Cambio de ciclo histórico
Oscar A. Bottinelli. 

OSCAR A. BOTTINELLI:
Lo que marca el fin de un ciclo histórico es el hecho de que estamos a 30 días y algo de un cambio de la trascendencia que es que asuma la Presidencia de la República, la primera magistratura, un presidente elegido constitucionalmente que no es ni del Partido Colorado (PC) ni del Partido Nacional ( PN). Sin embargo esto pasa con la gota que derrama el vaso, es una sola gota la que provoca el derramamiento, y este fin de ciclo histórico se produce cuando lo que podemos llamar la izquierda tiene el menor crecimiento habido de una elección a otra en términos proporcionales de 1966 a la fecha. La izquierda tuvo una tasa de crecimiento de una elección a otra del 30 por ciento, es decir sobre los votos que tenía crecía un 30 por ciento, más allá del crecimiento vegetativo, es decir del crecimiento de población, que es mínimo en nuestro país. Una vez tuvo una tasa menor, del 20 por ciento, que fue a la salida del gobierno de Lacalle, en ese período Uruguay tuvo un boom económico, tiene un boom en el ingreso de los hogares, una caída del desempleo, y quizás eso afectó que la izquierda creciera menos, en lugar del 30 crece el 20 y esa vez el crecimiento estuvo un poco por debajo del 20 por ciento, fue el menor crecimiento habido en todo este ciclo, pero como la gota que derrama el vaso, fue lo suficiente para derramarlo.

Tanto es así que todas las proyecciones que se hacían, como si los fenómenos políticos pudieran medirse exclusivamente como fenómenos matemáticos, daban que lo más probable era un resultado un poco más alto del Frente Amplio (FA). No estamos hablando de las encuestas, estamos hablando del análisis de tendencia histórica de votos de 1966 a la fecha.

Por otro lado también hay que despejar dos equívocos que hay. Uno del triunfo apabullante, que es la sensación que da cuando se mide el primero con el segundo, es decir sobre votos válidos la izquierda obtuvo casi el 52 por ciento, el PN por encima del 35, entre el primero y el segundo hubo 17 puntos porcentuales, es de las diferencias más grandes habidas en la vida moderna, en los últimos tiempos en el país.

Por otro lado esa noche del 31 de octubre, con esos minutos, casi una hora o media hora de zozobra desde que se pudieron dar los datos al aire, si pasaba o no la barrera del 50 por ciento el total de votantes, generó mucho la idea de un triunfo ajustado de la izquierda. Fue ajustado sobre una barrera de votantes donde se computaban votos en blanco, anulados e incluso –aunque fueran muy pocos– los de la gente que no tenía derecho a votar. Pero realmente en términos políticos lo que hay que comparar es ni tanto la diferencia del primero sobre el segundo ni tan poca la diferencia del primero sobre esa barrera. Hay que ver cuánto fue el FA sobre ambos partidos tradicionales, y ahí la diferencia fue de 6 puntos porcentuales, lo cual implica ni echar campanas al vuelo ni apenitas. Y sobre el conjunto de los partidos, sumando Partido Independiente, Unión Cívica, Partido Intransigente, Partido Liberal y Partido de los Trabajadores, la diferencia fue de 4 puntos, es una diferencia relativamente ajustada pero no es por un pelo.

Esto es un poco para medir lo que podemos llamar la cuantificación o el poner en su lugar cómo ocurre y qué dimensión tiene desde el punto de vista cuantitativo este fin del ciclo histórico.

Lo otro es lo que ganó. En Uruguay estamos usando la palabra “izquierda” por comodidad, entre otras cosas porque el FA tiene una gran identidad popular pero no tiene una identidad de nombre desde el punto de vista formal. Las propias dirigencias han tratado de sustituir, contra lo que es el sentir popular, la expresión “Frente Amplio” por “Encuentro Progresista”, ahora es Encuentro Progresista-Frente Amplio-Nueva Mayoría. A su vez ha habido escisiones y retornos, incorporaciones en todo este largo proceso, lo que hace difícil, así como se habla de los blancos y los colorados, hablar de otra cosa que de la izquierda como comodidad de lenguaje. Pero lo importante es señalar que si estamos hablando de izquierda desde el punto de vista de una autoidentificación ideológica, desde un punto de vista de principios en un eje izquierda-derecha es difícil decir que lo que ganó es la izquierda, por lo menos una izquierda profunda. Si tomáramos tres indicadores: adhesión a una revolución, es minoritaria entre los votantes frenteamplista; adhesión al marxismo, absolutamente minoritaria; visión de Cuba, la gran mayoría, la clara mayoría de los votantes frenteamplistas consideran que Cuba es poco o nada democrática. Desde ese punto de vista no entra en el parámetro clásico de una izquierda, estamos hablando entonces de izquierda más como sinónimo de fuerza política o de FA.

Veamos algunas búsquedas de explicaciones de por qué ocurrió este cambio histórico en el país.

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OAB - Repasemos: 1966, partidos tradicionales 90 por ciento; 2004 partidos tradicionales un poquitito por encima del 45 por ciento; de entonces a ahora, esta reducción a la mitad elección tras elección en forma sistemática, sostenida, sin ninguna excepción. En todo este período ha habido grandes ciclos de bonanza económica, grandes ciclos de vacas flacas, ha habido períodos duros, períodos de grandes entendimientos, ¿entonces qué hilo conductor hay en este proceso? Esto es muy difícil, explicar por qué el FA crece desde hace casi 40 años, desde 1966 a la fecha, esa izquierda que da origen al FA, cuando no hay una explicación exactamente lineal. Con algo que sorprende: el menor crecimiento lo tiene después de este espectacular desbarranque que tiene el país en el año 2002, el menor crecimiento en términos relativos, en términos porcentuales, cuando podía esperarse al revés, que tuviera un crecimiento del volumen que tuvo por ejemplo el voto por Sí en relación a la ley de Ancap.

Trazando algunas líneas uno diría lo siguiente. Los partidos tradicionales hay la percepción de que fueron paulatinamente perdiendo la sintonía con el grueso de la población, esta pérdida de sintonía puede tener que ver en parte con los modos de hacer política. Modos de hacer política que fueron exitosos, sin ninguna duda, en la primera mitad del siglo XX, por lo menos del 4, 5 hasta el 50 y pico, luego se empieza a notar que son ineficientes, que van provocando rechazo de la población; por otro lado no aciertan a conformar un modelo país, un ideario de modelo país al que adhiera fuertemente la mayoría de la sociedad, sino que el modelo país sigue siendo incuestionado, el modelo que la gente ubica como el último período de auge es de mediados de los años 50. La izquierda, que cuestionó originalmente aquel modelo, hoy pasa a tener casi el patrimonio de su defensa, buena parte del cual también ha mantenido el PN, y de ahí su votación de 2004, que en algunos aspectos no planteó diferencias entre la izquierda y la mayoría del PN, pero esta izquierda se ha visto como la dueña de ese modelo de un Estado fuerte, protector, paternalista, y una economía que se abre orejeando las cartas, con mucha desconfianza a lo que viene desde afuera. La búsqueda de la estabilidad, la búsqueda de la seguridad, la búsqueda del menor riesgo parece ser en lo que la izquierda logra más aceptación y los partidos tradicionales no lograron, ese modelo que en definitiva ellos construyeron no lograron mantenerlo o revivido con un modelo diferente o alternativo. La idea de cambio en definitiva estuvo siempre en Uruguay muy arraigada –y se vio claro en la última elección– al retorno al modelo anterior más que a la construcción de uno nuevo.

Otra línea explicativa en lo que es tirar hipótesis, uno diría que se notó una pérdida de confianza. Las mismas medidas, con los mismos rumbos, adoptadas por ejemplo por la Intendencia de Montevideo lograban una aceptación que aplicadas por el gobierno nacional lograban algún tipo de rechazo, y probablemente veamos esto con el nuevo gobierno. Parecería que la confianza en las intenciones políticas o la forma como se hacen las cosas termina importando mucho más que la medida en sí misma. Y probablemente en el tema Ancap y el tema energético se vea que en el plebiscito de 2003 jugó más un tema de confianza que un tema propiamente programático, ideológico, y la forma como fueron erosionando la confianza los partidos tradicionales parece ser otro elemento que llevó al cambio histórico.

Éstas son tres pinceladas de lo que requiere un análisis muchísimo más profundo que puede llevar muchos años: la búsqueda de explicaciones reales, profundas y no anecdóticas de este proceso que llevó 40 años hasta arribar a este cambio de ciclo histórico que producen las elecciones de 2004. Recordemos que en 40 años tanto en la izquierda como en los partidos tradicionales hubo muchos liderazgos de distinto tipo, de muchas figuras, hubo cambios en las corrientes internas y el proceso sin embargo siguió inalterado.

 

Publicado en radio El Espectador - programa En Perspectiva - espacio Análisis Político
enero 28 - 2005