamos visto en la medición anterior, con una pequeña modificación en su composición: aprueba el 77, desaprueba el 4 –lo mismo– neutro 13 y 9 no opina. 85 puntos son mucho más que los 63 con que empezó Batlle.

EC - Sí, tú lo marcabas en el comentario de hace dos semanas, el doctor Vázquez empezará su gobierno con un clima entre la gente que no tiene antecedentes.

OAB - Es una enorme popularidad inicial, sin ningún tipo de precedentes. Esta popularidad es algo que un presidente debe tener en cuenta para poder aprovecharla cuando está en el punto más alto. Quizás uno de los problemas de Batlle fue que se regodeó demasiado en esa popularidad, sin acción. Es un momento en que el presidente puede hacer mucha cosa, porque después, a veces más tarde, a veces más temprano, la caída es absolutamente inevitable, es una ley universal, porque en general las expectativas van más allá de lo factible, no es porque un presidente fracase, las expectativas van más allá de lo factible y siempre hay un nivel de decepción. Mucho más cuando vemos que la expectativa está en casi el doble de la gente que lo votó, lo que quiere decir que no generaba tanta confianza para tener el voto como la que genera como presidente. Todo esto va a generar en algún momento alguna desilusión, entonces es el momento que tiene un presidente para ir hacia adelante con muchísima fuerza.

***

EC - ¿Qué destacamos de estos últimos días?

OAB - Lo más importante es que la transición, que fue realmente muy exitosa, con muchas señales positivas, sobre todo analizándola desde el punto de vista del funcionamiento político y del sistema político, no termina como se esperó. El 16 de febrero –fue objeto de uno de nuestros análisis– se firmó el acuerdo entre todos los líderes políticos de los cuatro partidos –hicimos un parangón con aquella firma que habían hecho los candidatos presidenciales de los cuatro partidos en 1984 en la Asociación Cristiana– que dio una imagen de un sistema político muy consensual y de mucho entendimiento. Sin embargo desde el 16 de febrero a hoy esa consensualidad se erosionó con los hechos que determinaron que el PC resolviera no participar en los entes autónomos, particularmente a partir de que no se le dio participación en el Codicen. Esto a la larga va a implicar el primer granito de desgaste de Tabaré Vázquez, que hoy no se ve, pero cuando se acumulen hechos que inevitablemente ocurren, va a aparecer esta consensualidad que no fue.

La izquierda el 1 de noviembre tuvo ante sí dos caminos. Uno era decir: la actitud de los partidos tradicionales en los últimos tres gobiernos, que excluyó a la izquierda de todos los entes autónomos, nos habilita a no darles participación. Era un camino absolutamente claro y legítimo, que no daba lugar a que nadie se enojara.

El otro camino era decir: vamos a dar participación. Más allá de que pueda implicar o no generosidad, esto implicaba para la izquierda la conveniencia de no jugar a una mayoría enfrentada a una minoría, dar señales a todo el país y al exterior de una izquierda no avasallante –los triunfos de la izquierda siempre generan ciertos resquemores, ciertos sarpullidos–, la idea de un gobierno muy amplio.

Una vez que se elige este camino los argumentos anteriores, de decir fluimos excluidos, ya no se pueden usar más. Se elige un camino o se elige el otro, y al elegir éste fue muy nítido y claro que el gobierno electo había anunciado dos cosas, una en la que fue explícito el vicepresidente electo, que la mayoría iba a ser de tres cargos en todos los organismos de cinco y de dos en los de tres –fue dicho con estas palabras–, y dos, que la condición era que hubiera un acuerdo en enseñanza y economía para que hubiera participación en educación y en los bancos, además de un acuerdo en política exterior que se consideraba esencial.

El PC sostuvo siempre que lo que importaba era la participación en el Codicen a partir de unos temores o visiones, de que está inquieto con el nuevo gobierno porque considera que puede haber un no respeto a la laicidad en la enseñaza, entendiendo la laicidad no desde un punto de vista religioso, como se entendió clásicamente, sino desde un punto de vista político.

Lo que sorprendió fue que de golpe el nuevo gobierno aparece reservándose cuatro cargos en el Codicen, con lo que cambió todas las reglas de juego, fue prácticamente un pateo de tablero.

EC - Hay toda una discusión sobre eso, porque desde el gobierno electo se sostiene que siempre estuvo claro que era cuatro y uno.

OAB - Yo seguí bastante el tema y en ningún momento apareció esto, además Nin Novoa dijo explícitamente que en todos los organismos que llevan cinco cargos la mayoría iba a ocupar tres. La percepción que tenemos nosotros es que en los últimos días hubo un descubrimiento de que en el Codicen y en el Banco República hay una diferencia porque hay decisiones que requieren cuatro votos. El gobierno electo tiene 1.000 razones para tener cuatro, pero esto no apareció en las negociaciones, yo no encontré en ningún lado de lo que se publicó la menor mención a esto, a que iba a haber cuatro, siempre se habló de participación del PC y el PN y tres. Esto hoy aparece muy relativizado, sobre todo por la fuerte presencia del PN, que va a estar en todos los entes, pero lo cierto es que el gobierno electo va a hacer la transición no culminando con esa consensualidad con que inició las cosas.

Éste no es de los desgastes que inicialmente se ven. Recuerdo que en el año 2000 hicimos una serie de análisis señalando lo que podían ser errores o desgastes del presidente Batlle que no se veían y en un determinado momento aparecieron todos acumulados y empezaron a anunciarse. Los gobiernos tienen que cuidarse mucho de los errores imperceptibles que cometen, sobre todo en los momentos de auge, porque esos errores se acumulan mucho y se precipitan cuando hay un error mayor.

Lo cierto es que el gobierno va a asumir, pese a este desgaste: uno, con una formidable expectativa de la población, lo cual le da una fuerza tremenda, uno diría que está en condiciones de impulsar muchísimas cosas, aun impopulares, en estos primeros 100 días por lo menos; segundo, que el mantenimiento del entendimiento pleno con el PN asegura que prácticamente esté con el 90 por ciento del Parlamento en una actitud no digo de respaldo pero entre respaldo y expectativa o entendimiento favorable, lo cual es un marco de acción política muy grande; y tercero, el PC tampoco aparece pasándose a una oposición dura, sino sintiéndose excluido de los entes, particularmente del Codicen, obviamente con resquemores pero manteniendo su participación en los documentos de política de Estado sobre educación, economía y política exterior.

Todo esto hace que si Batlle empezó su gobierno en muy buenas condiciones desde el punto de vista político, este gobierno empieza en condiciones aun mejores que el anterior.
 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
febrero 25 - 2005